Profundidad
Léxico y contexto

Acto

I

11 escenas

ACTO I · ESCENA 1

1.1 La venta de Illescas

Venta de Illescas (Toledo-Madrid)

redondillasabbavv. 1–184diálogo vivo

La pieza arranca en una venta entre Toledo y Madrid, a medio camino. El recurso es típicamente cervantino —recordemos las ventas del Quijote— y permite una exposición tranquila: dos viajeros conversan, llega un tercero con noticias, el público se entera del argumento sin que nadie lo enuncie. Liseo es el pretendiente forastero que viaja a casarse con Finea; Turín es su lacayo escéptico; Leandro será el informante involuntario que le advertirá sobre la naturaleza de su prometida. La escena es expositiva, salpicada de chistes urbanos —las posadas con chinches, las medidas de la Virgen, los romeros— que muestran la vida real del camino castellano de 1613.

LISEO.¡Qué lindas posadas! TURÍN.¡Frescas! LISEO.¿No hay calor? TURÍN.Chinches y ropa tienen fama en toda Europa. LISEO.¡Famoso lugar, Illescas! No hay en todos los que miras quien le iguale. TURÍN.Aun si supieses la causa... LISEO.¿Cuál es? TURÍN.Dos meses de guindas y de mentiras. LISEO.Como aquí, Turín, se juntan de la Corte y de Sevilla, Andalucía y Castilla, unos a otros preguntan; unos de las Indias cuentan, y otros con discursos largos de provisiones y cargos, cosas que el vulgo alimentan. ¿No tomaste las medidas? TURÍN.Una docena tomé. LISEO.¿Y imágenes? TURÍN.Con la fe que son de España admitidas, por milagrosas en todo cuanto, en cualquiera ocasión, les pide la devoción y el nombre. LISEO.Pues, dese modo, lleguen las postas, y vamos. TURÍN.¿No has de comer? LISEO.Aguardar a que se guise es pensar que a media noche llegamos; y un desposado, Turín, ha de llegar cuando pueda lucir. TURÍN.Muy atrás se queda con el repuesto Marín; pero yo traigo qué comas. LISEO.¿Qué traes? TURÍN.Ya lo verás. LISEO.Dilo. TURÍN.¡Guarda! LISEO.Necio estás. TURÍN.¿Desto pesadumbre tomas? LISEO.Pues, para decir lo que es... TURÍN.Hay a quien pesa de oír su nombre, basta decir; que tú lo sabrás después. LISEO.¿Entretiénese la hambre con saber qué ha de comer? TURÍN.Pues sábete que ha de ser... LISEO.¡Presto! TURÍN....tocino fiambre. LISEO.Pues ¿a quién puede pesar de oír nombre tan hidalgo? Turín, si me has de dar algo, ¿qué cosa me puedes dar que tenga igual a ese nombre? TURÍN.Esto y una hermosa caja. LISEO.Dame de queso una raja, que nunca el dulce es muy hombre. TURÍN.Esas liciones no son de galán, ni desposado. LISEO.Aún agora no he llegado. TURÍN.Las damas de corte son todas un fino cristal, trasparentes y divinas. LISEO.Turín, las más cristalinas comerán. TURÍN.¡Es natural! Pero esta hermosa Finea con quien a casarte vas comerá... LISEO.Dilo. TURÍN....no más de azúcar, maná y jalea. Pasarase una semana con dos puntos en el aire de azúcar. LISEO.¡Gentil donaire! TURÍN.¿Qué piensas dar a su hermana? LISEO.A Nise, su hermana bella, una rosa de diamantes, que así tengan los amantes tales firmezas con ella; y una cadena también, que compite con la rosa. TURÍN.Dicen que es también hermosa. LISEO.Mi esposa parece bien, si doy crédito a la fama. De su hermana poco sé, pero basta que me dé lo que más se estima y ama. TURÍN.¡Bello golpe de dinero! LISEO.Son cuarenta mil ducados. TURÍN.¡Bravo dote! LISEO.Si contados los llego a ver, como espero. TURÍN.De un macho con guarniciones verdes y estribos de palo, se apea un hidalgo. LISEO.¡Malo, si la merienda me pones!

Salga Leandro, de camino

LEANDRO.Huésped, ¿habrá qué comer? LISEO.Seáis, señor, bien llegado. LEANDRO.Y vos en la misma hallado. LISEO.¿A Madrid...? LEANDRO.Dejele ayer, cansado de no salir con pretensiones cansadas. LISEO.Ésas van adjetivadas con esperar y sufrir. Holgara, por ir con vos, lleváramos un camino... LEANDRO.Si vais a lo que imagino, nunca lo permita Dios. LISEO.No llevo qué pretender; a negocios hechos voy. ¿Sois de ese lugar? LEANDRO.Sí, soy. LISEO.Luego podréis conocer la persona que os nombrare. LEANDRO.Es Madrid una talega de piezas, donde se anega cuanto su máquina pare. Los reyes, roques y arfiles conocidas casas tienen; los demás que van y vienen son como peones viles. Todo es allí confusión. LISEO.No es Otavio pieza vil. LEANDRO.Si es quien yo pienso, es arfil y pieza de estimación. LISEO.Quien yo digo es padre noble de dos hijas. LEANDRO.Ya sé quién; pero dijérades bien que de una palma y de un roble. LISEO.¿Cómo? LEANDRO.Que entrambas lo son, pues Nise bella es la palma; Finea, un roble, sin alma y discurso de razón. Nise es mujer tan discreta, sabia, gallarda, entendida, cuanto Finea encogida, boba, indigna y imperfeta. Y aun pienso que oí tratar que la casaban... LISEO.(a Turín) (¿No escuchas?) LEANDRO.Verdad es que no habrá muchas que la puedan igualar en el riquísimo dote; mas ¡ay de aquel desdichado que espera una bestia al lado! Pues más de algún marquesote, a codicia del dinero, pretende la bobería desta dama, y a porfía hacen su calle terrero. LISEO.(a Turín) (Yo llevo lindo concierto. ¡A gentiles vistas voy!) TURÍN.(a Liseo) (Disimula.) LISEO.(a Turín) (Tal estoy, que apenas a hablar acierto.) En fin, señor, ¿Nise es bella y discreta? LEANDRO.Es celebrada por única, y deseada, por las partes que hay en ella, de gente muy principal. LISEO.¿Tan necia es esa Finea? LEANDRO.Mucho sentís que lo sea. LISEO.Contemplo, de sangre igual, dos cosas tan desiguales... Mas ¿cómo en dote lo son? Que, hermanas, fuera razón que los tuvieran iguales. LEANDRO.Oigo decir que un hermano de su padre la dejó esta hacienda, porque vio que sin ella fuera en vano casarla con hombre igual a su noble nacimiento, supliendo el entendimiento con el oro. LISEO.Él hizo mal. LEANDRO.Antes bien, porque con esto tan discreta vendrá a ser como Nise. TURÍN.¿Has de comer? LISEO.Ponme lo que dices, presto; aunque ya puedo escusallo. LEANDRO.¿Mandáis, señor, otra cosa? LISEO.Serviros. (Vase Leandro.) (¡Qué linda esposa!) TURÍN.¿Qué haremos? LISEO.Ponte a caballo, que ya no quiero comer. TURÍN.No te aflijas, pues no es hecho. LISEO.Que me ha de matar, sospecho, si es necia y propia mujer. TURÍN.Como tú no digas «sí», ¿quién te puede cautivar? LISEO.Verla no me ha de matar, aunque es basilisco en mí. TURÍN.No, señor. LISEO.También advierte que, siendo tan entendida Nise, me dará la vida, si ella me diere la muerte.

Éntrense, y salgan Otavio, viejo, y Miseno

OTAVIO.¿Ésta fue la intención que tuvo Fabio?
EXT-1

La cifra de la dote: cuarenta mil ducados y su lectura económica

La cifra de la dote de Finea —cuarenta mil ducados— vertebra la economía simbólica y material de toda la pieza. Aparece por primera vez en la 1.1 (vv. 82-83) como dato exógeno que Liseo recibe de Turín en la venta de Illescas, y reaparece en boca de Laurencio en 1.7 (v. 703: «a cuarenta mil ducados / las manos voy previniendo») y, ya en clave de aparte cómico, en 3.11 (vv. 3163-3167). La cifra es la misma en los principales testimonios de la pieza: el autógrafo (O), el manuscrito Ramírez de Arellano (M) y las impresas tempranas (AB), tal y como se desprende del aparato de la edición Presotto (PROLOPE, 2007).

La suma tiene alcance sociológico. Treinta mil ducados era, en 1613, la dote típica de hidalga acomodada de villa media; cuarenta mil ducados ya colocaba a la heredera en el rango alto. Los estudios de María Luz González Mezquita sobre las dotes nobiliarias castellanas tardo-seiscentistas registran que las dotes de las grandes herederas oscilaban entre 30.000 y 100.000 ducados; cuarenta mil situaba a Finea en el umbral entre las grandes herederas burguesas y las pequeñas nobles. La cantidad era suficiente para asegurar el matrimonio con un caballero de cualquier rango medio, y eso explica el viaje de Liseo desde su ciudad de origen.dote_real

Robert ter Horst y Laura Bass han leído toda la pieza desde esta dimensión económica. Para ter Horst, La dama boba es una parábola económica disfrazada de comedia neoplatónica.terhorst Para Bass, la pieza articula una «economía de la representación», donde el cuerpo, la palabra y el dinero circulan según una contabilidad común.bass La cifra de cuarenta mil ducados es lo que sostiene la maquinaria.

EXT-2

La venta como dispositivo dramático: Cervantes y Lope

La dama boba arranca en una venta. La elección no es accidente: Don Quijote había publicado ocho años antes y había hecho de las ventas espacios narrativos canónicos donde reunir personajes diversos. La fórmula pasa de la novela al teatro con economía: dos viajeros más un informante bastan para exponer el argumento sin monólogo introductorio.

La diferencia entre Cervantes y Lope está en el género. En el Quijote la venta es lugar de digresión: la venta-castillo de los capítulos 16-17 sirve para el episodio del bálsamo y los manteamientos; la venta de Juan Palomeque de los capítulos 32 a 46 es escenario de la novela intercalada del Curioso impertinente. Aquí la venta es plataforma de exposición. El público sale de Illescas con tres datos: hay un padre con dos hijas, la rica es boba, la pobre es discreta. La pieza posterior despliega lo que esta venta ha dicho.

Hay precedente en el propio Lope. El acero de Madrid (ca. 1608) alterna el interior doméstico con escenas de paseo y prado. Las bizarrías de Belisa (1634, póstuma) abre con encuentro análogo. Lope construye, a partir de 1605, una dramaturgia del vestíbulo: el espacio de tránsito como apertura del marco doméstico. César Oliva ha estudiado este uso del espacio en la comedia urbana lopesca.oliva

Hay un eco visual menos invocado por la crítica que merece nombrarse. La pintura de género flamenca del XVI, en obras como las cocinas y mercados de Pieter Aertsen y Joachim Beuckelaer, había hecho de los espacios de tránsito —tabernas, vendurías, cocinas— escenarios donde lo cotidiano y lo alegórico se cruzaban. Cervantes recoge la fórmula y la traslada a la novela; Lope la adapta al teatro. La venta de Illescas no es sólo geografía: es también herencia visual.

EXT-3

La pieza como comedia urbana: el modelo lopesco

La dama boba pertenece a la familia de la comedia urbana, subgénero que Lope desarrolla a partir de los años 1605-1610 y que cristaliza en el período 1610-1616 con piezas como El acero de Madrid (ca. 1608), Las bizarrías de Belisa (1634, póstuma) o La discreta enamorada (1604-1606). La fórmula es estable: acción urbana, casa noble en una ciudad concreta (Madrid, Sevilla, Toledo), enredo matrimonial entre damas y galanes de hidalguía media-alta, espacio doméstico cerrado con pocas salidas al exterior, métrica polimétrica en la que dominan redondillas y romances.

Ignacio Arellano, en su análisis del «modelo temprano» de la comedia urbana lopesca, ha definido el subgénero por contraste con la comedia palatina: la urbana se caracteriza por «la pertenencia social de los personajes a la pequeña nobleza local, las relaciones cotidianas entre los habitantes de la casa y la calle, el predominio del verso doméstico, y la presencia constante del dinero como motor económico de la acción».arellano La dama boba cumple las cuatro condiciones: Octavio es hidalgo madrileño, la acción transcurre casi enteramente en su casa de Madrid, los metros dominantes son los del diálogo doméstico, y los cuarenta mil ducados de la dote son el motor reconocido de toda la trama.

Lo que distingue a la urbana de la palatina dentro del cuadro de Arellano es el espacio externo de tránsito —la venta de Illescas, el prado de los Recoletos en la 2.3— como apertura del marco doméstico. La venta funciona como vestíbulo del Madrid interior. El subgénero pide siempre ese vestíbulo: en El acero de Madrid es el paseo, en La discreta enamorada la calle, aquí la venta.

Aparato textual (6 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
1«¡Qué lindas posadas!»(igual)apertura coral en boca de Liseo y Turín
13«las Indias» O M(igual)conservada por toda la tradición
82«cuarenta mil ducados» O M AB(igual)la cifra-dote es estable en todos los testimonios
162«a su noble nacimiento» O«de su noble nacimiento» Mdivergencia menor de preposición
171 acot(no marcada) O*(Vase Leandro)* Macotación añadida por la tradición editorial
184/185«si ella me diere la muerte» / «¿Ésta fue la intención que tuvo Fabio?»(igual)bisagra de escena
  1. La nota de Marín al v. 1 (lindas posadas) glosa: «buenas (irónico)... La censura de posadas y caminos era proverbial en las comedias, y aparece todavía en El sí de las niñas, de Moratín, a principios del siglo XIX» (Marín, ed., La dama boba, Madrid: Cátedra, 1976, p. 63). Presotto, en su edición PROLOPE, recoge en la nota al v. 4 (Famoso lugar Illescas) la fórmula tópica: «el pueblo entre Madrid y Toledo era conocido en la época como lugar de descanso de los viajeros que procedían de Sevilla (y de las Indias) dirigidos a Madrid, así como de los que de la corte iban hacia Andalucía, siendo tópica la mala calidad de sus posadas».
  2. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 111-129, aquí 113-114, donde se afirma que «los dos cuadros (o macrosecuencias) que se desarrollan en espacios dramáticos externos a la casa de Otavio son, ambos, monométricos: en redondillas el que se ambienta en la posada de Illescas (I, 1); en silva del tipo 3» el otro.
  3. Sobre los retablos del Greco para la iglesia de la Caridad de Illescas (1603), Fernando Marías, El Greco. Historia de un pintor extravagante, ed. actualizada (San Sebastián: Nerea, 2013).
  4. Presotto glosa el v. 17 con Autoridades: «Se llama asimismo la cinta, que se corta igual a la altura de la imagen o estatua de algún Santo, en que se suele estampar su figura, y las letras de su nombre con plata u oro. Úsase por devoción». Sobre la economía devocional de medidas y estampas marianas en la Castilla del XVI-XVII, véase también William A. Christian, Jr., Local Religion in Sixteenth-Century Spain (Princeton: Princeton University Press, 1981); Carlos M. N. Eire, From Madrid to Purgatory. The Art and Craft of Dying in Sixteenth-Century Spain (Cambridge: Cambridge University Press, 1995).
  5. Presotto glosa el v. 46 («nombre tan hidalgo») de forma directa: «referido al tocino, manjar impuro para judíos y musulmanes». Para el contexto de la limpieza de sangre en la cultura del XVII, véase Antonio Domínguez Ortiz, Los conversos de origen judío después de la expulsión (Madrid: Instituto Balmes de Sociología, CSIC, 1955); Albert A. Sicroff, Los estatutos de limpieza de sangre. Controversias entre los siglos XV y XVII, trad. Mauro Armiño (Madrid: Taurus, 1985).
  6. Presotto glosa el v. 94 («pretensiones cansadas») así: «'solicitudes reiteradas', era una de las actividades más comunes de los nobles en la corte, como bien sabía Lope, para obtener algún beneficio o cargo moviéndose en la complicada máquina burocrática de la capital». Sobre los pretendientes cortesanos como tipo social del Madrid del XVII, véase Antonio Feros, El duque de Lerma. Realeza y privanza en la España de Felipe III (Madrid: Marcial Pons, 2002), traducción del original Kingship and Favoritism in the Spain of Philip III, 1598-1621 (Cambridge: Cambridge University Press, 2000).
  7. Sobre la metáfora del ajedrez como sociedad y como cifra moral en la tradición castellana, el Libro de los juegos de Alfonso X (Sevilla, 1283) y el Liber de moribus hominum et officiis nobilium super ludo scachorum de Jacobo de Cessolis (siglo XIII), traducido por Martín Reina, Dechado de la vida humana, moralmente sacado del juego del axedrez (Valladolid, 1549). Para la imagen cervantina del rey y el peón en Don Quijote II.12, Edward C. Riley, Cervantes's Theory of the Novel (Oxford: Clarendon Press, 1962); Anthony J. Close, Cervantes and the Comic Mind of His Age (Oxford: Oxford University Press, 2000).
  8. La fuente primaria es Andrea Alciato, Emblematum liber (Augsburg: Heinrich Steyner, 1531), con sus reediciones e ilustraciones (Wechel, París, 1534; Bonhomme, Lyon, 1550-1551, etc.). El corpus completo y la numeración variable de cada edición están registrados en Alciato at Glasgow (https://www.emblems.arts.gla.ac.uk/alciato/). Para la emblemática del XVII castellano, Karl-Ludwig Selig, Studies on Alciato in Spain (Aldershot: Variorum / Garland, 1990), y Aurora Egido, El Barroco de los modernos. Despuntes y pespuntes (Valladolid: Cátedra Miguel Delibes / Universidad de Valladolid, 2009).
  9. Presotto glosa el v. 140 con Autoridades: «el sitio o paraje desde donde cortejaban en Palacio a las damas». Sobre la vida femenina en la Castilla del XVI-XVII, Mariló Vigil, La vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII (Madrid: Siglo XXI de España Editores, 1986).
  10. María Luz González Mezquita, «Poder económico y prestigio social a fines del siglo XVII. Una indagación sobre las dotes de las nobles castellanas», Vegueta: Anuario de la Facultad de Geografía e Historia 5 (2000); Bartolomé Clavero, Mayorazgo. Propiedad feudal en Castilla 1369-1836 (Madrid: Siglo XXI, 1974). terhorst: Robert ter Horst, «The True Mind of Marriage: Ironies of the Intellect in Lope's La dama boba», Romanistisches Jahrbuch 27 (1976): 347-363. bass: Laura R. Bass, «The Economics of Representation in Lope de Vega's La dama boba», Bulletin of Spanish Studies 83, n.º 6 (2006): 771-787.
  11. César Oliva, «El espacio escénico en la comedia urbana y la comedia palatina de Lope de Vega», en Lope de Vega, comedia urbana y comedia palatina. Actas de las XVIII Jornadas de teatro clásico, Almagro 11, 12 y 13 de julio de 1995, ed. Felipe B. Pedraza Jiménez y Rafael González Cañal (Almagro: Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 1996), 13-36.
  12. Ignacio Arellano, «Sobre el modelo temprano de la comedia urbana de Lope», en Lope de Vega, comedia urbana y comedia palatina, ed. Pedraza Jiménez y González Cañal (Almagro: Festival de Almagro / UCLM, 1996), 37-60. Sobre el corpus completo de la comedia urbana lopesca, Convención y recepción: estudios sobre el teatro del Siglo de Oro (Madrid: Gredos, 1999).

Nota de cierre

Cierra la primera escena con Liseo angustiado por la perspectiva de casarse con una boba. El público de 1613 ya tiene en mente la trama. Lo que aún no se le ha dicho —y que será el motor de la pieza— es que la boba va a aprender. Esa información llegará gradualmente a partir de la escena 1.4.

ACTO I · ESCENA 2

1.2 Octavio y Miseno conversan sobre las dos hermanas

Casa de Octavio

octavas realesABABABCCvv. 185–272dignidad, argumento elevado

Cambio de espacio y de metro. La acción se traslada de la venta a la casa de Octavio en Madrid, y la pieza sube el registro métrico: las octavas reales —el metro más alto de la dramaturgia áurea, asociado a momentos de gravedad reflexiva— sirven para la conversación entre el padre y su amigo Miseno. Octavio expone aquí la situación que la pieza desplegará: tiene dos hijas, una boba y rica, otra discreta y pobre, y eso lo angustia. Miseno aplica la consolación tópica del XVII: la dote compensa la falta de ingenio. La respuesta queda sin contestar; la pieza se encargará de cuestionarla.

MISENO.Parece que os quejáis. OTAVIO.¡Bien mal emplea mi hermano tanta hacienda! No fue sabio. Bien es que Fabio, y que no sabio, sea. MISENO.Si en dejaros hacienda os hizo agravio, vos propio lo juzgad. OTAVIO.Dejó a Finea, a título de simple, tan gran renta, que a todos hasta agora nos sustenta. MISENO.Dejola a la que más le parecía de sus sobrinas. OTAVIO.Vos andáis discreto, pues a quien heredó su bobería dejó su hacienda para el mismo efeto. MISENO.De Nise la divina gallardía, las altas esperanzas y el conceto os deben de tener apasionado. ¿Quién duda que le sois más inclinado? OTAVIO.Mis hijas son entrambas; mas yo os juro que me enfadan y cansan, cada una por su camino, cuando más procuro mostrar amor y inclinación a alguna. Si ser Finea simple es caso duro, ya lo suplen los bienes de Fortuna y algunos que le dio Naturaleza, siempre más liberal, de la belleza; pero ver tan discreta y arrogante a Nise, más me pudre y martiriza, y que, de bien hablada y elegante, el vulgazo la aprueba y soleniza. Si me casara agora —y no te espante esta opinión, que alguno la autoriza—, de dos estremos, boba o bachillera, de la boba elección, sin duda, hiciera. MISENO.¡No digáis tal, por Dios! Que están sujetas a no acertar en nada. OTAVIO.Eso es engaño, que yo no trato aquí de las discretas; sólo a las bachilleras desengaño. De una casada son partes perfetas virtud y honestidad. MISENO.Parir cadaño, no dijérades mal, si es argumento de que vos no queréis entendimiento. OTAVIO.Está la discreción de una casada en amar y servir a su marido; en vivir recogida y recatada, honesta en el hablar y en el vestido; en ser de la familia respetada, en retirar la vista y el oído, en enseñar los hijos, cuidadosa; preciada más de limpia que de hermosa. ¿Para qué quiero yo que, bachillera, la que es propia mujer concetos diga? Esto de Nise por casar me altera; lo más, como los menos, me fatiga. Resuélvome en dos cosas que quisiera, pues la virtud es bien que el medio siga, que Finea supiera más que sabe, y Nise menos. MISENO.Habláis cuerdo y grave. OTAVIO.Si todos los estremos tienen vicio, yo estoy, con justa causa, discontento. MISENO.¿Y qué hay de vuestro yerno? OTAVIO.Aquí el oficio de padre y dueño alarga el pensamiento: caso a Finea, que es notable indicio de las leyes del mundo, al oro atento. Nise, tan sabia, docta y entendida, apenas halla un hombre que la pida; y por Finea, simple, por instantes me solicitan tantos pretendientes, del oro, más que del ingenio, amantes, que me cansan amigos y parientes. MISENO.Razones hay, al parecer, bastantes. OTAVIO.Una hallo yo, sin muchas aparentes, y es el buscar un hombre en todo estado lo que le falta más, con más cuidado. MISENO.Eso no entiendo bien. OTAVIO.Estadme atento. Ningún hombre nacido a pensar viene que le falta, Miseno, entendimiento, y con esto no busca lo que tiene; ve que el oro le falta y el sustento, y piensa que buscalle le conviene, pues como ser la falta el oro entienda, deja el entendimiento y busca hacienda. MISENO.¡Piedad del cielo! ¡Que ningún nacido se queje de faltarle entendimiento! OTAVIO.Pues a muchos que nunca lo han creído les falta, y son sus obras argumento. MISENO.Nise es aquésta. OTAVIO.Quítame el sentido su desvanecimiento. MISENO.Un casamiento os traigo yo. OTAVIO.Casémosla; que temo alguna necedad, de tanto extremo.

Salgan Nise y Celia, criada

NISE.¿Dióte el libro?
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Las octavas reales como metro de la consideración prudente

Las octavas reales —ocho endecasílabos con esquema ABABABCC— eran, en la teoría lopesca del Arte nuevo, el metro de la dignidad reflexiva. La estrofa tiene origen italiano: la ottava rima de Boccaccio (Filostrato, Teseida, Ninfale Fiesolano) y de Ariosto (Orlando furioso) había llegado al castellano a través de Boscán y Garcilaso. La métrica española la desarrolló como vehículo de la épica culta: Ercilla en La Araucana (1569-1589), el propio Lope en La hermosura de Angélica (1602) y Jerusalén conquistada (1609), Camões en Os Lusíadas (1572).

En el teatro áureo, la octava real se reservaba para los momentos de gravedad reflexiva o discurso elevado: monólogos filosóficos, diálogos entre figuras de autoridad, debates políticos. Abrir la conversación entre Octavio y Miseno con octavas avisa al oyente de que el momento es serio. La estructura ABABABCC encierra el pensamiento en una arquitectura simétrica.

El contraste con el resto de la comedia es deliberado: en octavas, los padres se quejan; en redondillas, los hijos se ríen. La estructura métrica es estructura emocional. Antonucci ha subrayado, además, la coincidencia onomástica: la única escena en octavas es protagonizada por Otavio.ext1_octava

EXT-2

El padre derrotado en la comedia áurea

Octavio inaugura, en La dama boba, la figura del padre derrotado que será una de las más persistentes del teatro lopesco y del calderoniano posterior. La figura tiene precedente en el senex de la comedia latina (Plauto, Terencio): el viejo que cree controlar a sus hijas y que las hijas ridiculizan.

Otavio queda como figura impotente más que cómica, lejos de la parodia del senex iratus habitual. Su queja en octavas reales es genuina; el espectador no se ríe de él, simpatiza con su angustia. La pieza no convierte a Otavio en bufón; lo conserva como figura digna que pierde sin dejar de ser respetable.ext2_padre

El cierre del Acto III dará a Otavio el último gesto en la pieza: cuando Laurencio pregunte si puede tomar la mano de Finea, Otavio responderá «Dádsela, boba ingeniosa» (v. 3161). Habla en imperativo de cesión, ya no de mando, y eso marca la rendición final.

EXT-3

La economía dotal: cuarenta mil ducados como ingeniería social

La cifra de la dote (cuarenta mil ducados) que la pieza enuncia varias veces lleva detrás un aparato histórico denso. Robert ter Horst y Laura Bass han leído toda la pieza desde esta dimensión económica: ter Horst subrayó las ironías del intelecto y los motivos del beneficio que recorren la comedia, y Bass ha estudiado la circulación de cuerpos, palabras y representaciones (en particular el retrato) como economía simbólica de la pieza. La cifra de cuarenta mil ducados es lo que sostiene esa maquinaria.ext3_economia

EXT-4

La perfecta casada de Fray Luis y el catálogo de Octavio

Los versos 224-235 («Está la discreción de una casada / en amar y servir a su marido…») son una recitación, casi sin variantes, del programa lulista de La perfecta casada (Salamanca, 1583). Fray Luis de León había compuesto el tratado para su sobrina María Varela Osorio, con ocasión de su boda; la obra se convirtió en el manual conyugal canónico del XVII.

Lope no cita explícitamente a Fray Luis, pero el espectador culto del corral reconocía el préstamo. La operación dramática es ambigua: por un lado, Octavio recita el programa con seriedad; por otro, el contexto lo ridiculiza —el padre defiende un ideal que su propia casa contradice (Nise estudia y debate, Finea es inalcanzable por simple).ext4frayluis

Aparato textual (6 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
188«Fabio, y que no sabio»(igual)(igual)(igual)
215–216«boba o bachillera, / de la boba elección, sin duda, hiciera»(igual)(igual)(igual)
221–232catálogo lulista (cf. Fray Luis, *La perfecta casada*)(igual)(igual)(igual)
251«del oro, más que del ingenio, amantes»(igual)(igual)(igual)
270–272partido «Un casamiento / os traigo yo. — Casémosla; que temo / alguna necedad, de tanto extremo»(igual)(igual)(igual)
273 acot(no marcada) O*(Salgan Nise y Celia, criada)* M L(igual)(igual)
  1. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 111-129, aquí 114.
  2. Sobre la institución de la dote testamentaria en el derecho castellano del XVII, véase Bartolomé Clavero, Mayorazgo. Propiedad feudal en Castilla 1369-1836 (Madrid: Siglo XXI, 1974).
  3. Sobre la tradición del padre con hijas opuestas, véase Marvin T. Herrick, Italian Comedy in the Renaissance (Urbana: University of Illinois Press, 1960); Ronald E. Surtz, The Birth of a Theater: Dramatic Convention in the Spanish Theater from Juan del Encina to Lope de Vega (Princeton: Princeton University Press / Madrid: Castalia, 1979).
  4. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba», 111-129, aquí 114; Diego Marín, Uso y función de la versificación dramática en Lope de Vega (Valencia: Castalia, 1962).
  5. Sobre la figura del padre derrotado en la comedia áurea y la dignidad del senex lopesco, Felipe B. Pedraza Jiménez, El universo poético de Lope de Vega (Madrid: Laberinto, 2003); para el contexto del personaje en la dramaturgia familiar de la pieza, véanse las introducciones de Marco Presotto en su edición de La dama boba (PROLOPE, 2007) y los estudios reunidos en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega, ed. J. Espejo Surós y C. Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: EUNSA, 2020).
  6. Robert ter Horst, «The True Mind of Marriage: Ironies of the Intellect in Lope's La dama boba», Romanistisches Jahrbuch 27 (1976): 347-363; Laura R. Bass, «The Economics of Representation in Lope de Vega's La dama boba», Bulletin of Spanish Studies 83, n.º 6 (2006): 771-787.
  7. Fray Luis de León, La perfecta casada (Salamanca: en casa de Juan Fernández, 1583); BNE Digital, sig. U/352(2).

Nota de cierre

Cierra Otavio resignado, pero la queja queda flotante. En la pieza, el padre nunca recobra del todo el control. Es una de las primeras dramatizaciones del padre derrotado en la comedia áurea, y sirve de fondo para entender por qué, en el verso 3161 del Acto III, Otavio cederá la mano de Finea a Laurencio con la fórmula «Dádsela, boba ingeniosa». Otavio cede porque ha cedido desde aquí.

ACTO I · ESCENA 3

1.3 Nise y Heliodoro: la disertación sobre la prosa

Casa de Octavio (sala de Nise)

redondillasabbavv. 274–310

Aparece Nise por primera vez en escena, presentada con una disertación literaria. Está leyendo a Heliodoro —novelista griego del siglo III d.C.—, y discute con su criada Celia la diferencia entre prosa historial y prosa poética. La escena establece su perfil: mujer letrada, lectora ambiciosa, con vocabulario académico. Importa el contraste con la siguiente escena (1.4), donde Finea fracasa con la cartilla. Dos pedagogías opuestas en versos consecutivos: la culta de Nise, la imposible de Finea.

CELIA.¡Y tal que obliga a no abrille ni tocalle! NISE.Pues, ¿por qué? CELIA.Por no ensucialle, si quieres que te lo diga. En cándido pergamino vienen muchas flores de oro. NISE.Bien lo merece Heliodoro, griego poeta divino. CELIA.¿Poeta? Pues pareciome prosa. NISE.También hay poesía en prosa. CELIA.No lo sabía. Miré el principio y cansome. NISE.Es que no se da a entender, con el artificio griego, hasta el quinto libro, y luego todo se viene a saber cuanto precede a los cuatro. CELIA.En fin, ¿es poeta en prosa? NISE.Y de una historia amorosa, digna de aplauso y teatro. Hay dos prosas diferentes: poética y historial; la historial, lisa y leal, cuenta verdades patentes, con frasi y términos claros; la poética es hermosa, varia, culta, licenciosa, y escura aun a ingenios raros. Tiene mil exornaciones y retóricas figuras. CELIA.Pues, ¿de cosas tan escuras juzgan tantos? NISE.No le pones, Celia, pequeña objeción; pero así corre el engaño del mundo.

Salga Finea, dama, con unas cartillas, y Rufino, maestro

FINEA.¡Ni en todo el año saldré con esa lición! CELIA.Tu hermana con su maestro. NISE.¿Conoce las letras ya?
EXT-1

Nise como crítica literaria: el contexto del debate culteranista

Nise lee y, además, juzga lo que lee. La distinción entre prosa historial y poética que enuncia en los vv. 289-300 estaba en el centro del debate poético-narrativo de la España del XVII. La querella entre los partidarios del estilo claro (Lope, los anti-cultos) y los del estilo oscuro (Góngora, los cultistas) tenía aquí su correlato en prosa.

La cronología es decisiva. Las Soledades gongorinas circularon manuscritas desde 1612-1613, justo cuando Lope estaba componiendo La dama boba (autógrafo fechado 28 de abril de 1613). Lope toma posición en clave dramática: pone la apología del estilo culto y licencioso en boca de un personaje al que la pieza dejará en evidencia.

Nise queda del lado culto de la querella. Que ella prefiera la prosa licenciosa y oscura tiene consecuencias narrativas: la pieza la castigará por esa preferencia, o más exactamente por su incapacidad de seguir adelante con ella cuando el soneto culterano de Duardo (vv. 525-538, escena 1.6) ponga la doctrina en verso.ext1_culteranismo

EXT-2

La dama lectora del XVII: contexto sociológico

Que Nise lea, comente y critique a Heliodoro en su sala doméstica de 1613 no era inusual entre las damas de la corte madrileña. Los círculos cortesanos de la primera mitad del XVII conocieron tertulias y academias literarias en las que las mujeres letradas tenían acceso a la novela bizantina, a la poesía culta y a las traducciones del italiano —fenómeno estudiado, entre otros, por Nieves Baranda y Anne Cruz a propósito de la cultura escrita femenina del Siglo de Oro.

Nise se inscribe en ese trasfondo. La burla lopesca recae en cómo lee, no en que lea. La pieza no condena la lectura femenina —lo que en otros términos sería misoginia plana—, sino una cierta forma de lectura, la que se queda en la superficie del prestigio cultural sin tocar la experiencia.ext2_dama

Aparato textual (3 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
293–302bloque sobre las dos prosassin variantes mayores entre O M A Bel debate culteranista pasa íntegro a la *princeps*
300«*y escura aun a ingenios raros*»«a ingenios» O M A : «en ingenios» B (variante menor)la grafía «escura» se conserva por razón métrica (oct.)
307 acot«*Finea, dama, con unas cartillas, y Rufino, maestro*» (O)«*Salen Finea dama y un maestro de leer*» (M); «*Salen un Maestro de leer y Finea*» (AB)tres formulaciones de la misma entrada, ninguna omitida
  1. Presotto glosa el v. 279 con precisión: «autor griego del siglo III conocido por su novela de aventuras llamada en España «Historia etiópica de los amores de Teágenes y Clariclea», considerada en la época como el más prestigioso modelo de épica en prosa y el prototipo del género de la novela bizantina. Por este motivo, Heliodoro de Emesa y su obra son ampliamente citados en la literatura de la época y particularmente en Lope». Sobre la recepción de Heliodoro en la España del XVII, véase Stanislav Zimic, Las novelas ejemplares de Cervantes (Madrid: Siglo XXI de España, 1996); Alban K. Forcione, Cervantes, Aristotle, and the Persiles (Princeton: Princeton University Press, 1970).
  2. Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo LIV (Santander, 1978): 351-371; Antonio Carreño, ed., Lope de Vega. Obras completas. Poesía VI: Huerto deshecho — Égloga a Claudio — La Vega del Parnaso — Otros versos (Madrid: Fundación José Antonio de Castro, 2005).
  3. Melveena McKendrick, Woman and Society in the Spanish Drama of the Golden Age. A Study of the «mujer varonil» (Cambridge: Cambridge University Press, 1974).

Nota de cierre

La disertación se interrumpe cuando Nise oye llegar a Finea con su maestro. El cambio de escena será abrupto: de redondillas eruditas a redondillas farsescas, sin transición.

ACTO I · ESCENA 4

1.4 La lección imposible

Casa de Octavio, interior

redondillasabbavv. 311–414diálogo vivo, conflicto cómico

Llega aquí la primera de las grandes escenas cómicas de la pieza, y pide lectura cuidadosa: debajo del chiste evidente —el dómine que no logra enseñar el alfabeto a su alumna— se plantea ya, en abril de 1613, un problema que la filosofía del XVII europeo tardará casi un siglo en formular con palabras propias: el del signo lingüístico arbitrario. Finea no es una alumna mala. Es una alumna empirista. Y Rufino, a tientas, se equivoca en cada movimiento pedagógico que hace.

CELIA.En los principios está. RUFINO.¡Paciencia, y no letras, muestro! ¿Qué es ésta? FINEA.Letra será. RUFINO.¿Letra? FINEA.Pues, ¡es otra cosa? RUFINO.No, sino el alba (¡qué hermosa bestia!). FINEA.Bien, bien. Sí, ya, ya; el alba debe de ser, cuando andaba entre las coles. RUFINO.Esta es «Ca». Los españoles no la solemos poner en nuestra lengua jamás. Úsanla mucho alemanes y flamencos. FINEA.¡Qué galanes van todos éstos detrás! RUFINO.Estas son letras también. FINEA.¿Tantas hay? RUFINO.Veintitrés son.^ FINEA.Ara vaya de lición; que yo lo diré muy bien. RUFINO.¿Qué es esta? FINEA.Aquésta no sé. RUFINO.¿Y esta? FINEA.No sé qué responda. RUFINO.¿Y esta? FINEA.¿Cuál? ¿Esta, redonda? ¡Letra! RUFINO.¡Bien! FINEA.¿Luego, acerté? RUFINO.¡Linda bestia! FINEA.¡Así, así! Bestia, ¡por Dios!, se llamaba; pero no se me acordaba. RUFINO.Esta es «erre», y esta es «i». FINEA.Pues, ¿si tú lo traes errado...? NISE.(¡Con qué pesadumbre están!) RUFINO.Di aquí B, A, N; ban. FINEA.¿Dónde van? RUFINO.¡Gentil cuidado! FINEA.¿Que se van, no me decías? RUFINO.Letras son.¡Míralas bien! FINEA.Ya miro. RUFINO.B, E, N; ben. FINEA.¿Adónde? RUFINO.¡Adónde en mis días no te vuelva más a ver! FINEA.¿Ven, no dices? Pues ya voy. RUFINO.¡Perdiendo el jüicio estoy! ¡Es imposible aprender! ¡Vive Dios, que te he de dar una palmeta! FINEA.¿Tú, a mí?

Saca una palmatoria

RUFINO.¡Muestra la mano! FINEA.Hela aquí. RUFINO.¡Aprende a deletrear! FINEA.¡Ay, perro! ¿Aquesto es palmeta? RUFINO.Pues, ¿qué pensabas? FINEA.¡Aguarda!... NISE.¡Ella le mata! CELIA.Ya tarda tu favor, Nise discreta. RUFINO.¡Ay, que me mata! NISE.¿Qué es esto? ¿A tu maestro...? FINEA.Hame dado causa. NISE.¿Cómo? FINEA.Hame engañado. RUFINO.¿Yo, engañado? NISE.¡Dila presto! FINEA.Estaba aprendiendo aquí la letra bestia y la Ca... NISE.La primera sabes ya. FINEA.Es verdad, ya la aprendí. Sacó un zoquete de palo y al cabo una media bola; pidiome la mano sola —¡mira qué lindo regalo!—, y apenas me la tomó, cuando, ¡zas!, la bola asienta, que pica como pimienta, y la mano me quebró. NISE.Cuando el discípulo ignora, tiene el maestro licencia de castigar. FINEA.¡Linda ciencia! RUFINO.Aunque me diese, señora, vuestro padre cuanto tiene, no he de darle otra lición.

Vase el Maestro

CELIA.¡Fuese! NISE.No tienes razón. Sufrir y aprender conviene. FINEA.Pues ¿las letras que allí están, yo no las aprendo bien? Vengo cuando dice «ven», y voy cuando dice «van». ¿Qué quiere, Nise, el maestro, quebrándome la cabeza con ban, bin, bon? CELIA.(¡Ella es pieza de rey!) NISE.Quiere el padre nuestro que aprendamos. FINEA.Yo ya sé el Padrenuestro. NISE.No digo sino el nuestro; y el castigo por darte memoria fue. FINEA.Póngame un hilo en el dedo y no aquel palo en la palma. CELIA.Mas que se te sale el alma, si lo sabe. FINEA.¡Muerta quedo! ¡Oh, Celia! No se lo digas, y verás qué te daré.

Salga Clara, criada

CLARA.¡Topé contigo, a la fe! NISE.Ya, Celia, las dos amigas se han juntado. CELIA.A nadie quiere más, en todas las crïadas. CLARA.¡Dame albricias, tan bien dadas como el suceso requiere! FINEA.Pues ¿de qué son? CLARA.Ya parió nuestra gata la Romana. FINEA.¿Cierto, cierto? CLARA.Esta mañana. FINEA.¿Parió en el tejado? CLARA.No. FINEA.¿Pues dónde? CLARA.En el aposento. ¡Qué cierto se echó de ver su entendimiento! FINEA.¡Es mujer notable! CLARA.Escucha un momento: salía, por donde suele, el sol muy galán y rico, con la librea del rey
EXT-1

Sobre la K y el debate ortográfico del Siglo de Oro

La intervención de Rufino sobre la K refleja un debate real de la ortografía española del Siglo de Oro. Antonio de Nebrija, en su Gramática castellana (Salamanca, 1492), había excluido la K del alfabeto por innecesaria, y propuesto la racionalización fonética del castellano (cada letra, un sonido). Su propuesta no fue universalmente aceptada: la K seguía apareciendo en cartillas escolares del XVI por inercia gráfica y por su utilidad en la transliteración de préstamos griegos y germánicos.

Lope, que conocía bien la Ortografía castellana de Mateo Alemán (México, 1609), pone en boca de un dómine de primeras letras un argumento que hubiera estado más a tono con un cátedra de Salamanca. Es el primer momento en que la escena revela su doblez: el saber alto se filtra hasta los rincones más bajos de la pedagogía, y Lope se permite el guiño de hacer que un personaje cómico cite, sin saberlo, una autoridad filológica de primer rango.ext1_K

EXT-2

Sobre «ban / ¿Dónde van?» y la crítica empirista al lenguaje

Este momento condensa el problema central de la pieza: la relación entre el signo y el significado. Finea no logra entender que una combinación de sonidos —ban— represente algo sin ser ese algo. Para ella, si «ban» suena como «van» (tercera persona del plural del verbo ir), entonces alguien se está yendo, y la pregunta «¿Dónde?» es estrictamente lógica.

Esto la convierte, a su pesar, en una empirista radical: sólo acepta como real lo que puede experimentar directamente. Y la doblez es que este tipo de escepticismo ante lo simbólico es exactamente el que los filósofos del XVII —Hobbes en el Leviathan (1651), Locke en el Essay concerning Human Understanding (1690)— convertirán en programa filosófico serio. Finea, por instinto, anticipa la crítica empirista al lenguaje abstracto que sólo cobrará nombre filosófico setenta años después.

Una conexión transcultural ilumina la operación: en Le bourgeois gentilhomme de Molière (1670), Monsieur Jourdain descubre con asombro que lleva toda la vida «hablando en prosa». El mecanismo es similar pero inverso: Jourdain tiene el saber sin la conciencia, Finea tiene la conciencia (registra los sonidos) pero le falta el saber. Las dos escenas son cómicas porque revelan la arbitrariedad de la frontera entre saber y no saber. Lo que en Molière se queda en burla cortesana, en Lope alcanza el filo de la epistemología.

Juan Mayorga ha sostenido que la propia bobería del Acto I admite ser leída retrospectivamente como artificio: si en el Acto III Finea es capaz de fingir voluntariamente la antigua simpleza («lo fui mucho tiempo», pasaje del fingimiento ante Liseo), nada impide pensar que la confusión ante «ban» del Acto I fuese ya, también, gobernada por la voluntad.ext2_mayorga

EXT-3

El reverso epistemológico: «B-A-N» y el agua de Helen Keller

En The Miracle Worker (Arthur Penn, 1962, basada en el guion de William Gibson de 1957), Anne Sullivan toma la mano de Helen Keller, ciega y sorda desde los diecinueve meses, la pone bajo el chorro de la bomba del jardín y le deletrea con los dedos en la palma «W-A-T-E-R». Helen, que durante meses había repetido los signos sin entenderlos, en ese instante comprende. Es el momento más radical del cine sobre el descubrimiento del signo.

La escena de Lope es el reverso exacto. Finea, también, repite el signo sin entender —«b, a, n: ban»— pero, lejos de descubrir que el signo representa, lo toma como representación inmediata. Si Helen Keller dramatiza el nacimiento del signo en una conciencia, Finea dramatiza el rechazo del signo por una conciencia que insiste en la presencia.

EXT-4

Notas sobre la puesta en escena (corral de comedias, 1613)

La compañía de Pedro de Valdés —en la que Jerónima de Burgos encarnó a Nise— estrenó la pieza en el otoño de 1613 en algún corral madrileño, tras la licencia concedida ese mismo año. Esta escena se representaba en el espacio de la escena baja: una mesa pequeña con la cartilla y una silla para Rufino, y Finea de pie. La palmeta era utilería habitual; muchas compañías la conservaban como atrezo escolar reutilizable. La acotación «Saca una palmatoria» (en torno al v. 354) sugiere que el actor llevaba la palmeta escondida, lo que añade el efecto de revelación física.ext4_corral

EXT-5

Vives, Erasmo y la pedagogía femenina del XVI: el método sin palmeta

Hay un texto que conviene poner al lado de esta escena para entender su verdadero alcance polémico: el De institutione feminae christianae de Juan Luis Vives, publicado en Brujas en 1524 y traducido al castellano por Juan Justiniano en 1528. El tratado fue obra encargada por Catalina de Aragón para la educación de su hija María Tudor, y se convirtió en el manual canónico de pedagogía femenina humanista, con reediciones y traducciones a las principales lenguas europeas durante todo el XVI y XVII. Lope conoce la doctrina y la pone en boca del padre: el catálogo educativo de Octavio en el Acto III («hilar, labrar y coser») recoge la doctrina vivesiana en clave conservadora.

Lo que importa para la 1.4 es el método. Vives había recomendado, en el libro I del De institutione, una pedagogía gradual y sin gritos, basada en la repetición mnemotécnica suave y en el ejemplo. Aurora Egido demostró, en su trabajo seminal sobre Vives y Lope, que la cartilla del XVII que Lope dramatiza —la del b, a, n: ban— procedía directamente de las recomendaciones vivesianas, igual que la coordinación con el Padre nuestro y la doctrina cristiana correspondía exactamente a las cartillas que Vives había aconsejado.vives_pedagogia La paradoja es que Rufino, dómine alquilado, no aplica la doctrina vivesiana: usa la palmeta, contraviniendo el principio del aprendizaje sin violencia.

La pedagogía vivesiana tenía a su vez raíz erasmiana. Erasmo, en De ratione studii (1511) y en De pueris instituendis (1529), había hecho del aprendizaje feliz el principio fundamental: el niño debe aprender por el placer del conocimiento, no por el miedo al castigo. Marina Sáez ha mostrado el paralelo entre la pedagogía erasmiana y la vivesiana, con los matices que la situación femenina añadía al modelo masculino erasmiano.marina_saez Lope dramatiza precisamente la traición a esta tradición humanista: Rufino representa la pedagogía vieja, anti-humanista, contra la cual Vives y Erasmo habían escrito. Que Finea le rompa la palmeta no es solo gesto cómico: es el gesto que la doctrina humanista llevaba un siglo recomendando, dramatizado al fin con la energía del cuerpo en lugar de con el papel del tratado.

EXT-6

La lección imposible y la pedagogía del sordo: Pedro Ponce de León y Juan Pablo Bonet

Hay un episodio paralelo de la pedagogía castellana del XVII que conviene traer porque ilumina por contraste lo que Rufino hace mal. En 1620, siete años después del estreno de La dama boba, Juan Pablo Bonet publicó en Madrid el Reduction de las letras y Arte para enseñar a ablar los Mudos, primer tratado europeo de pedagogía para sordos. Bonet, secretario del Condestable de Castilla y discípulo del benedictino Pedro Ponce de León (1508-1584), había desarrollado un método que asociaba cada letra del alfabeto a una posición de la mano —el alfabeto manual que perdura hasta hoy— y que prescindía absolutamente de la palmeta. La lección procedía por imagen y por gesto: la letra A se mostraba con un puño, la B con la mano abierta, etcétera. La conexión entre signo (la letra escrita) y referente (el gesto manual) era inmediata, sin abstracción.

El paralelo con la 1.4 es notable. Finea, que rechaza el signo arbitrario, habría aprendido en el método de Ponce de León y de Bonet. La asociación letra/gesto es exactamente la lógica empirista que Finea aplica al alba: si la letra debe corresponder a algo concreto, asóciese a un gesto, no a un sonido convencional. Ponce de León había llevado el método al extremo enseñando a hablar a los hijos sordomudos del condestable de Castilla a finales del XVI; el método se hizo célebre en la corte y atrajo visitantes europeos. La cronología sugiere que Lope, vecino de la corte madrileña entre 1610 y 1635, conocía el método al menos por referencia. La escena de Rufino, leída con Bonet en la mano, es lección tradicional fracasada en el momento exacto en que la corte madrileña tenía ya, al alcance, el método alternativo. La pieza no menciona a Bonet, pero el ambiente cultural en que se compone ya conoce las técnicas que prescindirían de la palmeta.bonet

La pedagogía sorda castellana del XVI-XVII es, por lo demás, uno de los logros invisibles del Siglo de Oro pedagógico, y la crítica española la ha rescatado en las últimas décadas. La conexión con la Don Quijote mujer (3.2 v. 2147) que Octavio teme es estructural: Lope dramatiza, sin nombrarlas, las dos pedagogías nuevas que el XVII había desarrollado para los marginados del orden cognitivo —la mujer iletrada (Vives) y el sordomudo (Ponce de León / Bonet)—, y opone a ambas la palmeta tradicional del dómine Rufino.

EXT-7

Wittgenstein lee a Lope: la lección agustiniana del lenguaje

Una conexión filosófica del siglo XX cierra la doblez de esta escena. En las Investigaciones filosóficas §1, Ludwig Wittgenstein abre su obra cumbre con una cita de las Confesiones de San Agustín (I.8): el niño aprende las palabras por ostensión, el adulto señala los objetos y dice sus nombres. Wittgenstein la llama «la imagen agustiniana del lenguaje» y, en los párrafos siguientes, la desmonta: el aprendizaje por ostensión funciona solo dentro de un juego de lenguaje ya constituido; la palabra «losa» no se aprende solo señalando una losa, sino dentro de la práctica entera de los albañiles que la usan. La crítica wittgensteiniana es la del signo arbitrario que necesita un mundo de prácticas para significar.

Finea, en la cartilla de Rufino, está en el lugar exacto en que Wittgenstein situará al niño agustiniano. Rufino le dice «B, A, N: ban» como quien señala una losa al niño que aún no sabe albañilería. Finea, fiel a la imagen agustiniana, busca el referente concreto («¿dónde van?»). El chiste lopesco anticipa la objeción wittgensteiniana: el signo no significa porque alguien lo señale, sino porque pertenece a un juego de lenguaje en que tiene función. Finea no está dentro de ese juego: para ella, ban es palabra que ordena un movimiento, no sílaba abstracta que se compone con otras.

La conexión, leída con cuidado, no es solo curiosa: ilumina la doblez filosófica de la pieza. Si Wittgenstein tiene razón, Finea no es la confundida; el confundido es Rufino, que cree que enseñar el signo basta para que el niño sepa leer. Lope, sin filosofía formal de por medio, construye la escena en un sentido que la filosofía del lenguaje del XX desarrollará tres siglos después. La rebeldía de Finea —«¿Tú, a mí?»— es además el rechazo silencioso a entrar en el juego de lenguaje que el dómine pretende imponer, y a ese rechazo la pieza dará la razón cuando Finea aprenda, mediante el amor, un otro juego —el del cortejo, el de la cartilla amorosa, el de los rayos visivos de 1.9— en el que sí participa con voluntad.wittgenstein

Aparato textual (6 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
311atrib. CELIA O(igual)(igual)(igual)
339«B, A, N; ban» O M L P(igual)(igual)(igual)
350Acot(no marcada) O*(Saca una palmeta)* M AB(sigue M)(sigue M)
352«¡Ay, perro!» O M L P«¡Ay, picaño!» AB(sigue O)(sigue O)
379Acot(no marcada) O*(Vase Rufino)* M L(igual)*(Exit Rufino)* P
398Acot(no marcada) O*(Sale Clara)* M L(igual)(igual)
  1. Sobre las cartillas escolares y el método del «alba», véase Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208; Víctor Infantes, De las primeras letras: cartillas españolas para enseñar a leer de los siglos XV y XVI (Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1998).
  2. Para una visión panorámica de la pieza y de su crítica, Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 943-950.
  3. Víctor Infantes, De las primeras letras: cartillas españolas para enseñar a leer de los siglos XV y XVI (Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1998); Sara T. Nalle, «Literacy and Culture in Early Modern Castile», Past & Present 125 (1989): 65-96.
  4. Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208; Mateo Alemán, Ortografía castellana (México, 1609), edición de José Rojas Garcidueñas con estudio preliminar de Tomás Navarro Tomás (México: El Colegio de México, 1950).
  5. James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255; Juan Mayorga, «El sexo de la razón: una lectura de La dama boba», en Lope de Vega en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Año 2002, ed. F. B. Pedraza Jiménez (Madrid: CNTC, 2003), 47-59 [reed. en Elipses. Ensayos 1990-2016 (Segovia: La uÑa RoTa, 2016), 351-363; y en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega, ed. Espejo Surós y Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: EUNSA, 2020), 257-268].
  6. Ignacio Arellano, «La vida teatral en el Siglo de Oro», en Preludio a «La dama boba», ed. Espejo Surós y Mata Induráin (Pamplona: EUNSA, 2020), 25-54.
  7. Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208; sobre el De institutione en su edición canónica moderna, Juan Luis Vives, The Education of a Christian Woman: A Sixteenth-Century Manual, ed. y trad. Charles Fantazzi (Chicago: University of Chicago Press, 2000). marina_saez: Rosa María Marina Sáez, «El ejemplo de Lucrecia en el De institutione feminae christianae de Juan Luis Vives», Euphrosyne 47 (2019): 381-392; Raúl Francisco Sebastián Solanes, «Apuntes apologéticos a De institutione foeminae christianae de Juan Luis Vives», Vivesiana 1 (2016): 73-86.
  8. Juan Pablo Bonet, Reducción de las letras y arte para enseñar a ablar los mudos (Madrid: Francisco Abarca de Angulo, 1620). Sobre Pedro Ponce de León y la genealogía de la pedagogía sorda hispana, Antonio Gascón Ricao y José Gabriel Storch de Gracia y Asensio, Historia de la educación de los sordos en España y su influencia en Europa y América (Madrid: Editorial Universitaria Ramón Areces, 2004).
  9. Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, edición bilingüe alemán-castellano de Alfonso García Suárez y Ulises Moulines (Barcelona: Crítica, 1988), §§1-43; sobre la imagen agustiniana del lenguaje y su crítica wittgensteiniana, Pierre Hadot, Wittgenstein y los límites del lenguaje (Valencia: Pre-Textos, 2007); sobre la transición de la teoría descriptiva del lenguaje (Hobbes-Locke-Condillac) al constitutivismo wittgensteiniano, Charles Taylor, The Language Animal: The Full Shape of the Human Linguistic Capacity (Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press, 2016), parte II.

Nota de cierre

Esta escena pide dos lecturas. La primera vez se ríe uno con Finea y de Finea. La segunda vez se descubre que el maestro era el ignorante: enseñaba la convención del signo a quien tenía perfecto derecho a desconfiar de ella. El verso «y el lugar donde se nace / saben andarle los ciegos» (v. 2489) tendrá que decirlo Finea más tarde para que comprendamos que la lección de Rufino no había fracasado. Había triunfado al revés: Finea aprendió, sí, pero a no aprender lo que el dómine pretendía. Esa será su verdadera fuerza.

ACTO I · ESCENA 5

1.5 El parto de la gata

Casa de Octavio, salón

romance asonancia -í-o-í-ovv. 411–492narración

Después de la lección imposible, Finea encuentra a Clara entusiasmada con noticias domésticas: la gata de la casa, llamada Romana, ha parido. Clara narra el episodio en romance, metro asociado por el Arte nuevo (v. 308) a las relaciones, es decir, los relatos largos. La pieza eleva al rango de epopeya doméstica un episodio absolutamente trivial. La forma noble enmarca el contenido ridículo, y el contraste produce comicidad pura.

La escena pide lectura atenta. Finea, que en la escena anterior fracasaba con la cartilla, escucha a Clara con la atención más rigurosa que la pieza le concede hasta el momento. Lo que la lección de Rufino no consiguió —que Finea atendiera al lenguaje— lo consigue Clara con un romance sobre gatos. La escena cómica enseña, sin enunciarlo, lo que el resto de la pieza desarrollará: el saber se aprende cuando interesa.

FINEA.¡Es mujer notable! CLARA.Escucha un momento: salía, por donde suele, el sol muy galán y rico, con la librea del rey colorado y amarillo; andaban los carretones quitándole el romadizo que da la noche a Madrid; aunque no sé quién me dijo que era la calle Mayor el soldado más antiguo, pues nunca el mayor de Flandes presentó tantos servicios; pregonaban agua ardiente, agua biznieta del vino, los hombres Carnestolendas, todos naranjas y gritos; dormían las rentas grandes, despertaban los oficios, tocaban los boticarios sus almireces a pino, cuando la gata de casa comenzó, con mil suspiros, a decir «¡Ay, ay, ay, ay! Que quiero parir, marido.» Levantose Hociquimocho y fue corriendo a decirlo a sus parientes y deudos; que deben de ser moriscos, porque el lenguaje que hablaban, en tiple de monacillos, si no es jerigonza entrellos, no es español ni latino. Vino una gata vïuda, con blanco y negro vestido —sospecho que era su agüela—, gorda y compuesta de hocico; y si lo que arrastra honra, como dicen los antiguos, tan honrada es por la cola como otros por sus oficios. Trújole cierta manteca, desayunose y previno en qué recibir el parto. Hubo temerarios gritos. No es burla. Parió seis gatos tan remendados y lindos, que pudieran, a ser pías, llevar el coche más rico. Regocijados, bajaron de los tejados vecinos, caballetes y terrados, todos los deudos y amigos: Lamicola, Arañizaldo, Marfuz, Marramao, Micilo, Tumbaollín, Mico, Miturrio, Rabicorto, Zapaquildo, unos vestidos de pardo, otros de blanco vestidos, y otros con forros de martas, en cueras y capotillos. De negro vino a la fiesta el gallardo Golosino; luto que mostraba entonces de su padre el gaticidio. Cuál la morcilla presenta; cuál el pez, cual el cabrito, cuál el gorrïón astuto, cuál el simple palomino. Trazando quedan agora, para mayor regocijo en el gatesco senado, correr gansos cinco a cinco. Ven presto, que si los oyes, dirás que parecen niños y darás a la parida el parabién de los hijos. FINEA.¡No me pudieras contar caso, para el gusto mío, de mayor contentamiento! CLARA.Camina. FINEA.Tras ti camino.

Vanse Finea y Clara

EXT-1

El romance como metro de la narración: chiste métrico-dramático

El Arte nuevo de Lope (1609), v. 308, había codificado: «las relaciones piden los romances». El romance octosilábico era el metro español por excelencia para la narración épica y caballeresca, atestiguado desde los romances viejos del siglo XV (las gestas del Cid, los infantes de Lara) hasta los romances nuevos cultos de Góngora y Quevedo. Que Clara narre en romance la noticia más doméstica imaginable —el parto de una gata— aprovecha la gravedad métrica del metro para producir comicidad por contraste.

El público del corral en 1613 estaba educado en el romance. Reconocía las aperturas épicas («pregonaban agua ardiente»), las enumeraciones cinematográficas («dormían las rentas grandes, / despertaban los oficios»), el ritmo del relato heroico. La incongruencia entre forma y contenido era percibida inmediatamente como chiste. Pedraza ha leído este episodio con cuidado: «este poema, irónico y cariñoso con el mundo de los gatos todos (los felinos y los madrileños), luce las galas conceptistas de los romancerillos tardíos».ext1_pedraza

La asonancia í-o tiene además efecto sonoro propio. La vocal /i/ produce ligereza acústica; la /o/ átona da peso. La combinación sostiene un ritmo entre brillante y arrastrado, idóneo para el cuento doméstico narrado con tono casi épico. Los romances cervantinos del Quijote I (los del cautivo, el del curioso impertinente) prefieren las asonancias graves á-a o é-a. Lope elige aquí la aguda/grave í-o porque la materia es ligera con sustancia: gatos descritos con dignidad.

EXT-2

La onomástica felina: prefiguración de La Gatomaquia

Veintiún años después de La dama boba, en 1634, Lope publica La Gatomaquia dentro de las Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos: epopeya burlesca en siete silvas que cuenta la guerra entre dos clanes felinos por el amor de la gata Zapaquilda. La onomástica de aquella obra —Marramaquiz, Micifuf, Zapaquilda, Marfuz— está ya esbozada en este romance del Acto I de La dama boba.

Los nombres son fórmulas onomatopéyicas con sufijos cómicos: Hociquimocho combina hocico con un sufijo despectivo (-mocho); Lamicola alude al gesto típico de los gatos (lamerse la cola); Arañizaldo es derivación cómica de arañar (con el sufijo -aldo, vagamente germánico); Marfuz es arabismo recogido por Covarrubias en su Tesoro (1611) con el sentido de «engañador, falaz»; Marramao reproduce onomatopéyicamente el maullido; Tumbaollín es figura cómica de gato derriba-ollas; Rabicorto es transparente; Zapaquildo anticipa al Zapaquilda de la Gatomaquia. Golosino, finalmente, es diminutivo afectuoso del gato glotón.

La conexión entre La dama boba y La Gatomaquia sugiere que la materia gatuna fue para Lope vena productiva. Aquí, en la comedia de 1613, es digresión cómica del primer acto; en la epopeya burlesca de 1634, vehículo de parodia épica completa. La autocita oblicua confirma que Lope leía y recordaba sus propias obras: La dama boba es archivo de motivos que volverían años después.ext2_gatomaquia

EXT-3

La parodia épica gatuna: itinerario transmedia

La operación lopesca —vestir lo doméstico con cuerpo de epopeya— tiene una historia que va antes y después de 1613. Dos paradas, sin agotar la serie, iluminan por contraste lo que el romance del parto está haciendo.

Primera parada, oriente: hacia 1841-1850, el grabador japonés Utagawa Kuniyoshi publicó la serie Cats Suggested as the Fifty-three Stations of the Tōkaidō (1850), entre otras dedicadas a felinos. Cada gato adopta una postura del peregrinaje del Tōkaidō, esa famosa ruta entre Kioto y Edo que Hiroshige había convertido en serie canónica de paisajes. Kuniyoshi sustituye los caminantes humanos por gatos, sin solemnidad ni desprecio: el chiste consiste en mantener el formato épico (la ruta de los cincuenta y tres relevos) y rebajarlo al felino doméstico. La operación es exactamente la del romance de Clara: la forma alta, el contenido bajo, y el placer estético en el vértice donde las dos cosas se rozan sin colapsar.

Segunda parada, anglosajona y narrativa: en 1909 Hector Hugh Munro «Saki» publicó en el Westminster Gazette (y recogió en The Chronicles of Clovis, 1911) Tobermory, cuento de pocas páginas que sigue siendo uno de los textos más afilados sobre los gatos en lengua inglesa. Cornelius Appin, invitado a una country house, anuncia haber enseñado a hablar a Tobermory, el gato de la casa. Tobermory empieza a expresarse con frialdad cortés y con conocimiento exacto de los chismes domésticos —ha estado oyendo durante años—, y el desastre social es inmediato: la familia se ve obligada a planear el envenenamiento del gato para preservar la reputación de la casa. El relato pone en juego la misma operación que el romance lopesco —el animal que toma cuerpo de criatura social— pero la empuja al extremo opuesto: en Lope el gato pare y el espectador ríe; en Saki el gato habla y la familia entra en pánico moral.

Una afinidad cierra el itinerario: en Lope, Kuniyoshi y Saki la gracia depende de que el espectador o lector sostenga simultáneamente las dos lecturas, la épica y la doméstica, sin dejar que ninguna anule a la otra. Es la misma operación que la pieza practica con Finea: mantener la boba y la ingeniosa al mismo tiempo, sin colapsarlas.ext3_transmedia

Aparato textual (7 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
422«el soldado más antiguo» O M L P(igual)(igual)(igual)
433«cuando la gata de casa» O M L P(igual)(igual)(igual)
445«Vino una gata vïuda» O M L P(igual, sin diéresis en M L P)(igual)(igual)
465–468catálogo onomástico O M L P(sigue O, con grafías regularizadas)(sigue O)(sigue O)
483«el gatesco senado» O M L P(igual)(igual)(igual)
492partido CLARA / FINEA O M L P(igual)(igual)(igual)
492Acot*(Vanse Finea y Clara)* O M L(igual)(igual)*(Exit Finea y Clara)* P
  1. Daniele Crivellari, «¿Las relaciones piden los romances? Métrica y narración en dos comedias de Lope de Vega (1610)», Anuario Lope de Vega. Texto, literatura, cultura 21 (2015): 1-28. ret_antonucci: Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 111-129, aquí 117.
  2. Sobre la vida cotidiana y la insalubridad urbana del Madrid del XVII, véase José Deleito y Piñuela, Sólo Madrid es corte. La capital de dos mundos bajo Felipe IV (Madrid: Espasa-Calpe, 1942 y reediciones).
  3. Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 941-950.
  4. Sobre la expulsión de los moriscos y su tratamiento literario, véase Bernard Vincent, Minorías y marginados en la España del siglo XVI (Granada: Diputación Provincial, 1987); Trevor J. Dadson, Tolerance and Coexistence in Early Modern Spain: Old Christians and Moriscos in the Campo de Calatrava (Woodbridge: Tamesis Books, 2014).
  5. Pedraza, «A vueltas con La dama boba» (2003).
  6. Antonio Carreño, ed., Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos, Biblioteca Hispánica 38 (Salamanca: Ediciones Almar, 2002); sobre la relación entre épica burlesca y ciclo gatuno lopesco, Felipe B. Pedraza Jiménez, El universo poético de Lope de Vega (Madrid: Ediciones Laberinto, 2003).
  7. Sobre Utagawa Kuniyoshi y la cultura gatuna del ukiyo-e, las series están registradas en los catálogos del Museum of Fine Arts, Boston, y del British Museum (https://www.mfa.org/ y https://www.britishmuseum.org/). Sobre Saki, Sandie Byrne, The Unbearable Saki: The Work of H. H. Munro (Oxford: Oxford University Press, 2007).

Nota de cierre

El romance se cierra con la fiesta de los gatitos recién paridos, y se cierra también la primera prueba pedagógica de la pieza. Finea ha demostrado que sabe escuchar cuando lo que le cuentan le interesa. La capacidad cognitiva no estaba ausente; estaba mal dirigida. Leída con el monólogo del Acto III en la mano, esta escena anticipa lo que aquel formulará: «hasta que en tus rayos vi» (v. 2053). La razón de Finea, eclipsada en el primer acto, empieza a salir de su eclipse aquí, en este romance gatuno. Sólo falta que llegue Laurencio.

ACTO I · ESCENA 6

1.6 La academia de Nise: el soneto culterano de Duardo

Casa de Octavio, sala de Nise (academia)

sonetoABBA ABBA CDC DCDvv. 525–538redondillasvv. 493–634

La pieza monta una academia literaria dentro de la comedia, y vale recordar que las academias eran instituciones reales: clubes letrados donde los caballeros del Madrid de 1613 se reunían a recitar versos, defender posiciones poéticas y discutir doctrinas amorosas. La academia de Nise es ficticia, pero su modelo está en instituciones reales del Madrid letrado: la Imitatoria (c. 1585), la academia del conde de Saldaña (h. 1610-1611) o la Selvaje, también llamada del Parnaso, fundada en 1612 por Francisco de Silva y Mendoza, hermano del duque de Pastrana. El propio Lope frecuentó varias.

La escena tiene tres movimientos. Primero, los galanes Duardo y Feniso eligen a Nise como juez de un certamen poético, dirigiéndose a ella con la retórica hiperbólica de la academia (Sibila española, las cuatro Gracias). Segundo, Duardo recita su soneto culterano «La calidad elementar resiste», el más célebre de la pieza, que Lope volverá a publicar y comentar en La Filomena (1621) y en La Circe (1624). Tercero, Nise confiesa que no entiende ni una palabra y abandona la lectura. La ironía es vertiginosa: la entendida no comprende el soneto que el galán le propone, mientras que en otra parte de la pieza la boba aprenderá en su carne lo que ese soneto enuncia.

NISE.¿Hay locura semejante? CELIA.¿Y Clara es boba también? NISE.Por eso la quiere bien. CELIA.La semejanza es bastante, aunque yo pienso que Clara es más bellaca que boba. NISE.Con esto la engaña y roba. Duardo, Feniso, Laurencio, caballeros DUARDO.Aquí, como estrella clara, a su hermosura nos guía. FENISO.Y aun es del sol su luz pura. LAURENCIO.¡Oh, reina de la hermosura! DUARDO.¡Oh, Nise! FENISO.¡Oh, señora mía! NISE.Caballeros... LAURENCIO.Esta vez, por vuestro ingenio gallardo, de un soneto de Duardo os hemos de hacer jüez. NISE.¿A mí, que soy de Finea hermana y sangre? LAURENCIO.A vos sola, que sois sibila española, no cumana ni eritrea; a vos, por quien ya las Gracias son cuatro, y las Musas diez, es justo haceros jüez. NISE.Si ignorancias, si desgracias trujérades a juzgar, era justa la elección. FENISO.Vuestra rara discreción, imposible de alabar, fue justamente elegida. Oíd, señora, a Eduardo. NISE.¡Vaya el soneto! Ya aguardo, aunque de indigna, corrida. DUARDO.La calidad elementar resiste mi amor, que a la virtud celeste aspira y en las mentes angélicas se mira, donde la idea del calor consiste. No ya como elemento el fuego viste el alma, cuyo vuelo al sol admira, que de inferiores mundos se retira adonde el serafín ardiendo asiste. No puede elementar fuego abrasarme. La virtud celestial, que vivifica, envidia el verme a la suprema alzarme; que donde el fuego angélico me aplica, ¿cómo podrá mortal poder tocarme, que eterno y fin, contradición implica? NISE.Ni una palabra entendí. DUARDO.Pues en parte se leyera que más de alguno dijera por arrogancia «Yo sí». La intención o el argumento es pintar a quien ya llega, libre del amor que ciega, con luz del entendimiento, a la alta contemplación de aquel puro amor sin fin, donde es fuego el serafín. NISE.Argumento y intención queda entendido. LAURENCIO.¡Profundos conceptos! NISE.¡Mucho le esconden! DUARDO.Tres fuegos, que corresponden, hermosa Nise, a tres mundos, dan fundamento a los otros. NISE.¡Bien los podéis declarar! DUARDO.Calidad elementar es el calor en nosotros, la celestial es virtud que calienta y que recrea, y la angélica es la idea del calor. NISE.Con inquietud escucho lo que no entiendo. DUARDO.El elemento en nosotros es fuego. NISE.¿Entendéis vosotros? DUARDO.El puro sol que estáis viendo en el cielo fuego es; y fuego el entendimiento seráfico; pero siento que así difieren los tres: que el que elementar se llama, abrasa cuando se aplica, el celeste vivifica, y el sobreceleste ama. NISE.No discurras, por tu vida; vete a escuelas. DUARDO.Donde estás, lo son. NISE.¡Yo no escucho más, de no entenderte corrida! ¡Escribe fácil! DUARDO.Platón, a lo que en cosas divinas escribió, puso cortinas que, tales como éstas, son matemáticas figuras y enigmas. NISE.¡Oye, Laurencio! FENISO.Ella os ha puesto silencio. DUARDO.Temió las cosas escuras. FENISO.¡Es mujer! DUARDO.La claridad a todos es agradable, que se escriba o que se hable.

Nise aparte

NISE.¿Cómo va de voluntad? LAURENCIO.Como quien la tiene en ti. NISE.Yo te la pago muy bien. No traigas contigo quien me eclipse el hablarte ansí. LAURENCIO.Yo, señora, no me atrevo, por mi humildad, a tus ojos; que, dando en viles despojos, se afrenta el rayo de Febo; pero si quieres pasar al alma, hallarasla rica de la fe que amor publica. NISE.Un papel te quiero dar; pero ¿cómo podrá ser que déstos visto no sea? LAURENCIO.Si en lo que el alma desea me quieres favorecer, mano y papel podré aquí asir juntos, atrevido, como finjas que has caído. NISE.¡Jesús! LAURENCIO.¿Qué es eso? NISE.¡Caí! LAURENCIO.Con las obras respondiste. NISE.Ésas responden mejor, que no hay sin obras amor. LAURENCIO.Amor en obras consiste. NISE.Laurencio mío, a Dios queda. Duardo y Feniso, adiós. DUARDO.Y tanta ventura a vos como hermosura os conceda.

Vanse Nise y Celia

¿Qué os ha dicho del soneto Nise? LAURENCIO.Que es muy extremado. DUARDO.Habréis los dos murmurado; que hacéis versos, en efeto. LAURENCIO.Ya no es menester hacellos para saber murmurallos, que se atreve a censurallos quien no se atreve a entendellos. FENISO.Los dos tenemos qué hacer. Licencia nos podéis dar. DUARDO.Las leyes de no estorbar queremos obedecer. LAURENCIO.¡Malicia es ésa! FENISO.¡No es tal! La divina Nise es vuestra, o, por lo menos, lo muestra. LAURENCIO.Pudiera, a tener igual.
EXT-1

Los tres fuegos: la cosmología neoplatónica del soneto

El soneto de Duardo construye un cosmos de tres planos según la doctrina neoplatónica del Renacimiento florentino. La fórmula de los tres fuegos es de origen ficiniano y se desarrolla en De amore II.iii: el fuego elementar, propio de la naturaleza terrestre y corpórea; el fuego celestial o virtud que da vida a las esferas; y el fuego angélico, idea pura del calor, contemplada por las inteligencias separadas. La jerarquía es cristiana en su superficie y platónica en sus huesos.

Pico della Mirandola, en Heptaplus (1489), había llevado este esquema a una formulación más radical: el hombre puede ascender por los tres planos según la dirección de su deseo. Duardo aplica esa doctrina al sujeto del amor: «no puede elementar fuego abrasarme», dice, porque el alma se ha desligado del fuego más bajo y se eleva al angélico. Es el movimiento que el Banquete platónico (210a-212c) describía como la escala de Diotima: del cuerpo bello a las almas bellas, de las almas bellas a las leyes y conocimientos bellos, y de ahí a la idea de la belleza misma.

La poesía castellana del XVI había recibido el esquema con resultados desiguales. Francisco de Aldana, formado en Florencia a la vera de Benedetto Varchi, lo asumió con coherencia técnica notable en sus Octavas a Medoro y Angélica, donde el erotismo «de la luz» convive con el «materialismo naturalista» del cuerpo; Aldana es uno de los modelos cercanos a los que Lope habría podido mirar al componer el soneto.aldana_octavas Garcilaso, en su soneto V («Escrito está en mi alma vuestro gesto»), había rozado la doctrina ficiniana sin desplegarla. La novedad lopesca aquí es triple: la pone en boca de un personaje (no en voz lírica propia), la formula con extrema concentración técnica (catorce versos para tres planos), y la deja sin que el oyente intradramático la entienda.

Lope, en su comentario en prosa al soneto recogido en la Epístola nona «A Francisco López de Aguilar» —incluida en La Circe con otras rimas y prosas (Madrid, 1624)—, glosa el contenido del poema como itinerario del alma desde la sujeción a las pasiones hasta la contemplación del amor divino.lope_circe Esta es, mutatis mutandis, la trayectoria de Finea: la mujer boba que en el primer acto vive en el plano elementar y que en el monólogo del Acto III se ve en «los palacios de la divina razón» (v. 2068), atravesando los tres fuegos.

EXT-2

Lope frente al culteranismo: parodia, profesión de fe, autodefensa

Hay una pregunta que la crítica ha discutido durante un siglo: ¿se burla Lope del estilo culto en este soneto, o lo ejerce con orgullo? Una parte importante de la crítica —de la que Diego Marín en su edición de Cátedra (1976) es buen exponente— ha defendido que Lope no busca ridiculizar a los poetas cultos sino emularlos: el poema construiría un tipo de oscuridad legitimada por el contenido filosófico, distinta de la extravagancia verbal gongorina.marin_oscuridad

Hay que situar la escena. Lope firma La dama boba el 28 de abril de 1613. El Polifemo y las Soledades de Góngora circulaban en manuscrito desde 1612-1613. La querella entre los partidarios y los detractores del nuevo estilo —los cultos contra los llanos— estaba abierta y sería el debate poético central de los siguientes quince años. Lope, que se considera llano, acaba de leer a Góngora y reconoce su dominio técnico. El soneto de Duardo es respuesta: yo también puedo escribir así, dice, y mi oscuridad tiene fundamento doctrinal —la del culterano gongorino, dice implícitamente, no.

La estrategia funciona porque el soneto es bueno. Si fuera mediocre, sería sátira ineficaz. El poema es técnicamente impecable, doctrinalmente sólido, y deliberadamente impenetrable para Nise. La parodia se ceba en el estilo cultivado por la academia —su falsa profundidad— sin desautorizar la doctrina neoplatónica que el soneto enuncia. La pieza está dispuesta, simultáneamente, a hacer reír y a hacer pensar.pedraza_dama

Y hay un último pliegue. Lope publicó este soneto, aislado, en La Filomena (1621) y en La Circe (1624). Lo consideraba propio, no satírico. La sátira está en la escena, en boca de Duardo dirigido a una Nise que no entenderá. Sacado del marco dramático, el soneto es de Lope; encerrado en él, es de Duardo. La distinción entre autor y personaje no anula al texto: lo dobla.

EXT-3

El soneto pintado: la Allegoria del Trionfo di Venere de Bronzino

Hay un cuadro que conviene poner al lado del soneto, porque comparte el ambiente cultural florentino del que la doctrina ficiniana de los tres fuegos procede. Es la Allegory with Venus and Cupid (también titulada Venus, Cupid, Folly and Time), pintada por Agnolo Bronzino en Florencia hacia 1545 y enviada por la corte de Cosme I como regalo a la del rey Francisco I de Francia (hoy en la National Gallery de Londres). La crítica clásica —Erwin Panofsky en Studies in Iconology (1939), Edgar Wind en Pagan Mysteries in the Renaissance (1958)— ha leído el cuadro como una densa alegoría moral del amor sensual: en torno al abrazo central de Venus y Cupido aparecen el Tiempo, la Locura, los Celos, el Engaño y el Olvido.bronzino

La afinidad con el soneto de Duardo no consiste en una correspondencia uno-a-uno entre cuadro y poema, sino en que ambos textos —pintura italiana de hacia 1545 y soneto castellano de 1613— se mueven en el mismo paisaje cultural: el del neoplatonismo amoroso heredado de Ficino y de Pico, donde el deseo se ordena por grados y el alma puede ascender o quedarse abajo. La diferencia es que la pintura de Bronzino dramatiza la dificultad del amor (los riesgos morales, la temporalidad, el desengaño), mientras el soneto de Duardo postula el ascenso, y la comedia añade la ironía de que la doctrina la cumple no quien la enuncia (Duardo) sino la mujer boba que ni siquiera la escucha (Finea).

EXT-4

La academia literaria del Madrid de 1613: contexto institucional

La pieza dramatiza, con licencias, una institución real. Las academias literarias eran clubes de caballeros y poetas que se reunían en casas particulares para leer versos, debatir cuestiones poéticas y resolver concursos. En el Madrid de los primeros años del XVII estuvieron activas, entre otras, la antigua Imitatoria (c. 1585), la academia del conde de Saldaña (h. 1610-1611) y la Selvaje, también llamada del Parnaso, fundada en 1612 por Francisco de Silva y Mendoza, hermano del duque de Pastrana. El propio Lope las frecuentó y dejó testimonio de su funcionamiento.

Las academias seguían el modelo italiano —la Crusca florentina, la Accademia degli Affidati paviana—, donde los académicos se daban un nombre poético y discutían en presencia de un príncipe o jefe. Las reuniones combinaban lectura de poemas propios, glosa de textos canónicos (Petrarca, Garcilaso) y certámenes con tema asignado. La presencia de mujeres era escasa pero no desconocida: la academia del conde de Salinas admitió a algunas damas como oyentes y, ocasionalmente, como autoras.

La academia de Nise replica este formato: tres galanes (Duardo, Feniso, Laurencio) se reúnen en su casa, le rinden homenaje retórico (las cuatro Gracias, las diez Musas), le presentan un soneto y solicitan su juicio. La pieza marca con cuidado la posición de Nise: no es académica honoraria ni musa silenciosa, es juez. Por un instante el personaje queda elevado al rango más alto que la institución permitía, para que luego se vea que ese rango excede su comprensión real. La elevación retórica precede al descalabro doctrinal.academias

EXT-5

Notas sobre la puesta en escena (corral, 1613)

La escena se representaba en el escenario alto del corral, con Nise sentada en silla central (signo institucional de la presidencia de la academia) y los tres galanes de pie alrededor. Las acotaciones de la princeps y del autógrafo son escasas, pero indican que Duardo lee el soneto desde un papel —era convención académica leer, no recitar de memoria—. El público del corral recibía la escena con doble atención: los letrados del desván (alquilado por nobles y clérigos) seguían el debate doctrinal; los mosqueteros del patio reían de la pretensión retórica de los galanes y de la confesión de Nise.

La duración aproximada de la escena en representación es de seis a ocho minutos, lo que la convierte en una de las más extensas del primer acto. Su densidad poética y conceptual exigía una compañía con buena voz. La compañía estrenadora fue la de Pedro de Valdés, en la que Jerónima de Burgos —ligada también a la vida personal de Lope— encarnó a Nise.jeronima

Aparato textual (9 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
522 atrib.FENISO OFENISO M (igual a O)FENISO L (igual a O)FENISO P (igual a O)
522 grafía«Eduardo» O«Eduardo» M«Duardo» L«Eduardo» P
524Acot(no marcada) O(no marcada) M(no marcada) L(no marcada) P
525«calidad elementar» O«calidad elemental» M (modernización)«calidad elemental» L (sigue M)«calidad elementar» P (sigue O)
532«serafín ardiendo» O«serafín ardiendo» M«serafín ardiendo» L(no recogido en este OCR) — en *La Filomena* (1621) y *La Circe* (1624) Lope sustituye «serafín» por «cherubín» (variante autorial posterior)
537 partidopartido NISE-DUARDO O («que eterno y fin, contradición implica? — Ni una palabra entendí.»)igual O M«contradicción» (modernizado) L(no completo en este OCR)
538«que eterno y fin, contradición implica» O M(igual)«contradicción» L (modernizado)(igual)
590Acot*Nise aparte* O*(Aparte a LAURENCIO)* M (la tradición editorial moderna añade el destinatario, que el autógrafo no especifica)(sigue M)(sigue M)
619–634bloque conservado O M(igual)(igual)(igual)
  1. Sobre la tradición de las Sibilas en la literatura áurea española y su uso elogioso para mujeres letradas, véase Aurora Egido, El Barroco de los modernos. Despuntes y pespuntes (Valladolid: Cátedra Miguel Delibes / Universidad de Valladolid, 2009).
  2. Sobre la tradición de la décima musa en la lírica española y su recepción colonial, véase Antonio Carreño, El romancero lírico de Lope de Vega (Madrid: Gredos, 1979); sobre la posfiguración sorjuanina, Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (Barcelona: Seix Barral, 1982).
  3. Antonio Álvarez-Ossorio Alvariño, «La discreción del cortesano», Edad de Oro 18 (1999): 9-45; Mercedes Blanco, Les rhétoriques de la pointe. Baltasar Gracián et le conceptisme en Europe (Paris: Champion, 1992).
  4. James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255. Sobre la jerarquía pseudo-dionisiana y su recepción renacentista, Stephen Gersh, Reading Plato, Tracing Plato: From Ancient Commentary to Medieval Reception, Variorum Collected Studies 816 (Aldershot: Ashgate, 2005); para una reconstrucción del proceso por el cual Lope adapta y reescribe sus propios sonetos, Lope de Vega, Lírica, ed. José Manuel Blecua (Madrid: Castalia, 1981).
  5. Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo 54 (1978): 351-371, aquí 361.
  6. Diego Marín, ed., Lope de Vega, La dama boba (Madrid: Cátedra, Letras Hispánicas, 1976).
  7. Marín, ed., La dama boba, nota al asterisco del v. 590.
  8. Sobre la doctrina de los tres fuegos en Ficino y su recepción castellana, véase Marsilio Ficino, De amore. Comentario a «El Banquete» de Platón, trad. Rocío de la Villa Ardura (Madrid: Tecnos, 1989), II.iii; sobre la persistencia del neoplatonismo italiano en la España postridentina y los modos en que el género literario sirvió de cobertura para ideas filosóficas que la Contrarreforma combatía, Hernán Matzkevich, «La persistencia del neoplatonismo italiano en la España de la Contrarreforma: el discurso de Marcela en Don Quijote y los Diálogos de amor de León Hebreo», Escritura e Imagen 15 (2019): 289-303.
  9. Sobre la doctrina platónica de la escritura cifrada y su recepción humanista, véase Eugenio Garin, Lo zodiaco della vita. La polemica sull'astrologia dal Trecento al Cinquecento (Bari: Laterza, 1976); sobre Pico y la cábala cristiana, Chaim Wirszubski, Pico della Mirandola's Encounter with Jewish Mysticism, ed. Paul Oskar Kristeller (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1989).
  10. Alfredo Mateos Paramio, «Francisco de Aldana: ¿un neoplatónico del amor humano?», en Estado actual de los estudios sobre el Siglo de Oro. Actas del II Congreso Internacional de Hispanistas del Siglo de Oro, vol. II (Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1993), 657-662.
  11. Lope de Vega, La Circe con otras rimas y prosas (Madrid, viuda de Alonso Martín, 1624); el comentario al soneto «La calidad elementar resiste» constituye la Epístola nona dirigida a Francisco López de Aguilar.
  12. Diego Marín, ed., Lope de Vega, La dama boba (Madrid: Cátedra, 1976), nota al v. 525, 87. pedraza_dama: Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 941-950.
  13. Erwin Panofsky, Studies in Iconology: Humanistic Themes in the Art of the Renaissance (New York: Oxford University Press, 1939); Edgar Wind, Pagan Mysteries in the Renaissance (London: Faber & Faber, 1958).
  14. Sobre las academias literarias del XVII español, véase Aurora Egido, «Academias literarias zaragozanas en el siglo XVII», en La literatura en Aragón, ed. Aurora Egido (Zaragoza: Caja de Ahorros de Zaragoza, 1984), 101-128; José Sánchez, Academias literarias del Siglo de Oro español (Madrid: Gredos, 1961); María Dolores Martos Pérez, «De musas a poetas: escritoras y enunciación canonizadora en la obra de Lope de Vega», Arte Nuevo. Revista de Estudios Áureos 4 (2017): 787-847.
  15. Mimma De Salvo, «Sobre el reparto de La dama boba de Lope de Vega», Voz y letra: Revista de literatura XI/1 (2000): 69-91, aquí 78-82.

Nota de cierre

La escena queda como reverso de la del monólogo de Finea (3.1). Aquí, una mujer culta no entiende el soneto neoplatónico que le recitan; allí, una mujer iletrada pronunciará una décima neoplatónica perfecta. La pieza se arma alrededor de esa simetría invertida. La que sabe latín queda sin comprender; la que no sabe leer, comprende. Y en el medio está el amor de Laurencio, que cumple lo que la cartilla y la academia habían dejado pendiente.

Un detalle final merece apuntarse. El verso 575 («vete a escuelas»), con que Nise despide a Duardo, es imprecación cómica que el público del corral entendía como derrota: «vete a estudiar, que aquí no me convences». Pero leído con la pieza entera, la imprecación se invierte: la escuela a la que tendrá que ir Nise para entender el soneto es la misma a la que está yendo Finea sin matricularse —la universidad de amor, en feliz fórmula de Egido—. Y Nise nunca llegará a ella.

ACTO I · ESCENA 7

1.7 El soneto de Laurencio al Pensamiento

Casa de Octavio

sonetoABBA ABBA CDC DCDvv. 635–648diálogo prosaicoredondillasabbavv. 635–740diálogo prosaico

Salen los académicos, queda Laurencio solo, y entonces hace algo inesperado: recita un soneto. Es el segundo soneto de la pieza, después del culterano de Duardo en 1.6, y opera en sentido exactamente opuesto. Donde Duardo invocaba el amor angélico con la metafísica más alta, Laurencio se dirige al Pensamiento propio con franqueza casi cínica para anunciar que va a cambiar de objeto amoroso. La sustitución de Nise (a quien cortejaba) por Finea (a quien va a cortejar) no se justifica con doctrina platónica: se justifica con cuarenta mil ducados. En el mismo acto coexisten la teoría más alta y la motivación más baja del amor. Aquí está la pieza más franca de su economía moral, y la escena pide leerse con la pluma del Arte nuevo y con la del libro de cuentas.

Despídanse, y quede solo Laurencio. LAURENCIO.Hermoso sois, sin duda, pensamiento, y, aunque honesto también, con ser hermoso, si es calidad del bien ser provechoso, una parte de tres que os falta siento. Nise, con un divino entendimiento, os enriquece de un amor dichoso; mas sois de dueño pobre, y es forzoso que en la necesidad falte el contento. Si el oro es blanco y centro del descanso, y el descanso, del gusto, yo os prometo que tarda el navegar con viento manso. Pensamiento, mudemos de sujeto; si voy necio tras vos, y en ir me canso, cuando vengáis tras mí, seréis discreto. Entre Pedro, lacayo de Laurencio. [v. 648 acot.] PEDRO.¡Qué necio andaba en buscarte fuera de aqueste lugar! LAURENCIO.Bien me pudieras hallar con el alma en otra parte. PEDRO.¿Luego estás sin ella aquí? LAURENCIO.Ha podido un pensamiento reducir su movimiento desde mí fuera de mí. ¿No has visto que la saeta del reloj en un lugar firme siempre suele estar aunque nunca está quieta, y tal vez está en la una y luego en las dos está? Pues así mi alma ya, sin hacer mudanza alguna, de la casa en que me ves, desde Nise, que ha querido, a las doce se ha subido, que es número de interés. PEDRO.Pues ¿cómo es esa mudanza? LAURENCIO.Como la saeta soy, que desde la una voy por lo que el círculo alcanza. ¿Señalaba a Nise? PEDRO.Sí. LAURENCIO.Pues ya señalo en Finea. PEDRO.¿Eso quieres que te crea? LAURENCIO.¿Por qué no, si hay causa? PEDRO.Di. LAURENCIO.Nise es una sola hermosa; Finea las doce son: hora de más bendición, más descansada y copiosa. En las doce el oficial descansa, y bástale ser hora entonces de comer, tan precisa y natural. Quiero decir que Finea hora de sustento es, cuyo descanso ya ves cuánto el hombre le desea. Denme, pues, las doce a mí, que soy pobre, con mujer; que, dándome de comer, es la mejor para mí. Nise es hora infortunada, donde mi planeta airado, de sestil y de cuadrado, me mira con frente armada. Finea es hora dichosa, donde Júpiter, benigno, me está mirando de trino con aspecto y faz hermosa. Doyme a entender que poniendo en Finea mis cuidados, a cuarenta mil ducados las manos voy previniendo. Ésta, Pedro, desde hoy ha de ser empresa mía. PEDRO.Para probar tu osadía, en una sospecha estoy. LAURENCIO.¿Cuál? PEDRO.Que te has de arrepentir, por ser simple esta mujer. LAURENCIO.¿Quién has visto de comer, de descansar y vestir arrepentido jamás? Pues esto viene con ella. PEDRO.A Nise, discreta y bella, Laurencio, ¿dejar podrás por una boba inorante? LAURENCIO.¡Qué inorante majadero! ¿No ves que el sol del dinero va del ingenio adelante? El que es pobre, ése es tenido por simple; el rico, por sabio. No hay en el nacer agravio, por notable que haya sido, que el dinero no le encubra, ni hay falta en naturaleza que con la mucha pobreza no se aumente y se descubra. Desde hoy quiero enamorar a Finea. PEDRO.He sospechado que a un ingenio tan cerrado no hay puerta por donde entrar. LAURENCIO.Yo sé cuál. PEDRO.¡Yo no, por Dios! LAURENCIO.Clara, su boba crïada. PEDRO.Sospecho que es más taimada que boba. LAURENCIO.Demos los dos en enamorarlas. PEDRO.Creo que Clara será tercera más fácil. LAURENCIO.Desa manera seguro va mi deseo.
EXT-1

El soneto al Pensamiento: tradición petrarquista invertida

La convención del soneto al pensamiento (o a la propia mente) es petrarquista canónica. Petrarca había hecho del pensiero propio interlocutor recurrente del Canzoniere —el caso más célebre es CCXCV, «Soleano i miei penser' soavemente / di lor obgetto ragionare inseme»—. Garcilaso heredó la convención en sonetos donde el sujeto se dirige a su propia esperanza o pensamiento, y Quevedo la cultivaría con extremo en sus sonetos morales. Lope la usa con función nueva: aquí el pensamiento no consuela ni eleva, calcula.

La inversión pesa para leer la economía moral de la pieza. En Petrarca y Garcilaso, el diálogo con el pensamiento es purificación —el alma del amante se examina y se eleva—. En Laurencio, el diálogo es cálculo prudencial en sentido escolástico: el galán pondera las opciones y elige la rentable. La forma sigue siendo la misma; el contenido se ha vuelto cínico.

Robert ter Horst, en su estudio sobre las ironías del intelecto y los motivos del beneficio en La dama boba, leyó este soneto como momento decisivo de la pieza: aquí queda claro que la trayectoria amorosa de Laurencio es trayectoria económica.horst Edward H. Friedman ha retomado y extendido esta línea en su lectura de 2013, donde sostiene que la pieza dramatiza una tensión continua entre afecto y autointerés.friedman Aplicado a este soneto, el balance es nítido: Laurencio elige a Finea por dinero, y la pieza no oculta la elección. Lo que la cubre, en cambio, es la habilidad técnica con que Laurencio ejercerá la pedagogía amorosa después.

La simetría con el soneto culterano de Duardo en 1.6 es notable: ambos sonetos —el de Duardo a la Idea, el de Laurencio al Pensamiento— son discursos de galán sobre el amor; pero mientras Duardo se mueve en la metafísica más alta, Laurencio en la aritmética más baja, y la pieza sostiene los dos sin elegir. Lope ofrece, en escenas contiguas, el polo platónico y el polo monetario del cortejo del XVII, ambos con dignidad técnica perfecta, ambos cómicos, ambos verdaderos. La verdad de La dama boba será la convivencia de ambos.

EXT-2

El pacto galán-lacayo: convención dramática y subtexto económico

El acuerdo entre Laurencio y Pedro (el galán y su criado) para cortejar simultáneamente a Finea y a Clara responde a una convención dramática del teatro áureo: la doble pareja, donde la trama amorosa principal se replica en tono cómico-plebeyo en la trama secundaria. Lope la había usado en El perro del hortelano, La discreta enamorada y muchas otras comedias. La función estructural es fuerte: el lacayo permite al galán comentar su propia situación en clave coloquial, y el espejo doble enriquece la perspectiva.

Particularidad de La dama boba: la pareja Laurencio-Pedro firma un pacto explícito antes de actuar, un acuerdo comercial más que un paralelismo orgánico. Pedro se compromete a abordar a Clara para facilitar el acceso de Laurencio a Finea. La transparencia del pacto es parte del subtexto económico que la pieza desplegará: incluso el amor cómico está negociado entre socios.

Joan Oleza, en su lectura sociológica del teatro lopesco, ha visto en este pacto la huella de la cooperativa familiar del XVII castellano: el matrimonio dotal del señor implica el matrimonio del criado, porque el criado entra en la casa de la nueva esposa, y la operación es de incorporación de unidad doméstica completa, no de pareja individual.oleza La economía del cortejo lopesco no es monogámica romántica: es dual, plebeya en el lacayo y noble en el galán, con la dote como nudo común.

EXT-3

El doble fondo en imagen: I bari de Caravaggio

Hay un cuadro temprano de Michelangelo Merisi da Caravaggio que dramatiza, con economía visual exacta, el dispositivo moral del soneto de Laurencio: I bari o Los tahúres (ca. 1594, hoy en el Kimbell Art Museum de Fort Worth). La escena muestra a tres figuras en torno a una mesa de juego: en el centro, un joven inocente concentrado en sus naipes; a la izquierda, un cómplice mayor que mira por encima del hombro al inocente y hace una seña con los dedos a su socio; a la derecha, el segundo tahúr que saca una carta escondida del cinturón mientras parece ocupado en repartir. La pintura registra el instante exacto del engaño en curso: el inocente todavía no ha perdido, los tahúres todavía no han ganado, y el espectador es el único que ve el sistema completo.

La afinidad con el monólogo lopesco va más allá del tópico. Como Laurencio, los tahúres de Caravaggio sostienen su decisión con un gesto cuidado: el joven a la izquierda lleva un guante con los dedos cortados que parece atributo de cortesía y es, en realidad, herramienta para hacer señas; el segundo tahúr esconde la carta con la misma elegancia con que un galán esconde un soneto. La forma alta cubre la operación baja, exactamente como el cuarteto de Laurencio cubre, en endecasílabos petrarquistas, el cálculo de los cuarenta mil ducados. Roberto Longhi, en su redescubrimiento del Caravaggio joven, leyó I bari como pieza fundacional de una nueva moral pictórica: la elegancia formal como tecnología del engaño.bari

La diferencia es importante. Caravaggio, en 1594, no juzga; muestra. Lope, en 1613, tampoco juzga del todo, pero el cierre del soneto en endecasílabos hace explícito el cálculo: aquí Laurencio se da por convencido de que abandonar a Nise por Finea es opción razonable. La pintura italiana es estática, el soneto español tiene cierre. Las dos producen el mismo efecto en el receptor letrado: ya no se puede leer la siguiente escena con inocencia. El espectador, como el espectador del Caravaggio, ha visto el guante con los dedos cortados.

EXT-4

El reloj y la astrología del amor: cosmología del cinismo

Laurencio organiza la escena, en su segundo argumento contra Pedro (vv. 657-700), con dos máquinas conceptuales: el reloj mecánico y el horóscopo. Las dos pertenecían, en 1613, a la cultura general urbana de Madrid; las dos servían para medir el destino, una desde la mecánica, la otra desde el cielo. Que Laurencio asocie ambas para argumentar su cambio de objeto amoroso es indicio de que la pieza está discutiendo, en clave de comedia, las cosmologías del XVII.

El reloj mecánico, introducido en Castilla en la baja Edad Media y popularizado durante el XVI, era símbolo de la firmitas in motu: la regularidad como virtud cosmológica. José Antonio Maravall ha mostrado cómo la lírica del XVII transformó el reloj de instrumento en metáfora del desengaño —el tiempo que pasa, la vanidad, la muerte. En esa tradición Quevedo escribirá sus silvas del «Reloj de campanilla» y «Reloj de arena» (recogidas en El Parnaso español, 1648) y elaborará el motivo en clave moral. Lope hace aquí algo más astuto: el reloj ya no significa muerte, significa interés. La saeta ya no señala la hora del desengaño, señala la hora del cobro de la dote. La metáfora se laiciza y se mercantiliza al mismo tiempo, anticipando la transformación que la cultura económica del XVIII completará.reloj

La astrología, en cambio, era saber dual en el XVII: oficialmente prohibida por Sixto V y Urbano VIII en sus bulas anti-judiciarias, pero practicada por médicos, dramaturgos y nobles a través de almanaques y lunarios. La materia formaba parte del bagaje culto del galán de comedia. Laurencio aplica la doctrina astrológica al amor con dominio técnico: cuadratura y oposición son malignas, trígono y sextil son benéficos; Júpiter es planeta de la abundancia (signo del dinero en astrología tradicional, asociado al Sagitario y a Piscis). El argumento del galán es: «mi destino astrológico me empuja hacia Finea, no hacia Nise». La pieza permite leer este argumento como racionalización pseudocientífica del cálculo económico que ya estaba decidido.astrologia

La conjunción de reloj mecánico y horóscopo en el mismo discurso es síntesis exacta del XVII castellano: lo nuevo (la mecánica) se viste con lo viejo (la astrología) para autorizar lo más nuevo (el matrimonio dotal calculado). Lope, sin formularlo, dramatiza la transición.

EXT-5

Poderoso caballero es don Dinero: la satira monetaria del XVII

La declaración de Laurencio en los vv. 718-728 —«el sol del dinero va del ingenio adelante; el que es pobre, ése es tenido por simple; el rico, por sabio»— forma parte de un fenómeno literario de gran extensión en el XVII castellano: la sátira monetaria. La fecha de composición de La dama boba (1613) cae en el largo ciclo del impacto de la plata americana sobre los precios castellanos, fenómeno que Earl J. Hamilton estudió en American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650 (Harvard, 1934) y que, en sus distintos tramos, distorsionó el sistema dotal y empujó la nobleza media a un endeudamiento creciente.hamilton

En este contexto, la sátira monetaria literaria adquiere energía sostenida. La letrilla quevediana «Poderoso caballero es don Dinero» circulaba ya, en versión primitiva, en Flores de poetas ilustres de Pedro Espinosa (1605), antes de su forma canónica en El Parnaso español (1648). Mateo Alemán había publicado la segunda parte del Guzmán de Alfarache (Lisboa, 1604), reeditada constantemente, con una sátira mercantil de fondo. Cervantes incluye en sus Novelas ejemplares (1613) el Coloquio de los perros, donde la voz de Berganza opera la misma sátira por la vía de la prosa. Lope coloca a Laurencio dentro de esta tradición, pero con una diferencia crucial: Laurencio no es satírico, es operacional. No critica el dinero; lo usa como argumento. La distancia entre el narrador-satírico (Quevedo) y el galán-operario (Laurencio) es la distancia entre la denuncia y la práctica. La dama boba dramatiza la práctica.

Una conexión transmedia ilumina la escena. En Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975), el protagonista de Thackeray se casa con la condesa de Lyndon por dinero, y el narrador del filme deja oír la lógica del pretendiente con frialdad casi entomológica. La diferencia con Lope es de tono: Kubrick es fríamente trágico, Lope cómicamente lúcido. Pero la lógica del cortejo dotal está formulada idénticamente: el hombre pobre busca la heredera porque «el sol del dinero va del ingenio adelante». Tres siglos y medio separan los dos textos; la mecánica del matrimonio interesado permanece.

Aparato textual (10 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
634 *Acot*«*Despídanse, y quede solo Laurencio*» O«*Despídanse, y quede solo LAURENCIO*» M (idéntico)(igual)(igual)
635-648 (soneto)conservado Oconservado M con punctuación más suave (cambio de «:» por «;» en v. 643)conservado Lconservado P
648 *Acot*«*Entre Pedro, lacayo de Laurencio*» O«*Entre PEDRO, lacayo de LAURENCIO*» M (idéntico)«*Entre PEDRO, lacayo de LAURENCIO*» L«*Entre Pedro, lacayo de Laurencio*» P
672-675 atrib.partidos atribuidos así: «¿Señalaba a Nise?» (continuación LAURENCIO) → «PEDRO Sí.» → «LAURENCIO Pues ya señalo en Finea.» → «PEDRO ¿Eso quieres que te crea?» → «LAURENCIO ¿Por qué no, si hay causa?» → «PEDRO Di.» Oatribuciones invertidas en M: «PEDRO ¿Señalaba a Nise?» → «LAURENCIO Sí.» → «PEDRO Pues ya señalo en Finea.» → «LAURENCIO ¿Eso quieres que te crea?» → «PEDRO ¿Por qué no, si hay causa?» → «LAURENCIO Di.» — divergencia de seis atribuciones(sigue O)(sigue O)
695«*sestil*» O«*sextil*» M (modernización)«*sextil*» L (sigue M)«*sextil*» P (modernización)
717«*inorante*» O — Marín nota: «*es la grafía más usada en el autógrafo, aunque Lope escribió también ignorante algunas veces*»«*inorante*» M (conserva)«*inorante*» L (conserva)«*ignorante*» P (modernización)
720«*¿No ves que el sol del dinero / va del ingenio adelante?*» O M L P(igual)(igual)(igual) — Marín cita el paralelo con la letrilla de Quevedo «*Poderoso caballero es Don Dinero*»
730 partido«*a Finea. — PEDRO He sospechado*» Oigual Migual Ligual P
735«*más taimada*» O M L P(igual)(igual)(igual)
740«*seguro va mi deseo*» O M L P(igual)(igual)(igual) — la escena cierra y Marín abre ESCENA X con la entrada de Finea y Clara, que en nuestra edición pasa a 1.8
  1. Sobre el soneto-apóstrofe al pensamiento en la lírica petrarquista castellana, véase la introducción de Cristóbal Cuevas a Fernando de Herrera, Poesía castellana original completa (Madrid: Cátedra, 1985).
  2. Sobre el soneto en el teatro lopesco como recurso de monólogo introspectivo, Peter N. Dunn, «Some Uses of Sonnets in the Plays of Lope de Vega», Bulletin of Hispanic Studies 34 (1957): 213-222.
  3. Miguel Romera Navarro, La preceptiva dramática de Lope de Vega y otros ensayos sobre el Fénix (Madrid: Yunque, 1935).
  4. Sobre el tópico del reloj en la lírica del XVII como cifra del paso del tiempo y del desengaño, José Antonio Maravall, La cultura del Barroco: análisis de una estructura histórica (Barcelona: Ariel, 1975); específicamente para los relojes en Lope, Felipe B. Pedraza Jiménez, El universo poético de Lope de Vega (Madrid: Ediciones del Laberinto, 2003).
  5. Sobre la astrología judiciaria en el Madrid del XVII y su persistencia tras las prohibiciones papales, Tayra M.C. Lanuza Navarro, Astrología, ciencia y sociedad en la España de los Austrias (tesis doctoral, Universitat de València, 2005), dir. Víctor Navarro Brotóns.
  6. Sobre el refranero del dinero en el XVII y su entrada en la literatura áurea, Eleanor S. O'Kane, Refranes y frases proverbiales españolas de la Edad Media, Anejos del Boletín de la Real Academia Española II (Madrid: Real Academia Española, 1959).
  7. Robert ter Horst, «The True Mind of Marriage: Ironies of the Intellect in Lope's La dama boba», Romanistisches Jahrbuch 27 (1976): 347-363. friedman: Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617.
  8. Joan Oleza Simó, «La propuesta teatral del primer Lope de Vega», Cuadernos de Filología III-1 y 2 (Valencia: Universitat de València, 1981), 153-223.
  9. Roberto Longhi, Il Caravaggio, ed. Giovanni Previtali (Roma: Editori Riuniti, 1968 [primera versión: 1952]). Para la lectura iconográfica del cuadro como cifra del engaño cortés, Helen Langdon, Caravaggio: A Life (London: Chatto & Windus, 1998).
  10. José Antonio Maravall, La cultura del Barroco: análisis de una estructura histórica (Barcelona: Ariel, 1975); específicamente sobre el reloj en la imaginería áurea, Otis H. Green, Spain and the Western Tradition: The Castilian Mind in Literature from El Cid to Calderón, 4 vols. (Madison: University of Wisconsin Press, 1963-1966). astrologia: Tayra M.C. Lanuza Navarro, Astrología, ciencia y sociedad en la España de los Austrias (tesis doctoral, Universitat de València, 2005), dir. Víctor Navarro Brotóns.
  11. Earl J. Hamilton, American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650, Harvard Economic Studies XLIII (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1934).

Nota de cierre

Laurencio cierra con su decisión tomada y su socio reclutado. Lo que viene en la escena 1.9 (la primera lección de amor) será aplicación del plan aquí enunciado. El público de 1613 recibe ya el aviso: Laurencio le va a enseñar el amor a Finea, sí, pero por motivos no exactamente platónicos. Esa doblez es la materia que la pieza irá complicando hasta el verso 2086 («¿No eres simple? — Cuando quiero»), donde Finea le devolverá el cálculo con su propio cálculo. La aritmética se duplica: la pieza no resuelve el problema moral, lo equilibra.

ACTO I · ESCENA 8

1.8 Las dos parejas: el galán al sol, el lacayo a la criada

Casa de Octavio

redondillasabbavv. 741–820cortejo cómico

Entran Finea y Clara. Lo que el galán y el lacayo habían pactado en escena se ejecuta aquí, en perfecta simetría: arriba, Laurencio cortejando a Finea con el repertorio solar y estelar del petrarquismo neoplatónico; abajo, Pedro cortejando a Clara con la versión vulgar del mismo repertorio. La estrategia compositiva es típica del teatro lopesco —la doble pareja, galán-dama y lacayo-criada, que comenta la trama mayor con tono cómico—, pero aquí cumple además otra función: dejar oír al mismo tiempo la doctrina amorosa alta (rayos piramidales, espíritus visivos, alma que se pasa al pecho ajeno) y su contracanto bajo (Clara con sabañones, la pepitoria de manos y tripas y pies). La pieza no jerarquiza: las dos doctrinas funcionan, las dos cortejan, las dos quieren matrimonio. Es la primera lección del «amor con amor se paga» que Lope distribuye entre las dos clases sociales.

Entran Finea y Clara. [v. 740 acot.] PEDRO.Ellas vienen; disimula. LAURENCIO.Si puede ser en mi mano. PEDRO.¡Qué ha de poder un cristiano enamorar una mula! LAURENCIO.Linda cara y talle tiene. PEDRO.¡Así fuera el alma! LAURENCIO.Agora conozco, hermosa señora, que no solamente viene el sol de las orientales partes, pues de vuestros ojos sale con rayos más rojos y luces piramidales; pero si, cuando salís, tan grande fuerza traéis, al mediodía ¿qué haréis? FINEA.Comer, como vos decís, no pirámides ni peros, sino cosas provechosas. LAURENCIO.Esas estrellas hermosas, esos nocturnos luceros, me tienen fuera de mí. FINEA.Si vos andáis con estrellas, ¿qué mucho que os traigan ellas arromadizado ansí? Acostaos siempre temprano, y dormid con tocador. LAURENCIO.¿No entendéis que os tengo amor puro, honesto, limpio y llano? FINEA.¿Qué es amor? LAURENCIO.¿Amor? Deseo. FINEA.¿De qué? LAURENCIO.De una cosa hermosa. FINEA.¿Es oro? ¿Es diamante? ¿Es cosa destas que muy lindas veo? LAURENCIO.No, sino de la hermosura de una mujer como vos, que, como lo ordena Dios, para buen fin se procura; y ésta, que vos la tenéis, engendra deseo en mí. FINEA.Y yo ¿qué he de hacer aquí, si sé que vos me queréis? LAURENCIO.Quererme. ¿No habéis oído que amor con amor se paga? FINEA.No sé yo cómo se haga, porque nunca yo he querido, ni en la cartilla lo vi, ni me lo enseñó mi madre. Preguntarelo a mi padre. LAURENCIO.¡Esperaos, que no es ansí! FINEA.Pues ¿cómo? LAURENCIO.Destos mis ojos saldrán unos rayos vivos como espíritus visivos, de sangre y de fuego rojos, que se entrarán por los vuestros. FINEA.No, señor; arriedro vaya cosa en que espíritus haya. LAURENCIO.Son los espíritus nuestros, que juntos se han de encender y causar un dulce fuego con que se pierde el sosiego, hasta que se viene a ver el alma en la posisión que es el fin del casamiento; que, con este santo intento, justos los amores son, porque el alma que yo tengo a vuestro pecho se pasa. FINEA.¿Tanto pasa quien se casa? PEDRO.Con él, como os digo, vengo tan muerto por vuestro amor, que aquesta ocasión busqué. CLARA.¿Qué es amor, que no lo sé? PEDRO.¿Amor? ¡Locura, furor! CLARA.Pues ¿loca tengo de estar? PEDRO.Es una dulce locura por quien la mayor cordura suelen los hombres trocar. CLARA.Yo, lo que mi ama hiciere, eso haré. PEDRO.Ciencia es amor que el más rudo labrador a pocos cursos la adquiere.
EXT-1

La óptica del cortejo: rayos piramidales y espíritus visivos

Cuando Laurencio le dice a Finea que de sus ojos «sale con rayos más rojos / y luces piramidales» (vv. 750-752) y que de los suyos saldrán «unos rayos vivos / como espíritus visivos, / de sangre y de fuego rojos» (vv. 790-792), está convocando dos teorías ópticas medievales-renacentistas que la cultura del XVII castellano todavía sostenía: la teoría de la visión por rayos piramidales y la doctrina de los espíritus visivos.

La primera procede de la óptica islámica del siglo XI. Ibn al-Haytham (Alhazen, 965-1040), en su Kitab al-Manazir (Libro de la óptica), había sostenido que la visión se produce por rayos que entran al ojo desde el objeto, con forma de pirámide cuya base es el objeto y cuyo vértice está en el ojo (refutando la teoría platónica de los rayos emergentes del ojo). Roger Bacon, Witelo y Pecham, en el XIII, habían incorporado esta teoría a la escolástica latina, y de ahí pasó a la cultura científica del XVI europeo a través de los manuales perspectivistas y las Perspectivae renacentistas. Que Laurencio diga que los ojos de Finea emiten luces piramidales (en vez de recibir) es chiste técnico: aplica la óptica antigua —los ojos como emisores— para construir el galanteo, contradiciendo la óptica moderna —los ojos como receptores— que hubiera hecho menos lucida la metáfora. El cortejo necesita la óptica errónea.optica

La segunda doctrina, la de los espíritus visivos, procede de la fisiología galénica heredada por la medicina escolástica. Galeno había distinguido tres niveles de spiritus en el cuerpo humano: el spiritus naturalis (vegetativo, hepático), el spiritus vitalis (cardíaco, sanguíneo) y el spiritus animalis (cerebral, sensitivo). Marsilio Ficino, en su De amore (1469) —comentario al Banquete de Platón—, llevó la doctrina al amor cortés: el spiritus visivus es vapor sanguíneo refinado que sale por los ojos del enamorado, viaja al cuerpo del amado, se mezcla con la sangre del amado, y produce la fascinación (de fascinum, hechizo). Cuando Laurencio dice que sus rayos visivos son «de sangre y de fuego rojos» y «se entrarán por los vuestros», está reproduciendo, palabra por palabra, la doctrina ficiniana.ficino

León Hebreo, en sus Diálogos de amor (escritos en italiano c. 1502, publicados en 1535, traducidos al castellano por el Inca Garcilaso de la Vega en 1590), había vehiculado la doctrina al ámbito hispano. Cervantes lo cita explícitamente en el prólogo del Quijote, y en 1613 la traducción del Inca circulaba ya por la corte madrileña como uno de los textos canónicos del neoplatonismo amoroso. Que en La dama boba el cortejo del galán se sostenga sobre la doctrina ficiniana es signo de que la pieza dialoga, en lo doctrinal, con esa cumbre. El chiste, una vez más, es que la cumbre se desplome contra la cartilla del cuerpo: Finea no es Sócrates, no es Diotima, es la heredera dotal que pregunta «¿Es oro?» y que diagnostica resfriado.

EXT-2

León Hebreo y la doctrina amorosa hispana del XVI

La doctrina amorosa que Laurencio expone en los vv. 767-806 es la del amor honestus neoplatónico cristianizado. Sus tres premisas son: (1) el amor es deseo de cosa hermosa; (2) la hermosura engendra deseo; (3) el deseo culmina en la posesión del alma del amado, fin (causa final) del matrimonio. Las tres premisas están en Ficino, De amore II.viii, IV.iii-iv y VII.xii-xiii, donde el florentino había construido el sistema entero del amor cortés cristianizado.

León Hebreo (Yehuda Abrabanel, c. 1465-1521), médico y filósofo judío portugués refugiado en Italia, escribió los Diálogos de amor (c. 1502, publicados en italiano en 1535) como diálogo entre Filón y Sofía sobre la naturaleza del amor. La obra fusionó neoplatonismo cristiano, cábala judía y aristotelismo árabe en una summa del amor renacentista. Su impacto en la lírica española fue inmenso: Garcilaso, Aldana, Herrera, Cervantes y Lope la citan o la presuponen.hebreo La traducción del Inca Garcilaso (Madrid, 1590) circuló como manual de cortejo culto y como tratado filosófico, en doble registro.

La elección de Laurencio en los versos 791-806 es leobeza-ficiniana matizada: «el alma […] a vuestro pecho se pasa» (v. 805-806) cita literalmente la doctrina del trasvase amoroso que aparece en Hebreo, Diálogos III, donde Filón explica a Sofía que el alma del amante migra al cuerpo de la amada y allí se aloja, y el alma de la amada migra al cuerpo del amante, produciendo unión perfecta. La sucesión cinco versos del galán es paráfrasis del filósofo. Que Lope la haya puesto en boca del galán cínico —ya hemos visto en 1.7 el cálculo económico del personaje— es uno de los desniveles morales más sutiles de la pieza: el discurso amoroso es perfectamente ortodoxo, pero el motivo del discurso es perfectamente cínico. La doctrina, en sí misma, es verdadera; el uso, no.

EXT-3

La pintura del rayo amoroso: Bronzino y el Jardín de Velázquez

El verso 790 «saldrán unos rayos vivos / como espíritus visivos» tiene paralelo iconográfico en dos pinturas que vale traer porque dramatizan la teoría visual del amor cortés.

La primera es la Allegory with Venus and Cupid (también conocida como Venus, Cupido, la Locura y el Tiempo) de Agnolo Bronzino (c. 1545, hoy en la National Gallery de Londres), pintada en Florencia y enviada por la corte de Cosme I a la del rey Francisco I de Francia. La pintura muestra a Venus desnuda y a Cupido niño en un abrazo de neto erotismo, con un complejo aparato alegórico alrededor (la Locura, el Tiempo, los Celos, el Engaño). La crítica clásica —Erwin Panofsky, Edgar Wind— ha leído el cuadro como alegoría moral sobre los peligros del amor sensual. La pareja Venus-Cupido y la intensidad de la mirada amorosa enmarcan visualmente la cultura ficiniana del spiritus; pero el cuadro no es un tratado iconográfico sobre los espíritus visivos, sino una densa alegoría moral en la que esa mirada se vuelve, justamente, peligro.bronzino

La segunda es el Jardín de la Villa Medici de Diego Velázquez (c. 1630, Madrid, Museo del Prado), donde dos figuras conversan ante un portal serliano tapiado del jardín romano, en una atmósfera de luz vespertina y silencio. La intriga del cuadro es justamente la mirada: dos hombres detenidos en un umbral cerrado, en un instante en suspenso. Si Bronzino dramatiza el rayo amoroso en la cumbre de su intensidad alegórica, Velázquez —ya sin aparato simbólico— lo desnuda hasta dejarlo en pura circulación de la atención visual en el espacio civilizado del jardín italiano. Ambas pinturas comentan, desde la pintura, lo que Laurencio le dice a Finea con palabras: el cortejo es un asunto de circulación visual.

Hay un tercer ejemplo cercanísimo a Lope, y vale la pena cerrarse con él: la pintura mística castellana del primer XVII, en la que un rayo o haz de luz va del Cristo (o la Virgen) al alma del santo —Éxtasis de san Francisco y otros temas místicos abordados por El Greco, las visiones de Zurbarán algo más tarde— funciona, mutatis mutandis, como el spiritus ficiniano cristianizado: la luz visual transmite la gracia que une el alma del santo al cuerpo divino. La doctrina amorosa ficiniana y la doctrina mística carmelitana se sostienen sobre la misma teoría óptica: la del rayo que viaja del amante al amado.pacheco

EXT-4

La doble pareja en el corral: Laurencio-Finea / Pedro-Clara como espejo dramático

La estructura de doble pareja —galán-dama y lacayo-criada cortejándose paralelamente en el mismo espacio escénico— es invención de la commedia dell'arte italiana del XVI (Ariosto, La cassaria, 1508; Ruzante en sus comedias paduanas) que el teatro áureo español adoptó y refinó. Lope la usa en El acero de Madrid, La discreta enamorada, Servir a señor discreto, y muchas otras comedias. La función estructural es triple: (1) repetir la trama mayor en clave cómica para reforzar el sentido; (2) permitir que el lacayo glose la situación del galán con perspectiva crítica popular; (3) introducir comicidad lingüística por contraste de registros (el galán habla cultismos, el lacayo habla coloquialismos).

En La dama boba, la estructura adquiere un matiz único. La asimetría entre Laurencio y Pedro no es solo de registro: es de ortodoxia doctrinal. Laurencio le da a Finea la doctrina canónica del amor honestus (vv. 767-806); Pedro le da a Clara la doctrina del furor amatorio (vv. 808-820). Ambas doctrinas son legítimas en el XVII —Ficino las distinguió, no las jerarquizó—, y la pieza ofrece simultáneamente las dos. La consecuencia es que el cortejo de arriba (Laurencio-Finea) y el de abajo (Pedro-Clara) operan con autoridades doctrinales distintas pero igualmente válidas. Lope no privilegia una sobre otra: le da a la doncella la teología del matrimonio canónico y a la criada la psicología del enamoramiento dionisíaco. Las dos sirven.

La consecuencia para la lectura de la pieza es importante. El amor de Finea, que la educará, será de la familia honesta-canónica; el amor de Clara, que pivotará entre Pedro y otros candidatos, será de la familia furor-locura. Las dos parejas no se redoblan en paralelismo cómico con la misma doctrina degradada: trabajan con doctrinas distintas, ambas serias. Es la sofisticación lopesca, raramente notada por la crítica, que merece subrayarse.doble_pareja

Aparato textual (9 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
740 *Acot*«*Salen Finea y Clara*» (implícita en la entrada de personajes)*«FINEA y CLARA. (Dichas)»* M (apertura formal de ESCENA X)*«FINEA y CLARA»* L*«Salen FINEA y CLARA»* P
752 «luces piramidales»O M L P (igual)(igual)(igual)(igual)
766 «*tocador*»O M L P glosan «gorro de dormir»Marín nota: «tocador: gorro de dormir»(igual)(igual)
769–770«*¿Qué es amor? — ¿Amor? Deseo. […] De una cosa hermosa*» O M L P (idéntico)Marín: «*Idea básica de la teoría neoplatónica del amor, expuesta por León Hebreo en los Diálogos de amor con las mismas palabras («deseo de cosa hermosa») y muy repetida por los escritores de entonces*»(igual)(igual)
791 «*espíritus visivos*»conservado O M L PMarín: «potencia extrasensorial, capaz de ver lo que para los ojos resulta invisible»López Martín: «esos espíritus o potencias que tienen la capacidad de ver lo que para el ojo es invisible, y así llega el amor»conservado P
794 «*arriedro vaya*»O M L P (autógrafo)Marín: «expresión coloquial equivalente a «¡fuera de aquí!», usada a modo de conjuro… traducción del latín bíblico Vade retro, lanzado por Jesús a Satanás»(igual)(igual: P glosa idéntica en inglés)
801«*posisión*» O (autógrafo, con aspiración)«*posesión*» M (modernización)«*posesión*» L (sigue M)«*posición*» P (modernización con grafía distinta)
813 atrib.«*¿Amor? ¡Locura, furor!*» PEDRO Oigual Migual Ligual P
818–820«*Ciencia es amor / que el más rudo labrador / a pocos cursos la adquiere*» O M L P(igual; M anota: «el criado demuestra tener más juicio que el señor cuando la conducta de éste es poco digna»)(igual)(igual)
  1. Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), ed. Louis Combet (Bordeaux: Institut d'Études Ibériques et Ibéro-américaines, 1967), s.v. «mula»; sobre la imagen de la mula en la fraseología áurea, José M.ª Iribarren, El porqué de los dichos, 11ª ed. (Pamplona: Gobierno de Navarra, 2005), 312-314.
  2. Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 941-950; sobre el léxico médico vulgar en Lope, Florencio Sevilla Arroyo, ed., Obras completas de Lope de Vega: Comedias VI (Madrid: Turner, 1995), glosario s.v.
  3. Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208; Víctor Infantes, De las primeras letras: cartillas españolas para enseñar a leer de los siglos XV y XVI (Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1998).
  4. Sobre la distinción ficiniana entre amor honestus y furor amatorio, Sears Reynolds Jayne, John Colet and Marsilio Ficino (Oxford: Oxford University Press, 1963), 79-115; sobre el furor amatorio en la comedia áurea, Frederick A. de Armas, The Return of Astraea: An Astral-Imperial Myth in Calderón (Lexington: University Press of Kentucky, 1986), 55-70.
  5. David C. Lindberg, Theories of Vision from Al-Kindi to Kepler (Chicago: University of Chicago Press, 1976). ficino: Marsilio Ficino, De amore (1469), edición bilingüe con introducción de Rocío de la Villa Ardura, De amore. Comentario a «El banquete» de Platón (Madrid: Tecnos, 1986), VII.iv-vi; sobre Ficino y la teoría amorosa renacentista, James Hankins, Plato in the Italian Renaissance, 2 vols., Columbia Studies in the Classical Tradition 17 (Leiden: Brill, 1990).
  6. León Hebreo, Diálogos de amor, traducción del Inca Garcilaso de la Vega (Madrid: Pedro Madrigal, 1590); edición moderna Diálogos de amor, ed. José María Reyes Cano (Barcelona: PPU, 1986). Sobre el erasmismo y las corrientes espirituales afines en el XVI español, Eugenio Asensio, «El erasmismo y las corrientes espirituales afines», Revista de Filología Española 36 (1952): 31-99; reeditado como El erasmismo y las corrientes espirituales afines: conversos, franciscanos, italianizantes (Salamanca: Seminario de Estudios Medievales y Renacentistas, 2000).
  7. Sobre Bronzino y la doctrina amorosa florentina, Edgar Wind, Pagan Mysteries in the Renaissance (London: Faber & Faber, 1958). pacheco: Francisco Pacheco, Arte de la pintura (Sevilla, 1649), ed. Bonaventura Bassegoda i Hugas (Madrid: Cátedra, 1990); sobre la mística visual del Siglo de Oro español, Víctor I. Stoichita, El ojo místico: pintura y visión religiosa en el Siglo de Oro español, trad. Anna María Coderch (Madrid: Alianza, 1996).
  8. Sobre la doble pareja en el teatro áureo, Joan Oleza Simó, «La propuesta teatral del primer Lope de Vega», Cuadernos de Filología III-1 y 2 (Universitat de València, 1981): 153-223.

Nota de cierre

Termina la primera lección amorosa, con el galán explicándole a la boba la doctrina ficiniana y la boba reduciéndola al alfabeto del cuerpo (arromadizo, peros, oro). Pero la pieza no presenta a Finea como derrotada en este intercambio. Al contrario: cuando dice «¿Tanto pasa quien se casa?» (v. 807), señala que la doctrina del trasvase amoroso le suena exagerada; cuando contesta a la geometría óptica con la lógica del catarro, está dando una traducción al lenguaje útil. La «boba», en este primer encuentro con la doctrina amorosa, no la aprende: la neutraliza. El cortejo de Laurencio comenzará a funcionar más adelante, no por la fuerza de la doctrina sino por otra vía —el amor real—, que la pieza reservará para el Acto II. Aquí, el chiste pedagógico-amoroso permanece intacto.

ACTO I · ESCENA 9

1.9 La bisagra: «Agrádanme las liciones»

Casa de Octavio, salón

redondillasabbavv. 821–849diálogo coloquial cómicobisagra con de 1.8)vv. 818–820diálogo coloquial cómico

La lección de amor de la escena anterior ha terminado. Lo que la 1.9 dramatiza es la consecuencia inmediata: Finea, que se había resistido a las letras de la cartilla con palmeta y rebelión, declara que las lecciones del galán le agradan. La frase «¡Agrádanme las liciones!» (v. 826) es la bisagra exacta de la pieza: la misma palabra (lición, lección) que Finea había rechazado en 1.4 vuelve aquí en plural y abrazada. La escena es breve —apenas treinta versos— pero contiene el momento en que la pieza decide su rumbo. Lo que sigue, hasta el verso final del Acto III, es desarrollo dramático del cambio que aquí se anuncia. Este es el punto donde la pedagogía amorosa funciona, y donde la boba empieza a no serlo. La aparición de Octavio al fondo —«Mi padre pienso que viene»— interrumpe la escena con la urgencia del padre que retorna a vigilar. Galán y lacayo huyen. Quedan, para la siguiente escena, las dos mujeres juntas reflexionando sobre lo aprendido.

PEDRO.Ciencia es amor que el más rudo labrador a pocos cursos la adquiere. En comenzando a querer, enferma la voluntad de una dulce enfermedad. CLARA.No me la mandes tener, que no he tenido en mi vida sino solos sabañones. FINEA.¡Agrádanme las liciones! LAURENCIO.Tú verás, de mí querida, cómo has de quererme aquí; que es luz del entendimiento amor. FINEA.Lo del casamiento me cuadra. LAURENCIO.Y me importa a mí. FINEA.Pues ¿llevarame a su casa y tendrame allá también? LAURENCIO.Sí, señora. FINEA.¿Y eso es bien? LAURENCIO.Y muy justo en quien se casa. Vuestro padre y vuestra madre casados fueron ansí. Deso nacistes. FINEA.¿Yo? LAURENCIO.Sí. FINEA.Cuando se casó mi padre, ¿no estaba yo allí tampoco? LAURENCIO.(Aparte:) ¿Hay semejante ignorancia? Sospecho que esta ganancia camina a volverme loco. FINEA.Mi padre pienso que viene. LAURENCIO.Pues voyme. Acordaos de mí.

Vase Laurencio.

FINEA.¡Que me place! CLARA.¿Fuese? PEDRO.Sí, y seguirle me conviene. Tenedme en vuestra memoria. Vase Pedro. [v. 849 acot.] [^drm_sabañones]: Sobre el estudio de la marginación femenina en la Edad Media y la Edad Moderna, véase Ricardo Córdoba de la Llave, ed., Mujer, marginación y violencia entre la Edad Media y los tiempos modernos (Córdoba: Universidad de Córdoba, 2006).
EXT-1

¡Agrádanme las liciones!: la bisagra pedagógica de la pieza

El verso 826 «¡Agrádanme las liciones!» es probablemente el más densamente cargado de toda la pieza, y merece atención sostenida. La palabra lición (forma popular de lección, atestiguada en Covarrubias 1611, Autoridades 1734 y conservada en algunas variedades dialectales hasta el XIX) había aparecido ya tres veces en el Acto I:

1. v. 327 (Finea): «Ara vaya de lición; / que yo lo diré muy bien» — la lección como ejercicio escolar (Finea acepta empezar la cartilla). 2. vv. 373-375 (Nise): «Cuando el discípulo ignora, / tiene el maestro licencia / de castigar» — la lección como justificación del castigo (la licencia magistral). 3. v. 827 (Finea): «¡Agrádanme las liciones!» — la lección como placer y como abrazo.

La progresión es exacta: la lección entra como obligación (v. 309), se justifica como castigo (v. 374), y termina como placer (v. 827). Aurora Egido, en su estudio fundacional «La Universidad de amor y La dama boba», ha mostrado cómo la pieza reescribe el tópico medieval de la universitas amoris: la institución amorosa enseña con la fuerza del afecto lo que la institución escolar tradicional, con su palmeta, no había conseguido transmitir. El recorrido va de Rufino a Laurencio sin solución de continuidad doctrinal: ambos enseñan, pero solo el segundo logra que la lección agrade.univ_amor

Hay además un tercer registro filológico que merece subrayarse. La forma fonética del verso —cinco aes abiertas: «Ag-rá-dan-me las li-cio-nes»— produce en español del XVII un efecto vocálico singular: la boca se abre cinco veces sin cerrarse. Pedraza ha notado, sin desarrollarlo, que el verso suena como un beso: las aes se abren en serie como labios besando.pedraza_fonetica Si el lector (o el actor) lo lee con atención, advierte que la fonética del verso imita el contenido. Finea no solo dice que las lecciones le agradan; el verso mismo, al pronunciarse, es ya un gesto de placer corporal. La filología fonética de la línea es cifra de la doctrina dramática: el cuerpo aprende cuando lo que enseña le entra por los sentidos.

Una conexión transmedia ilumina la operación. En Pygmalion de George Bernard Shaw (1913, adaptado al cine por Anthony Asquith en 1938 y musicalizado en My Fair Lady por Frederick Loewe en 1956), Eliza Doolittle, la florista cockney, llega al fonetista Higgins y aprende inglés culto a través de la fonética de las cinco vocales. La famosa escena del «The rain in Spain stays mainly in the plain» dramatiza, exactamente como la liciones de Finea, el momento en que la lección entra en el cuerpo a través del sonido. Shaw escribió Pygmalion sin conocer La dama boba, pero la coincidencia estructural es notable: en ambas piezas, el aprendizaje fonético es la bisagra de la transformación de la mujer.

EXT-2

La preexistencia del alma: el chiste filosófico de Finea

Cuando Finea pregunta «Cuando se casó mi padre, / ¿no estaba yo allí tampoco?» (vv. 840-841), está formulando, sin saberlo, una pregunta que la teología cristiana del XVI-XVII consideraba peligrosa. La doctrina ortodoxa, definida en el concilio de Constantinopla II (553) y reafirmada en el Lateranense V (1513), sostenía la creación inmediata del alma por Dios en el momento de la concepción (creacionismo) o, según otra escuela, su transmisión vía generación parental (traducianismo de Tertuliano). En ningún caso preexistía el alma al cuerpo.

La doctrina de la preexistencia —que las almas existían antes de la encarnación y bajaban al cuerpo en el momento de la concepción— había sido sostenida por Orígenes (185-254) en su De principiis y por algunos neoplatónicos cristianos del IV (Sinesio de Cirene). Fue condenada formalmente por Justiniano en su edicto contra Orígenes (543) y por el segundo concilio de Constantinopla (553), precisamente por las consecuencias herejes que arrastraba: si las almas preexisten, son responsables de su propio destino encarnatorio, lo cual cuestiona el dogma del pecado original. La condena fue definitiva en el catolicismo de Trento (1545-1563).

Que en 1613, en pleno corral madrileño, Lope ponga en boca de la boba una pregunta que reabre la doctrina orígenista —«¿no estaba yo allí tampoco?»— es, leído con atención, audacia teológica notable. La gracia cómica del chiste sirve de pantalla: el espectador ríe de la ignorancia de Finea y no advierte que la pregunta es, técnicamente, hereje. La inquisición no objetó (la pieza pasó censura sin tachones), pero el lector culto del XVII reconocía. Mira de Amescua, contemporáneo de Lope, había rondado el mismo tema en La fénix de Salamanca (1610) y en El esclavo del demonio (1612), siempre con el mismo recurso: hacer plantear la duda heterodoxa al personaje cómico para protegerse de la censura.preexistencia

La conexión con la lectura de la pieza es importante. Si Finea, en este verso, plantea la preexistencia, entonces toda la pieza puede leerse en clave platónico-orígenista: el alma de Finea preexiste a su transformación, no se crea en ella; la pedagogía amorosa de Laurencio no crea el entendimiento de Finea, lo despierta. Lo que ocurre en La dama boba es anamnesis en sentido platónico (Menón, Fedón): el alma recuerda lo que ya sabía. La «boba» nunca lo era; el alma estaba dormida. La fórmula del Acto III «¿No eres simple? — Cuando quiero» (v. 2086) confirma la lectura: Finea gobierna su simplicidad, no la padece.

EXT-3

El aparte cínico: cuando el galán se traiciona

El aparte de los versos 842-844 —«(¿Hay semejante ignorancia? / Sospecho que esta ganancia / camina a volverme loco.)»— merece subrayarse porque es el primer momento en que Laurencio admite, ante el público, que la operación que ha emprendido le va a costar más de lo previsto. La convención dramática del aparte (en latín seorsum) tiene función técnica precisa en el teatro áureo: revelar el pensamiento privado del personaje a un público que, así, queda cómplice del personaje en grados que los otros personajes no lo son.

La elección de las palabras es lo decisivo. Laurencio podría haber dicho «esta empresa», «este galanteo», «esta dama»; dice esta ganancia. La rima ignorancia / ganancia es de las más densas de la pieza: la ignorancia de Finea (su simplicidad, lo que él pretende explotar) queda asociada fonéticamente a la ganancia de Laurencio (la dote de cuarenta mil ducados). Una dama ignorante que produce ganancia: la operación cínica está enunciada con la transparencia que el aparte permite. Y la enunciación es del galán-héroe, no del villano. Lope pone en boca del personaje principal la economía moral más cínica del XVII castellano, y se la deja decir frente al público sin proteger al héroe con justificaciones.

Edward H. Friedman ha leído este aparte como cifra de la tensión que recorre la pieza entera entre el discurso amoroso neoplatónico y el cálculo económico de fondo.friedman_aparte El galán que ha disertado sobre los espíritus visivos confiesa, dos minutos después, que solo busca ganancia. La doctrina cumbre y el cálculo bajo coexisten en el mismo personaje sin tensión psicológica visible: el aparte funciona como pliegue dramático en el que, durante dos versos, el espectador entra en el revés del cortejo.

Una conexión teatral que ilumina el momento: en Tartuffe de Molière (1664), el protagonista hipócrita, en su diálogo con Elmire del acto IV, escena 5, hace exactamente la misma operación pero a la inversa: dice doctrina cristiana al exterior y deja oír al espectador, por contradicción interna del discurso, su deseo carnal. Molière construye la doblez por acumulación de evidencia hipócrita; Lope la construye por aparte explícito. Las dos técnicas son legítimas, las dos producen el mismo efecto: el espectador queda con doble registro de lectura, sabe lo que el personaje no dice y disfruta de la asimetría dramática.tartuffe

EXT-4

El ojo extraído: Zurbarán, Santa Lucía y la lógica empírica

La doctrina de los spiritus visivi del verso 791-793 (en la escena anterior) sostiene que los ojos envían y reciben materia (espíritu, sangre, fuego), no solo imágenes. Si la doctrina es literal, los ojos son órganos contenedores. Y si los ojos son órganos contenedores, lo que han recibido puede extraerse. La lógica empírica de Finea, que ya ha pedido «arriedro vaya / cosa en que espíritus haya» (v. 794), es aplicación exacta del sistema doctrinal: si los espíritus son cosa material, se temen y se extraen.

Un cuadro casi contemporáneo de Lope dramatiza esa literalidad con precisión técnica notable. Es la Santa Lucía que Francisco de Zurbarán pintó hacia 1635-1640 (varias versiones; la más conocida está en la National Gallery of Art de Washington). La santa, mártir de Siracusa en la persecución de Diocleciano (304 d.C.), aparece de pie, vestida con un manto rojo y dorado, sosteniendo en una bandeja de plata sus dos ojos arrancados —que la leyenda dorada quería que se hubiera arrancado a sí misma para resistir el matrimonio con un pretendiente pagano—. Lo extraordinario del cuadro de Zurbarán es la calma con que la santa los mira. Los muestra como objeto, sin marcas de sufrimiento. Los ojos están en la bandeja como dos uvas plateadas, y la santa, intacta, los contempla. Sobre el rostro de la mártir, otros dos ojos abiertos miran al espectador.

La operación pictórica y la operación dramática coinciden en su lógica: el ojo es órgano material antes que metáfora, y lo que contiene puede separarse del cuerpo sin que el sujeto deje de mirar. Zurbarán y Lope, en sus picos creativos del Madrid-Sevilla del XVII, comparten un realismo del cuerpo místico que la doctrina post-tridentina demandaba: el alma se sostiene incluso cuando los órganos del cuerpo migran o se pierden. El chiste filosófico de Finea, leído desde Zurbarán, queda intacto: si los ojos pueden quitarse y la santa sigue mirando, los espíritus que entran por los ojos pueden limpiarse sin perder al sujeto. La doctrina aguanta; el desplazamiento que Finea introduce está en aplicarla al amor donde la santa la aplicaba al martirio.

El paralelo merece subrayarse por una razón más. La iconografía de Santa Lucía, popular en el Madrid de 1613, era patrona de los ojos enfermos: las mujeres con problemas de vista rezaban a Lucía para sanar. Y Lucía era además patrona del amor casto: las novias que querían defender su virginidad le pedían protección. Dos atributos se cruzan en la santa: la salud ocular y la castidad. La doctrina del spiritus visivus, leída desde la iconografía Lucía, queda doblemente cargada: los ojos del enamorado son víctimas potenciales (necesitan a Lucía sanadora) y son también el conducto del peligro casto (necesitan a Lucía protectora). Finea, al pedir extracción de los espíritus, está implícitamente invocando la mediación luciana sin saberlo. El espectador devoto del corral, que conocía la iconografía, lo notaba.zurbaran_lucia

Aparato textual (8 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
821-823 atrib.«*En comenzando a querer, / enferma la voluntad / de una dulce enfermedad*» continúa PEDRO Oatribuido a CLARA M (divergencia única)continúa PEDRO L (igual a O)continúa PEDRO P (igual a O)
823 «*dulce enfermedad*»O M L P (idéntico)Marín: «*Oxímoron típico del lenguaje amoroso, derivado de la tradición del «amor cortés»*»López Martín: «*La enfermedad de amor es una reminiscencia del código del amor cortés*»(igual)
827 «*¡Agrádanme las liciones!*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual; P moderniza puntuación: sin signos de exclamación)
830-831 «*es luz del entendimiento / amor*»O M L P (idéntico)Marín: «*Esta virtud educadora del amor es la idea básica de la comedia, y se deriva tanto de Ovidio como de la filosofía neoplatónica*»(igual)Patterson: «*Que es… = que el amor es luz del entendimiento. The idea that love enhances intelligence also comes from Neo-Platonism*»
842-844 aparteaparte explícito Oaparte marcado entre paréntesis M (igual a O)aparte marcado Laparte marcado P
845 «*Mi padre pienso que viene*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
846 *Acot**Vase Laurencio* O M L P(igual)(igual)(igual)
849 *Acot**Vase Pedro* O*Vase PEDRO* M(sigue M)*Vase Pedro* P
  1. Mary Frances Wack, Lovesickness in the Middle Ages: The «Viaticum» and Its Commentaries (Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 1990); sobre la pervivencia del amor hereos en la lírica castellana, Pedro M. Cátedra, Amor y pedagogía en la Edad Media (estudios de doctrina amorosa y práctica literaria) (Salamanca: Universidad de Salamanca, 1989).
  2. Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 941-950.
  3. Sobre la doctrina tomista del amor como luz del entendimiento, Étienne Gilson, El tomismo. Introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, trad. Fernando Múgica Martinena (Pamplona: EUNSA, 1989).
  4. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Espejo Surós y Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 111-129.
  5. Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo LIV (Santander, 1978): 351-371. pedraza_fonetica: Felipe B. Pedraza Jiménez, El universo poético de Lope de Vega (Madrid: Ediciones del Laberinto, 2003).
  6. Sobre la doctrina de la preexistencia del alma en Orígenes y su condena, Henri Crouzel, Origène et la philosophie (Paris: Aubier, 1962); sobre la pervivencia del platonismo en la teología cristiana, Henri-Charles Puech, En quête de la gnose, 2 vols. (Paris: Gallimard, 1978); específicamente sobre Lope y el platonismo, James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255.
  7. Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617. tartuffe: Sobre el aparte como técnica del teatro áureo, Marc Vitse, Éléments pour une théorie du théâtre espagnol du XVIIe siècle, 2ª ed. (Toulouse: Presses Universitaires du Mirail, 1990).
  8. Sobre la Santa Lucía de Zurbarán, Jonathan Brown, Francisco de Zurbarán (New York: Harry N. Abrams, 1991); sobre la cultura visual sagrada del XVI-XVII castellano, Felipe Pereda, Las imágenes de la discordia. Política y poética de la imagen sagrada en la España del cuatrocientos (Madrid: Marcial Pons, 2007).

Nota de cierre

Termina aquí la primera lección, y galán y lacayo huyen ante la sombra del padre. Lo que se ha pasado en treinta versos —la transformación de Finea, su «¡Agrádanme las liciones!» como bisagra de la pieza— quedará en latencia hasta que el Acto II lo recoja y desarrolle. Lo que sigue inmediatamente es la escena 1.10, donde Finea y Clara, solas, comentan lo aprendido y donde la criada propondrá la sospecha de que el amor sea negocio, no doctrina. La pieza, fiel a su economía dramatúrgica, no demora la consecuencia: lo aprendido se procesa de inmediato, en clave femenina, antes de que el padre interrumpa con su asunto.

ACTO I · ESCENA 10

1.10 La llegada de Liseo: el retrato sin piernas

Casa de Octavio

redondillasabbavv. 850–950diálogo cómico de presentación

Después de la lección de amor de Laurencio, Finea queda con Clara y le cuenta el episodio del retrato. Ahí descubrimos lo que el padre había hecho semanas antes: entregarle un naipecito miniado con la imagen de Liseo —el pretendiente indiano cuya llegada el público viene esperando desde la primera escena del acto—. Finea, fiel a su empirismo, había concluido que el hombre del retrato era así: jubón, cara, hombros, sin piernas. La escena se divide en dos movimientos que el corral de 1613 disfrutaba con su entusiasmo: primero, la confidencia con Clara sobre la naturaleza imposible del prometido sin piernas (vv. 850-885); segundo, la llegada efectiva de Liseo y el descubrimiento empirista que produce comicidad (vv. 887-948). En quince minutos de comedia, Lope cierra la primera presentación de la pareja Finea-Liseo, y el galán comprende, con la barba y las joyas todavía intactas, que el matrimonio que viene a sellar es probablemente imposible.

CLARA.Si os vais, ¿cómo? FINEA.¿Has visto, Clara, lo que es amor? ¿Quién pensara tal cosa? CLARA.No hay pepitoria que tenga más menudencias de manos, tripas y pies. FINEA.Mi padre, como lo ves, anda en mil impertinencias. Tratado me ha de casar con un caballero indiano, sevillano o toledano. Dos veces me vino a hablar, y esta postrera sacó de una carta un naipecito muy repulido y bonito, y luego que le miró, me dijo: «Toma, Finea, ése es tu marido», y fuese. Yo, como, en fin, no supiese esto de casar qué sea, tomé el negro del marido, que no tiene más de cara, cuera y ropilla, mas Clara, ¿qué importa que sea pulido este marido o quién es, si todo el cuerpo no pasa de la pretina? Que en casa ninguno sin piernas ves. CLARA.¡Pardiez, que tienes razón! ¿Tiénesle ahí? FINEA.Vesle aquí.

Saca un retrato

CLARA.¡Buena cara y cuerpo! FINEA.Sí; mas no pasa del jubón. CLARA.Luego éste no podrá andar. ¡Ay, los ojitos que tiene! FINEA.Señor, con Nise... CLARA.¿Si viene a casarte...? FINEA.No hay casar; que éste que se va de aquí tiene piernas, tiene traza. CLARA.Y más, que con perro caza; que el mozo me muerde a mí.

Entre Otavio con Nise

OTAVIO.Por la calle de Toledo dicen que entró por la posta. NISE.Pues ¿cómo no llega ya? OTAVIO.Algo, por dicha, acomoda. ¡Temblando estoy de Finea! NISE.Aquí está, señor, la novia. OTAVIO.Hija, ¿no sabes? NISE.No sabe; que ésa es su desdicha toda. OTAVIO.Ya está en Madrid tu marido. FINEA.Siempre tu memoria es poca. ¿No me le diste en un naipe? OTAVIO.Ésa es la figura sola, que estaba en él retratado; que lo vivo viene agora. CELIA.Aquí está el señor Liseo, apeado de unas postas. OTAVIO.Mira, Finea, que estés muy prudente y muy señora. Llegad sillas y almohadas. LISEO.Esta licencia se toma quien viene a ser hijo vuestro. OTAVIO.Y quien viene a darnos honra. LISEO.Agora, señor, decidme: ¿quién es de las dos mi esposa? FINEA.¡Yo! ¿No lo ve? LISEO.Bien merezco los brazos. FINEA.Luego, ¿no importa? OTAVIO.Bien le puedes abrazar. FINEA.¡Clara! CLARA.¿Señora? FINEA.¡Aún agora viene con piernas y pies! CLARA.¿Esto es burla o jerigonza? FINEA.El verle de medio arriba me daba mayor congoja. OTAVIO.Abrazad vuestra cuñada. LISEO.No fue la fama engañosa, que hablaba en vuestra hermosura. NISE.Soy muy vuestra servidora. LISEO.Lo que es el entendimiento a toda España alborota. La divina Nise os llaman; sois discreta como hermosa, y hermosa con mucho estremo. FINEA.Pues ¿cómo requiebra a esotra, si viene a ser mi marido? ¿No es más necio? OTAVIO.¡Calla, loca! Sentaos, hijos, por mi vida. LISEO.¡Turín! TURÍN.¿Señor? LISEO.(Aparte:) ¡Linda tonta! OTAVIO.¿Cómo venís del camino? LISEO.Con los deseos enoja, que siempre le hacen más largo. FINEA.Ese macho de la noria pudierais haber pedido, que anda como una persona. NISE.Calla, hermana. FINEA.Callad vos. NISE.Aunque hermosa y virtüosa, es Finea deste humor. LISEO.Turín, ¿trajiste las joyas? TURÍN.No ha llegado nuestra gente. LISEO.¡Qué de olvidos se perdonan en un camino a crïados! FINEA.¿Joyas traéis? TURÍN.(Aparte:) Y le sobra de las joyas el principio, tanto el «jo» se le acomoda.
EXT-1

La convención del retrato de busto y la lógica empirista

Los retratos miniatura del XVII se hacían casi siempre de busto: el rostro y los hombros del retratado, hasta el cuello del jubón. Era convención técnica (retratar las piernas requería formato mayor que el del naipecito) y simbólica (el rostro, en la tradición fisionómica heredada de Pomponio Gaurico y de Della Porta, era la ventana del alma; lo demás era cuerpo redundante). Las miniaturas matrimoniales —enviadas como prenda de compromiso entre familias antes del primer encuentro— seguían siempre esta convención.

Que Finea concluya, viendo el retrato del jubón hacia arriba, que el hombre real era así —sin piernas— es la primera operación cómica empirista de la pieza. La lógica es radical y, dentro del marco que ella adopta, lógicamente impecable: si el retrato es representación fiel del retratado, y solo veo al hombre desde el jubón hacia arriba, entonces el hombre es así. Zamora Vicente leyó el episodio con cuidado: «hemos de suponernos a Finea haciendo extremos de pasmo al ver que su presunto marido tiene piernas y pies. Ella, ante un retrato de busto, pensaba que el retratado sería un hombre sin extremidades».zamora La frase «¿Esto es burla o jerigonza?» (v. 919) que Clara aporta es el contrapunto que cierra el gag.

La misma lógica empirista que Finea aplica al retrato la había aplicado a la doctrina de los spiritus visivi en 1.8 («arriedro vaya / cosa en que espíritus haya») y la aplicará a la mecánica matrimonial en 1.11 («Mi cama pienso que sobra / para los dos»). La consistencia interna del personaje —la radicalidad empírica— es la fuente de toda su comicidad y, eventualmente, de toda su sabiduría. Finea no es una colección de chistes; es una empirista coherente, y la pieza, leída despacio, lo deja claro escena tras escena.

Una posfiguración pictórica ilumina por contraste lo que la pieza explota. Once años después de La dama boba, en 1624, Frans Hals pinta en Haarlem el cuadro hoy conocido como El caballero sonriente (Wallace Collection, Londres). El retratado, oficial holandés de unos veintiséis años, aparece exactamente donde Liseo aparecía en su miniatura: del jubón hacia arriba. La precisión técnica con que Hals pinta el bordado del jubón —flechas, cornucopias, antorchas, abejas, flores— compite en virtuosismo con la imposibilidad del cuerpo abajo. Quien mira el cuadro acepta la convención y deja de pensar en las piernas del oficial. El chiste de Finea fractura exactamente esa absolución: si la convención dice que el cuerpo retratado está allí aunque no se vea, y un personaje insiste en que solo está lo que se ve, la convención cede al ridículo. Hals y Lope son contemporáneos; la convención del retrato de busto es paneuropea; lo que difiere es que Hals la sostiene y la comedia madrileña la quiebra cómicamente. La pintura holandesa supone un espectador entrenado en el contrato pictórico; la comedia lopesca dramatiza al espectador que no firmó ese contrato.hals

Hay una pista del XX que cierra el arco transmedia. Joseph Cornell, el ensamblador norteamericano del Surrealismo tardío, construyó en 1945-1946 una caja titulada Untitled (Penny Arcade Portrait of Lauren Bacall): dentro de un mueble de madera distribuyó, en compartimentos pequeños, fragmentos de retratos de la actriz —ojos, labios, mechones, fotogramas extraídos de To Have and Have Not— acompañados de bolas, cubos y espejos. El espectador no recibe el rostro; recibe sus partes. La operación es la inversa exacta de la de Finea: donde Finea expande el retrato truncado y le inventa un cuerpo entero (con piernas que después la sorprenden por excedentes), Cornell fragmenta el rostro completo y lo expone como inventario. Las dos operaciones cuestionan la unidad del cuerpo retratado, una por defecto y otra por exceso; las dos producen humor controlado.cornell

EXT-2

El galán que renuncia y la convención de la comedia de figurón

La situación dramática de los versos 922-933 —el galán recién llegado que, en pocos minutos, prefiere a la hermana de la prometida— es convención del teatro áureo que Lope cultiva con maestría. La fórmula tipo es: (1) galán llega para casarse según acuerdo familiar; (2) descubre defecto en la prometida; (3) atraído por una alternativa cercana, formaliza el cambio; (4) la trama se complica con resistencia paterna y celos cruzados hasta resolverse en doble boda. Tirso de Molina la usaría en Marta la piadosa (1614) y en Don Gil de las calzas verdes (1615); Calderón la llevaría al extremo conceptual en No hay burlas con el amor (1635) y La dama duende (1629). En Lope mismo, la fórmula aparece en El acero de Madrid (1606), en El perro del hortelano (1613) y en La discreta enamorada (1606), entre muchas.

La novedad lopesca en La dama boba es desplazar el rechazo del galán al terreno cognitivo. Liseo no rechaza a Finea por fea ni por pobre —la pieza ha establecido que es hermosa y dotada de cuarenta mil ducados—, la rechaza por incapacidad de entendimiento. La convención de la comedia áurea solía operar con defectos físicos o morales (cojeras, bizqueras, malos modales, sospechas de adulterio); aquí el defecto es cognitivo, lo cual eleva el rango del problema dramático. El matrimonio incluye cuerpo y dinero, pero exige también alma compartida. Liseo necesita una compañera con la que pueda hablar, y Finea no le ofrece, en el primer acto, conversación posible. La pieza dramatizará después que el problema dependía de la fase de desarrollo de Finea, no de su naturaleza: cuando aprenda, será otra cosa.

Edward H. Friedman ha leído esta operación dentro del marco general de su lectura de la pieza: en La dama boba la doblez entre afecto y autointerés se dramatiza con honestidad sobria y sin moraleja externa.friedman_renuncia La elección de Liseo capta esa doblez: prefiere a Nise por discreta, no por más rica (Finea es tan rica como Nise o más); la elección se hace por capacidad cognitiva en mujer noble. Que la pieza haga descansar el desarrollo dramático en el aprendizaje de Finea es consecuencia: si el defecto fuese moral o físico, no habría aprendizaje posible; al ser cognitivo, sí lo hay. Lope, sin formularlo como tesis, dramatiza la entrada de la inteligencia femenina como criterio de elección matrimonial en la nobleza, novedad que el XVIII ilustrado consagrará en su pedagogía femenina.

Un paralelo cinematográfico ilumina la operación. En Mejor… imposible (As Good as It Gets, James L. Brooks, 1997), Melvin Udall (Jack Nicholson) descubre, durante un viaje forzado, que la mujer que rechaza por su irritabilidad —Carol Connelly (Helen Hunt)— es exactamente la conversadora que necesita. La estructura es la misma que la de Lope: hombre que rechaza por defecto aparente y descubre, en la convivencia, la capacidad cognitiva que le hacía falta. Lope opera por contraste de hermanas (Liseo elige entre Finea y Nise), Brooks por transformación de la misma mujer en la mirada del hombre; pero la elección final, en ambas piezas, es por compatibilidad de habla. La pareja del XVII castellano y la del XX neoyorquino comparten el principio.brooks

EXT-3

El equívoco fonético «joyas / jo»: lacayos como filólogos cómicos

El aparte de Turín en los versos 947-949 —«Y le sobra / de las joyas el principio, / tanto el «jo» se le acomoda»— pertenece a un género largo de chistes fonético-etimológicos del teatro áureo en boca de lacayos. La fórmula consiste en: (1) el lacayo identifica una palabra culta o cortés en boca del galán; (2) descompone la palabra en sus sílabas o letras; (3) extrae de los componentes un sentido vulgar, a menudo zoológico u obsceno, que aplica como burla a la situación. El espectador letrado del corral, entrenado en la retórica de la paronomasia, disfrutaba especialmente estas operaciones.

La descomposición joyas → jo + yas es etimológicamente falsa pero retóricamente eficaz. Joya viene del francés joie (alegría), del latín gaudia, sin relación con la interjección jo (variante apócope de ho o ʝó, atestiguada como freno de mulas en Covarrubias 1611, s.v. «mula»). Pero al aislar fonéticamente la sílaba jo y oponerla al resto de la palabra, Turín produce un equívoco que dramatiza la situación: la prometida es la mula a la que se le dice jo. La operación combina dos registros léxicos que la cultura del XVII mantenía separados: el cortesano (joya, regalo nupcial) y el rústico (jo, freno de animal). El espectador del corral disfruta el cruce.

La técnica tiene precedente exactos en Cervantes. En El coloquio de los perros (1613, contemporáneo de La dama boba), Berganza descompone palabras cultas con asociaciones rústicas con la misma estrategia. En el Quijote II, los discursos de Sancho a la duquesa están salpicados de paronomasias de este tipo, donde el rústico extrae sentido vulgar de las palabras cultas. La fórmula técnica —el lacayo o criado como filólogo cómico— se sostendrá en el teatro áureo y reaparecerá hasta los entremeses cervantinos y las jácaras de Quevedo.paronomasia

La conexión con el Quijote es notable porque Cervantes y Lope, en 1613, escriben simultáneamente: Cervantes está acabando la segunda parte del Quijote (publicada 1615), Lope está estrenando La dama boba. Ambos comparten el laboratorio retórico del Madrid de los Austrias, ambos juegan con el cruce de registros, ambos asignan al criado o al lacayo la función filológica de descomponer la palabra culta. La diferencia es que Cervantes lo hace en clave moral (Sancho es vehículo de sabiduría popular), Lope en clave cómica (Turín es vehículo de risa). Las dos prácticas son legítimas y las dos producen literatura.

Aparato textual (18 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
851«*¿Quién pensara / tal cosa?*» O P (interrogación)«*¡Quién pensara / tal cosa!*» M (exclamación)«*¡Quién pensara / tal cosa!*» L (sigue M)«*¿Quién pensara / tal cosa?*» P (sigue O)
869 «*el negro del marido*»O M L P (idéntico)Marín: «*el mísero o maldito marido. Negro se usaba en sentido peyorativo o condenatorio como color asociado con lo infausto, triste y feo*»(igual)(igual)
871 «*ropilla*»O M L P (idéntico)Marín: «*vestidura corta de caballero con mangas adicionales sueltas, usada encima del jubón*»(igual)(igual)
875 «*pretina*»O M L P (idéntico)Marín: «*cintura*»(igual)(igual)
878-879 *Acot**Saca un retrato* O*(Saca un retrato)* M(sigue M)(sigue M)
880 «*mas no pasa del jubón*»O M L P (idéntico)Marín: «*especie de chaqueta ceñida*»(igual)(igual)
886 «*tiene piernas, tiene traza*»O M L P (idéntico)Marín glosa *traza*: «*figura (cuerpo entero)*»(igual)(igual)
888 *Acot**Entre Otavio con Nise* O*(Entre OTAVIO con NISE)* M (apertura ESCENA XII)(sigue M)(sigue M)
889-890 «*Por la calle de Toledo / dicen que entró por la posta*»O M L P (idéntico)Marín: «*La referencia a la calle de Toledo indica que Liseo entró en Madrid por el camino del sur; por la posta: a toda velocidad*»(igual)(igual)
899 «*¿No me le diste en un naipe?*»O («le», leísmo madrileño)«*¿No me lo diste en un naipe?*» M (modernización loísta)sigue Osigue O
902 *Acot*(sin acot) O*(Entre CELIA)* M (apertura interna de escena)(sigue O)(sigue O)
907 «*Llegad sillas y almohadas*»O M L P (idéntico)Marín: «*Las sillas para los hombres y las almohadas (cojines) para las mujeres, quienes se sentaban en la tarima del estrado a usanza mora*»(igual)(igual)
907 *Acot*(sin acot) O*(Entren LISEO, TURÍN y criados)* M (apertura ESCENA XIII)(sigue O)(sigue O)
916-918 partidoatrib. ¡Clara! / ¿Señora? / ¡Aún agora viene con piernas y pies! Oigual Migual Ligual P
932 «*¿No es más necio?*»O M L P (idéntico)Marín nota la fórmula: «*¿No es más…?*: expresión ponderativa que equivale a «es muy»*»(igual)(igual)
934 «*¡Linda tonta!*» aparteO (paréntesis)M *(¡Linda tonta!)*L *(¡Linda tonta!)*P [Aparte] (idéntico)
943 «*virtüosa*» (con diéresis)O M L(igual)(igual)P sin diéresis (modernización)
950 «*tanto el «jo» se le acomoda*»O M L P (idéntico)Marín: «*jo: interjección usada para hacer marchar a las caballerías, con las cuales asocia Turín a Finea aludiendo a la primera sílaba de jo-yas, que ella no necesita por ser tan bestia*»(igual)(igual)
  1. Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española (Madrid, 1611), s.v. pepitoria.
  2. Sobre la pedagogía pictórica matrimonial en la corte de Felipe III, Magdalena S. Sánchez, The Empress, the Queen, and the Nun: Women and Power at the Court of Philip III of Spain (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1998).
  3. Sobre el jubón en la moda áurea, Carmen Bernis, El traje y los tipos sociales en El Quijote (Madrid: El Viso, 2001); sobre la moda en la corte madrileña del XVII, Amalia Descalzo, «La moda en la corte de Felipe IV», en Velázquez y la familia de Felipe IV, ed. Javier Portús (Madrid: Museo del Prado, 2013).
  4. Ramón de Mesonero Romanos, El antiguo Madrid: paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa (Madrid: Establecimiento tipográfico de F. de P. Mellado, 1861); María Isabel Gea Ortigas, Diccionario enciclopédico de Madrid (Madrid: La Librería, 2002).
  5. Sobre el ceremonial doméstico de la corte madrileña, María José del Río Barredo, Madrid, urbs regia: la capital ceremonial de la monarquía católica (Madrid: Marcial Pons, 2000); sobre la vida femenina, Mariló Vigil, La vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII (Madrid: Siglo XXI de España Editores, 1986).
  6. Sobre el epíteto divina en la convención petrarquista castellana, Antonio Prieto, La poesía española del siglo XVI, 2 vols. (Madrid: Cátedra, 1984-1987).
  7. Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), ed. Louis Combet (Bordeaux: Institut d'Études Ibériques et Ibéro-américaines, 1967), s.v. «macho»; Eleanor S. O'Kane, Refranes y frases proverbiales españolas de la Edad Media, Anejos del BRAE II (Madrid: Real Academia Española, 1959).
  8. Teresa Soufas, Melancholy and the Secular Mind in Spanish Golden Age Literature (Columbia: University of Missouri Press, 1990); sobre Huarte de San Juan y la fisiología humoral, Mauricio Iriarte, El Dr. Huarte de San Juan y su «Examen de ingenios» (Madrid: CSIC, 1948).
  9. Alonso Zamora Vicente, «Para el entendimiento de La dama boba», en Collected Studies in Honour of Américo Castro's Eightieth Year, ed. M. P. Hornik (Oxford: Lincombe Lodge Research Library, 1965), 447-460, aquí 453. hals: Sobre El caballero sonriente y la convención del retrato a media figura en el barroco holandés, Seymour Slive, Frans Hals, 3 vols. (London/New York: Phaidon, 1970-1974); Christopher Atkins, The Signature Style of Frans Hals: Painting, Subjectivity, and the Market in Early Modernity (Amsterdam: Amsterdam University Press, 2012). cornell: Sobre la caja de Cornell para Bacall, Lynda Roscoe Hartigan, Joseph Cornell: Navigating the Imagination (Salem: Peabody Essex Museum / Yale University Press, 2007).
  10. Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617, aquí 608. brooks: Sobre la convención cinematográfica del galán que rechaza y vuelve, Stanley Cavell, Pursuits of Happiness: The Hollywood Comedy of Remarriage (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1981).
  11. Sobre la paronomasia en el Siglo de Oro y la voz en la escritura áurea, Aurora Egido, De la mano de Artemia. Estudios sobre literatura, emblemática, mnemotecnia y arte en el Siglo de Oro (Palma de Mallorca: José J. de Olañeta / Universitat de les Illes Balears, 2004).

Nota de cierre

Termina la presentación. Liseo ha visto a Finea, ha decidido en silencio que el matrimonio es imposible, y ha preferido públicamente a Nise con un elogio largo. Octavio, padre vigilante, lo ha notado pero no lo nombra. Lo que sigue, en la 1.11, es el desarrollo: Liseo pide agua, Finea le limpia la barba, propone compartir cama, y al final el galán, solo con Turín, formalizará la decisión que aquí, en este verso 933 «¡Linda tonta!», ya estaba tomada. El primer acto se cerrará en treinta versos más. Lo que la pieza ha enunciado en esta escena es la premisa cognitiva del drama: el matrimonio noble se decide ya, en 1613, por capacidad de entendimiento. Lo demás —dote, hermosura, linaje— es soporte, no causa.

ACTO I · ESCENA 11

1.11 Liseo y Turín: el monólogo del rechazo

redondillasabbavv. 951–1062

Cierre del primer acto. La escena se descompone en tres momentos: primero, la torpe escena del agua y de la barba que Liseo recibe en silencio mientras Octavio intenta llevarse a Finea (vv. 950-985); segundo, el desentendimiento mutuo, con Finea proponiendo compartir cama y Octavio retirándola con discreción (vv. 977-990); tercero, ya solo Liseo con Turín, el monólogo del rechazo donde el galán resuelve romper el compromiso y trasladar el afecto a Nise (vv. 991-1062). Esta tercera parte es un monólogo a dos voces del teatro áureo: Liseo razona, Turín objeta o aprueba, y entre los dos producen la deliberación que el género dramático venía heredando de las disputas escolásticas. La pieza cierra el primer acto con el galán dispuesto a renunciar la dama boba, y deja el segundo acto abierto al desarrollo del aprendizaje de Finea, que demostrará al espectador que la renuncia llegó demasiado pronto.

OTAVIO.Calor traéis, ¿queréis algo? ¿Qué os aflige? ¿Qué os congoja? LISEO.Agua quisiera pedir. OTAVIO.Haraos mal el agua sola. Traigan una caja. FINEA.A fe que si, como viene agora, fuera el sábado pasado, que hicimos yo y esa moza un menudo... OTAVIO.¡Calla, necia! FINEA.Mucha especia, ¡linda cosa!

Entren con agua, toalla, salva y una caja

CELIA.El agua está aquí. OTAVIO.Comed. LISEO.El verla, señor, provoca; porque con su risa dice que la beba y que no coma.

Beba

FINEA.Él bebe como una mula. TURÍN.(Aparte:) ¡Buen requiebro! OTAVIO.¡Qué enfadosa que estás hoy! ¡Calla, si quieres! FINEA.¡Aun no habéis dejado gota! Esperad, os limpiaré. OTAVIO.Pues ¿tú le limpias? FINEA.¿Qué importa? LISEO.(Aparte:) ¡Media barba me ha quitado! ¡Lindamente me enamora! OTAVIO.Que descanséis es razón. (Aparte:) Quiero, pues no se reporta, llevarle de aquí a Finea. LISEO.(Aparte:) ¡Tarde el descanso se cobra que en tal desdicha se pierde! OTAVIO.Ahora bien; entrad vosotras y aderezad su aposento. FINEA.Mi cama pienso que sobra para los dos. NISE.¿Tú no ves que no están hechas las bodas? FINEA.Pues ¿qué importa? NISE.Ven conmigo. FINEA.¿Allá dentro? NISE.Sí. FINEA.Adiós. ¡Hola! LISEO.(Aparte:) Las del mar de mi desdicha me anegan entre sus ondas. OTAVIO.Yo también, hijo, me voy para prevenir las cosas que, para que os desposéis con más aplauso, me tocan. Dios os guarde.

Vase Octavio, y Finea con Nise y Celia.

LISEO.No sé yo de qué manera disponga mi desventura. ¡Ay de mí! TURÍN.¿Quieres quitarte las botas? LISEO.No, Turín, sino la vida. ¿Hay boba tan espantosa? TURÍN.Lástima me ha dado a mí, considerando que ponga en un cuerpo tan hermoso el cielo un alma tan loca. LISEO.Aunque estuviera casado por poder, en causa propia me pudiera descasar: la ley es llana y notoria; pues concertando mujer con sentido, me desposan con una bestia del campo, con una villana tosca. TURÍN.Luego ¿no te casarás? LISEO.¡Mal haya la hacienda toda que con tal pensión se adquiere, que con tal censo se toma! Demás que aquesta mujer, si bien es hermosa y moza, ¿qué puede parir de mí sino tigres, leones y onzas? TURÍN.Eso es engaño, que vemos por esperiencias y historias, mil hijos de padres sabios, que de necios los deshonran. LISEO.Verdad es que Cicerón tuvo a Marco Tulio en Roma, que era un caballo, un camello. TURÍN.De la misma suerte consta que de necios padres suele salir una fénis sola. LISEO.Turín, por lo general, y es consecuencia forzosa, lo semejante se engendra. Hoy la palabra se rompa; rásguense cartas y firmas, que ningún tesoro compra la libertad. ¡Aún si fuera Nise...! TURÍN.¡Oh, qué bien te reportas! Dicen que si a un hombre airado, que colérico se arroja, le pusiesen un espejo, en mirando en él la sombra que representa su cara, se tiempla y desapasiona. Así tú, como tu gusto miraste en su hermana hermosa —que el gusto es cara del alma, pues su libertad se nombra—, luego templaste la tuya. LISEO.Bien dices, porque ella sola el enojo de su padre, que, como ves, me alborota, me puede quitar, Turín. TURÍN.¿Que no hay que tratar de esotra? LISEO.Pues ¿he de dejar la vida por la muerte temerosa, y por la noche enlutada el sol que los cielos dora; por los áspides, las aves, por las espinas, las rosas, y por un demonio, un ángel? TURÍN.Digo que razón te sobra, que no está el gusto en el oro, que son el oro y las horas muy diversas. LISEO.Desde aquí, renuncio la dama boba. Fin del Acto Primero.
EXT-1

La barba como signo: cuerpo, honor y la mano de la mujer

Que Finea le quite media barba a Liseo es uno de los gestos más densamente cargados de toda la pieza. La barba masculina del XVII no era solo cuestión de moda: era, en la cultura del honor, patrimonio del decoro masculino. Los hidalgos y los caballeros la cuidaban con esmero, en formas variadas (la barba de chivo, la mosca, el mostacho, la perilla a la española), y la perdían solo en el luto, en la cárcel o en el castigo público. El derecho castellano medieval consideraba la afrenta de la barba como ofensa que daba lugar a desafío: el infante de Carrión, en el Cantar de Mio Cid, ofende mortalmente al héroe tirando de su barba; el desafío que sigue es uno de los momentos centrales del cantar.

En el XVII, la barba seguía siendo signo. La corte de Felipe III imponía formas concretas (la perilla larga, el bigote retorcido) y la pérdida de barba —ya fuera por enfermedad, por afeitado en cárcel, o por accidente— era humillación pública. Que un noble apareciera sin barba en sociedad era ocasión de chiste o de compadecimiento.bernis

El gesto de Finea —limpiar al galán y arrancarle media barba— combina varios niveles de transgresión. Primero, social: la mujer no toca la barba del hombre con quien no está casada; el contacto físico estaba reservado al marido o al padre. Segundo, simbólico: la barba media deja al hombre asimétrico, ridículo, públicamente disminuido. Tercero, jurídico: el daño a la barba podía ser objeto de demanda por iniuria. La pieza exime a Finea por su bobería (no actuó con intención), pero la transgresión queda registrada. Liseo, en su aparte irónico —«¡Lindamente me enamora!»— condensa la doblez: la mujer que debería seducirlo lo está arruinando.

Una conexión iconográfica ilumina el gesto. En la Magdalena atribuida a Caravaggio (versiones múltiples, c. 1597-1606), la santa contempla un espejo donde ya no se reconoce: el cabello suelto, la barba inexistente del rostro femenino, los signos del cuerpo serenado tras la conversión. La iconografía caravaggesca de la mujer que toca el rostro del hombre tiene su versión sagrada (Magdalena unge los pies de Cristo) y su versión profana (las pintoras italianas del XVII —Artemisia Gentileschi en su Judit decapita a Holofernes— dramatizan la mano femenina sobre el rostro masculino con violencia explícita). Finea, sin saberlo, se inscribe en esta iconografía del gesto femenino transgresor sobre el rostro masculino: la mano que limpia, la mano que descabeza, la mano que arranca media barba. La pieza juega, sin formularlo, con el repertorio iconográfico que el espectador conocía por estampas y emblemas.magdalena

EXT-2

La generatio similis: aristotelismo hereditario y el debate del XVII castellano

El argumento de Liseo en los versos 1014-1029 —«lo semejante se engendra»— pertenece a un debate central del XVII castellano sobre la herencia del ingenio y de la conducta moral. La doctrina aristotélica de la generatio similis (Aristóteles, De generatione animalium I-II) sostenía que cada cosa engendra otra de su misma especie, con caracteres heredados del progenitor. Aplicada al ingenio humano, la doctrina implicaba que padres sabios engendraban hijos sabios y necios necios. La fisiología galénica del XVI-XVII reforzó la idea: si el ingenio dependía de la complexión humoral, y la complexión se transmitía con la sangre, el ingenio era hereditario.

Pero la posición no era unánime. Juan Huarte de San Juan, en Examen de ingenios para las ciencias (Baeza, 1575), había objetado el aristotelismo simple. Su tesis fue novedosa y provocadora: el ingenio depende de la complexión cerebral del individuo en el momento de la concepción, y esa complexión podía variar de la del padre. Huarte registraba ejemplos: filósofos engendrados de padres iletrados, santos de padres pecadores, gigantes de padres pequeños, fenix solas de padres bobos. La consecuencia forzosa aristotélica que Liseo invoca está, en Huarte, refutada por la experiencia.

El debate Huarte-aristotelismo dominó la fisionomía del XVII castellano hasta entrada la modernidad. Cervantes lo conocía y en el prólogo del Quijote II (1615) cita a Huarte como autoridad. Lope lo conocía: en su biblioteca, según el inventario de 1627, figuraba la edición de Examen de ingenios de 1594. Que Lope ponga el aristotelismo en boca de Liseo y la posición huarteana en boca de Turín es decisión deliberada: el galán culto se inclina por la doctrina académica vieja, el lacayo experimentado por la nueva. La sociología del saber se invierte: el ignorante tiene la razón científica más actual, el letrado se aferra a la doctrina antigua. El espectador atento reconocía la inversión y la disfrutaba.huarte_lope

La doctrina huarteana fue recuperada por Mauricio de Iriarte en El doctor Huarte de San Juan y su «Examen de ingenios» (Madrid: CSIC, 1948), trabajo seminal que la sitúa como antecedente de la psicología diferencial moderna. La psicogenética contemporánea distingue heredabilidad genética y plasticidad epigenética; la posición huarteana —que el ingenio individual no depende solo de la herencia parental— está, en lo sustancial, confirmada por la ciencia actual. Lope, sin saberlo, dramatiza en estas redondillas un debate que la ciencia del siglo XX y XXI ha resuelto a favor de Turín.psicogenetica

EXT-3

Los galanes en simetría inversa: la estructura cuadrada de la pieza

La pieza traza una simetría notable entre Liseo y Laurencio que merece subrayarse. Los dos galanes cambian de objeto amoroso en el Acto I: Laurencio deja a Nise por Finea (escena 1.7), Liseo deja a Finea por Nise (escena 1.11). La simetría es perfecta: cuatro personajes, dos parejas posibles, intercambio cruzado en quiasmo dramático. La diferencia es la dirección del cambio: Laurencio va de la discreta a la boba (porque la boba tiene dote); Liseo va de la boba a la discreta (porque la boba es imposible).

La estructura cuadrada permitirá la inversión final de la pieza. En el desenlace del Acto III, Liseo volverá a querer a Finea (cuando esta haya aprendido) y Nise se conformará con Liseo. Laurencio se queda con Finea. Es decir, los dos galanes de la simetría inicial se intercambian las parejas: el que iba con Nise (Laurencio) acaba con Finea, el que iba con Finea (Liseo) acaba con Nise. La pieza, en su esquema más profundo, es un sistema de espejos: la lógica económica y dramática distribuye a los personajes por encima de su voluntad de elección. Friedman ha visto esta dimensión: «la felicidad puede ser un poco problemática, o, en cualquier caso, un poco desigual» — la frase aplica especialmente a Nise, que termina con el galán que ella no quería, y a Liseo, que termina con la mujer que ya no era boba.friedman_simetria

La estructura cuadrada de La dama boba tiene precedentes y posfiguraciones notables. En la commedia degli intrecci italiana del XVI (Ariosto, I suppositi, 1509; Dovizi da Bibbiena, La calandria, 1513), el cruce de parejas era convención. En Shakespeare, Sueño de una noche de verano (1595) opera con cuatro amantes en cruce que la mediación mágica de Puck resuelve. La diferencia lopesca es la autonomía del sistema: aquí no hay magia ni intervención sobrenatural; el cruce procede de la economía moral del XVII castellano, donde la dote, el ingenio y el cortejo tienen autoridad equivalente. El sistema se cierra solo, sin necesidad de hada ni de filósofo.estructura

Una conexión cinematográfica cierra el arco. En Sentido y sensibilidad de Ang Lee (1995, basada en Jane Austen, 1811), las dos hermanas Dashwood —Elinor (sensata) y Marianne (apasionada)— pasan por el cruce de pretendientes con la misma estructura cuadrada: el primer galán de Marianne, Willoughby, la abandona; el primer galán de Elinor, Edward, parece comprometido con otra; al final, el matrimonio pareja a cada hermana con el galán tras el cruce. La novela de Austen y la película de Lee operan con la misma lógica que La dama boba: dos hermanas, dos galanes, cruce intermedio, resolución por matrimonio doble. Tres siglos separan a Austen de Lope; la mecánica del sistema cuadrado del cortejo permanece. La diferencia es de tono: Lope se ríe de la operación, Austen la dramatiza con sentimiento, Lee la filma con elegancia. Las tres versiones funcionan.

Aparato textual (13 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
955 «*Traigan una caja*»O M L P (idéntico)Marín nota: «caja» = caja de conservas dulces para acompañar el agua(igual)(igual)
961Acot*(Entren con agua, toalla, salva y una caja)* O*(Entren con agua, toalla, salva y una caja)* M (idéntico)(sigue M)(sigue M)
965Acot*(Beba)* O(omitida) M(omitida) L(omitida) P
984 «*¡Hola!*»O M L P (idéntico)Marín: «*¡Hola!* era saludo dirigido a inferiores, y a veces exclamación sin valor de salutación; lo que indica aquí es la simpleza de Finea»(igual)(igual)
985-986 «*Las del mar de mi desdicha / me anegan entre sus ondas*»O M L P (idéntico)Marín: «se refiere a las olas del mar, con juego sobre ¡hola!» (juego fonético entre saludo de Finea y ondas de Liseo)(igual)(igual)
990Acot*Vase Octavio, y Finea con Nise y Celia* (variante editorial) / *Todos se van. Queden Liseo y Turín* O autógrafo*(Todos se van; queden LISEO y TURÍN)* M(sigue M)(igual a O)
1015-1016 «*¿qué puede parir de mí / sino tigres, leones y onzas?*»O M L P (idéntico)Marín glosa «*onzas: panteras (uso literario derivado del italiano «lonza»)*»(igual)(igual)
1018 «*esperiencias y historias*»O (autógrafo)«*experiencias y historias*» M (modernización)«*experiencias*» L (sigue M)«*experiencias*» P (sigue M)
1031 «*rásguense cartas y firmas*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1032 «*ningún tesoro compra / la libertad*»O M L P (idéntico)Marín: «*La idea de que no hay tesoro comparable a la libertad era tópico literario de la época, y Lope gustaba como siempre de repetirlo*»(igual)(igual)
1035-1045 (espejo)versos conservados O M L P(igual)(igual)(igual)
1053-1057 (enumeración antithetica)conservados O M L P(igual)(igual)(igual)
1062 *Acot final**Fin del Acto Primero* O M L P(igual)*Fin del primer acto de La dama boba* L*Fin del primer acto de LA DAMA BOBA* P
  1. Para caja como dulce de conserva en el léxico áureo, Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española (Madrid, 1611), s.v. caja. Sobre la cirugía y medicina sevillanas del XVI cuyo prestigio se proyectaba en la cultura áurea —contexto para el protocolo médico-cortés del recibimiento—, Bartolomé Hidalgo de Agüero, Thesoro de la verdadera cirugía y vía particular contra la común (Sevilla: Francisco Pérez, 1604), referencia general.
  2. Sobre la cultura gastronómica popular en la España áurea y la jerarquía simbólica entre platos cortesanos y populares, Carolyn A. Nadeau, Food Matters: Alonso Quijano's Diet and the Discourse of Food in Early Modern Spain (Toronto: University of Toronto Press, 2016).
  3. Sobre la moda y el simbolismo de la barba en la corte y en el traje civil áureos, Carmen Bernis, El traje y los tipos sociales en El Quijote (Madrid: Ediciones El Viso, 2001).
  4. Sobre el matrimonio, el honor y la disciplina sexual en la España del Antiguo Régimen, Renato Barahona, Sex Crimes, Honour, and the Law in Early Modern Spain: Vizcaya, 1528-1735 (Toronto: University of Toronto Press, 2003); sobre la condición jurídica y la vida cotidiana de las mujeres en los siglos XVI y XVII, Mariló Vigil, La vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII (Madrid: Siglo XXI de España, 1986).
  5. Para la legislación sinodal castellana sobre matrimonio, Antonio García y García (dir.), Synodicon Hispanum (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1981 ss.), edición todavía en curso —referencia general al corpus—; sobre los casamientos por poder en la corte de los Austrias, Magdalena S. Sánchez, The Empress, the Queen, and the Nun: Women and Power at the Court of Philip III of Spain (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1998).
  6. Para el lugar de Cicerón en la cultura humanista europea del Renacimiento y del Barroco, Marc Fumaroli, L'âge de l'éloquence: rhétorique et «res literaria» de la Renaissance au seuil de l'époque classique (Genève: Droz, 1980); sobre la recepción del humanismo italiano en la literatura castellana, Ángel Gómez Moreno, España y la Italia de los humanistas: primeros ecos (Madrid: Gredos, 1994).
  7. Juan Huarte de San Juan, Examen de ingenios para las ciencias (Baeza, 1575), ed. Guillermo Serés (Madrid: Cátedra, 1989); sobre la influencia huarteana en la cultura del XVII castellano, Mauricio Iriarte, El doctor Huarte de San Juan y su «Examen de ingenios»: contribución a la historia de la psicología diferencial (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1948).
  8. Sobre las mujeres y la disciplina del orden social y matrimonial en la España de la Contrarreforma, Mary Elizabeth Perry, Gender and Disorder in Early Modern Seville (Princeton: Princeton University Press, 1990).
  9. Sobre el conceptismo gracianesco, el ingenio y la doctrina del gusto como facultad del alma, Mercedes Blanco, Les rhétoriques de la pointe: Baltasar Gracián et le conceptisme en Europe (Genève: Slatkine, 1992).
  10. Para una teoría general del teatro áureo en su sistema de convenciones poéticas y polimétricas, Marc Vitse, Éléments pour une théorie du théâtre espagnol du XVIIe siècle, 2ª ed. (Toulouse: Presses Universitaires du Mirail / France-Ibérie Recherche, 1990); específicamente sobre La dama boba como pieza autorreferencial, Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 943-950.
  11. Carmen Bernis, El traje y los tipos sociales en El Quijote (Madrid: Ediciones El Viso, 2001), capítulo sobre los hombres y el cuidado de la barba; sobre la moda nobiliaria del XVII en la corte madrileña, Amalia Descalzo, «La moda en la corte de Felipe IV», en Velázquez y la familia de Felipe IV, ed. Javier Portús (Madrid: Museo Nacional del Prado, 2013). magdalena: Sobre Caravaggio y la dramatización del cuerpo y del gesto en la pintura del primer Seicento, Helen Langdon, Caravaggio: A Life (London: Chatto & Windus, 1998); sobre Artemisia Gentileschi y la representación de la heroína femenina, Mary D. Garrard, Artemisia Gentileschi: The Image of the Female Hero in Italian Baroque Art (Princeton: Princeton University Press, 1989).
  12. Mauricio Iriarte, El doctor Huarte de San Juan y su «Examen de ingenios»: contribución a la historia de la psicología diferencial (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1948); sobre la huella huarteana en la creación literaria del Siglo de Oro, Otis H. Green, «El "ingenioso" hidalgo», Hispanic Review 25, n.º 3 (1957): 175-193. psicogenetica: Para el debate moderno sobre la herencia psicológica y la individualidad cognitiva, Robert Plomin, Blueprint: How DNA Makes Us Who We Are (Cambridge, MA: MIT Press, 2018) — referencia general; la conexión con la doctrina huarteana es lectura propia de esta edición.
  13. Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617, aquí 611. estructura: Sobre los géneros y la teoría de la comedia áurea, Bruce W. Wardropper, ensayo final en Teoría de la comedia, de Elder Olson, trad. Salvador Oliva (Barcelona: Ariel, 1978); para una lectura comparada de la escena áurea y la shakespeariana en la práctica escénica moderna, Susan L. Fischer, Reading Performance: Spanish Golden-Age Theatre and Shakespeare on the Modern Stage (Woodbridge: Tamesis, 2009).

Nota de cierre

Termina el primer acto con Liseo decidido a renunciar a Finea y dispuesto a cortejar a Nise. Laurencio, en simetría inversa, ya ha decidido cortejar a Finea por la dote. Las dos hermanas, sin saberlo, han quedado intercambiadas: la discreta Nise será cortejada por el escéptico Liseo, la boba Finea será cortejada por el calculador Laurencio. En estos 1062 versos la pieza ha dispuesto el tablero: dos hermanas opuestas, dos galanes en simetría inversa, la dote pesando sobre la trama, una pedagogía a punto de empezar. El Acto II abrirá un mes después y mostrará el cambio. El público de 1613 quedaba en suspenso pedagógico: ¿conseguirá Finea aprender? La respuesta llegará gradualmente, escena tras escena, hasta el monólogo del Acto III donde la propia Finea, en versos liminales, dirá el secreto: «No ha dos meses que vivía / a las bestias tan igual / que aun el alma racional / parece que no tenía». Pero esa confesión está lejos. Aquí, al cierre del Acto I, el espectador todavía cree con Liseo que la dama es boba. La pieza, paciente, le permite creerlo.

Acto

II

8 escenas

ACTO II · ESCENA 1

2.1 Después de un mes: la celebración de los galanes

Casa de Octavio (sala de Nise)

redondillasabbavv. 1063–1154décimasabbaaccddcvv. 1155–1214redondillasnumeración Presotto/PROLOPEvv. 1215–1230

Abre el segundo acto un mes después del cierre del primero. Los tres galanes de la academia de Nise discuten la tardanza de la boda con Liseo, atribuyéndola a una leve enfermedad de la dama. La conversación es ligera, festiva, llena de ingenios cortesanos. Cuando Nise aparece, los tres galanes compiten en versos de celebración por su recuperación. La escena despliega, en métrica variada, la convención cortés de la enhorabuena de la salud. Bajo el juego retórico, sin embargo, late ya el conflicto: Laurencio está cortejando a Finea, Nise lo sospecha, y los celos van a estallar en la escena siguiente.

FENISO.En fin, ha pasado un mes y no se casa Liseo. DUARDO.No siempre mueve el deseo el codicioso interés. LAURENCIO.¿De Nise la enfermedad ha sido causa bastante? FENISO.Ver a Finea ignorante templará su voluntad. LAURENCIO.Menos lo está que solía. Temo que amor ha de ser artificioso a encender piedra tan helada y fría. DUARDO.¡Tales milagros ha hecho en gente rústica Amor! FENISO.No se tendrá por menor dar alma a su rudo pecho. LAURENCIO.Amor, señores, ha sido aquel ingenio profundo que llaman alma del mundo, y es el dotor que ha tenido la cátreda de las ciencias; porque sólo con amor aprende el hombre mejor sus divinas diferencias. Así lo sintió Platón; esto Aristóteles dijo; que como del cielo es hijo, es todo contemplación; della nació el admirarse, y de admirarse nació el filosofar, que dio luz, con que pudo fundarse toda ciencia artificial, y a Amor se ha de agradecer que el deseo de saber es al hombre natural. Amor, con fuerza süave, dio al hombre el saber sentir; dio leyes para vivir político, honesto y grave. Amor repúblicas hizo; que la concordia nació de amor, con que a ser volvió lo que la guerra deshizo. Amor dio lengua a las aves, vistió la tierra de frutos, y como prados enjutos rompió el mar con fuertes naves. Amor enseñó a escribir altos y dulces concetos, como de su causa efetos. Amor enseñó a vestir al más rudo, al más grosero; de la elegancia fue Amor el maestro; el inventor fue de los versos primero; la música se le debe y la pintura. Pues ¿quién dejará de saber bien como sus efetos pruebe? No dudo de que a Finea, como ella comience a amar, la deje Amor de enseñar, por imposible que sea. FENISO.Está bien pensado ansí. ¿Y su padre lleva intento, por dicha, en el casamiento, que ame y sepa? DUARDO.Y yo de aquí, infamando amores locos, en limpio vengo a sacar que pocos deben de amar en lugar que saben pocos. FENISO.¡Linda malicia! LAURENCIO.¡Estremada! FENISO.¡Difícil cosa es saber! LAURENCIO.Sí, pero fácil creer que sabe, el que poco o nada. FENISO.¡Qué divino entendimiento tiene Nise! DUARDO.¡Celestial! FENISO.¿Cómo, siendo necio el mal, ha tenido atrevimiento para hacerle estos agravios, de tal ingenio desprecios? LAURENCIO.Porque de sufrir a necios suelen enfermar los sabios. DUARDO.¡Ella viene! FENISO.Y con razón se alegra cuanto la mira.

Entren Nise y Celia

NISE.Mucho la historia me admira. CELIA.Amores pienso que son fundados en el dinero. NISE.Nunca fundó su valor sobre dineros Amor; que busca el alma primero. DUARDO.Señora, a vuestra salud, hoy cuantas cosas os ven dan alegre parabién y tienen vida y quietud; que como vuestra virtud era el sol que se la dio, mientras el mal la eclipsó, también lo estuvieron ellas; que hasta ver vuestras estrellas fortuna el tiempo corrió. Mas como la primavera sale con pies de marfil y el vario velo sutil tiende en la verde ribera, corre el agua lisonjera y están riñendo las flores sobre tomar las colores; así vos salís trocando el triste tiempo y sembrando en campos de almas amores. FENISO.Ya se ríen estas fuentes, y son perlas las que fueron lágrimas, con que sintieron esas estrellas ausentes; ya las aves sus corrientes hacen instrumentos claros, con que quieren celebraros. Todo se anticipa a veros, y todo intenta ofreceros con lo que puede alegraros. Pues si con veros hacéis tales efetos agora donde no hay alma, señora, más de la que vos ponéis en mí ¿qué muestras haréis, qué señales de alegría, este venturoso día, después de tantos enojos, siendo vos sol de mis ojos, siendo vos alma en la mía? LAURENCIO.A estar sin vida llegué el tiempo que no os serví; que fue lo más que sentí, aunque sin mi culpa fue. Yo vuestros males pasé como cuerpo que animáis; vos movimiento me dais; yo soy instrumento vuestro, que en mi vida y salud muestro todo lo que vos pasáis. Parabién me den a mí de la salud que hay en vos, pues que pasamos los dos el mismo mal en que os vi. Solamente os ofendí, aunque la disculpa os muestro, en que este mal que fue nuestro, sólo tenerle debía, no vos, que sois alma mía, yo sí, que soy cuerpo vuestro. NISE.Pienso que de oposición me dais los tres parabién. LAURENCIO.Y es bien, pues lo sois por quien viven los que vuestros son. NISE.Divertíos, por mi vida, cortándome algunas flores los dos, pues con sus colores la diferencia os convida deste jardín, porque quiero hablar a Laurencio un poco. DUARDO.Quien ama y sufre, o es loco o necio. FENISO.Tal premio espero. DUARDO.No son vanos mis recelos. FENISO.Ella le quiere. DUARDO.Yo haré un ramillete de fe, pero sembrado de celos.
EXT-1

La academia en función: la enhorabuena cortesana

La escena dramatiza una práctica habitual en las academias literarias del XVII: la enhorabuena, composición poética por el restablecimiento de la salud de la presidenta o de un miembro destacado. Las academias de Sevilla, Madrid y Valencia conservaban registros de estas celebraciones en sus actas. La forma estándar era una composición en verso (décima o soneto) con estructura tripartita: invocación, elogio, augurio.

Lope reproduce el formato con fidelidad. Los tres galanes (Duardo, Feniso, Laurencio) se turnan en décimas que cumplen los tres movimientos. La diferencia es que Lope añade el subtexto: mientras los versos celebran la salud de Nise, el espectador sabe que Laurencio está cortejando a Finea. La cortesía pública oculta la traición privada, y el lector atento percibe la disonancia.

La línea de los académicos es típica del Madrid de 1613. La academia Selvaje (o del Parnaso), fundada en 1612 por Francisco de Silva y Mendoza —hermano del duque de Pastrana—, la academia del conde de Saldaña (h. 1610-1611), las academias informales que se reunían en las casas de la nobleza media: todas practicaban este ritual. Lope mismo había participado en varias y conocía las convenciones.ext1_academias

EXT-2

La frase de Celia: «amores fundados en dinero»

Celia, criada de Nise, enuncia en los vv. 1150-1151 («Amores pienso que son / fundados en el dinero») lo que la pieza ha ocultado bajo el barniz neoplatónico desde el verso 635 (el soneto al Pensamiento de Laurencio). La crítica suele atribuir a los criados la función de revelar lo que el galán oculta. Celia hace exactamente eso: dice lo que la pieza no quiere que se diga.

Robert ter Horst, en su lectura clásica de la pieza, ha subrayado que la lucidez económica está repartida en las dos hermanas y en sus criadas, y que la doctrina neoplatónica funciona como velo de unas operaciones materiales que la pieza no oculta del todo.ext2_terhorst La estructura social del corral —donde los lacayos eran percibidos como portavoces de la verdad incómoda— soportaba este tipo de revelación. La frase de Celia, brevísima, contiene la lectura económica de toda la pieza.

Aparato textual (11 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
1063-1064 (apertura)«*En fin, ha pasado un mes / y no se casa Liseo*» FENISO Oigual Migual Ligual P
1075 «*Amor*» (mayúscula)O M (mayúscula)(igual)(igual)(minúscula en P)
1083 «*cátreda*» (metátesis del autógrafo)O conserva la metátesis lopesca«*cátedra*» M (modernización) — Marín nota: «*cátreda = cátedra (metátesis corriente en la lengua vulgar)*»«*cátedra*» L (sigue M) — nota: «*Metátesis de cátedra*»(igual a M L)
1087-1088 «*Así lo sintió Platón; / esto Aristóteles dijo*»O M L P (idéntico)Marín nota: «*En estas citas Lope sigue a León Hebreo, quien expone las ideas sobre el amor de ambos filósofos en sus Diálogos*»(igual)(igual)
1130 partido«*que ame y sepa? — Y yo de aquí*» FENISO/DUARDO Oigual Migual Ligual P
1135 partido«*¡Linda malicia! — ¡Estremada!*» FENISO/LAURENCIO Oigual Migual Ligual P
1140 partido«*tiene Nise! — ¡Celestial!*» FENISO/DUARDO Oigual Migual Ligual P
1148Acot(no marcada) O*(Salen NISE y CELIA)* M (apertura ESCENA II)(sigue M)(sigue M)
1150-1151 «*Amores pienso que son / fundados en el dinero*» CELIAO M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1155-1214 (décimas)tres décimas de Duardo, Feniso, Laurencio O M L P(igual)(igual)(igual)
1156-1157 «*hoy cuantas cosas os ven / dan alegre parabién*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
  1. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 111-129; Marc Vitse, «Polimetría y estructuras dramáticas en la comedia de corral del siglo XVII: nueva reflexión sobre las formas englobadas (el caso de Peribáñez)», en Métrica y estructura dramática en el teatro de Lope de Vega, ed. Fausta Antonucci (Kassel: Reichenberger, 2007), 169-205.
  2. Para el conjunto de la práctica dramática lopesca y la ruptura con las unidades aristotélicas, véase Felipe B. Pedraza Jiménez, El universo poético de Lope de Vega (Madrid: Laberinto, 2003) — referencia general.
  3. James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255.
  4. Sobre las academias literarias del Siglo de Oro, José Sánchez, Academias literarias del Siglo de Oro español (Madrid: Gredos, 1961); Willard F. King, Prosa novelística y academias literarias en el siglo XVII, Anejos del Boletín de la Real Academia Española X (Madrid: RAE, 1963).
  5. Robert ter Horst, «The True Mind of Marriage: Ironies of the Intellect in Lope's La dama boba», Romanistisches Jahrbuch 27 (1976): 347-363.

Nota de cierre

Cierra la celebración. La conversación entre Nise y Laurencio quedará para la siguiente escena, donde los celos saldrán a la superficie. Lo que la apertura del Acto II ha establecido: ha pasado un mes, los galanes mantienen el cortejo formal a Nise, pero en el subtexto Finea ya está aprendiendo. La pieza está en el umbral de su gran transformación.

ACTO II · ESCENA 2

2.2 Pelea de Nise y Laurencio: el desafío de Liseo

Casa de Otavio

romance asonancia -áe-áevv. 1231–1365

Confrontación amorosa. Nise reprocha a Laurencio el cambio brusco de afecto —un mes ha bastado para que el galán pase de cortejarla a perseguir a Finea—, y Celia, criada y delatora, confirma la traición. Cuando llega Liseo, los celos de los dos pretendientes desembocan en cita de duelo: «tras los Recoletos», en la zona despoblada del Madrid de 1613, mañana al amanecer. La escena cierra el primer movimiento del Acto II y prepara la confrontación que Otavio desactivará en 2.4. Lo que el Acto I había dejado en sospecha —que el cortejo de Laurencio no era amor honestus sino amor pecuniarius— Nise lo enuncia aquí sin pantalla retórica.

LAURENCIO.Ya se han ido. ¿Podré yo, Nise, con mis brazos darte parabién de tu salud? NISE.¡Desvía, fingido, fácil, lisonjero, engañador, loco, inconstante, mudable; hombre que en un mes de ausencia —que bien merece llamarse ausencia la enfermedad— el pensamiento mudaste! Pero mal dije en un mes, porque puedes disculparte con que creíste mi muerte, y si mi muerte pensaste, con gracioso sentimiento, pagaste el amor que sabes, mudando el tuyo en Finea. LAURENCIO.¿Qué dices? NISE.Pero bien haces; tú eres pobre, tú, discreto; ella rica y ignorante; buscaste lo que no tienes, y lo que tienes dejaste. Discreción tienes, y en mí la que celebrabas antes dejas con mucha razón; que dos ingenios iguales no conocen superior; y ¿por dicha imaginaste que quisiera yo el imperio que a los hombres debe darse? El oro que no tenías, tenerle solicitaste enamorando a Finea. LAURENCIO.Escucha... NISE.¿Qué he de escucharte? LAURENCIO.¿Quién te ha dicho que yo he sido en un mes tan inconstante? NISE.¿Parécete poco un mes? Yo te disculpo, no hables; que la luna está en el cielo sin intereses mortales, y en un mes, y aun algo menos, está creciente y menguante. Tú en la tierra, y de Madrid, donde hay tantos vendavales de intereses en los hombres, no fue milagro mudarte. Dile, Celia, lo que has visto. CELIA.Ya, Laurencio, no te espantes de que Nise, mi señora, desta manera te trate; yo sé que has dicho a Finea requiebros... LAURENCIO.¡Que me levantes, Celia, tales testimonios! CELIA.Tú sabes que son verdades; y no sólo tú a mi dueño ingratamente pagaste, pero tu Pedro, el que tiene de tus secretos las llaves, ama a Clara tiernamente. ¿Quieres que más te declare? LAURENCIO.Tus celos han sido, Celia, y quieres que yo los pague. ¿Pedro a Clara, aquella boba? NISE.Laurencio, si le enseñaste, ¿por qué te afrentas de aquello en que de ciego no caes? Astrólogo me pareces, que siempre de ajenos males, sin reparar en los suyos, largos pronósticos hacen. ¡Qué bien empleas tu ingenio! «De Nise confieso el talle mas no es sólo el esterior el que obliga a los que saben.» ¡Oh, quién os oyera juntos!... Debéis de hablar en romances, porque un discreto y un necio no pueden ser consonantes. ¡Ay, Laurencio, qué buen pago de fe y amor tan notable! Bien dicen que a los amigos prueba la cama y la cárcel. Yo enfermé de mis tristezas y, de no verte ni hablarte, sangráronme muchas veces; ¡bien me alegraste la sangre! Por regalos tuyos tuve mudanzas, traiciones, fraudes; pero, pues tan duros fueron, di que me diste diamantes. Ahora bien. ¡Esto cesó! LAURENCIO.¡Oye, aguarda!... NISE.¿Que te aguarde? Pretende tu rica boba, aunque yo haré que se case más presto que tú lo piensas. LAURENCIO.¡Señora!... LISEO.(Esperaba tarde los desengaños; mas ya no quiere Amor que me engañe.) NISE.¡Suelta! LAURENCIO.¡No quiero! LISEO.¿Qué es esto? NISE.Dice Laurencio que rasgue unos versos que me dio, de cierta dama inorante, y yo digo que no quiero. LAURENCIO.Tú podrá ser que lo alcances de Nise; ruégalo tú. LISEO.Si algo tengo que rogarte, haz algo por mis memorias y rasga lo que tú sabes. NISE.¡Dejadme los dos! LAURENCIO.¡Qué airada! LISEO.Yo me espanto que te trate con estos rigores Nise. LAURENCIO.Pues, Liseo, no te espantes; que es defecto en los discretos, tal vez, el no ser afables. LISEO.¿Tienes qué hacer? LAURENCIO.Poco o nada. LISEO.Pues vámonos esta tarde por el Prado arriba. LAURENCIO.Vamos dondequiera que tú mandes. LISEO.Detrás de los Recoletos quiero hablarte. LAURENCIO.Si el hablarme no es con las lenguas que dicen, sino con las lenguas que hacen, aunque me espanto que sea, dejaré caballo y pajes. LISEO.Bien puedes. LAURENCIO.Yo voy tras ti. ¡Qué celoso y qué arrogante! Finea es boba y, sin duda, de haberle contado nace, mis amores y papeles. Ya para consejo es tarde; que deudas y desafíos a que los honrados salen, para trampas se dilatan, y no es bien que se dilaten. MAESTRO.¿Tan presto se cansa? FINEA.Sí.
EXT-1

El catálogo del Amor inventor: tradición y dramatización

La sospecha de Nise no es paranoia: es lectura correcta del subtexto. Laurencio está cortejando a Finea por la dote, y Nise lo percibe sin tener todavía pruebas. La pieza la deja en posición incómoda: la dama discreta acierta en el diagnóstico, pero la maquinaria cómica la presentará en escenas posteriores como celosa irracional, condicionando al público del patio a tomar partido por el galán. La verdad que Nise enuncia queda oprimida por el código de género de la comedia urbana.

Aparato textual (7 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
1233 (ironía amorosa)«*parabién de tu salud?*» O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1236 «*loco, inconstante, mudable*»O autógrafo (con punto y coma); M lee «*mudable, hombre,*» (con coma, otra puntuación)(sigue O)(igual a M)(igual)
1247 «*mudando el tuyo en Finea*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1269 «*luna*» (minúscula)O P«*Luna*» M (mayúscula)«*luna*» L(igual a O)
1303 «*esterior*»O autógrafo conserva grafía«*exterior*» M (modernización)«*exterior*» L«*exterior*» P
1287 «*pero*»O M L P (idéntico)Marín nota: «*pero = sino*» — la conjunción adversativa en sentido de exclusión(igual)(igual)
1338-1350 (cita del duelo)«*Detrás de los Recoletos / quiero hablarte*» O M L P (idéntico, lugar topográfico real del Madrid de 1613)(igual)(igual)(igual)
  1. Sobre la métrica de la Comedia del Siglo de Oro y la cuestión teórica de las formas estróficas, véase Marc Vitse, «La poética de la Comedia: estado de la cuestión», en La Comedia: seminario hispano-francés organizado por la Casa de Velázquez. Madrid, diciembre 1991-junio 1992, ed. Jean Canavaggio (Madrid: Casa de Velázquez, 1995).

Nota de cierre

Termina la escena con el conflicto ya abierto: Nise sospecha del galán y Liseo lo cita a duelo «tras los Recoletos». Lo que viene en la escena 2.4 es la intervención de Otavio que desactivará el lance; lo que viene en el Acto III es la transformación cognitiva de Finea, que confirmará por su lado el subtexto que la dama discreta ya intuye aquí.

ACTO II · ESCENA 3

2.3 Maestro de danzar con Finea: ella prefiere cascabeles

Casa de Octavio

redondillasabbavv. 1365–1484

Segunda lección imposible de la pieza, simétrica con la del dómine Rufino del Acto I. Ahora es un maestro de danzar el que intenta enseñar a Finea, y Finea, fiel a su naturaleza, lo desconcierta con peticiones de cascabeles y desprecios al tamboril. La escena es paralela a la 1.4, pero con un detalle nuevo: ya estamos a un mes después, y aunque Finea sigue resistiéndose a la pedagogía formal, está empezando a aprender por la vía paralela del amor. La aparición de Laurencio interrumpirá la lección y la convertirá en algo distinto.

Y no quiero danzar más. MAESTRO.Como no danza a compás, hase enfadado de sí. FINEA.¡Por poco diera de hocicos, saltando! Enfadada vengo. ¿Soy yo urraca, que andar tengo por casa dando salticos? Un paso, otro contrapaso, floretas, otra floreta... ¡Qué locura! MAESTRO.(¡Qué imperfeta cosa, en un hermoso vaso poner la Naturaleza licor de un alma tan ruda! Con que yo salgo de duda que no es alma la belleza.) FINEA.Maestro... MAESTRO.¿Señora mía?... FINEA.Traé mañana un tamboril. MAESTRO.Ése es instrumento vil, aunque de mucha alegría. FINEA.Que soy más aficionada al cascabel os confieso. MAESTRO.Es muy de caballos eso. FINEA.Haced vos lo que me agrada; que no es mucha rustiqueza el traellos en los pies. Harto peor pienso que es traellos en la cabeza. MAESTRO.(Quiero seguirle el humor.) Yo haré lo que me mandáis. FINEA.Id danzando cuando os vais. MAESTRO.Yo os agradezco el favor, pero llevaré tras mí mucha gente. FINEA.Un pastelero, un sastre y un zapatero, ¿llevan la gente tras sí? MAESTRO.No; pero tampoco ellos por la calle haciendo van sus oficios. FINEA.¿No podrán, si quieren? MAESTRO.Podrán hacellos; y yo no quiero danzar. FINEA.Pues no entréis aquí. MAESTRO.No haré. FINEA.Ni quiero andar en un pie, ni dar vueltas, ni saltar. MAESTRO.Ni yo enseñar las que sueñan disparates atrevidos. FINEA.No importa; que los maridos son los que mejor enseñan. MAESTRO.¿Han visto la mentecata?... FINEA.¿Qué es mentecata, villano? MAESTRO.¡Señora, tened la mano! Es una dama que trata con gravedad y rigor a quien la sirve. FINEA.¿Eso es? MAESTRO.Puesto que vuelve después con más blandura y amor. FINEA.¿Es eso cierto? MAESTRO.¿Pues no? FINEA.Yo os juro, aunque nunca ingrata, que no hay mayor mentecata en todo el mundo que yo. MAESTRO.El creer es cortesía; adiós, que soy muy cortés. CLARA.¿Danzaste? FINEA.¿Ya no lo ves? Persíguenme todo el día con leer, con escribir, con danzar, ¡y todo es nada!... Sólo Laurencio me agrada. CLARA.¿Cómo te podré decir una desgracia notable? FINEA.Hablando; porque no hay cosa de decir dificultosa, a mujer que viva y hable. CLARA.Dormir en día de fiesta, ¿es malo? FINEA.Pienso que no; aunque si Adán se durmió, buena costilla le cuesta. CLARA.Pues si nació la mujer de una dormida costilla, que duerma no es maravilla. FINEA.Agora vengo a entender sólo con esa advertencia, por qué se andan tras nosotras los hombres, y en unas y otras hacen tanta diligencia; que, si aquesto no es asilla, deben de andar a buscar su costilla, y no hay parar hasta topar su costilla. CLARA.Luego, si para el que amó un año, y dos, harto bien ¿le dirán los que le ven que su costilla topó? FINEA.A lo menos, los casados. CLARA.¡Sabia estás! FINEA.Aprendo ya; que me enseña Amor, quizá, con liciones de cuidados. CLARA.Volviendo al cuento: Laurencio me dio un papel para ti; púseme a hilar —¡ay de mí, cuánto provoca el silencio!—, metí en el copo el papel, y como hilaba al candil y es la estopa tan sutil, aprendiose el copo en él. Cabezas hay disculpadas, cuando duermen sin cojines, y sueños como rocines que vienen con cabezadas. Apenas el copo ardió, cuando, puesta en él de pies, me chamusqué, ya lo ves... FINEA.¿Y el papel? CLARA.Libre quedó, como el Santo de Pajares. Sobraron estos renglones en que hallarás más razones que en mi cabeza aladares. FINEA.¿Y no se podrán leer? CLARA.Toma y lee. FINEA.Yo sé poco. CLARA.¡Dios libre de un fuego loco la estopa de la mujer!
EXT-1

La danza cortesana en el XVII y su pedagogía

La enseñanza de la danza era parte fundamental de la educación femenina cortesana. Las damas aprendían pavana, gallarda, españoleta, alta, baja, canario y otras danzas codificadas en los tratados del XVI y XVII (Diego de Pisador, Esteban Daza, Antonio de Cabezón). El maestro de danzar era figura habitual en las casas acomodadas y cobraba honorarios significativos.

La danza cortesana cumplía función social estricta: marcaba el rango (la elegancia del paso era signo de linaje), preparaba el cuerpo para la representación pública (la dama que sabía danzar podía aparecer en saraos), y regulaba la relación galante (los pasos de las danzas en pareja codificaban la cortesía). Finea, al rechazarla, está rechazando todo el sistema de educación femenina. Su preferencia por el cascabel rebasa el gusto: es declaración de independencia respecto del código.

Marc Vitse y Fausta Antonucci han mostrado que Lope usa los maestros de danza, letras, música, etc., como dispositivos dramáticos para mostrar la resistencia del personaje a la educación formal y, por contraste, la eficacia de la educación afectiva.ext1_pedagogia Aquí, exactamente eso pasa: Finea fracasa con el maestro pero está aprendiendo con Laurencio. La pieza, sin saberlo, formula la doctrina pedagógica del Renacimiento erasmista: la educación que no parte del deseo del aprendiz fracasa.

EXT-2

«Aprendo ya; que me enseña Amor»: la pedagogía afectiva en boca de Finea

Los versos 1457-1460 son uno de los pasajes más sutiles del Acto II. Clara, criada perspicaz, dice «¡Sabia estás!»; Finea acepta el cumplido y replica, en tres versos limpios, la fórmula que articula toda la pieza: «Aprendo ya; / que me enseña Amor, quizá, / con liciones de cuidados». La heroína se reconoce sujeto del aprendizaje y nombra al maestro: Amor. La pedagogía formal —del dómine Rufino, del maestro de danzar, del padre Octavio— ha fracasado; la afectiva, en cambio, está operando.

La doctrina implícita es platónica y cristiana a la vez. En el Banquete (204b), Diotima describe al filósofo como el que ama el saber: philos-sophos. En la tradición agustiniana, el cura amoris es vía de conocimiento: lo que se quiere se conoce. Finea, sin haber leído a Platón ni a Agustín, formula con vocabulario llano la doctrina alta: el amor enseña porque el deseo abre el entendimiento. Las liciones de cuidados no son otra cosa que la atención afectiva ejercitada como ascesis.

El detalle merece atención. Lope coloca el reconocimiento de la transformación en boca de la criada y de la propia Finea, no del galán erudito (Laurencio) ni de la dama letrada (Nise). El reparto democratiza el saber: la lacaya percibe lo que el galán y la dama todavía no, y la heroína misma se nombra discípula. La pieza confía en que la verdad llega antes a los humildes y que el amor enseña con eficacia donde los preceptos no encuentran asiento.ext2_platon

Aparato textual (8 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
1366 «*Y no quiero danzar más*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1376 «*¡Qué imperfeta*»O autógrafo (con grafía culta sin c)M moderniza a «*¡Qué imperfecta*»L modernizadoP modernizado
1382 «*tamboril*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1386 «*cascabel*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1413 «*mentecata*»O M L P (idéntico)Marín nota: «*mentecata*: tonta, falta de juicio»(igual)(igual)
1438-1442 (tópico de Adán/costilla)O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1458-1460 «*Aprendo ya; / que me enseña Amor, quizá, / con liciones de cuidados*»O M L P (idéntico) — verso clave de la pedagogía afectiva(igual)(igual)(igual)
1483-1484 «*¡Dios libre de un fuego loco / la estopa de la mujer!*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
  1. Para una panorámica de la danza en el Siglo de Oro, Lynn Matluck Brooks, The Dances of the Processions of Seville in Spain's Golden Age (Kassel: Reichenberger, 1988); para la práctica musical femenina y su prescripción humanista, Pilar Ramos López, «Tradiciones y traducciones: la práctica musical femenina en De institutione foeminae christianae (1524), de Juan Luis Vives», Cuadernos del CEMYR 23 (2015).
  2. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 111-129; sobre la pedagogía humanista del deseo, Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre, ed. Pedro Cátedra et al. (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208.
  3. Para la doctrina renacentista del amor como vía de conocimiento, Marsilio Ficino, De amore. Comentario a «El Banquete» de Platón, ed. y trad. Rocío de la Villa Ardura (Madrid: Tecnos, 1989); para la lectura específica de la Universidad de amor en La dama boba, Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo LIV (1978): 351-371.

Nota de cierre

Cierra la lección imposible con la entrada de Clara, que trae noticias de Laurencio. La pedagogía formal vuelve a fracasar mientras la afectiva sigue avanzando por debajo. La pieza está cumpliendo, escena por escena, su tesis estructural: lo que enseña a Finea es el amor, en el lugar donde los preceptos no encuentran asiento.

ACTO II · ESCENA 4

2.4 La imagen verdadera

Casa de Otavio, interior

endecasílabos sueltos con pareadosvv. 1485–1540transición, intimidadredondillasabbavv. 1541–1580transición, intimidad

Un detalle merece notarse antes de entrar: Finea, que en el Acto I no podía leer la letra A, llega aquí con un papel en la mano. Sabe que es una carta de Laurencio y que contiene palabras que ella no puede descifrar — y su solución es perfectamente lógica. Se la da a su padre para que la lea. La ingenuidad de la escena importa menos que la operación dramática: la incapacidad lectora de Finea se convierte en el detonador exacto del conflicto familiar que el primer acto venía aplazando. En manos de cualquier otro personaje de la comedia, esa carta sería un secreto custodiado o una mentira preparada. En manos de Finea, es un papel que necesita ser leído.

La escena funciona en dos tiempos bien diferenciados, y el cambio de metro marca el corte con precisión. Mientras Otavio está presente — con Finea, luego con Turín — los versos son endecasílabos sueltos con pareados: métrica de la acción, del desconcierto, de la revelación incómoda. En el momento en que Otavio sale corriendo hacia los Recoletos, el ritmo cambia. Entran las redondillas, y con ellas otro tipo de temperatura dramática. El escenario queda a solas con Finea y Clara, y lo que viene es el primer gran monólogo de amor de Finea: un discurso sobre el espejo, la imagen y la forma verdadera que ningún espectador del Corral del Príncipe habría esperado de esta personaje.

Esa segunda parte se ilumina si se lee con la escena del abecedario (1.4) en la memoria. Allí, Finea rechazaba el signo lingüístico porque no conseguía aceptar que una marca representara algo que ella no veía directamente. Aquí describe, con vocabulario de filósofo que no ha leído filosofía, cómo la imagen de Laurencio — construida, interior, invisible — se ha vuelto más real que cualquier cosa que ella pueda tocar. El empirismo radical que la hacía incapaz de aprender letras se ha transformado, bajo el efecto del amor, en una epistemología del deseo. Lo que Ficino formuló en el De amore como teoría del spiritus, Finea lo formula como observación directa del espejo.

La pregunta que la escena deja abierta es cuándo ocurrió esa transformación exactamente, y si fue el amor quien la produjo o si el amor simplemente descubrió algo que ya estaba ahí.

OTAVIO.(Yo pienso que me canso en enseñarla, porque es querer labrar con vidro un pórfido; ni el danzar ni el leer aprender puede, aunque está menos ruda que solía.) FINEA.¡Oh, padre mentecato y generoso! ¡Bien seas venido! OTAVIO.¿Cómo mentecato? FINEA.Aquí el maestro de danzar me dijo que era yo mentecata, y enojeme; mas él me respondió que este vocablo significaba una mujer que riñe y luego vuelve con amor notable; y como vienes tú riñendo agora, y has de mostrarme amor en breve rato, quise también llamarte mentecato. OTAVIO.Pues, hija, no creáis a todas gentes, ni digáis ese nombre, que no es justo. FINEA.No lo haré más. Mas diga, señor padre ¿sabe leer? OTAVIO.Pues ¿eso me preguntas? FINEA.Tome, ¡por vida suya!, y éste lea. OTAVIO.¿Este papel? FINEA.Sí, padre. OTAVIO.Oye, Finea. FINEA.¿No hay más? OTAVIO.No hay más; que está muy justamente quemado lo demás. ¿Quién te le ha dado? FINEA.Laurencio, aquel discreto caballero de la academia de mi hermana Nise, que dice que me quiere con estremo. OTAVIO.(De su ignorancia, mi desdicha temo. Esto trujo a mi casa el ser discreta Nise, el galán, el músico, el poeta, el lindo, el que se precia de oloroso, el afeitado, el loco y el ocioso.) ¿Hate pasado más con éste, acaso? FINEA.Ayer, en la escalera, al primer paso, me dio un abrazo. OTAVIO.(¡En buenos pasos anda mi pobre honor, por una y otra banda! La discreta, con necios en concetos, y la boba, en amores con discretos. A ésta no hay que llevarla por castigo, y más que lo podrá entender su esposo.) Hija, sabed que estoy muy enojado. No os dejéis abrazar. ¿Entendéis, hija? FINEA.Sí, señor padre; y cierto que me pesa, aunque me pareció muy bien entonces. OTAVIO.Sólo vuestro marido ha de ser digno desos abrazos. TURÍN.En tu busca vengo. OTAVIO.¿De qué es la prisa tanta? TURÍN.De que al campo van a matarse mi señor Liseo y Laurencio, ese hidalgo marquesote que desvanece a Nise con sonetos. OTAVIO.(¿Qué importa que los padres sean discretos, si les falta a los hijos la obediencia? Liseo habrá entendido la imprudencia deste Laurencio, atrevidillo y loco, y que sirve a su esposa.) ¡Caso estraño! ¿Por dónde fueron? TURÍN.Van, si no me engaño, hacia los Recoletos Agustinos. OTAVIO.Pues ven tras mí. ¡Qué estraños desatinos! CLARA.Parece que se ha enojado tu padre. FINEA.¿Qué puedo hacer? CLARA.¿Por qué le diste a leer el papel? FINEA.Ya me ha pesado. CLARA.Ya no puedes proseguir la voluntad de Laurencio. FINEA.Clara, no la diferencio con el dejar de vivir. Yo no entiendo cómo ha sido, desde que el hombre me habló; porque, si es que siento yo, él me ha llevado el sentido. Si duermo, sueño con él; si como, le estoy pensando, y si bebo, estoy mirando en agua la imagen dél. ¿No has visto de qué manera muestra el espejo, a quien mira, su rostro, que una mentira le hace forma verdadera? Pues lo mismo en vidro miro que el cristal me representa. CLARA.A tus palabras atenta, de tus mudanzas me admiro. Parece que te transformas en otra. FINEA.En otro dirás. CLARA.Es maestro con quien más para aprender te conformas. FINEA.Con todo eso, seré obediente al padre mío; fuera de que es desvarío quebrar la palabra y fe. CLARA.Yo haré lo mismo. FINEA.No impidas el camino que llevabas. CLARA.¿No ves que amé porque amabas, y olvidaré porque olvidas? FINEA.Harto me pesa de amalle; pero a ver mi daño vengo, aunque sospecho que tengo de olvidarme de olvidalle.
EXT-1

El mentecato etimológico: Finea aprende inventando

La explicación que Finea da al padre sobre la palabra mentecato es deliciosamente errónea. Según ella, el maestro de danza le explicó que mentecato significa «mujer que riñe y luego vuelve con amor». La etimología es completamente falsa: mentecato viene del latín mente captus (= con la mente cautiva, demente) y significa simplemente necio, bobo. Su raíz es la misma que captura, cautivo: la mente está apresada, capturada por la incapacidad.

Pero la falsa etimología tiene gracia dramatúrgica. Finea, al inventar el significado, hace operación filológica creativa: convierte el insulto en término afectivo (mujer que riñe pero ama). La operación es típica del personaje en transición: ya no rechaza el lenguaje (como en 1.4) pero todavía no domina la convención. Está en estado intermedio donde construye significados por inferencia contextual.

La línea es además testimonio sociológico de la pedagogía amorosa. El maestro de danza (que aparece en 2.3) ha actuado como informante etimológico de Finea, dándole significados creativos. La pedagogía amorosa no es solo doctrina (Laurencio en 1.9) sino también filología creativa (el maestro de danza). La heroína aprende de varias fuentes simultáneamente, y combina la información con libertad. La línea anticipa el monólogo del Acto III: cuando Finea hable solamente, hablará con vocabulario filológicamente correcto, pero la transición pasa por estos errores productivos.ext1_etimologia

EXT-2

El espejo y la forma verdadera: epistemología del deseo

«¿No has visto de qué manera / muestra el espejo, a quien mira, / su rostro, que una mentira / le hace forma verdadera?» (vv. 1552-1555). Cuatro versos formulan, en redondilla castellana, el problema epistemológico del realismo de la imagen mental que la fenomenología del XX desplegará en cientos de páginas.

La doctrina implícita es ficiniana, vía Leone Ebreo y Castiglione. El amante lleva la imagen del amado grabada en la phantasia (= facultad imaginativa) de modo que puede «verlo» con los ojos interiores. La imagen mental es objetivamente «una mentira» (no es el amado, es solo su representación), pero subjetivamente «forma verdadera» (es el modo en que el amado existe para el amante).

La frase de Finea opera con economía notable. Una mentira le hace forma verdadera: la mentira (= no-realidad de la imagen) hace (= construye, opera) la forma verdadera (= la realidad subjetiva del amado). La sintaxis es escolástica: el predicado hacer forma verdadera aplica el principio aristotélico-tomista de la forma sustancial (lat. forma substantialis). La imagen reflejada se vuelve forma del amante; el amante recibe forma del amado a través del reflejo.

Husserl, tres siglos después (Logische Untersuchungen, 1900-1901; Ideen, 1913), formularía el problema como intencionalidad de la conciencia: la conciencia no es nunca conciencia de sí misma sino conciencia de algo. La imagen del amado en la mente del amante es intencional: el amado está en la conciencia, aunque no esté físicamente. Finea anticipa el problema en redondillas castellanas, sin aparato filosófico, por la sola fuerza de la observación amorosa.ext2_husserl

María Zambrano leyó este tipo de operación —el yo que descubre la imagen del otro como propia— como característica de la razón poética: el saber se da en la imagen antes que en el concepto. Finea es, en este verso, la primera fenomenóloga del teatro español.

EXT-3

La pareja de los Recoletos Agustinos: geografía dramática del duelo

Octavio sale hacia los Recoletos Agustinos (v. 1535) para impedir el duelo entre Liseo y Laurencio. La elección del topónimo no es arbitraria. El convento de los Agustinos Recoletos estaba situado, en el Madrid de 1613, en lo que hoy es el Paseo de Recoletos —al noreste de la cerca de la villa— y le dio nombre. Quedaba en zona despoblada, fuera del recinto urbano, lo que la convertía en sitio frecuente para encuentros privados que se quería sustraer a la justicia. Los duelos como práctica estaban condenados desde antiguo (la prohibición canónica venía del Concilio de Trento, sesión XXV, 1563) y quedaban siempre fuera de los principales itinerarios de ronda; los duelistas iban allí a primera hora de la mañana, cuando las puertas del convento todavía estaban cerradas.

Lope conoce la geografía. La pieza utiliza el topónimo como cifra dramática reconocible: el público de 1613 sabía que ir a los Recoletos era ir a duelo. La economía narrativa es perfecta: tres palabras condensan toda la situación dramática. La línea es además testimonio histórico de la práctica del duelo en el Madrid del primer XVII: pese a las prohibiciones reales, los duelos privados continuaban en zonas marginales de la corte.ext3_recoletos

Aparato textual (7 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
1486 «*pórfido*» (cantería)O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1490 «*¿Cómo mentecato?*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1531 «*marquesote*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1537 «*Recoletos Agustinos*»O M L P (idéntico) — topónimo madrileño preciso del XVII para la práctica del duelo(igual)(igual)(igual)
1561 «*vidro*»O autógrafo conserva grafía arcaizante«*vidrio*» M (modernización)«*vidrio*» L (modernización)«*vidrio*» P (modernización)
1556-1560 (espejo) «*muestra el espejo, a quien mira, / su rostro, que una mentira / le hace forma verdadera*»O M L P (idéntico) — el verso doctrinal sobre la imagen mental del amado se conserva sin variantes(igual)(igual)(igual)
1577-1580 (cierre) «*Harto me pesa de amalle [...] / de olvidarme de olvidalle*»O M L P (idéntico) — la paradoja del amor irreversible se conserva(igual)(igual)(igual)
  1. Para el contexto de las polémicas y prácticas filológicas del Renacimiento castellano, Bienvenido Morros, Las polémicas literarias en la España del siglo XVI: A propósito de Fernando de Herrera y Garcilaso de la Vega (Barcelona: Quaderns Crema, 1998); sobre la pedagogía no formal en La dama boba, Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre, ed. Pedro Cátedra et al. (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208.
  2. Para el problema fenomenológico de la imagen y la temporalidad de la conciencia, Edmund Husserl, Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo, trad. Agustín Serrano de Haro (Madrid: Trotta, 2002); para la doctrina de la razón poética como saber por la imagen, María Zambrano, Filosofía y poesía (Morelia: Universidad Michoacana, 1939; reed. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1987).
  3. Para la cotidianidad madrileña del XVII, su geografía urbana y sus prácticas sociales, José del Corral, La vida cotidiana en el Madrid del siglo XVII (Madrid: Ediciones La Librería, 1999); para el marco general de las pragmáticas de Felipe III contra los duelos, Antonio Feros, El duque de Lerma. Realeza y privanza en la España de Felipe III (Madrid: Marcial Pons, 2002).

Nota de cierre

Cuando Otavio sale corriendo hacia los Recoletos, la comedia ha llegado a un punto de saturación silenciosa: dos galanes van a batirse por una mujer que no sabe que ha sido la causa; el padre huye a impedirlo; y Finea, en lugar de angustiarse, describe el espejo. Hay una proporción perfecta en esa distribución: los hombres actúan, Finea piensa. Y el pensamiento de Finea, cuatro redondillas sobre la mentira que se vuelve verdadera, resulta ser más exacto que todo lo que los hombres van a hacer en el campo.

La escena 2.5 pondrá frente a frente a Liseo y Laurencio, y uno de ellos tendrá que renunciar. Pero quien ha seguido a Finea hasta el v. 1580 ya sabe algo que esos dos no: que la boba que no podía leer la letra A ha formulado, sin aparente esfuerzo, la mejor descripción del amor de toda la comedia. Queda la pregunta de si Lope lo sabía desde el principio o si lo descubrió escribiendo.

ACTO II · ESCENA 5

2.5 Finea y Liseo: la torpeza del honor

Casa de Octavio

endecasílabos sueltos con pareadosvv. 1581–1667transición

Los dos galanes llegan al duelo, espadas en mano, dispuestos a la sangre. La pieza, fiel a la convención de la comedia de capa y espada, no permite el desenlace trágico. Antes de cruzar las hojas, Laurencio pide a Liseo la causa. La conversación que sigue es una de las más reveladoras de la pieza: los dos galanes se confiesan económicamente —Laurencio quiere a Finea por los cuarenta mil ducados, Liseo prefiere a Nise por su discreción— y formalizan, ante el público, el intercambio cuadrado que el espectador venía sospechando desde el Acto I. Octavio, que llega a tiempo, evita el duelo y se lleva a los dos al jardín como amigos. El cierre cierra con la entrada de Nise, que advierte a Finea su transformación: te voy desconociendo. La 2.5 es, leída con atención, la escena de la verdad económica de la pieza: aquí los hombres dicen, sin disfraz, lo que el matrimonio del XVII castellano negociaba en clave dotal.

LAURENCIO.Antes, Liseo, de sacar la espada, quiero saber la causa que os obliga. LISEO.Pues bien será que la razón os diga. LAURENCIO.Liseo, si son celos de Finea, mientras no sé que vuestra esposa sea, bien puedo pretender, pues fui primero. LISEO.Disimuláis, a fe de caballero, pues tan lejos lleváis el pensamiento de amar una mujer tan inorante. LAURENCIO.Antes, de que la quiera no os espante; que soy tan pobre como bien nacido, y quiero sustentarme con el dote. Y que lo diga ansí no os alborote, pues que vos, dilatando el casamiento, habéis dado más fuerzas a mi intento, y porque cuando llegan, obligadas, a desnudarse en campo las espadas, se han de tratar verdades llanamente; que es hombre vil quien en el campo miente. LISEO.¿Luego, no queréis bien a Nise? LAURENCIO.A Nise yo no puedo negar que no la quise; mas su dote serán diez mil ducados, y de cuarenta a diez, ya veis, van treinta, y pasé de los diez a los cuarenta. LISEO.Siendo eso ansí, como de vos lo creo, estad seguro que jamás Liseo os quite la esperanza de Finea; que aunque no es la ventura de la fea, será de la ignorante la ventura; que así Dios me la dé que no la quiero, pues desde que la vi, por Nise muero. LAURENCIO.¿Por Nise? LISEO.¡Sí, por Dios! LAURENCIO.Pues vuestra es Nise, y con la antigüedad que yo la quise, yo os doy sus esperanzas y favores; mis deseos os doy y mis amores, mis ansias, mis serenos, mis desvelos, mis versos, mis sospechas y mis celos. Entrad con esta runfla y dalde pique, que no hará mucho en que de vos se pique. LISEO.Aunque con cartas tripuladas juegue, aceto la merced, señor Laurencio; que yo soy rico y compraré mi gusto. Nise es discreta, yo no quiero el oro; hacienda tengo, su belleza adoro. LAURENCIO.Hacéis muy bien; que yo, que soy tan pobre, el oro solicito que me sobre; que aunque de entendimiento lo es Finea, yo quiero que en mi casa alhaja sea. ¿No están las escrituras de una renta en un cajón de un escritorio, y rinden aquello que se come todo el año? ¿No está una casa principal tan firme, como de piedra, al fin, yeso y ladrillo, y renta mil ducados a su dueño? Pues yo haré cuenta que es Finea una casa, una escritura, un censo y una viña, y serame una renta con basquiña; demás que, si me quiere a mí, me basta; que no hay mayor ingenio que ser casta. LISEO.Yo os doy palabra de ayudaros tanto, que venga a ser tan vuestra como creo. LAURENCIO.Y yo con Nise haré, por Dios, Liseo, lo que veréis. LISEO.Pues démonos las manos de amigos, no fingidos cortesanos, sino como si fuéramos de Grecia, adonde tanto el amistad se precia. LAURENCIO.Yo seré vuestro Pílades. LISEO.Yo, Orestes. OTAVIO.¿Son éstos? TURÍN.Ellos son. OTAVIO.¿Y esto es pendencia? TURÍN.Conocieron de lejos tu presencia... OTAVIO.¡Caballeros! LISEO.Señor, seáis bien venido. OTAVIO.¿Qué hacéis aquí? LISEO.Como Laurencio ha sido tan grande amigo mío, desde el día que vine a vuestra casa, o a la mía, venímonos a ver el campo solos, tratando nuestras cosas igualmente. OTAVIO.Desa amistad me huelgo estrañamente. Aquí vine a un jardín de un grande amigo, y me holgaré de que volváis conmigo. LISEO.Será para los dos merced notable. LAURENCIO.Vamos acompañaros y serviros. OTAVIO.(Turín, ¿por qué razón me has engañado? TURÍN.Porque deben de haber disimulado, y porque, en fin, las más de las pendencias mueren por madurar; que a no ser esto, no hubiera mundo ya. OTAVIO.Pues, di, ¿tan presto se pudo remediar? TURÍN.¿Qué más remedio de no reñir que estar la vida en medio?) NISE.De suerte te has engreído, que te voy desconociendo.
EXT-3

Pílades y Orestes: la amistad heroica como ironía dramática

La invocación de Pílades y Orestes en los versos 1646-1647 merece atención porque es uno de los momentos en que la pieza permite oír cómo el Siglo de Oro español se apropia de la cultura clásica para sus operaciones cotidianas. La pareja Pílades-Orestes es paradigma de la amicitia antigua, codificado por Eurípides en Orestes (408 a.C.) y por Cicerón en De amicitia. Los dos amigos —primos, además, según la genealogía mítica— son el modelo del alter ipse (otro yo): Pílades acompaña a Orestes en el matricidio, lo escolta en el exilio, lo asiste en la guerra contra el rey de Táuride, y declara repetidamente su disposición a morir por él. La amistad heroica clásica supone reciprocidad absoluta de sustitución: el amigo es uno mismo en otro cuerpo.

La cultura humanista del XVI-XVII recibió la pareja con entusiasmo. Erasmo, en sus Adagia (Venecia, 1508 y ediciones siguientes), recoge entre las primeras entradas la fórmula Amicus alter ipse (Adagia I.i.2, bajo el lema Amicitia aequalitas), glosando la tradición ciceroniana. Las academias italianas y los colegios jesuitas la enseñaban como modelo moral. La pareja era cultura común del letrado del XVII castellano y nombrarla en escena no requería explicación.

Lo decisivo en la 2.5 es la ironía dramática. Liseo y Laurencio, recién salidos de un casi duelo, han hecho un trato económico que se cifra en la dote diferenciada (10.000 vs 40.000 ducados); cada uno ha cedido al otro la dama que no le interesaba en lo económico. Que después se proclamen Pílades y Orestes es maniobra retórica perfecta: el cubrimiento clásico oculta la operación comercial. La amistad heroica, en su sentido antiguo, exige sustitución desinteresada del amigo; aquí los amigos se han sustituido las damas por interés. La cita culta no contradice la operación —Lope no es Cervantes, no se burla del clasicismo en sí—, pero sí permite al espectador letrado oír el desajuste entre el rango heroico de la cita y el contenido económico del intercambio.

Marc Vitse, en su teoría general del teatro áureo, ha sostenido que las citas clásicas en la Comedia operan siempre en relación oblicua con la situación dramática que las acoge — comentándola, ironizándola o desplazándola.vitse_pilades La proclamación Pílades y Orestes del v. 1646-1647 es uno de los ejemplos más finos de esa técnica.

EXT-2

La mujer-propiedad: aritmética del matrimonio dotal en el XVII castellano

Los versos 1622-1634 de Laurencio merecen atención sostenida porque son el enunciado más franco de la economía matrimonial del XVII castellano que ofrece la pieza. Laurencio equipara explícitamente a Finea con cuatro tipos de propiedad rentista: casa, escritura, censo, viña. Cada una de ellas es vehículo de renta nobiliaria del XVII; la mujer dotada es vehículo equivalente. La equiparación no es metáfora aislada; es la lógica que el sistema dotal castellano efectivamente operaba.

El sistema dotal del XVII tenía tres componentes. Primero, la dote propia: bienes muebles e inmuebles que la familia de la novia entregaba al novio en el momento del matrimonio, registrados en escritura dotal ante notario. Segundo, las arras: aporte del novio (hasta el 10% de su patrimonio según la Ley de Toro de 1505) que garantizaba a la novia en caso de viudez. Tercero, el gananciales: bienes adquiridos por la pareja durante el matrimonio, divididos por mitades. El sistema producía, en la nobleza media, un movimiento masivo de capital: las dotes castellanas del XVII oscilaron entre 5.000 y 100.000 ducados según el rango de las familias. Los 40.000 ducados de Finea la situaban en el rango alto de la nobleza media madrileña.dote_sistema

El contexto monetario importa. Earl J. Hamilton, en American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650 (1934), documentó la subida sostenida de los precios castellanos por efecto de la entrada de metales americanos, fenómeno que distorsionó las economías rentistas y, por contagio, el sistema dotal. Cuando los precios suben sin que las propiedades inmobiliarias produzcan más renta, las cifras dotales tienden a inflarse para mantener el poder adquisitivo. La consecuencia fue social: las hijas de las familias hidalgas medias se volvieron valores escasos en el mercado matrimonial, y los galanes pobres pero bien nacidos —como Laurencio— se especializaron en cazarlas. La pieza dramatiza, sin formularlo, este mercado.hamilton_dotes

La fórmula de Laurencio «no hay mayor ingenio que ser casta» (v. 1635) cierra la operación. La castidad de la esposa es la garantía de la propiedad sexual del marido, sin la cual la dote no produce los hijos legítimos que heredarán los bienes. La castidad funciona, en la economía moral del XVII, como seguro de propiedad: protege la inversión dotal de la dilución hereditaria. Que el ingenio de la dama se reduzca a la castidad es, leído con atención, la lógica perfecta del sistema dotal: la mujer-propiedad necesita la cualidad que preserva su valor como propiedad.

Edward H. Friedman, en su lectura sobre la construcción de la comedia, ha leído estos versos como el contrapeso oscuro del ingenio platónico de Laurencio en 1.6: la aritmética rentista del cazador de dotes asoma debajo del barniz neoplatónico.friedman_dote La pieza no oculta la doblez; la deja oír sin pantalla.

Una conexión transmedia ilumina la operación. En Pride and Prejudice de Jane Austen (1813), el primer capítulo abre con la frase célebre: «It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife». La estructura es la misma: el hombre rico necesita una mujer; la mujer es objeto que se elige por compatibilidad de fortuna. Austen ironiza la fórmula con su cinismo aristocrático; Lope, dos siglos antes, la deja decir sin ironía explícita por el galán cazador. Las dos novelas/comedias dramatizan la economía moral del matrimonio europeo del XVII-XIX, y la dramatizan con humor que no oculta la verdad. La diferencia es que Lope coloca el cinismo en boca del héroe, Austen en boca del narrador. La pieza castellana es más franca; la novela inglesa, más irónica. Las dos llegan a conclusiones equivalentes.

EXT-1

El duelo no consumado: la convención cómica del XVII

La escena del duelo no consumado entre Liseo y Laurencio es típica del teatro lopesco. El género del drama de honor (Lope, El castigo sin venganza; Calderón, El médico de su honra) exigía la sangre; el género de la comedia de capa y espada la evitaba mediante mediación. La dama boba, comedia, sigue la segunda convención.

La operación tiene precedente jurídico real. Las pragmáticas de Felipe III contra los duelos (1604, 1611) habían intentado prohibir la práctica, sin éxito completo. Pero la jurisprudencia castellana del XVII reconocía la mediación como gesto que rebajaba la pena por desafío: si dos hombres iban a duelo y un tercero los reconciliaba, el desafío quedaba en suspenso. Octavio cumple aquí esa función jurídica.

La sentencia de Turín («las más de las pendencias mueren por madurar») es testimonio del XVII pacífico que coexistía con la cultura del honor. La cultura oficial exigía sangre; la cultura coloquial sabía que la mayoría de los duelos se posponían y se olvidaban. Lope dramatiza la cultura coloquial, no la oficial. El barroco español es, también, esto: bajo el código del honor, la sabiduría práctica del retraso.ext1_duelos

Aparato textual (8 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
1581-1582 (apertura)«*Antes, Liseo, de sacar la espada, / quiero saber la causa que os obliga*» O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1597-1600 (aritmética dotal)«*mas su dote serán diez mil ducados, / y de cuarenta a diez, ya veis, van treinta, / y pasé de los diez a los cuarenta*» O M L P (idéntico) — verso clave de la economía moral de la pieza(igual)(igual)(igual)
1604 «*ventura de la fea*»O M L P (idéntico)(igual) — refrán proverbial atestiguado en Correas (1627)(igual)(igual)
1614-1615 (léxico de naipes)«*Entrad con esta runfla y dalde pique*» O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1635 «*no hay mayor ingenio que ser casta*»O M L P (idéntico) — fórmula cínica del cazador de dote(igual)(igual)(igual)
1646-1647 «*Yo seré vuestro Pílades. — Yo, Orestes*»O M L P (idéntico) — invocación humanista de la *amicitia*(igual)(igual)(igual)
1660-1666 (sentencia de Turín)«*las más de las pendencias / mueren por madurar; que a no ser esto, / no hubiera mundo ya*» O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1666-1667 (entrada de Nise)«*De suerte te has engreído, / que te voy desconociendo*» O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
  1. Sobre el sistema dotal castellano y la economía nobiliaria del XVII, Bartolomé Clavero, Mayorazgo: propiedad feudal en Castilla, 1369-1836 (Madrid: Siglo XXI, 1974); sobre la revolución de los precios y el contexto monetario de la inflación dotal del XVI-XVII, Earl J. Hamilton, American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650 (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1934).
  2. Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), ed. Louis Combet (Bordeaux: Institut d'Études Ibériques et Ibéro-américaines de l'Université, 1967), s.v. «ventura»; Eleanor S. O'Kane, Refranes y frases proverbiales españolas de la Edad Media (Madrid: Anejos del Boletín de la Real Academia Española, 1959).
  3. Sobre el léxico del juego de naipes en la literatura áurea y su uso metafórico, Jean-Pierre Étienvre, Márgenes literarios del juego: una poética del naipe (siglos XVI-XVIII), Monografías A 142 (London: Tamesis, 1991).
  4. Para la pareja Pílades-Orestes en la cultura humanista castellana, María Rosa Lida de Malkiel, La tradición clásica en España (Barcelona: Ariel, 1975); para el adagio erasmiano Amicus alter ipse y la pedagogía humanista, Marcel Bataillon, Erasmo y España: estudios sobre la historia espiritual del siglo XVI, trad. Antonio Alatorre, 2.ª ed. corregida (México: Fondo de Cultura Económica, 1966).
  5. Marc Vitse, Éléments pour une théorie du théâtre espagnol du XVIIe siècle, 2.ª ed. (Toulouse: Presses Universitaires du Mirail / France-Ibérie Recherche, 1990); para la cita clásica en la literatura áurea, María Rosa Lida de Malkiel, La tradición clásica en España (Barcelona: Ariel, 1975).
  6. Para la Ley de Toro (1505), las arras y el régimen patrimonial del mayorazgo castellano, Bartolomé Clavero, Mayorazgo: propiedad feudal en Castilla, 1369-1836 (Madrid: Siglo XXI, 1974); para el sistema dotal en su dimensión social y económica del Antiguo Régimen, María Luz González Mezquita, «Poder económico y prestigio social a fines del siglo XVII. Una indagación sobre las dotes de las nobles castellanas», Vegueta: Anuario de la Facultad de Geografía e Historia 5 (2000). hamiltondotes: Para el contexto monetario de la revolución de los precios y la entrada de plata americana, Earl J. Hamilton, American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650 (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1934); para el Madrid ceremonial de Felipe III, María José del Río Barredo, Madrid, urbs regia: la capital ceremonial de la monarquía católica (Madrid: Marcial Pons, 2000). friedmandote: Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617.
  7. Para la cuestión del honor y la venganza en la Comedia áurea, Melveena McKendrick, «Honour/Vengeance in the Spanish Comedia: A Case of Mimetic Transference?», Modern Language Review 79, n.º 2 (1984): 313-335; para el marco general del valimiento de Felipe III y las pragmáticas reales contra los duelos, Antonio Feros, El duque de Lerma. Realeza y privanza en la España de Felipe III (Madrid: Marcial Pons, 2002).

Nota de cierre

Liseo sale confundido. La fase intermedia de Finea le hace dudar: ¿debe insistir en romper el compromiso o esperar a ver qué pasa? La duda quedará abierta hasta el Acto III, cuando Finea, ya plenamente discreta, lo hará volver a quererla. Esta escena es el primer signo de que la mujer está cambiando.

ACTO II · ESCENA 6

2.6 El desabrazo: Finea pide a Laurencio que le quite los ojos

Casa de Octavio

redondillasabbavv. 1670–1787bisagra con 2.5)vv. 1668–1669

La escena más cómica del Acto II, y una de las más filosóficamente densas de toda la pieza. Finea ha aprendido la doctrina de los espíritus visivos que Laurencio le enseñó en la escena 1.9. Y la ha aprendido al pie de la letra. Por eso, cuando Nise le advierte que Laurencio está prometido a otra y que ella no debe pensar en él, Finea decide deshacer materialmente lo que el galán había hecho: pide que le quite los ojos del cuerpo (con un pañuelo), que le retire el alma que le pasó al pecho, y que le desabrace (deshacer un abrazo previo). La doctrina neoplatónica es tomada por Finea como ciencia operativa, y la escena se convierte en teatro físico cómico.

La escena pide lectura cuidadosa: debajo del gag está la lección epistemológica más radical de la pieza. Si la doctrina es real, sus efectos son reversibles; y si los efectos son reversibles, la materialidad del amor es comprobable. Finea, por instinto, conduce un experimento empirista sobre la teoría platónica.

FINEA.De que eso digas, me ofendo. Yo soy la que siempre he sido. NISE.Yo te vi menos discreta. FINEA.Y yo más segura a ti. NISE.¿Quién te va trocando ansí? ¿Quién te da lición secreta? Otra memoria es la tuya. ¿Tomaste la anacardina? FINEA.Ni de Ana, ni Catalina, he tomado lición suya. Aquello que ser solía soy; porque sólo he mudado un poco de más cuidado. NISE.¿No sabes que es prenda mía Laurencio? FINEA.¿Quién te empeñó a Laurencio? NISE.Amor. FINEA.¿A fe? Pues yo le desempeñé, y el mismo Amor me le dio. NISE.¡Quitarete dos mil vidas, boba dichosa! FINEA.No creas que si a Laurencio deseas, de Laurencio te dividas. En mi vida supe más de lo que él me ha dicho a mí; eso sé y eso aprendí. NISE.Muy aprovechada estás; mas de hoy más no ha de pasarte por el pensamiento. FINEA.¿Quién? NISE.Laurencio. FINEA.Dices muy bien. No volverás a quejarte. NISE.Si los ojos puso en ti, quítelos luego. FINEA.Que sea como tú quieres. NISE.Finea, déjame a Laurencio a mí. Marido tienes. FINEA.Yo creo que no riñamos las dos. NISE.Quédate con Dios. FINEA.Adiós. ¡En qué confusión me veo! ¿Hay mujer más desdichada? Todos dan en perseguirme... LAURENCIO.(Detente en un punto firme, Fortuna veloz y airada, que ya parece que quieres ayudar mi pretensión. ¡Oh, qué gallarda ocasión!) ¿Eres tú, mi bien? FINEA.No esperes, Laurencio, verme jamás. Todos me riñen por ti. LAURENCIO.Pues ¿qué te han dicho de mí? FINEA.Eso agora lo sabrás. ¿Dónde está mi pensamiento? LAURENCIO.¿Tu pensamiento? FINEA.Sí. LAURENCIO.En ti; porque si estuviera en mí, yo estuviera más contento. FINEA.¿Vesle tú? LAURENCIO.Yo no, jamás. FINEA.Mi hermana me dijo aquí que no has de pasarme a mí por el pensamiento más; por eso allá te desvía, y no me pases por él. LAURENCIO.Piensa que yo estoy en él, y echarme fuera querría. FINEA.Tras esto dice que en mí pusiste los ojos. LAURENCIO.Dice verdad; no lo contradice el alma que vive en ti. FINEA.Pues tú me has de quitar luego los ojos que me pusiste. LAURENCIO.¿Cómo, si en Amor consiste? FINEA.Que me los quites te ruego, con ese lienzo, de aquí, si yo los tengo en mis ojos. LAURENCIO.No más; cesen los enojos. FINEA.¿No están en mis ojos? LAURENCIO.Sí. FINEA.Pues limpia y quita los tuyos, que no han de estar en los míos. LAURENCIO.¡Qué graciosos desvaríos! FINEA.Ponlos a Nise en los suyos. LAURENCIO.Ya te limpio con el lienzo. FINEA.¿Quitástelos? LAURENCIO.¿No lo ves? FINEA.Laurencio, no se los des, que a sentir penas comienzo. Pues más hay: que el padre mío bravamente se ha enojado del abrazo que me has dado. LAURENCIO.(¿Mas que hay otro desvarío?) FINEA.También me le has de quitar; no ha de reñirme por esto. LAURENCIO.¿Cómo ha de ser? FINEA.Siendo presto. ¿No sabes desabrazar? LAURENCIO.El brazo derecho alcé, tienes razón, ya me acuerdo, y agora alzaré el izquierdo y el abrazo desharé. FINEA.¿Estoy ya desabrazada? LAURENCIO.¿No lo ves? NISE.¡Y yo también! FINEA.Huélgome, Nise, tan bien; que ya no me dirás nada. Ya Laurencio no me pasa por el pensamiento a mí; ya los ojos le volví, pues que contigo se casa. En el lienzo los llevó; y ya me ha desabrazado. LAURENCIO.Tú sabrás lo que ha pasado con harta risa. NISE.Aquí no. Vamos los dos al jardín, que tengo bien que riñamos. LAURENCIO.Donde tú quisieres, vamos. FINEA.Ella se le lleva en fin. ¿Qué es esto, que me da pena de que se vaya con él? Estoy por irme tras él... ¿Qué es esto que me enajena de mi propia libertad? No me hallo sin Laurencio... Mi padre es éste; silencio. Callad, lengua; ojos, hablad. OTAVIO.¿Adónde está tu esposo? FINEA.Yo pensaba que lo primero, en viéndome, que hicieras fuera saber de mí si te obedezco.
EXT-1

La identidad personal a través del cambio: Finea anticipa a Locke

El verso 1678-1680 («Aquello que ser solía / soy; porque sólo he mudado / un poco de más cuidado») es, en su sencillez coloquial, una de las formulaciones más exactas del problema de la identidad personal a través del cambio que la filosofía moderna conocerá. Finea afirma simultáneamente: (1) sigo siendo lo que era (continuidad numérica del sujeto); (2) he cambiado (alteración cualitativa). La pareja continuidad/cambio es la materia de la identidad personal tal como Locke la formulará al cabo del siglo en el Essay concerning Human Understanding (1690; capítulo II.xxvii «Of Identity and Diversity» añadido en la 2.ª edición de 1694).

Lope, sin pretender filosofía, dramatiza la pregunta. Y la respuesta que Finea da es la respuesta lockeana implícita: la identidad consiste en la continuidad de la conciencia («aquello que ser solía soy») junto con la posibilidad de modificación («sólo he mudado un poco»). Lo que se ha alterado, en este caso, son los hábitos del cuidado; la sustancia permanece.

María Zambrano leyó este tipo de operación —el yo que se descubre cambiado— como característica de la razón poética: el yo, antes que objeto construido por el sujeto, es lo que el sujeto recibe en el sueño y en el amor.ext1_zambrano Finea ha recibido un cuidado nuevo y ese cuidado le ha modificado el ser sin alterar la continuidad. La fórmula coloquial dramatiza con humor lo que la filosofía formularía con dificultad.

EXT-2

El desabrazo: literalidad del lenguaje figurado y la commedia dell'arte

«Desabrazada» es palabra inventada por necesidad dramática. El verbo desabrazar no aparece en los diccionarios del XVII, ni en Covarrubias (1611) ni en Autoridades (1726-1739). La pieza la fabrica ad hoc, formando con el prefijo des- el inverso de abrazar. La operación es gramaticalmente posible, semánticamente absurda, y dramatúrgicamente brillante.

La doctrina que se subyace es ficiniana: si los espíritus visivos cargados de amor entran al cuerpo del amado, deberían poder salir. Finea aplica la lógica con seriedad. Pide a Laurencio que le quite los ojos con un pañuelo (literalizando la mirada como acto físico), que le devuelva el alma que le pasó al pecho (literalizando la trasmigración ficiniana), y que la desabrace (literalizando el abrazo como marca corporal). El gag es absurdo, sí, pero su absurdo es exactamente la consecuencia lógica de la doctrina enseñada en 1.9.

Vale compararlo con la commedia dell'arte italiana, contemporánea de Lope. Las máscaras de la commedia (Pulcinella, Arlecchino, Colombina) practicaban con frecuencia la literalidad del lenguaje figurado: ordenaban literalmente lo que se decía metafóricamente. Lope conocía la convención —los scenari italianos circulaban en la Península y dejaron huella en su producción cómica, según ha estudiado Fausta Antonucci— y la aplica aquí con genialidad. La diferencia respecto de la commedia: en La dama boba, la literalidad tiene fundamento doctrinal. Finea hace lo que haría Arlecchino si Arlecchino hubiera leído a Ficino.

Friedman ha leído esta escena como uno de los momentos donde la pieza articula su densidad cómico-filosófica con mayor agudeza: la doctrina más alta del Renacimiento florentino convive con el gag físico del corral en una sola redondilla.ext2_friedman

EXT-3

Sancho Panza y Finea: la literalidad como recurso cómico-filosófico

Don Quijote se había publicado ocho años antes (primera parte, 1605) y Lope lo conocía. La figura de Sancho Panza —el escudero que toma literalmente las metáforas de su señor— era el modelo más cercano de comicidad por literalidad. Cuando Sancho cree que los rebaños son ejércitos porque don Quijote dice «ejército de Pentapolín», o cuando confunde gigantes con molinos, está haciendo lo que Finea hace aquí con los espíritus visivos.

La diferencia entre Sancho y Finea: Sancho toma al pie de la letra lo que su señor dice erróneamente (don Quijote ve gigantes donde no hay); Finea toma al pie de la letra lo que Laurencio dice correctamente (la doctrina ficiniana es real en su contexto teórico). El escudero descubre, con su literalidad, la falsedad del lenguaje figurado; la dama, con la suya, descubre la verdad operativa de la metáfora. Donde Sancho corrige a su amo, Finea aplica al suyo.

La escena pone en juego, así, una variante cómica del problema cervantino. Si los signos refieren a algo real (como dice la doctrina platónica), entonces la lógica empirista de Finea es válida. Si los signos son convencionales (como sugiere el chiste de Sancho), entonces la lógica empirista es absurda. La pieza no resuelve la disyuntiva, pero la representa. Y Finea, al final, gana: su empirismo radical se convertirá en astucia (el «sabré fingirme boba» del v. 2486).ext3_quijote

Aparato textual (7 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
1677 «*anacardina*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1680-1682 «*Aquello que ser solía / soy; porque sólo he mudado / un poco de más cuidado*»O M L P (idéntico) — formulación coloquial de la identidad personal a través del cambio(igual)(igual)(igual)
1686 «*desempeñé*»O M L P (idéntico) — léxico económico aplicado al galán(igual)(igual)(igual)
1736-1741 (limpieza de los ojos)O M L P (idéntico) — gag de la literalidad de los espíritus visivos(igual)(igual)(igual)
1759-1763 (desabrazo)«*¿No sabes desabrazar? […] el abrazo desharé*» O M L P (idéntico) — neologismo lopesco *desabrazar*(igual)(igual)(igual)
1764 «*¿Estoy ya desabrazada?*»O M L P (idéntico) — anclaje de Ilustración 8(igual)(igual)(igual)
1779-1785 (soliloquio del enajenamiento)«*¿Qué es esto que me enajena / de mi propia libertad? / No me hallo sin Laurencio*» O M L P (idéntico) — primer momento de conciencia del amor en Finea(igual)(igual)(igual)
  1. Robert ter Horst, «The True Mind of Marriage: Ironies of the Intellect in Lope's La dama boba», Romanistisches Jahrbuch 27 (1976): 347-363.
  2. María Zambrano, El sueño creador. Los sueños, el soñar y la creación por la palabra (Xalapa: Universidad Veracruzana, 1965).
  3. Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617.
  4. Para la tradición crítica sobre la literalidad cómica de Sancho Panza, Anthony J. Close, The Romantic Approach to Don Quixote: A Critical History of the Romantic Tradition in Quixote Criticism (Cambridge: Cambridge University Press, 1978); para la teoría cervantina del relato, Edward C. Riley, Cervantes's Theory of the Novel (Oxford: Clarendon Press, 1962).

Nota de cierre

El desabrazo termina con el galán confundido y la dama satisfecha. La escena cómica ha dramatizado, por primera vez, una aplicación consciente de lo aprendido. La pedagogía amorosa está dando frutos: Finea entiende la doctrina lo bastante para tratar de invertirla. En el Acto III la entenderá un grado más, hasta el punto de poder fingir que no la entiende; y ese segundo grado de entendimiento será ya sabiduría.

ACTO II · ESCENA 7

2.7 El nombre de lo que arde

Jardín o prado contiguo a la casa de Otavio

endecasílabos sueltos con pareadosvv. 1791–1824introspección lírica y diálogo amorosoredondillasabbavv. 1825–1860introspección lírica y diálogo amorosobisagra con 2.6)vv. 1788–1790introspección lírica y diálogo amoroso

Conviven en esta escena dos movimientos que merecen distinguirse antes de entrar en el texto. Por un lado, Finea adquiere una palabra: «celos». Por otro, demuestra —en el mismo momento en que la adquiere— que ya sabía lo que esa palabra nombra. Ese es el truco dramático, y es el eje conceptual del segundo acto: la boba no aprende los sentimientos, los tiene; aprende a nombrarlos, que es otra cosa. Y nombrarlos no la cura.

La escena arranca en continuidad con la anterior: Laurencio se ha ido con Nise («ella se le lleva en fin»), y ese espectáculo ya arde en Finea antes de que Otavio interrumpa su soledad. El diálogo con el padre opera como espejo: Otavio cree que está educando a su hija; lo que hace es proporcionarle el vocabulario que necesita para articular lo que siente. La ironía de que sea el padre —y no Laurencio, ni Nise, ni ningún personaje del mundo amoroso— quien le enseñe la palabra «celos» es detalle cuidado: el amor entra en Finea por la vía menos probable, la del deber filial.

La segunda mitad pertenece a Finea sola y luego en pareja con Laurencio. Las redondillas (vv. 1825-1860) tienen una textura distinta a los endecasílabos que las preceden: son más rápidas, más íntimas, más expuestas. Finea, sola, habla en el metro que en la comedia lopesca se asigna al interior afectivo; cuando Laurencio entra, el diálogo en redondillas se convierte en un intercambio de acertijos sobre el remedio del amor, donde cada respuesta es una declaración cifrada y una trampa.

La escena es pivote porque cristaliza la transformación que se anunciaba desde el primer acto. Cuando Finea dice «yo estoy celosa de ti; / que ya sé lo que son celos» (vv. 1848-1849), la comedia da un giro irreversible: la boba ha nombrado su deseo. Lo que venga después —el disfraz, el ingenio, la conquista— estaba ya latente en este momento.

OTAVIO.Pues eso, ¿a qué propósito? FINEA.¿Enojado, no me dijiste aquí que era mal hecho abrazar a Laurencio? ¿Pues agora que me desabrazase le he rogado, y el abrazo pasado me ha quitado. OTAVIO.¿Hay cosa semejante? Pues di, bestia, ¿otra vez le abrazabas? FINEA.Que no es eso; fue la primera vez alzado el brazo derecho de Laurencio, aquel abrazo, y agora levantó, que bien me acuerdo, porque fuese al revés, el brazo izquierdo. Luego desabrazada estoy agora. OTAVIO.(Cuando pienso que sabe, más ignora; ello es querer hacer lo que no quiso Naturaleza.) FINEA.Diga, señor padre, ¿cómo llaman aquello que se siente cuando se va con otro lo que se ama? OTAVIO.Ese agravio de amor, "celos" se llama. FINEA.¿Celos? OTAVIO.¿Pues no lo ves que son sus hijos? FINEA.El padre puede dar mil regocijos y es muy hombre de bien, mas desdichado en que tan malos hijos ha crïado. OTAVIO.(Luz va tiniendo ya. Pienso y bien pienso que si Amor la enseñase, aprendería.) FINEA.¿Con qué se quita el mal de celosía? OTAVIO.Con desenamorarse, si hay agravio, que es el remedio más prudente y sabio; que mientras hay amor ha de haber celos, pensión que dieron a este bien los cielos. ¿Adónde Nise está? FINEA.Junto a la fuente, con Laurencio se fue. OTAVIO.¡Cansada cosa! Aprenda noramala a hablar su prosa, déjese de sonetos y canciones; allá voy, a romperles las razones. FINEA.¿Por quién, en el mundo, pasa esto que pasa por mí? ¿Qué vi denantes, qué vi, que así me enciende y me abrasa? Celos dice el padre mío que son. ¡Brava enfermedad! LAURENCIO.(Huyendo su autoridad, de enojarle me desvío; aunque, en parte, le agradezco que estorbase los enojos de Nise. Aquí están los ojos a cuyos rayos me ofrezco.) ¿Señora? FINEA.Estoy por no hablarte. ¿Cómo te fuiste con Nise? LAURENCIO.No me fui porque yo quise. FINEA.Pues ¿por qué? LAURENCIO.Por no enojarte. FINEA.Pésame si no te veo, y en viéndote, ya querría que te fueses, y a porfía anda el temor y el deseo. Yo estoy celosa de ti; que ya sé lo que son celos; que su duro nombre -¡ay cielos!- me dijo mi padre aquí; mas también me dio el remedio. LAURENCIO.¿Cuál es? FINEA.Desenamorarme; porque podré sosegarme quitando el amor de en medio. LAURENCIO.Pues eso, ¿cómo ha de ser? FINEA.El que me puso el amor me le quitará mejor. LAURENCIO.Un remedio suele haber. FINEA.¿Cuál? LAURENCIO.Los que vienen aquí al remedio ayudarán. PEDRO.Finea y Laurencio están juntos. FENISO.Y él fuera de sí.
EXT-2

El «desabrazar»: actos naturales y actos convencionales

La escena del desabrazar (vv. 1796-1802) muestra la epistemología de Finea en pleno funcionamiento. La orden de Otavio había sido clara: no abrazar a Laurencio. Finea la obedece con un procedimiento aritmético: si el abrazo inicial fue el brazo derecho de Laurencio sobre su cuerpo, un abrazo del brazo izquierdo en dirección contraria produce suma cero, y Finea queda desabrazada. La lógica es irreprochable dentro de su propio sistema —el de la física de los cuerpos—, y falla en la frontera porque la orden de Otavio operaba sobre el valor simbólico, donde la mecánica del gesto no alcanza: el abrazo es transgresión de honor, y las transgresiones de honor no se neutralizan con gestos opuestos.

Hay aquí un problema filosófico que la comedia no nombra pero que está latente: la diferencia entre actos naturales y actos convencionales. En la terminología que Hobbes sistematizaría décadas después (Leviathan, 1651), los gestos de honor pertenecen al orden de los signos convencionales, fuera del registro natural: su significado lo asigna el contrato social, no la física. La distinción había sido formulada antes en términos escolásticos por Suárez (De legibus, 1612, contemporáneo de La dama boba) como lex naturalis vs. lex positiva: la primera obliga por la propia esencia de la cosa, la segunda por convención social. Finea no ha firmado el contrato porque nunca tuvo acceso a él. Su interpretación del abrazo como fenómeno físico neutralizable es, en términos filosóficos, perfectamente coherente —solo que habita un mundo diferente al de Otavio.

Pedraza Jiménez ha insistido en que la boba de Lope es boba ante el código, no ante el mundo.pedraza_boba Esta escena lo confirma: Finea acierta en la lógica y se pierde en el meta-lenguaje que determina qué cuenta como lógica en el universo del honor. La pregunta que deja abierta es qué pasaría si el mundo del honor tuviera que justificarse ante la lógica de Finea, y no al revés. La pieza no la formula en esos términos; pero la pone en escena cada vez que Finea «obedece».

Una conexión transmedia ilumina la operación. En Through the Looking-Glass de Lewis Carroll (1871), Humpty Dumpty discute con Alicia sobre el significado de las palabras: «When I use a word, it means just what I choose it to mean — neither more nor less». La operación es la misma que la de Finea: aplicar a las palabras (o a los gestos, en La dama boba) una lógica privada que no respeta la convención compartida. Carroll ironiza el solipsismo lingüístico, Lope dramatiza el solipsismo gestual; las dos piezas dramatizan que el sentido es propiedad de la comunidad, no del individuo. La diferencia es que Humpty Dumpty quiere desafiar la convención, mientras Finea simplemente no la conoce.carroll

EXT-3

La familia alegórica: Amor, Celos y el petrarquismo puesto patas arriba

Cuando Finea reformula la definición de celos que le da Otavio —«el padre puede dar mil regocijos […] mas desdichado / en que tan malos hijos ha criado» (vv. 1810-1812)— toma al pie de la letra una metáfora que la tradición lírica había convertido en convención gastada. La genealogía alegórica de los Celos como prole amarga del Amor circulaba ya en la lírica italiana y se aclimató en la castellana del XVI-XVII como tópico de los celos como compañía inevitable del enamoramiento. La cultura emblemática y mitográfica del Renacimiento (la Iconologia de Cesare Ripa, 1593, recoge la Gelosia como personificación visual; Cervantes hablará de los celos como fantasmas y serpientes en distintos pasajes) codifica la imagen.

Lo que hace Finea con ese tópico es trasladarlo al registro del drama familiar cotidiano. El padre Amor es bueno —hombre de bien, da regocijos—, pero sus hijos los Celos son malos. La metáfora se convierte en juicio moral con términos del mundo doméstico: la familia alegórica del petrarquismo se vuelve familia hidalga del XVII madrileño, con sus padres respetables y sus hijos descarriados. Finea no cita a Petrarca —no puede—, pero llega a la misma imagen por la vía de la analogía hogareña. El efecto es el de una parodia involuntaria del petrarquismo: Finea desmonta la grandilocuencia del tópico sin saber que lo desmonta, y lo que queda es una verdad más directa que la del modelo literario.petrarquismo_celos

Hay un paralelo que merece traerse. En el Polifemo de Góngora (1612-1613, escrito casi en simultaneidad con La dama boba), los celos también aparecen como entidad amenazante que desfigura al amante. En Góngora, la alegoría es elaborada y culta, con sintaxis culterana extrema; en Lope, Finea la convierte en un comentario de política familiar. Las dos obras dialogan sobre el mismo lugar común desde registros casi opuestos, y esa simultaneidad es parte de lo que hace al teatro lopesco difícil de clasificar: su concepto alto lleva ropas de bajo, y esas ropas son ya el tejido mismo de la obra, no un disfraz que se pueda quitar. La querella culteranismo/conceptismo del XVII, que enfrentaba a Lope con Góngora, encuentra aquí un episodio menor pero significativo: la boba dramatiza al culto.

EXT-1

El nombre del sentimiento: fenomenología de los celos

La frase «ya sé lo que son celos; / que su duro nombre […] me dijo mi padre aquí» (vv. 1841-1843) es una de las articulaciones más sutiles de la pieza sobre la relación entre sentimiento y lenguaje. Finea estructura la experiencia en tres tiempos: (1) sintió celos sin saberlo, (2) el padre le dio el nombre, (3) ahora sabe lo que sentía.

La doctrina implícita es fenomenológica: la experiencia precede al concepto, pero el concepto retrospectivamente identifica la experiencia. Husserl, en Ideen I (1913), formularía el problema como intencionalidad de la conciencia: la conciencia se dirige hacia algo (en este caso, los celos) antes de tener el concepto que lo nombre. Merleau-Ponty, en Phénoménologie de la perception (1945), profundizaría: el cuerpo siente antes que el espíritu nombra.

Finea anticipa, en redondilla castellana, esta intuición fenomenológica. Sus celos son antes de tener nombre. Solo cuando el padre le da la palabra, ella puede identificar lo que ya sentía. La pieza dramatiza así una pedagogía sentimental no doctrinal: no se aprende a sentir aprendiendo nombres; los nombres llegan después y articulan lo ya sentido.ext1_fenomenologia

Aparato textual (9 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
1791 partido«*Pues eso, ¿a qué propósito? — ¿Enojado*» OTAVIO/FINEA O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
1796 «*desabrazase*»O M L P (idéntico) — neologismo lopesco preservado(igual)(igual)(igual)
1808 «*Ese agravio de amor, «celos» se llama*»O M L P (idéntico) — definición canónica vinculada al código del honor(igual)(igual)(igual)
1810-1812 (familia alegórica)«*El padre puede dar mil regocijos / y es muy hombre de bien, mas desdichado / en que tan malos hijos ha crïado*» O M L P (idéntico) — parodia involuntaria del petrarquismo(igual)(igual)(igual)
1815 «*celosía*»O M L P (idéntico) — cruce paronomástico con *celosía* (enrejado)(igual)(igual)(igual; Patterson glosa el doble sentido)
1818-1820 (sentencia)«*pensión que dieron a este bien los cielos*» O M L P(igual)(igual)(igual; AB omite parcialmente, según aparato de Presotto)
1827 «*denantes*»O M (arcaísmo)(igual)López Martín glosa al pie como «*antes*»(igual)
1841-1845 (reconocimiento del celo)«*Yo estoy celosa de ti; / que ya sé lo que son celos*» O M L P (idéntico) — verso clave de la fenomenología del afecto(igual)(igual)(igual)
1846 «*desenamorarme*»O M L P (idéntico) — neologismo lopesco preservado(igual)(igual)(igual)
  1. Para el contexto de la creatividad léxica del Siglo de Oro en torno a Nebrija y los gramáticos áureos, Manuel Alvar, Nebrija y estudios sobre la Edad de Oro (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1997); específicamente sobre la pieza, Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 941-950.
  2. Para el contexto humanista de Hobbes y la convencionalidad lingüística que él teorizaría décadas después, Quentin Skinner, Reason and Rhetoric in the Philosophy of Hobbes (Cambridge: Cambridge University Press, 1996); sobre la lógica empirista de Finea como anticipación filosófica, James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255.
  3. Para la cuestión aristotélica de la phantasia, la deliberación y el afecto en la tragedia griega, Martha C. Nussbaum, The Fragility of Goodness: Luck and Ethics in Greek Tragedy and Philosophy (Cambridge: Cambridge University Press, 1986); para la pervivencia barroca de las cuestiones aristotélicas y su relectura moderna, Aurora Egido, El Barroco de los modernos: estudios sobre el Siglo de Oro, ed. Pedro M. Cátedra (Valladolid: Universidad de Valladolid / Junta de Castilla y León, Cátedra Miguel Delibes, 2009).
  4. Para el código del honor en el teatro áureo y la cuestión de los celos como agravio, Melveena McKendrick, «Honour/Vengeance in the Spanish Comedia: A Case of Mimetic Transference?», Modern Language Review 79, n.º 2 (1984): 313-335; para los temas líricos del Siglo de Oro, Aurora Egido, Fronteras de la poesía en el Barroco (Barcelona: Crítica, 1990).
  5. La pareja léxica celos / celosía (enrejado que permite ver sin ser visto) en el castellano del XVII opera por homofonía paronomástica documentada en Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española (Madrid, 1611), s.v. celos y celosía. Sobre la celosía como elemento arquitectónico y mobiliario del XVII y su carga simbólica, Carmen Bernis, El traje y los tipos sociales en El Quijote (Madrid: Ediciones El Viso, 2001).
  6. Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617.
  7. Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 941-950. carroll: Lewis Carroll, Through the Looking-Glass, ed. Hugh Haughton (London: Penguin Classics, 1998), capítulo VI; sobre la filosofía del lenguaje en Carroll, Peter Heath, The Philosopher's Alice (New York: St. Martin's Press, 1974).
  8. Para la lírica petrarquista del Siglo de Oro y sus tópicos, Aurora Egido, Fronteras de la poesía en el Barroco (Barcelona: Crítica, 1990); para los repertorios humanistas que servían de cantera de sentencias y lugares comunes (relevante para la difusión de la genealogía alegórica de Amor/Celos), Sagrario López Poza, «Florilegios, polyantheas, repertorios de sentencias y lugares comunes. Aproximación bibliográfica», Criticón 49 (1990): 61-76.
  9. Para la pervivencia barroca y moderna de las cuestiones fenomenológicas latentes, Aurora Egido, El Barroco de los modernos: estudios sobre el Siglo de Oro, ed. Pedro M. Cátedra (Valladolid: Universidad de Valladolid / Junta de Castilla y León, Cátedra Miguel Delibes, 2009); para la fenomenología del cuerpo sintiente, Maurice Merleau-Ponty, Phénoménologie de la perception (Paris: Gallimard, 1945).

Nota de cierre

Esta escena es el centro de gravedad del segundo acto. Todo lo que Finea ha sido hasta aquí —la boba de la cartilla, la que malinterpreta gestos y sonidos, la que no sabe leer— converge en el momento en que dice «yo estoy celosa de ti» y demuestra que sabe perfectamente qué significa. El nombre y el sentimiento llegan juntos, pero el sentimiento ya estaba antes del nombre. Esa precedencia la separa del resto de los personajes, que llegan a las palabras antes de tropezar con las cosas.

La pregunta que queda en el aire al cerrarse la escena no la formula nadie: si Finea ya siente como los discretos, ¿cuánto tardará en hablar como ellos? La entrada de Pedro, Duardo y Feniso interrumpe la respuesta, pero el tercer acto la tiene preparada.

ACTO II · ESCENA 8

2.8 Cierre del Acto II: la alianza Liseo-Laurencio

Casa de Otavio (interior)

redondillasabbavv. 1825–2032

Cierre del Acto II. Después del simulacro de duelo desactivado por Otavio en 2.4 y de la conversación cómplice de 2.7 («yo seré vuestro Pílades. — Yo, Orestes», vv. 1646-1647), Liseo y Laurencio quedan a solas y trazan el plan que vertebrará el Acto III: Liseo cortejará a Nise (la discreta) y Laurencio se quedará con Finea (con su dote de cuarenta mil ducados). La pieza cierra el segundo acto con una declaración de método: «burlar un discreto / es la vitoria más alta». Lo que en el Arte nuevo era preceptiva sobre la mezcla de lo cómico y lo serio, aquí se traduce en mecánica de comedia urbana: dos galanes acuerdan reorientar el cortejo para acomodar dote y discreción. La economía simbólica de la pieza queda enunciada sin pantalla.

esto que pasa por mí? ¿Qué vi denantes, qué vi, que así me enciende y me abrasa? Celos dice el padre mío que son. ¡Brava enfermedad! LAURENCIO.(Huyendo su autoridad, de enojarle me desvío; aunque, en parte, le agradezco que estorbase los enojos de Nise. Aquí están los ojos a cuyos rayos me ofrezco.) ¿Señora? FINEA.Estoy por no hablarte. ¿Cómo te fuiste con Nise? LAURENCIO.No me fui porque yo quise. FINEA.Pues ¿por qué? LAURENCIO.Por no enojarte. FINEA.Pésame si no te veo, y en viéndote, ya querría que te fueses, y a porfía anda el temor y el deseo. Yo estoy celosa de ti; que ya sé lo que son celos; que su duro nombre -¡ay cielos!- me dijo mi padre aquí; mas también me dio el remedio. LAURENCIO.¿Cuál es? FINEA.Desenamorarme; porque podré sosegarme quitando el amor de en medio. LAURENCIO.Pues eso, ¿cómo ha de ser? FINEA.El que me puso el amor me le quitará mejor. LAURENCIO.Un remedio suele haber. FINEA.¿Cuál? LAURENCIO.Los que vienen aquí al remedio ayudarán. PEDRO.Finea y Laurencio están juntos. FENISO.Y él fuera de sí. LAURENCIO.Seáis los tres bienvenidos a la ocasión más gallarda que se me pudo ofrecer; y pues de los dos el alma a sola Nise discreta inclina las esperanzas, oíd lo que con Finea para mi remedio pasa. DUARDO.En esta casa parece, según por los aires andas, que te ha dado hechizos Circe. Nunca sales desta casa. LAURENCIO.Yo voy con mi pensamiento haciendo una rica traza para hacer oro de alquimia. PEDRO.La salud y el tiempo gastas. Igual sería, señor, cansarte, pues todo cansa, de pretender imposibles. LAURENCIO.¡Calla, necio! PEDRO.El nombre basta para no callar jamás; que nunca los necios callan. LAURENCIO.Aguardadme mientras hablo a Finea. DUARDO.Parte. LAURENCIO.Hablaba, Finea hermosa, a los tres para el remedio que aguardas. FINEA.¡Quítame presto el amor, que con sus celos me mata! LAURENCIO.Si dices delante déstos cómo me das la palabra de ser mi esposa y mujer, todos los celos se acaban. FINEA.¿Eso no más? Yo lo haré. LAURENCIO.Pues tú misma a los tres llama. FINEA.¡Feniso, Duardo, Pedro! LOS TRES ¡Señora! Yo doy palabra de ser esposa y mujer de Laurencio. DUARDO.¡Cosa estraña! LAURENCIO.¿Sois testigos desto? LOS TRES Sí. Pues haz cuenta que estás sana del amor y de los celos que tanta pena te daban. FINEA.¡Dios te lo pague, Laurencio! LAURENCIO.Venid los tres a mi casa; que tengo un notario allí. FENISO.Pues ¿con Finea te casas? LAURENCIO.Sí, Feniso. FENISO.¿Y Nise bella? LAURENCIO.¡Troqué discreción por plata! NISE.Hablando estaba con él cosas de poca importancia. OTAVIO.Mira, hija, que estas cosas más deshonor que honor causan. NISE.Es un honesto mancebo que de buenas letras trata, y téngole por maestro. OTAVIO.No era tan blanco en Granada Juan Latino, que la hija de un Veinticuatro enseñaba; y siendo negro y esclavo, porque fue su madre esclava del claro Duque de Sessa, honor de España y de Italia, se vino a casar con ella; que Gramática estudiaba, y la enseñó a conjugar en llegando al amo , amas , que así llama el matrimonio el latín. NISE.Deso me guarda ser tu hija. FINEA.¿Murmuráis de mis cosas? OTAVIO.¿Aquí estaba esta loca? FINEA.Ya no es tiempo de reñirme. OTAVIO.¿Quién te habla? ¿Quién te riñe? FINEA.Nise y tú. Pues sepan que agora acaba de quitarme el amor todo Laurencio, como la palma. OTAVIO.(¿Hay alguna bobería?) FINEA.Díjome que se quitaba el amor con que le diese de su mujer la palabra; y delante de testigos se la he dado, y estoy sana del amor y de los celos. OTAVIO.¡Esto es cosa temeraria! Ésta, Nise, ha de quitarme la vida. NISE.¿Palabra dabas de mujer a ningún hombre? ¿No sabes que estás casada? FINEA.¿Para quitarme el amor, qué importa? OTAVIO.No entre en mi casa Laurencio más. NISE.Es error, porque Laurencio la engaña; que él y Liseo lo dicen no más de para enseñarla. OTAVIO.Desa manera, yo callo. FINEA.¡Oh! Pues ¿con eso nos tapa la boca? OTAVIO.Vente conmigo. FINEA.¿Adónde? OTAVIO.Donde te aguarda un notario. FINEA.Vamos. OTAVIO.Ven. (¡Qué descanso de mis canas!) NISE.Hame contado Laurencio que han tomado aquesta traza Liseo y él para ver si aquella rudeza labran, y no me parece mal. LISEO.¿Hate contado mis ansias Laurencio, discreta Nise? NISE.¿Qué me dices? ¿Sueñas o hablas? LISEO.Palabra me dio Laurencio de ayudar mis esperanzas, viendo que las pongo en ti. NISE.Pienso que de hablar te cansas con tu esposa, o que se embota en la dureza que labras el cuchillo de tu gusto, y, para volver a hablarla, quieres darle un filo en mí. LISEO.Verdades son las que trata contigo mi amor, no burlas. NISE.¿Estás loco? LISEO.Quien pensaba casarse con quien lo era, de pensarlo ha dado causa. Yo he mudado pensamiento. NISE.¡Qué necedad, qué inconstancia, qué locura, error, traición a mi padre y a mi hermana! ¡Id en buen hora, Liseo! LISEO.¿Desa manera me pagas tan desatinado amor? NISE.Pues, si es desatino, ¡basta! LAURENCIO.(Hablando están los dos solos. Si Liseo se declara, Nise ha de saber también que mis lisonjas la engañan. Creo que me ha visto ya.) NISE.¡Oh, gloria de mi esperanza! LISEO.¿Yo vuestra gloria, señora? NISE.Aunque dicen que me tratas con traición, yo no lo creo, que no lo consiente el alma. LISEO.¿Traición, Nise? ¡Si en mi vida mostrare amor a tu hermana, me mate un rayo del cielo! LAURENCIO.(Es conmigo con quien habla Nise, y presume Liseo que le requiebra y regala.) NISE.Quiérome quitar de aquí; que con tal fuerza me engaña Amor, que diré locuras. LISEO.No os vais —¡oh, Nise gallarda!—, que después desos favores quedará sin vida el alma. NISE.¡Dejadme pasar! LISEO.¿Aquí estabas a mis espaldas? LAURENCIO.Agora entré. LISEO.¿Luego a ti te hablaba y te requebraba, aunque me miraba a mí aquella discreta ingrata? LAURENCIO.No tengas pena; las piedras ablanda el curso del agua. Yo sabré hacer que esta noche puedas, en mi nombre, hablarla. Ésta es discreta, Liseo. No podrás, si no la engañas, quitalla del pensamiento el imposible que aguarda, porque yo soy de Finea. LISEO.Si mi remedio no trazas, cuéntame loco de amor. LAURENCIO.Déjame el remedio, y calla; porque burlar un discreto es la vitoria más alta.
EXT-1

Juan Latino: el humanista negro de Granada como exemplum lopesco

La cita de Juan Latino en los versos 1916-1925 merece atención sostenida porque es uno de los momentos más densos de la pieza desde el punto de vista cultural. Juan Latino (Baena, c. 1518 – Granada, c. 1596) fue un fenómeno único de la cultura humanista del XVI castellano: hijo de esclava negra de la casa de los Fernández de Córdoba (linaje del Gran Capitán y de los duques de Sessa), nació esclavo y fue criado junto al heredero de la casa, su compañero de estudios. Estudió latín y griego en Granada, obtuvo su libertad mediante carta de manumisión y se casó con Ana Carleval, hija de un Veinticuatro (regidor del cabildo municipal) granadino. La boda escandalizó a la sociedad de la ciudad. Pero Juan Latino superó la objeción social por mérito propio: ocupó la cátedra de Gramática y Latín de la Catedral de Granada durante décadas y publicó en 1573, en un volumen impreso en la ciudad bajo el título Ad Catholicum pariter et invictissimum Philippum…, una colección de poemas latinos que incluía el Austrias carmen, dedicado a la batalla de Lepanto y a don Juan de Austria.

La figura de Juan Latino es importante por tres razones convergentes. Primero, racialmente: fue el primer afrodescendiente en publicar libros latinos en Europa y en obtener cátedra universitaria. Segundo, socialmente: rompió la barrera estamental al casarse con noble. Tercero, pedagógicamente: enseñó latín a su esposa antes de casarse con ella —exactamente el mismo procedimiento que Laurencio aplica a Finea—. La cita lopesca es deliberada: Octavio invoca a Juan Latino como exemplum de pedagogía amorosa exitosa, y al hacerlo legitima la operación de Laurencio. Si Juan Latino, esclavo, pudo enseñar latín a noble y casarse con ella, ¿por qué Laurencio no podría enseñar discreción a Finea?

La elección lopesca es además políticamente notable. Octavio, padre conservador y vigilante, no objeta el ejemplo del negro y esclavo casado con la hija del Veinticuatro: lo invoca con normalidad. La pieza de 1613 dramatiza una sociedad madrileña que, al menos en el espacio del teatro, tolera el referente del matrimonio interracial humanista. La cultura del XVII castellano era, en su capital, más cosmopolita de lo que la historiografía decimonónica sugirió. La cita lopesca de Juan Latino, según ha subrayado la crítica reciente sobre el humanista granadino, lo eleva al rango de autoridad pedagógica reconocible para el espectador del corral.juan_latino

El chiste lopesco —amo, amas nombra el matrimonio en latín— juega con la conjugación del verbo amare y, por fondo, con la concepción escolástica del matrimonio como amor mutuum coniugum, recogida por Tomás de Aquino al tratar el sacramento del matrimonio en el Supplementum de la Suma teológica (qq. 41 ss.). El paso pedagógico de la primera persona singular (amo, yo amo) a la segunda (amas, tú amas) es la conjugación que abre el matrimonio: el amante se vuelve amado, el amado amante. La cita es a la vez gramatical y teológica.

Una conexión literaria del XX cierra el arco. En El reino de este mundo de Alejo Carpentier (1949), el personaje de Mackandal —cimarrón mandinga llevado como esclavo a Saint-Domingue (Haití) en el XVIII— funciona, salvando las distancias, como un paralelo lejano a Juan Latino: el afrodescendiente que combina la cultura libresca europea con su saber africano. Carpentier escribe sobre Haití, Lope sobre Granada, pero los dos textos dramatizan al negro letrado del Atlántico colonial como figura cultural de primer rango. La pieza castellana lo hace tres siglos antes que la novela cubana, sin retórica revolucionaria pero con la misma claridad: la cultura es pertenencia, no herencia racial.carpentier

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El desposorio de palabra: matrimonio canónico, civil y la ambigüedad jurídica

La promesa de matrimonio que Finea da a Laurencio en los versos 1895-1898 —«Yo doy palabra / de ser esposa y mujer / de Laurencio»— es momento jurídicamente complejo que merece desentrañar. El derecho matrimonial castellano del XVII operaba con tres grados de compromiso entre el cortejo y la boda formal, y Lope juega con los tres en esta escena.

El primer grado era el desposorio de futuro: promesa de matrimonio que las dos partes intercambiaban verbalmente o por escrito, sin testigos formales. Producía obligación moral y, en algunos casos, civil, pero no canónica: cualquiera de las dos partes podía retractarse mediante retractatio sponsalium sin sanción canónica grave. Era el rito previo del cortejo formal.

El segundo grado era el desposorio de presente o de palabra ante testigos: la promesa formal —«yo te tomo por esposo», yo te tomo por esposa»— pronunciada ante dos o tres testigos formales. En el derecho castellano pre-tridentino (anterior al Decreto Tametsi de 1563), este grado era equivalente al matrimonio canónico: la pareja quedaba canónicamente casada por la sola pronuncia ante testigos, sin necesidad de cura. El sistema producía abundantes matrimonios secretos o clandestinos, que las familias y los obispos lamentaban.

El tercer grado era el matrimonio canónico tridentino: tras 1563, el Concilio de Trento (Decreto Tametsi) impuso la forma tridentina: el matrimonio requería la presencia del cura propio de la parroquia y dos o tres testigos. Sin la forma tridentina, el matrimonio era inválido (canónicamente), aunque podía producir obligación civil.

La promesa de Finea está en el segundo grado: hay testigos formales (Feniso, Duardo, Pedro), hay fórmula explícita («yo doy palabra de ser esposa y mujer»), pero no hay cura. Después de Trento, esta promesa no constituye matrimonio canónico, pero sí podía constituir promesa civil ejecutable: si Finea más tarde se casaba con otro hombre (Liseo), Laurencio podía teóricamente impugnar el segundo matrimonio invocando la promesa anterior. La maniobra es por tanto jurídicamente arriesgada para Finea, aunque no fatal.

Lope juega con la ambigüedad. Octavio se alarma («Esto es cosa temeraria», v. 1942) pero se conforma cuando Nise le explica que es pedagogía. El espectador del corral, conocedor de la doctrina canónica, sabía que la promesa tenía peso jurídico real, y la duda quedaba abierta hasta el desenlace del Acto III. La sofisticación de Lope al manejar el código canónico es marca de su formación: el dramaturgo conocía el derecho matrimonial mejor que muchos abogados.matrimonio_canonico

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La estructura del Acto II: pedagogía y crisis

El Acto II despliega, en 970 versos (vv. 1063-2032), la estructura completa de la transformación de Finea. La pieza alterna escenas de pedagogía formal fallida (2.3 con el maestro de danza, 2.4 con la lectura imposible) con escenas de pedagogía amorosa exitosa (2.4 monólogo del espejo, 2.6 desabrazo, 2.7 nombramiento del celo). El Acto II es la universidad de amor en operación.

La estructura métrica acompaña la transformación: redondillas (= diálogo doméstico) intercaladas con décimas (= reflexión lírica), endecasílabos sueltos (= conversación seria entre hombres), romances con asonancias variadas (= narración modulada). La polimetría no es decoración; es estructura emocional. Cada metro corresponde a un estado afectivo, y la sucesión de metros dramatiza la sucesión de estados.

Antonucci ha mostrado que el Acto II tiene la mayor variedad métrica de toda la pieza: cuatro metros principales en 970 versos, frente a la unidad métrica relativa del Acto III.ext1_polimetria La pieza está en plena modulación: Finea pasa de ser sujeto observado (Acto I) a sujeto operante (Acto III), y el Acto II es el espacio de la transición. La polimetría refleja la transición.

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El cierre del Acto II como bisagra dramática

El cierre del Acto II prepara el monólogo del Acto III. Laurencio promete burlar a Liseo; Finea ha aprendido a sentir y a nombrar; Nise sospecha pero no ha confrontado. Las tres líneas de fuerza están armadas. El Acto III no añadirá conflictos nuevos; resolverá los planteados aquí.

La pieza mantiene la convención lopesca del cierre suspendido: el Acto II no termina en clímax sino en aparte del galán que anuncia su plan. La línea «déjame el remedio, y calla» es promesa que el Acto III cumplirá: Finea fingirá ser boba, Laurencio engañará a Liseo, Nise se quedará con Liseo. El plan se ejecuta tres meses después (en tiempo dramático), pero las premisas están ya aquí.

Aparato textual (1 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2026–2030sentencia de Laurencio O(igual)(igual)(igual)
  1. Sobre la presencia de Circe en la cultura humanista castellana, María Rosa Lida de Malkiel, La tradición clásica en España (Barcelona: Ariel, 1975); para una panorámica de la lírica lopesca, Antonio Carreño, ed., Rimas humanas y otros versos, de Lope de Vega (Barcelona: Crítica, 1998).
  2. Para la doctrina canónica medieval y postridentina del matrimonio, James A. Brundage, Law, Sex, and Christian Society in Medieval Europe (Chicago: University of Chicago Press, 1987); para la disciplina sexual y matrimonial en la España de la Contrarreforma, Mary Elizabeth Perry, Gender and Disorder in Early Modern Seville (Princeton: Princeton University Press, 1990).
  3. Para Juan Latino y la presencia de afrodescendientes en la cultura del Renacimiento, Aurelia Martín Casares, «Free and freed black Africans in Granada in the time of the Spanish Renaissance», en Black Africans in Renaissance Europe, ed. T. F. Earle y K. J. P. Lowe (Cambridge: Cambridge University Press, 2005); para una biografía y lectura de su poesía épica, Elizabeth R. Wright, The Epic of Juan Latino: Dilemmas of Race and Religion in Renaissance Spain (Toronto: University of Toronto Press, 2016). carpentier: Sobre Carpentier y la literatura afrolatina, Roberto González Echevarría, Alejo Carpentier: The Pilgrim at Home (Ithaca: Cornell University Press, 1977; reed. Austin: University of Texas Press, 1990).
  4. Para la doctrina canónica medieval y postridentina del matrimonio (incluida la cuestión de los matrimonios clandestinos y la forma Tametsi), James A. Brundage, Law, Sex, and Christian Society in Medieval Europe (Chicago: University of Chicago Press, 1987); para la disciplina sexual y matrimonial en la España de la Contrarreforma, Mary Elizabeth Perry, Gender and Disorder in Early Modern Seville (Princeton: Princeton University Press, 1990); para los procesos por seducción y matrimonio en la España del Antiguo Régimen, Renato Barahona, Sex Crimes, Honour, and the Law in Early Modern Spain: Vizcaya, 1528-1735 (Toronto: University of Toronto Press, 2003).
  5. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega, ed. Espejo Surós y Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: EUNSA, 2020), 111-129.

Nota de cierre

El segundo acto termina con el baile. En estos 970 versos del Acto II (vv. 1063-2032) la pieza ha mostrado el cambio de Finea: ha dejado de tropezar y ya salta; ha dejado de balbucear y canta. El patio salía al entreacto convencido de que la pedagogía amorosa funcionaba. Lo que el Acto III mostrará es el reverso: Finea, ya transformada, decidirá fingir la transformación inversa. Esta danza es la última imagen de la dama sin doblez; lo que viene después se mueve en otro registro, el del fingimiento estratégico.

Acto

III

11 escenas

ACTO III · ESCENA 1

3.1 Finea sola: el monólogo en décimas

Casa de Octavio, interior

décimasabbaaccddcvv. 2033–2072reflexión, monólogo

Llega el centro de la pieza. Después de dos meses internos —de los que el espectador no ha visto nada, porque los actos están separados precisamente por esa elipsis de tiempo dramático—, Finea aparece sola en escena, abre el tercer acto, y dice cuarenta versos en décimas que son, juntos, uno de los textos más sorprendentes del teatro áureo. La pieza ha pasado de farsa a comedia, y ahora pasa a otra cosa. Las décimas son el metro que el Arte nuevo asocia a la queja; aquí sirven a una celebración. La inversión es deliberada y no anecdótica: Finea no lamenta nada, contempla. Y lo que contempla es a sí misma. Cabe detenerse en cada décima, porque cada una articula un momento distinto del despertar.

Finea sola

FINEA.¡Amor, divina invención de conservar la belleza de nuestra naturaleza, o accidente o elección! Estraños efetos son los que de tu ciencia nacen, pues las tinieblas deshacen, pues hacen hablar los mudos; pues los ingenios más rudos sabios y discretos hacen. No ha dos meses que vivía a las bestias tan igual, que aun el alma racional parece que no tenía. Con el animal sentía y crecía con la planta; la razón divina y santa estaba eclipsada en mí, hasta que en tus rayos vi, a cuyo sol se levanta. Tú desataste y rompiste la escuridad de mi ingenio; tú fuiste el divino genio que me enseñaste y me diste la luz con que me pusiste el nuevo ser en que estoy. Mil gracias, Amor, te doy, pues me enseñaste tan bien, que dicen cuantos me ven que tan diferente soy. A pura imaginación de la fuerza de un deseo, en los palacios me veo de la divina razón. ¡Tanto la contemplación de un bien pudo levantarme! Ya puedes del grado honrarme, dándome a Laurencio, Amor, con quien pudiste mejor, enamorada, enseñarme.

Clara

CLARA.En grande conversación están de tu entendimiento. FINEA.Huélgome que esté contento mi padre en esta ocasión.
EXT-1

El «nuevo ser»: identidad personal a través de la transformación radical

El verso 2058 —«el nuevo ser en que estoy»— plantea uno de los problemas filosóficos más exigentes de la pieza, y conviene leerlo con cuidado. Si Finea declara haber recibido un nuevo ser, ¿es la misma persona que la del Acto I? La pregunta no es retórica. La filosofía escolástica del XVII discutía con seriedad casos análogos: la transubstanciación eucarística (donde la sustancia cambia y los accidentes permanecen), la conversión religiosa (donde la persona moral cambia pero el sujeto numérico permanece), la doctrina tridentina sobre la gracia (donde la justificación produce una nueva criatura en términos paulinos, 2 Cor 5:17). Finea está usando el lenguaje técnico de la teología renovada de su tiempo.

El problema cobrará vida filosófica autónoma sesenta años después, cuando John Locke, en el Essay concerning Human Understanding (1690), II.xxvii, plantee el problema de la identidad personal a través del cambio. Su célebre experimento mental del príncipe y el zapatero —si las almas se intercambiaran, ¿quién sería quién?— responde a una intuición que Lope ya había puesto en escena. María Zambrano, en El sueño creador (1965), formuló esta misma pregunta con su lenguaje propio: el yo, antes que objeto construido por el sujeto, es lo que el sujeto recibe en el sueño y en el amor.ext1_zambrano Finea, en este monólogo, recibe un yo. Y al recibirlo se descubre.

Hay una respuesta posible que la propia comedia ofrecerá en el verso 2487: Finea volverá a fingir ser boba. Si puede hacerlo voluntariamente, entonces la boba sigue ahí, y la discreta también, y lo que hay de nuevo es la capacidad de elegir entre las dos. Esa capacidad —el espacio entre la discreción y la bobería, donde ninguna de las dos agota a Finea— es el «nuevo ser». Sá-Carneiro, en una formulación que cabe sobre Finea como un guante, lo nombró «qualquer coisa de intermédio».ext1sacarneiro

EXT-2

El rayo que llama: la Vocazione di San Matteo y el «tú» del monólogo

Hay un cuadro que dramatiza, en el espacio de un instante, lo mismo que Finea enuncia en cuarenta versos. Es la Vocazione di San Matteo que Caravaggio pintó en 1599-1600 para la Cappella Contarelli de la iglesia romana de San Luigi dei Francesi. La escena es conocida pero conviene mirarla con calma: cinco hombres —Mateo y cuatro compañeros recaudadores— están sentados en torno a una mesa, contando dinero, en una taberna pobre con una ventana en lo alto que deja entrar una franja de luz oblicua. Por el lado derecho del cuadro, semioculto en sombra, entran Cristo y Pedro. Cristo extiende la mano y apunta con un dedo —el gesto está copiado del Adán de la Capilla Sixtina, deliberadamente—, y la luz de la ventana cae exactamente sobre el grupo de los publicanos en el ángulo del dedo. Mateo se vuelve. Pero —aquí lo notable— Mateo no se levanta todavía. El instante pintado es el de antes del movimiento.

El monólogo de Finea hace lingüísticamente lo que Caravaggio hace ópticamente. La frase central del monólogo, «Tú desataste y rompiste / la escuridad de mi ingenio» (vv. 2053-2054), supone un que viene de fuera y un yo que descubre. La palabra escuridad (oscuridad) y la palabra rayos (v. 2051, «hasta que en tus rayos vi») componen exactamente la geometría del cuadro: el rayo entra, la oscuridad se rompe, el sujeto reconoce. El instante de la conversión es a la vez físico (luz que entra) e interior (algo que se desata). Caravaggio lo pinta como inmovilidad expectante; Lope lo dramatiza como décima en curso.

La diferencia importa. Cristo apunta a Mateo desde fuera, en el cuadro romano: la conversión es don, no mérito. En el monólogo lopesco, el «tú» al que Finea se dirige es ambiguo —Amor con mayúscula, doctrina ficiniana, o el propio Laurencio—, pero la dirección de la luz se mantiene: viene de fuera, no la enciende ella misma. Y la pieza añade, además, un pliegue que Caravaggio no podía añadir: dos actos después, el podrá ser usado por el yo como herramienta. Si Mateo, una vez convertido, escribe el evangelio, Finea, una vez educada por Laurencio, finge la antigua bobería para gobernar el desenlace. La luz entra y la conciencia, una vez encendida, se las arregla a sí misma.ext2_caravaggio

EXT-3

La universidad de amor: del De amore medieval al Primero sueño novohispano

La metáfora universitaria que culmina la cuarta décima de Finea —«Ya puedes del grado honrarme, / dándome a Laurencio, Amor, / con quien pudiste mejor, / enamorada, enseñarme» (vv. 2069-2072)— tiene linaje preciso. El primer texto que organiza el amor como institución docente es el De amore de Andreas Capellanus, escrito en la corte de Champagne hacia 1185-1190; la obra circula en latín por toda la Europa cortesana del siglo XIII y formaliza la estructura cátedra-discípulo-grado que pasará al amor cortés provenzal y a la cancionera castellana del XV.ext3_capellanus En el Renacimiento italiano, Mario Equicola sistematiza la doctrina en Libro di natura d'amore (Venecia, 1525), traducido al castellano: el amor como ciencia con sus reglas, sus profesores, sus exámenes y sus titulados.

Aurora Egido reconstruyó esta tradición en su artículo seminal de 1978: la universitas amoris atraviesa el imaginario hispánico desde Diego de San Pedro (Cárcel de amor, 1492) hasta Andrés de Uztarroz (Universidad de amor, 1670), pasando por Cervantes, Calderón y Lope.ext3_egido La dama boba es, en este linaje, la dramatización más explícita: cinco escenas más adelante (3.2 vv. 2089-2090) Finea celebrará al Amor «catedrático divino», y el padre Otavio se quejará de que su casa, sin él pretenderlo, se ha vuelto «academia» (3.7 v. 2752). La universitas es a la vez metáfora estructurante, chiste recurrente y punto de llegada filosófico.

Lo que hace específica la versión lopesca es que la metáfora cae en boca de la alumna, no del maestro ni del galán. La amada transformada exige el título; el grado pasa de la mirada simbólica de la dama (Capellanus) al matrimonio efectivo (Lope). La economía afectiva se hace concreta. La inversión no es accidente: en La dama boba, el amor opera simultáneamente como tema dramático y como método pedagógico, y desemboca en el orden civil del matrimonio.ext3_pedraza

Setenta años después de La dama boba, en otra orilla del imperio, Sor Juana Inés de la Cruz retomará la tradición y la elevará a su cumbre lírica. Primero sueño (compuesto hacia 1685, publicado en Segundo volumen de las Obras, Sevilla, 1692) dramatiza un viaje intelectual nocturno del alma que asciende por las esferas en busca del saber absoluto. Los versos iniciales —«Piramidal, funesta, de la tierra / nacida sombra, al cielo encaminaba / de vanos obeliscos punta altiva»— describen el ascenso del entendimiento exactamente con la geometría que Finea anuncia en miniatura: imaginación que asciende por la fuerza del deseo hacia los palacios de la divina razón. Sor Juana, que cita a Lope en sus comedias y escribió Los empeños de una casa (1683) en clave lopesca explícita, convierte la décima de Finea en silva de novecientos setenta y cinco versos. La diferencia de género (lírico en lugar de dramático), de extensión (vasta en lugar de concentrada) y de lugar (el convento de San Jerónimo de México en lugar del corral de la Cruz de Madrid) no oculta la continuidad: el alma femenina que reclama el grado en la universitas del saber.ext3_sorjuana La tradición que Andreas Capellanus inicia con un manual cortés culmina con dos mujeres letradas pidiendo, una en escena, otra en silva, el título de la disciplina amorosa.

EXT-4

La doctrina del amor como ciencia bajo la cubierta de la comedia urbana

El monólogo de Finea concentra, en cuarenta versos, una doctrina del amor que sería extensa si se desplegara en tratado: el amor como inventio (descubrimiento), como scientia (saber), como agente de transformación ontológica de la anima a través de los grados aristotélicos. La pieza no la expone como tesis: la pone en boca de una mujer que cinco escenas antes confundía «ban» con «van». La protección que ofrece el decoro cómico es real. Lo que dicho directamente en un tratado pediría aparato escolástico y permiso censor, dicho por la heroína de una comedia urbana se vuelve transformación amorosa. El género no oculta el contenido; lo deja respirar.

La operación es paralela a la que Cervantes practica en el episodio de Marcela del Don Quijote de 1605: la pastora discute la libertad del amor con un vocabulario filosófico que sería sospechoso en cualquier otro lugar; el ropaje rústico lo absuelve por adelantado. Lo que la pastoral hace con el disfraz arcaico, la comedia urbana de Lope lo hace con el disfraz cómico. La filiación neoplatónica del monólogo —Ficino, León Hebreo, Menón, Banquete— circulaba en la lectura cortesana del Madrid de 1610–1620, y la pieza no necesita citarla con notas al pie para convocarla; basta con el léxico técnico (invención, ciencia, accidente, elección, nuevo ser). El espectador ilustrado oía la doctrina; el resto del corral oía el chiste.

La afinidad con un tratado coetáneo merece atención. Cristóbal de Fonseca, en su Tratado del amor de Dios (Salamanca, primera parte 1592; segunda parte 1608), había hecho con prosa devota algo análogo: organizar la doctrina del amor por grados de inteligencia y voluntad bajo la cubierta protectora del piadoso tratado teológico.ext4_fonseca La «cubierta» en Fonseca es la devoción; en Lope es la comedia. Las dos operaciones cumplen una función parecida: hacer circular contenido neoplatónico-hebreo en un clima cultural que, sin demasiado ruido, se había vuelto receloso del platonismo abierto. El monólogo de Finea no es la primera declaración de la doctrina, ni la más extensa, ni la más sistemática; pero quizá sea —en cuarenta versos de espinela— la más concentrada.

EXT-5

La anamnesis filmada: Espejo (Zerkalo) de Tarkovsky y la cuarta décima

Si Caravaggio dramatiza ópticamente el instante de la conversión [cf. EXT-2], existe un paralelo cinematográfico que dramatiza, a lo largo de poco menos de dos horas, lo que la cuarta décima de Finea cifra en cuatro versos. Es Зеркало (Espejo), de Andrei Tarkovsky, estrenada por Mosfilm en marzo de 1975. La película no tiene argumento lineal: un hombre que muere recuerda fragmentariamente su vida —una niña en el campo durante la guerra, una habitación que arde mientras los personajes la observan desde fuera, un pájaro que entra por la ventana abierta y se posa en la cabeza del moribundo—. Tarkovsky organiza la película no por causalidad sino por anamnesis: el alma del protagonista recuerda lo que ya sabía y lo va componiendo en imágenes que el espectador descubre a la vez que él.

La elección de actores es decisiva. Margarita Terekhova interpreta dos personajes: Maria, la madre del protagonista, y Natalia, su esposa. La actriz es una; los personajes son dos; el espectador entiende sin que la película lo subraye que la esposa habita el alma del protagonista en el lugar de la madre. La identidad femenina como duplicación —qualquer coisa de intermédio en sentido tarkovskyano— se vuelve estructura formal del filme. Donde Lope tiene cuatro décimas para enunciar que «lo que se cree saber estaba ya sabido», Tarkovsky tiene una sola actriz para encarnar dos vidas que son la misma.

La afinidad estructural con la cuarta décima es exacta. «A pura imaginación / de la fuerza de un deseo, / en los palacios me veo / de la divina razón» (vv. 2063-2066): la imaginación, movida por la fuerza del deseo, recobra los palacios donde el alma siempre estuvo. Espejo es, en términos de Tarkovsky, escultura del tiempo (zapechatlennoe vremia) —el cineasta acuñó la expresión en el libro homónimo, redactado durante la última década de su vida y publicado primero en alemán (1985) y poco después en inglés y español—, y la escultura procede recobrando lo perdido, no construyendo de nuevo.ext5_tarkovsky Para Tarkovsky, formado en la espiritualidad ortodoxa rusa, el cine recupera momentos del alma que de otro modo se disolverían en el tiempo; el procedimiento es exactamente el de Platón en el Menón y el Fedro, que la cuarta décima de Finea condensa.

Hay una diferencia productiva. La pieza de Lope cierra la anamnesis con una petición concreta: «dándome a Laurencio, Amor» (v. 2070). El alma que ha recordado pide su título, su matrimonio, su gobierno. Espejo termina sin petición ni resolución: la madre, ya anciana, camina por el campo con dos niños mientras la cámara se aleja, los pájaros rompen el plano con su vuelo, la voz del protagonista no vuelve. La anamnesis lopesca produce decisión; la anamnesis tarkovskyana produce contemplación. Las dos son verdaderas. La pieza de 1613 escenifica el momento en que la mujer recordada toma el control de su vida; la película de 1975 escenifica el momento en que el hombre que recuerda se disuelve en la corriente del tiempo recobrado. Donde La dama boba es comedia de bodas, Espejo es elegía. Ambas dramatizan, sin embargo, el mismo descubrimiento: el alma sabe lo que cree no saber, y el saber se restituye solo cuando se ha amado lo bastante como para querer recordarlo.ext5_anamnesis

EXT-6

El instante intermedio: On Being an Angel de Francesca Woodman

El monólogo de Finea pronuncia la transformación pero no la muestra. La pieza no puede mostrarla: el corral del 1613 dispone de una sola actriz que avanza por el escenario y dice cuarenta versos, mientras el cambio que el monólogo enuncia es interior. Lo que el género de Lope no permite ver, la fotografía contemporánea lo capturará con paciencia experimental. La conversión más exacta que conozco del estado intermedio de Finea es obra de Francesca Woodman (1958-1981), fotógrafa estadounidense que entre 1972 y 1981, antes de suicidarse a los veintidós años, produjo uno de los corpus de autorretrato más densos del siglo XX.

La serie On Being an Angel —dos imágenes principales fechadas en 1977, una hecha en Providence (donde Woodman estudiaba en la Rhode Island School of Design) y otra en Roma (donde pasó el curso académico 1977-1978), seguidas por una constelación temática de fotografías de la propia autora con larga exposición, brazos extendidos hacia atrás, cabeza alzada, el cuerpo parcialmente desnudo o vestido de blanco— compone, sin teorización explícita, la imagen del cuerpo capturado en el instante de no-ser-ya-lo-que-era pero no-ser-todavía-lo-otro.ext6_woodman Woodman trabajaba con una cámara de medio formato (la Yashica Mat-124G que su padre le había regalado), exposiciones largas, espacios derelictos —paredes con yeso descascarado, salas vacías de la antigua granja familiar de los Woodman en Antella (Florencia), aulas en desuso en Providence— y se fotografiaba a sí misma en posiciones donde el movimiento durante la exposición la disolvía parcialmente. El cuerpo aparece a la vez sólido y fantasmal, presente y desvaneciéndose, encarnando formalmente la condición que Sá-Carneiro había nombrado «qualquer coisa de intermédio» [cf. EXT-1]. La fotografía no fija un estado, dramatiza un tránsito.

La afinidad con la cuarta décima de Finea es estructural. «El nuevo ser en que estoy» (v. 2058) es, en lenguaje de Lope, lo que Woodman fotografía: el ser que no es ya el de antes y no es del todo el de después, capturado en el instante exacto del cambio. Donde Lope tiene la palabra «nuevo ser», Woodman tiene la larga exposición. Las dos cifran el mismo problema —¿es la misma persona la que entra al instante y la que sale?— y las dos lo resuelven sin agotarlo: la pieza con la dramatización, la fotografía con la indecidibilidad de la imagen.

Hay además un eco de circunstancia que conviene nombrar. Woodman fotografía mujeres jóvenes en interiores derruidos, espacios de despojos y luz lateral baja, exactamente la atmósfera lumínica que el corral del XVII permitía a Jerónima de Burgos en su soliloquio inaugural del Acto III: actriz sola en un tablado bajo luz de mediodía, sin escenografía cómplice, hablando hacia el patio. La distinción entre autorretrato fotográfico y monólogo dramático se borra cuando se tiene en cuenta que ambos suponen un sujeto femenino que sostiene la mirada del espectador sin testigos en escena que medien. La conversión es a la vez interior y observada. La pieza la enuncia; la fotografía la documenta a medio cumplir.

Una diferencia importa, sin embargo, para que la analogía no se aplane. Cindy Sherman, en sus Untitled Film Stills [cf. 3.6 EXT-3], se viste de los arquetipos de la mujer cinematográfica para denunciarlos como convención; el gesto es crítico. Woodman, anterior a Sherman en una década, no denuncia: registra. Su autorretrato no separa la sujeto del personaje porque la sujeto es ya el personaje en transformación; no hay máscara que retirar, hay sólo el cuerpo en movimiento. On Being an Angel enuncia la pretensión —ser ángel, ser otro orden de criatura— y la imagen la documenta a medio cumplirse. Finea, en su monólogo, hace algo análogo: no se viste de discreta para denunciar a la boba que era, recibe el nuevo ser y lo nombra. La continuidad ontológica entre los dos estados —boba/discreta en Lope, mortal/ángel en Woodman— es lo que hace posible la transformación sin ruptura. Y es lo que diferencia a Finea, y a Woodman, de la posterior crítica feminista de la representación: ninguna de las dos expone la convención, ambas la atraviesan.ext6_townsend

Aparato textual (8 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2033 Acot«Finea sola» O«Sale Finea sola» M(igual M)(igual M)
2033 Acotsin más indicación O(igual O)(igual O)«Sale Finea sola con otro vestido» AB
2036«o accidente» O«accidente» (sin «o») M AB(sigue M AB)(sigue M AB)
2051«en tus rayos» O«tus rayos» (sin «en») M AB(sigue M AB)(sigue M AB)
2052«se levanta» O M«me levanta» AB(igual M)(sigue M)
2058«el nuevo ser» O«en el lugar» M AB(sigue M AB)(sigue M AB)
2061«tan bien» O«también» M AB(sigue M AB)(sigue M AB)
2062«soy» O«estoy» M AB(sigue M AB)(sigue M AB)
  1. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: EUNSA, 2020), 111-130, aquí 114 y 118-119. Sobre el uso polifuncional del romance en el Lope de 1610, Daniele Crivellari, «¿Las relaciones piden los romances? Métrica y narración en dos comedias de Lope de Vega (1610)», Anuario Lope de Vega 21 (2015): 1-28. Sobre los principios generales de la métrica de la Comedia, Marc Vitse, «La poética de la Comedia: estado de la cuestión», en La Comedia: seminario hispano-francés organizado por la Casa de Velázquez. Madrid, diciembre 1991-junio 1992, ed. Jean Canavaggio (Madrid: Casa de Velázquez, 1995); y «Polimetría y estructuras dramáticas en la comedia de corral del siglo XVII: el ejemplo de El burlador de Sevilla», en Ysla Campbell (ed.), El escritor y la escena VI. Estudios sobre teatro español y novohispano de los Siglos de Oro (Ciudad Juárez: Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1998), 45-63. Para Vicente Espinel y la décima, Diversas rimas (Madrid: Luis Sánchez, 1591).
  2. Sobre la doctrina tomista del amor como pasión y virtud, Tomás de Aquino, Suma teológica, ed. bilingüe (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1947-1960), I-II, qq. 22-48; ed. crítica latina en Sancti Thomae Aquinatis Opera omnia, t. VI-VII, ed. Leonina (Roma, 1891-1892). Para el contexto escolástico de la filosofía del lenguaje y la doctrina del signo, Mauricio Beuchot, La filosofía del lenguaje en la Edad Media (México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filosóficas, 1981).
  3. León Hebreo, Los diálogos de amor, trad. Inca Garcilaso de la Vega (Madrid: Pedro Madrigal, 1590), Diálogo I, ff. 2r-7v. Sobre la difusión castellana de la obra y su lugar en la cultura del amor del Renacimiento hispánico, Andrés Soria Olmedo, Los «Dialoghi d'Amore» de León Hebreo: aspectos literarios y culturales (Granada: Universidad de Granada, 1984); Otis H. Green, Spain and the Western Tradition, 4 vols. (Madison: University of Wisconsin Press, 1963-1966), II: 92-115.
  4. Marsilio Ficino, De amore. Comentario a «El Banquete» de Platón, ed. y trad. Rocío de la Villa Ardura (Madrid: Tecnos, 1989), III.iii.
  5. Gregorio Magno, Homiliae XL in Evangelia II.27.4 (PL 76, col. 1207). Para la transmisión medieval, Bernardo de Claraval, Sermones super Cantica Canticorum, ed. lat. en S. Bernardi Opera, ed. J. Leclercq y H. M. Rochais (Roma: Editiones Cistercienses, 1957-1958), vols. 1-2; trad. cast. de María Eugenia Ávila Moisés (Burgos: Monte Carmelo, 2004). Sobre la doctrina del amor-conocimiento en la mística castellana del XVI-XVII, Helmut Hatzfeld, Estudios literarios sobre mística española (Madrid: Gredos, 1955); para la transmisión vía Juan de la Cruz, Eulogio Pacho, San Juan de la Cruz y sus escritos (Madrid: Cristiandad, 1969).
  6. Tomás de Aquino, In Aristotelis librum De anima commentarium, ed. en Opera omnia (Parma: Petrus Fiaccadorus, 1858), vol. 20, libro II, lecciones 1-4 (pp. 16-24); ed. moderna bilingüe de Kenelm Foster y Silvester Humphries, Aquinas: Commentary on Aristotle's De Anima (New Haven: Yale University Press, 1951). Para la sistematización piconiana del microcosmo, Giovanni Pico della Mirandola, Heptaplus de septiformi sex dierum geneseos enarratione (Florencia: Bartolomeo dei Libri, 1489); ed. cast. de Cirilo Flórez Miguel, Heptaplus, en Pico della Mirandola: Tres escritos filosóficos (Salamanca: Universidad de Salamanca, 2008). Para la lectura neoplatónica de la pieza, James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255, especialmente 241-243. int_mayorga: Juan Mayorga, «El sexo de la razón: una lectura de La dama boba», en Lope de Vega en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Año 2002, ed. Felipe B. Pedraza Jiménez (Madrid: Compañía Nacional de Teatro Clásico, 2003), 47-59; reproducido en Mayorga, Elipses. Ensayos 1990-2016 (Segovia: Ediciones La uÑa RoTa, 2016), 351-363; reeditado también en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 257-268, passim y especialmente 261-262.
  7. Fernando de Herrera, Algunas obras de Fernando de Herrera (Sevilla: Andrea Pescioni, 1582); ed. moderna de Cristóbal Cuevas, Poesía castellana original completa (Madrid: Cátedra, 1985). Sobre la poética herreriana de la Luz, Ginés Torres Salinas, «El nombre "Luz" en la poesía de Fernando de Herrera. Una lectura desde el neoplatonismo renacentista», Tonos Digital 36 (2019). Para Francisco de Aldana, Primera parte de las obras (Milán: Pacífico Pontio, 1589); ed. moderna de José Lara Garrido, Poesías castellanas completas (Madrid: Cátedra, 1985).
  8. Baldassare Castiglione, El Cortesano, trad. Juan Boscán (Barcelona: Pedro Montpezat, 1534), II.viii. Sobre la doctrina del daimon socrático, Pierre Hadot, Qu'est-ce que la philosophie antique? (Paris: Gallimard, 1995); Apuleyo de Madaura, De deo Socratis (siglo II d.C.), ed. lat. y trad. cast. en Apuleyo, Obras filosóficas (Madrid: Gredos, 2002).
  9. Agustín de Hipona, De magistro, ed. bilingüe en Obras de san Agustín, vol. III, Obras filosóficas, ed. Victorino Capánaga (Madrid: BAC, 1947; reed. 1994), capítulos XI-XIV. Para el desarrollo escolástico de la doctrina, Tomás de Aquino, Quaestiones disputatae de veritate, q. 11 «De magistro», ed. Opera omnia (ed. Leonina), vol. 22; trad. cast. de Joaquín García Huidobro, El maestro (Pamplona: Eunsa, 1988). Sobre la metáfora del maestro interior en la espiritualidad castellana, Pedro Cerezo Galán, Las máscaras de lo trágico. Filosofía y tragedia en Miguel de Unamuno (Madrid: Trotta, 1996), capítulo III, donde se rastrea la pervivencia agustiniana en la lírica del XVI-XVII.
  10. Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo LIV (1978): 351-371. Para la razón poética zambraniana, María Zambrano, Filosofía y poesía (Morelia: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1939; ed. de Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1987); y El sueño creador. Los sueños, el soñar y la creación por la palabra (Xalapa: Universidad Veracruzana, 1965), donde se desarrolla el concepto del yo recibido en el sueño y el amor.
  11. Teresa de Jesús, Castillo interior o las moradas, en Los libros de la madre Teresa de Iesús, fundadora de los monesterios de monjas y frayles carmelitas descalços de la primera regla (Salamanca: Guillermo Foquel, 1588); ed. moderna de Tomás Álvarez en Obras completas (Burgos: Monte Carmelo, 1998). Sobre la arquitectura espiritual teresiana y su difusión, Tomás Álvarez, Estudios teresianos, 3 vols. (Burgos: Monte Carmelo, 1995-1996).
  12. María Zambrano, El sueño creador. Los sueños, el soñar y la creación por la palabra (Xalapa: Universidad Veracruzana, 1965). ext1sacarneiro: Mário de Sá-Carneiro, «7», en Indícios de Oiro (Porto: Presença, 1937); reproducido en Poesia, ed. Fernando Cabral Martins (Lisboa: Assírio & Alvim, 2001).
  13. Sobre la Vocazione di San Matteo y la teología caravaggiesca de la luz, Roberto Longhi, Caravaggio (Roma: Editori Riuniti, 1968); Helen Langdon, Caravaggio: A Life (London: Chatto & Windus, 1998); John T. Spike, Caravaggio (New York: Abbeville Press, 2010).
  14. Andreas Capellanus, De amore libri tres, ed. y trad. P. G. Walsh (London: Duckworth, 1982); ed. castellana de Inés Creixell Vidal-Quadras, Libro del amor cortés (Barcelona: Quaderns Crema, 1985). Sobre la sistematización renacentista, Mario Equicola, Libro di natura d'amore (Venecia: Lorenzo Lorio da Portese, 1525). ext3egido: Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo 54 (1978): 351-371, especialmente 360-368 sobre la trayectoria de la metáfora institucional desde Capellanus hasta Uztarroz. ext3pedraza: Para una visión panorámica de la pieza y su crítica, Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente: La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…, vol. II (Alicante: Universidad de Alicante, 2003), 943-950. ext3_sorjuana: Sor Juana Inés de la Cruz, Primero sueño, en Segundo volumen de las Obras de Soror Juana Inés de la Cruz (Sevilla: Tomás López de Haro, 1692). Edición crítica con anotación de Antonio Alatorre, Sor Juana Inés de la Cruz: Obras completas, vol. I, Lírica personal (México: Fondo de Cultura Económica, 1951; 2.ª ed. 2009). Sobre el linaje lopesco de Sor Juana, Celsa Carmen García Valdés, «Las comedias de Sor Juana Inés de la Cruz y el Arte nuevo de Lope de Vega», RILCE 27, n.º 1 (2011): 77-102.
  15. Cristóbal de Fonseca, Primera parte del Tratado del amor de Dios (Salamanca: Juan Fernández, 1592); Segunda parte (Salamanca: Andrés Renaut, 1608); ed. completa en Tratado del amor de Dios, en Obras escogidas (Madrid: Atlas, BAE 174, 1964). Sobre la red de tratados devotos contemporáneos al monólogo de Finea, Stanislav Zimic, «La filosofía del amor en La Galatea», Anales Cervantinos 25-26 (1987-1988): 423-450.
  16. Andrei Tarkovsky, Sculpting in Time, trad. Kitty Hunter-Blair (London: Bodley Head, 1986; New York: Knopf, 1987); ed. castellana Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine, trad. Enrique Banús (Madrid: Rialp, 2002). Sobre Zerkalo específicamente, Robert Bird, Andrei Tarkovsky: Elements of Cinema (London: Reaktion, 2008); Maya Turovskaya, Tarkovsky: Cinema as Poetry, trad. Natasha Ward (London: Faber & Faber, 1989). Para el contexto de producción y la acogida soviética del film en 1975, Vida T. Johnson y Graham Petrie, The Films of Andrei Tarkovsky: A Visual Fugue (Bloomington: Indiana University Press, 1994). ext5_anamnesis: Para una lectura platónica del cine de Tarkovsky, Slavoj Žižek, The Fright of Real Tears: Krzysztof Kieślowski Between Theory and Post-Theory (London: BFI, 2001), pp. 92-108; Olivier Assayas y Antoine de Baecque, eds., Andreï Tarkovski (Paris: Cahiers du Cinéma, 1989); para el lugar de Espejo en la tradición de la película-memoria europea, Gilles Deleuze, L'image-temps (Paris: Minuit, 1985), capítulo IV sobre los cristales del tiempo.
  17. Francesca Woodman, Francesca Woodman, intr. de Philippe Sollers (New York: Aperture, 1986; reed. con prólogo de Hervé Chandès, Paris: Fondation Cartier pour l'art contemporain, 1998). Las imágenes principales de la serie corresponden a On Being an Angel #1 (Providence, 1977) y On Being an Angel #2 (Roma, 1977), conservadas en el archivo del Estate of Francesca Woodman, Nueva York. Catálogos retrospectivos: Anna Tellgren, ed., Francesca Woodman: On Being an Angel (Stockholm: Moderna Museet / Köln: Walther König, 2015); Corey Keller, ed., Francesca Woodman (San Francisco / New York: SFMOMA / DAP, 2011), publicado con motivo de la primera retrospectiva monográfica en Estados Unidos. Sobre la biografía de la autora y la relación con la familia (sus padres George y Betty Woodman eran ambos artistas), C. Scott Willis, dir., The Woodmans, documental, 82 min., USA, 2010. ext6_townsend: Para la lectura crítica del corpus de Woodman como dispositivo de transformación más que de denuncia, Chris Townsend, Francesca Woodman: Scattered in Space and Time (London: Phaidon, 2006); para la diferenciación con Sherman y la generación de la Pictures Generation, Helaine Posner, «Self-Image: Personal is Political», en Howard N. Fox, ed., Eleanor Antin (Los Angeles County Museum of Art / DAP, 1999), pp. 47-68; sobre la fotógrafa joven en estancia romana y la relación con la tradición italiana del autorretrato, Isabella Pedicini, Francesca Woodman: gli anni romani tra pelle e pellicola (Roma: Contrasto, 2012).

Nota de cierre

Termina aquí, sin transición, el momento más alto de la comedia. Finea ha hablado sola durante cuarenta versos, ha atravesado las almas de Aristóteles, ha invocado a Platón sin nombrarlo, ha celebrado el amor como ciencia. Cuando Clara entra en el verso 2073 —en redondillas, ya, otro metro y otro tono— y le anuncia que llega el padre con Miseno, la pieza vuelve a su mecánica cómica. Pero el lector sabe ya lo que la pieza no dirá explícitamente: la boba que en el primer acto rompía la palmeta del dómine acaba de pronunciar uno de los textos filosóficos más limpios de la lengua. La risa del Acto I no se borra; se enmarca. Y lo que viene en el resto del Acto III —el fingirse boba ante Liseo, la traición de Nise, el banquete del desván, la espada de Octavio— sucede ya bajo la sombra alta de estas cuatro décimas.

ACTO III · ESCENA 2

3.2 Octavio y Miseno conciertan a Nise: la biblioteca y la *Don Quijote mujer*

Casa de Octavio

redondillasabbavv. 2073–2220bisagra con 3.1)vv. 2073–2076

Otavio y Miseno discuten el casamiento de Nise. Miseno propone como esposo a su propio protegido Duardo (uno de los académicos del Acto I), y Otavio acepta tras una larga queja contra la mujer letrada que culmina con el inventario de la biblioteca de Nise (vv. 2119-2131). La escena tiene función estructural: cierra el primer ciclo del Acto III planteando el contraste entre las dos hermanas y prepara el conflicto del fingimiento que viene en las escenas siguientes. Lo decisivo del pasaje es triple: (1) los vv. 2089-2090, donde Finea enuncia la cifra doctrinal «¡Gran fuerza tiene el Amor, / catredático divino!»; (2) el inventario librero, prueba de que Nise lee literatura culta de su tiempo; (3) la profecía paterna sobre el «Don Quijote mujer» que dé que reír al mundo (vv. 2147-2148), alusión cervantina que la pieza no aclara pero el espectador letrado de 1613 reconocía.

mi padre en esta ocasión. CLARA.Hablando está con Miseno de cómo lees, escribes y danzas; dice que vives con otra alma en cuerpo ajeno. Atribúyele al amor de Liseo este milagro. FINEA.En otras aras consagro mis votos, Clara, mejor; Laurencio ha sido el maestro. CLARA.Como Pedro lo fue mío. FINEA.De verlos hablar me río en este milagro nuestro. ¡Gran fuerza tiene el Amor, catredático divino! MISENO.Yo pienso que es el camino de su remedio mejor. Y ya, pues habéis llegado a ver con entendimiento a Finea, que es contento nunca de vos esperado, a Nise podéis casar con este mozo gallardo. OTAVIO.Vos solamente a Düardo pudiérades abonar. Mozuelo me parecía destos que se desvanecen, a quien agora enloquecen la arrogancia y la poesía. No son gracias de marido sonetos. Nise es tentada de académica endiosada, que a casa los ha traído. ¿Quién le mete a una mujer con Petrarca y Garcilaso, siendo su Virgilio y Taso hilar, labrar y coser? Ayer sus librillos vi, papeles y escritos varios; pensé que devocionarios, y desta suerte leí: «Historia de dos amantes, sacada de lengua griega; Rimas, de Lope de Vega; Galatea, de Cervantes; el Camoes de Lisboa, Los pastores de Belén, Comedias de don Guillén de Castro, Liras de Ochoa; Canción que Luis Vélez dijo en la academia del duque de Pastrana; Obras de Luque; Cartas de don Juan de Arguijo; Cien sonetos de Liñán, Obras de Herrera el divino, el libro del Peregrino, y El Pícaro, de Alemán». Mas ¿qué os canso? Por mi vida, que se los quise quemar. MISENO.Casalda y veréisla estar ocupada y divertida en el parir y el crïar. OTAVIO.¡Qué gentiles devociones! Si Düardo hace canciones, bien los podemos casar. MISENO.Es poeta caballero, no temáis. Hará por gusto versos. OTAVIO.Con mucho disgusto los de Nise considero. Temo, y en razón lo fundo, si en esto da, que ha de haber un Don Quijote mujer que dé que reír al mundo. LISEO.Trátasme con tal desdén, que pienso que he de apelar adonde sepan tratar mis obligaciones bien; pues advierte, Nise bella, que Finea ya es sagrado; que un amor tan desdeñado puede hallar remedio en ella. Tu desdén, que imaginé que pudiera ser menor, crece al paso de mi amor, medra al lado de mi fe; y su corto entendimiento ha llegado a tal mudanza, que puede dar esperanza a mi loco pensamiento. Pues, Nise, trátame bien; o de Finea el favor será sala en que mi amor apele de tu desdén. NISE.Liseo, el hacerme fieros fuera bien considerado cuando yo te hubiera amado. LISEO.Los nobles y caballeros, como yo, se han de estimar, no lo indigno de querer. NISE.El amor se ha de tener adonde se puede hallar; que como no es elección, sino sólo un accidente, tiénese donde se siente, no donde fuera razón. El amor no es calidad, sino estrellas que conciertan las voluntades que aciertan a ser una voluntad. LISEO.Eso, señora, no es justo, y no lo digo con celos, que pongáis culpa a los cielos de la bajeza del gusto. A lo que se hace mal, no es bien decir: «Fue mi estrella». NISE.Yo no pongo culpa en ella ni en el curso celestial; porque Laurencio es un hombre tan hidalgo y caballero que puede honrar... LISEO.¡Paso! NISE.Quiero que reverenciéis su nombre. LISEO.A no estar tan cerca Otavio... OTAVIO.¡Oh, Liseo! LISEO.¡Oh, mi señor! NISE.(¡Que se ha de tener amor por fuerza, notable agravio!) CELIA.El maestro de danzar a las dos llama a lición. OTAVIO.Él viene a buena ocasión. Vaya un crïado a llamar los músicos, porque vea Miseno a lo que ha llegado Finea. LISEO.(Amor, engañado, hoy volveréis a Finea; que muchas veces Amor, disfrazado en la venganza, hace una justa mudanza desde un desdén a un favor.) CELIA.Los músicos y él venían. OTAVIO.¡Muy bien venidos seáis! LISEO.(¡Hoy, pensamientos, vengáis los agravios que os hacían!) OTAVIO.Nise y Finea... NISE.¿Señor? OTAVIO.Vaya aquí, por vida mía, el baile del otro día. LISEO.(¡Todo es mudanzas, Amor!) MÚSICOS «Amor, cansado de ver tanto interés, en las damas, y que, por desnudo y pobre, ninguna favor le daba, pasose a las Indias,
EXT-1

El Catedrático divino: Amor como profesor universitario

La frase «¡Gran fuerza tiene el Amor, / catredático divino!» (vv. 2089-2090) es la cifra doctrinal de la pieza. Catedrático divino es metáfora educativa que prolonga la universitas amoris — la universidad del amor — concepto cuyo locus classicus medieval es el De amore de Andreas Capellanus (compuesto h. 1184-1186) y que se desarrolla por la tradición trovadoresca y stilnovista. La novedad lopesca es darle dimensión universitaria explícita: Amor no es sólo maestro, es catedrático (= titular de cátedra), grado más alto del profesorado universitario.

La metáfora opera en cuatro niveles. (1) Educativo: Amor enseña como un profesor; sus alumnos son los amantes. (2) Eclesiástico: catedrático divino = profesor enviado por Dios; el amor es ministerio sagrado. (3) Estructural: la universidad del amor sustituye a la cartilla escolar de la 1.4 — donde Rufino fracasó, Amor triunfa. (4) Político: la cátedra (= silla con dosel del profesor) era símbolo de autoridad; convertir al Amor en catedrático es darle autoridad pública. La frase aparece en boca de Finea, que reconoce a Amor como su verdadero maestro tras dos meses de educación afectiva. Es, además, el verso más citado de la pieza en la crítica.

Aurora Egido ha mostrado, en su clásico estudio de 1978, cómo La dama boba dramatiza una pedagogía no institucional: el amor enseña fuera de las cátedras humanas (= cartilla, dómine, palmeta) y desde la cátedra divina (= afecto, deseo, voluntad).ext1_egido El verso 2090 condensa esa teoría pedagógica.

EXT-2

El tópico de la mujer letrada en el XVII: Vives, Fray Luis y el debate

La queja de Octavio en los vv. 2109-2112 forma parte de una tradición consolidada del XVI-XVII español. Juan Luis Vives, en De institutione feminae christianae (1524), había recomendado para las mujeres una educación limitada a las letras devotas y útiles para el gobierno doméstico. Fray Luis de León, en La perfecta casada (1583), había insistido en que la mujer ideal era la que dominaba el huso, la rueca y la aguja, no la pluma. Las academias literarias del XVII admitían algunas mujeres como oyentes, pero rara vez como autoras.

Octavio queda como representante de esta tradición conservadora. La paradoja es que la pieza misma desmiente el tópico que el padre enuncia: Finea, que en el primer acto era la mujer iletrada deseada por la doctrina vivesiana, es quien al final del Acto III pronuncia el monólogo neoplatónico más sofisticado de la pieza. Lope no toma partido explícito —no era propósito subversivo—, pero la dramaturgia se inclina del lado de la mujer letrada por mérito propio en vez de respaldar al padre que la desea ignorante.

La crítica feminista ha rastreado esta tensión: McKendrick, Soufas, Bass han mostrado cómo el teatro áureo despliega un feminismo involuntario —la pieza dramatiza lo contrario de lo que el código social prescribe—.ext2_feminist La dama boba, en este verso 2110, es ejemplo paradigmático.

EXT-3

La biblioteca de Nise: catálogo del Madrid letrado de 1613

El inventario librero de los vv. 2117-2132 es el documento más rico que el teatro áureo nos da sobre la lectura femenina culta. Catorce títulos, casi todos identificables. La selección es manifiesto editorial de Lope: incluye lo que él aprobaba como lectura de damas. Los catorce, agrupados por género:

Novela griega y bizantina: (1) Historia de dos amantes = Heliodoro, Etiópicas (trad. Mena, Alcalá 1587); ya en 1.3.

Lírica de Lope: (2) Rimas (Sevilla 1602; reediciones 1603, 1605, 1609); (5) Pastores de Belén (1612, novela pastoril a lo divino); (13) Peregrino = El peregrino en su patria (Sevilla 1604).

Narrativa cervantina y picaresca: (3) Galatea de Cervantes (1585); (14) El Pícaro = Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1599-1604).

Lírica épica portuguesa: (4) Camoes de Lisboa = Os Lusíadas (1572) o Rimas (1595).

Teatro contemporáneo: (6) Comedias de Guillén de Castro (1605-1615; valenciano).

Lírica de academia (poetas menores): (7) Liras de Ochoa (Cristóbal de Mesa o Juan de Ochoa); (8) Canción de Luis Vélez de Guevara, leída en la academia del duque de Pastrana (Madrid 1610-1620); (9) Obras de Juan de Luque, Divina poesía (Lisboa 1608); (10) Cartas de Juan de Arguijo (sevillano); (11) Cien sonetos de Pedro Liñán de Riaza (m. 1607).

Lírica clásica: (12) Obras de Fernando de Herrera el divino (1534-1597).

El inventario es manifiesto literario: es lo que Lope quería que sus damas leyeran. Y de los catorce títulos, cuatro son del propio Lope (Rimas, Pastores de Belén, Peregrino, y una autocita implícita en el Camoes —Lope había emulado a Camões en La hermosura de Angélica—). La autopublicidad lopesca es divertidamente descarada: el padre se queja de los libros que su hija lee, y la mayoría son del propio Lope que escribe la queja. Es metateatralidad económica.

Anne Cayuela ha mostrado que estos inventarios librescos en boca de personajes eran convención del XVII, usada por Quevedo (Sueños) y Salas Barbadillo. La dama boba es, sin embargo, el único caso donde el inventario es declaradamente femenino y completamente identificable. Pedro Cátedra ha cotejado el inventario con los catálogos de bibliotecas femeninas reales del XVII madrileño y ha encontrado correspondencias notables: damas reales tenían bibliotecas con perfil similar.ext3_libros

EXT-4

La «Don Quijote mujer»: Cervantes en boca de Lope

«Temo, y en razón lo fundo, / si en esto da, que ha de haber / un Don Quijote mujer / que dé que reír al mundo» (vv. 2145-2148). La cita es la alusión cervantina más explícita de la pieza, y de las pocas alusiones explícitas a Cervantes en todo el teatro de Lope. La operación es sutil.

El Quijote de 1605 había circulado durante ocho años cuando Lope compuso La dama boba en abril de 1613 (autógrafo fechado 28 de abril). La novela había sido un éxito europeo: traducida al inglés por Thomas Shelton en 1612, al francés por César Oudin en 1614, leída en las cortes y academias literarias de toda España. El Quijote era patrimonio del lector culto.

La relación Lope-Cervantes era tensa. Hay alusiones veladas, cartas privadas con insultos mutuos y pullas literarias en una y otra dirección. Cervantes había satirizado el modelo de la comedia nueva (lopesca) en el discurso del canónigo de Toledo (Quijote I, caps. 47-48), y Lope, por su parte, lanzó pullas conocidas contra Cervantes —célebremente en una carta privada del 14 de agosto de 1604— y, más adelante, en el Laurel de Apolo (1630). La cita en boca de Otavio coloca el Quijote en el universo dramático sin nombrar a Cervantes: «Don Quijote» es el título, no el autor. La operación es típica de los enemigos respetuosos: se cita el libro pero no al autor.

Lo que importa es la función dramática. Al comparar a Nise con un Don Quijote mujer, Octavio extiende a la lectura femenina la patología quijotesca: leer demasiado vuelve loco. Pero la pieza, como en el Quijote mismo, deja al espectador la libertad de decidir si la locura es vicio o virtud. Don Quijote es ridículo y heroico simultáneamente; Nise sería igual: ridícula por leer demasiado, heroica por mantener el deseo en la lectura. La cita de Octavio carga con doble fondo: lo que pretende ser advertencia se vuelve elogio oblicuo.

La crítica reciente ha leído este verso como guiño metaliterario de Lope a Cervantes: el dramaturgo reconoce, en boca de un personaje conservador, la novedad de la novela cervantina. La hostilidad pública convive con el reconocimiento privado. Lope cita el libro que detestaba públicamente y elogiaba privadamente. La pieza es archivo de esa ambivalencia.ext4_quijote

Aparato textual (6 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2089«catredático» O«catedrático» mod.(sigue O)(sigue O)
2109–2112bloque conservado O M(igual)(igual)(igual)
2117–2132inventario librero conservado O M AB(igual)(igual)(igual)
2147«Don Quijote mujer» O(igual)(igual)(igual)
2178«accidente» O M(igual)(igual)(igual)
2182–2184«estrellas que conciertan…» O M(igual)(igual)(igual)
  1. Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo LIV (1978): 351-371, hace de esta frase la cifra estructural de la pieza.
  2. Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre, ed. Pedro Cátedra et al. (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208; Juan Luis Vives, De institutione feminae christianae (Amberes: Michael Hillen, 1524).
  3. Para la cultura del libro y los paratextos del Siglo de Oro, Anne Cayuela, Le paratexte au Siècle d'Or: Prose romanesque, livres et lecteurs en Espagne au XVIIe siècle (Genève: Droz, 1996); para las bibliotecas femeninas del XVI castellano y las prácticas de lectura, Pedro M. Cátedra y Anastasio Rojo Vega, Bibliotecas y lecturas de mujeres: siglo XVI (Salamanca: Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, 2004); sobre la autorrepresentación lopesca en su teatro, Ignacio Arellano, Convención y recepción: estudios sobre el teatro del Siglo de Oro (Madrid: Gredos, 1999).
  4. Para el debate sobre la naturaleza del amor en la literatura áurea (cortés, neoplatónico, neoestoico), Alexander A. Parker, La filosofía del amor en la literatura española, 1480-1680 (Madrid: Cátedra, 1986); para el contexto epistemológico moderno de la cuestión elección/pasión, John W. Yolton, John Locke and the Way of Ideas (Oxford: Clarendon Press, 1956) — referencia general posterior.
  5. Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo LIV (1978): 351-371; sobre la tradición de la universitas amoris, Andreas Capellanus, Andreas Capellanus on Love (De amore libri tres), ed. y trad. P. G. Walsh (London: Duckworth, 1982); Roger Boase, El resurgimiento de los trovadores (Madrid: Pegaso, 1981).
  6. Melveena McKendrick, Woman and Society in the Spanish Drama of the Golden Age: A Study of the «mujer varonil» (London: Cambridge University Press, 1974); Laura R. Bass, «The Economics of Representation in Lope de Vega's La dama boba», Bulletin of Spanish Studies 83, n.º 6 (2006): 771-787; Teresa S. Soufas, Dramas of Distinction: A Study of Plays by Golden Age Women (Lexington: University Press of Kentucky, 1997).
  7. Anne Cayuela, Le paratexte au Siècle d'Or: Prose romanesque, livres et lecteurs en Espagne au XVIIe siècle (Genève: Droz, 1996); Pedro M. Cátedra y Anastasio Rojo Vega, Bibliotecas y lecturas de mujeres: siglo XVI (Salamanca: Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, 2004); Laura Malo Barranco, «Poder y lecturas de mujeres nobles en la España de los siglos XVII y XVIII. Un estudio de linajes aragoneses», Estudis: Revista de Historia Moderna 50 (2024).
  8. Para la relación entre Lope y Cervantes, Felipe B. Pedraza Jiménez, El universo poético de Lope de Vega (Madrid: Laberinto, 2003); para la biografía de Lope y su entorno literario, Antonio Sánchez Jiménez, Lope: el verso y la vida (Madrid: Cátedra, 2018); para la tradición crítica sobre el Quijote, Anthony J. Close, The Romantic Approach to Don Quixote: A Critical History of the Romantic Tradition in Quixote Criticism (Cambridge: Cambridge University Press, 1978).

Nota de cierre

Octavio sale convencido de que ha resuelto el problema de Nise. La pieza desmentirá esa convicción en escenas siguientes: Nise no se casará con Duardo, sino con Liseo (el rechazado), y la decisión paterna será frustrada por el fingimiento de Finea. Esta escena es la última en que Octavio cree controlar la trama; a partir de aquí, todo se le escapa. La biblioteca de Nise, los versos 2117-2132, queda como índice de lo que la pieza desplegará: la mujer letrada que el padre desprecia es la lectora real del Madrid de 1613, y el dramaturgo que escribe la pieza es uno de los autores que la habita.

ACTO III · ESCENA 3

3.3 El amor que viene de Panamá

Casa de Octavio, sala principal

canción con estribillovv. 2221–2292música y bailebisagra con 2.8)vv. 2293–2318música y baile

Esta es la demostración pública de que Finea ha llegado. En el Acto I no podía distinguir la A de la sílaba; aquí dirige, bailando, la sátira social más sostenida de toda la comedia. Lope no le da un discurso filosófico para probar su transformación: le da una canción de moda, con estribillo repetido y elenco de modas coloniales, que el corral entendía sin necesidad de mediación letrada. La sabiduría de Finea se expresa en el mismo idioma que el patio — el chiste sobre el indiano presumido, el guante perfumado, la sotanilla turca — y por eso su cambio resulta legible para todos los espectadores, no solo para quienes siguen el debate neoplatónico que ha conducido la acción hasta aquí.

El tema de la canción es también el tema de la obra: qué vale más en el amor, el dinero o la gracia. Amor se ha cansado de que las damas lo desprecien por desnudo y pobre, ha ido a las Indias, ha vuelto con doblones y cadenas de oro, y ahora es perseguido por niñas, doncellas y viejas que compiten entre sí para quedárselo primero. El argumento es una inversión exacta de la trayectoria de Finea: ella eligió a Laurencio sin dinero ni título, contra la voluntad de todos. Que sea ella quien baile la sátira del amor interesado tiene un sabor particular que la audiencia de 1613 recibía sin que Lope tuviera que formularlo.

OTAVIO, MISENO y LISEO se sientan; los MÚSICOS canten,

y las dos bailen ansí:

MÚSICOS.«Amor, cansado de ver tanto interés en las damas, y que, por desnudo y pobre, ninguna favor le daba, pasose a las Indias, vendió el aljaba, que más quiere doblones que vidas y almas. Trató en las Indias Amor, no en joyas, seda y holandas, sino en ser sutil tercero de billetes y de cartas. Volvió de las Indias con oro y plata; que el Amor bien vestido rinde las damas.» «Paseó la corte Amor con mil cadenas y bandas; las damas, como le vían, desta manera le hablan: ¿De dó viene, de dó viene? Viene de Panamá. ¿De dó viene el caballero? Viene de Panamá. Trancelín en el sombrero. Viene de Panamá. Cadenita de oro al cuello. Viene de Panamá. En los brazos el griguiesco. Viene de Panamá. Las ligas con rapacejos. Viene de Panamá. Zapatos al uso nuevo. Viene de Panamá. Sotanilla a lo turquesco. Viene de Panamá. ¿De dó viene, de dó viene? Viene de Panamá. ¿De dó viene el hijodalgo? Viene de Panamá. Corto cuello y puños largos. Viene de Panamá. La daga, en banda, colgando. Viene de Panamá. Guante de ámbar adobado. Viene de Panamá. Gran jugador del vocablo. Viene de Panamá. No da dinero y da manos. Viene de Panamá. Enfadoso y mal criado. Viene de Panamá. Es Amor, llámase indiano. Viene de Panamá. Es chapetón castellano. Viene de Panamá. En criollo disfrazado. Viene de Panamá. ¿De dó viene, de dó viene? Viene de Panamá.» «¡Oh, qué bien parece Amor con las cadenas y galas; que sólo el dar enamora, porque es cifra de las gracias! Niñas, doncellas y viejas van a buscarle a su casa, más importunas que moscas en viendo que hay miel de plata. Sobre cuál le ha de querer, de vivos celos se abrasan, y alrededor de su puerta unas tras otras le cantan:» «¡Deja las avellanicas, moro, que yo me las varearé! El Amor se ha vuelto godo. Que yo me las varearé. Puños largos, cuello corto. Que yo me las varearé. Sotanilla y liga de oro. Que yo me las varearé. Sombrero y zapato romo. Que yo me las varearé. Manga ancha, calzón angosto. Que yo me las varearé. Él habla mucho y da poco. Que yo me las varearé. Es viejo, y dice que es mozo. Que yo me las varearé. Es cobarde y mata moros. Que yo me las varearé. Ya se descubrió los ojos. Que yo me las varearé. ¡Amor loco y amor loco! Que yo me las varearé. ¡Yo por vos, y vos por otro! Que yo me las varearé. ¡Deja las avellanicas, moro, que yo me las varearé!» MISENO.Gallardamente, por cierto. Dad gracias al cielo, Otavio,
EXT-1

El indiano y Panamá: geografía del deseo mercenario

El estribillo «Viene de Panamá» no es arbitrario. En el imaginario económico de la España de 1613, Panamá era el corazón del sistema de flotas que traía la plata de Potosí: la plata peruana bajaba por el Pacífico hasta el puerto de Panamá, cruzaba el istmo en recuas de mulas y embarcaba en el Atlántico hacia Sevilla. Era el nombre que resonaba asociado al tránsito del dinero, no a la producción colonial — por eso Lope escoge Panamá y no Lima o La Habana: un público que seguía las noticias de las flotas en los mentideros de Madrid lo entendía de inmediato.

La figura del indiano como tipo satírico tenía historia larga en el teatro anterior a Lope — pasos de Lope de Rueda, comedias de Torres Naharro — pero es en el primer XVII cuando el tipo se precisa y se vuelve reconocible por su inventario de accesorios. La canción de La dama boba es, en este sentido, un catálogo sociológico: trancelín, gregüesco, guante de ámbar, sotanilla, cadenas y bandas — cada prenda corresponde a modas documentables en las Pragmáticas suntuarias de 1600-1611, que intentaron sin éxito limitar el gasto en lujo de quienes no tenían título suficiente para justificarlo. Que el dios Amor lleve todas esas prendas significa que el amor de la época se ha disfrazado del personaje más asociado al dinero fácil y la ostentación sin linaje.

Hay además una lectura que el público de 1613 podía activar sin necesidad de esfuerzo: la plata americana que venía de Panamá era también el instrumento de la inflación que empobrecía a las clases medias urbanas y enriquecía a los especuladores. El indiano, con sus doblones, hace visible ese desequilibrio. Que las mujeres lo persigan no es marca de frivolidad: es marca de participación en una economía que ha convertido el dinero en el único signo de valor legible en el mercado matrimonial. La canción se ríe de ellas, pero la situación que las genera no está en sus manos.ext1_indiano

EXT-2

La arquitectura métrica y el efecto del estribillo

La canción se organiza en varias secciones con asonantes distintas que corresponden a cambios de temperatura dramática. La primera sección (vv. 2222-2237) usa una mezcla de pentasílabos, hexasílabos y octosílabos con asonante en a-a, propia del romance; es la narración del viaje de Amor a las Indias. Las siguientes (vv. 2241-2280) adoptan el patrón regular de octosílabo descriptivo + estribillo, con cambios de asonante (e-o, a-o) a medida que el catálogo avanza del caballero al hijodalgo. Después (vv. 2281-2293) la canción abandona el estribillo y vuelve al romance en a-a para describir el efecto que el indiano produce en las mujeres. El bloque final (vv. 2294-2315) introduce el segundo estribillo (varearé) y cierra la composición con la perspectiva de las pretendientas en competencia.

Esta arquitectura trabaja en dos direcciones. Por un lado, la sección central —el largo desfile de «Viene de Panamá»— produce el efecto de letanía burlesca: cuando el estribillo se ha repetido diez o doce veces, el público lo anticipa, y la risa llega antes del verso. La respuesta mecánica (Viene de Panamá) ante cualquier atributo —admirable o deplorable— termina por vaciar de sentido el atributo mismo. Es una crítica a la lógica del dinero formulada como automatismo musical.

Por otro lado, el cambio al estribillo varearé en el bloque final hace algo más que relevar al anterior: cambia el sujeto gramatical. Las damas que antes preguntaban admiradas («¿de dó viene?») toman la palabra y compiten entre sí. La voz lírica ya no describe al indiano; lo enumeran en sus defectos mientras afirman que se lo van a llevar de todas formas. La coherencia entre los dos tiempos de la canción es perfecta: el primero dice «este hombre viene con dinero»; el segundo dice «y yo me lo quedo aunque sea un fraude». Juntos componen una meditación sobre el cinismo del amor interesado que Finea puede bailar sin contradicción — porque ella, precisamente, ha hecho lo contrario.ext2_metrica

EXT-3

La reutilización del estribillo y sus condiciones escénicas

El villano en su rincón (compuesto h. 1612, según la datación de Schevill) contiene el mismo estribillo en un contexto radicalmente distinto: la recolección de aceitunas en un ambiente rural castellano. La hipótesis crítica más aceptada es que el éxito del estribillo en el corral llevó a Lope a reutilizarlo aquí. La hipótesis funciona bien en términos de economía teatral: el público que había visto El villano reconocería el estribillo, y el reconocimiento produciría complicidad — una especie de guiño colectivo entre el autor y sus espectadores habituales, que sabían que ya habían oído ese varear en otro contexto.

Lo que cambia en La dama boba es la asociación semántica. El vareo de avellanas, que en El villano era una faena campestre festiva, pasa aquí a metáfora de competencia sexual y social. El moro al que se dirige la voz lírica («¡Deja las avellanicas, moro!») ha cambiado de identidad: ya no es el rival del campo, es el indiano que viene de Panamá, y las avellanicas que alguien quiere varearse antes que otra son los favores, los regalos o, directamente, el hombre. La trasposición no violenta el gesto original porque el acto físico del vareo —golpear el árbol para apropiarse de lo que cae— vale en ambos contextos; lo que varía es la naturaleza del árbol y del fruto.

En escena, la compañía de Jerónima de Burgos representaba esta canción en la escena baja, con Nise y Finea en movimiento mientras los músicos cantaban sentados o de pie al fondo. La coreografía del «varearé» es lo que los documentos no registran. Sabemos que las compañías del primer XVII improvisaban poco en las danzas — el movimiento era ensayado — y que el gesto físico de varear un árbol tenía correspondencia corporal conocida para todo espectador que hubiera visto una recolección. Qué hacían exactamente las actrices con los brazos en ese momento es la pregunta que el texto abre sin responder.ext3_villano

Aparato textual (8 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2221-2318 (canción)conservada O M L P (con variantes)M omite el segundo estribillo (vv. 2293-2318) y desplaza seccionessigue O con orden canónicosigue O
2223 «*ninguna*» (fem.)O P L«*ninguno*» M (masculino)(sigue O)(sigue O)
2235 «*rinde las damas*»O P L«*rinde las almas*» M(sigue O)(sigue O)
2245 «*Trancelín*»O L P (forma plena)«*trencillito*» M (diminutivo, lectura distinta semánticamente)(sigue O)(sigue O)
2249 «*En los brazos el griguiesco*»O L P«*muy al uso los greguescos*» M (alteración mayor del verso)(sigue O)(sigue O)
2285 «*Niñas*»O L P«*Mozas*» M(sigue O)(sigue O)
2311-2314 (par de estribillo *Ya se descubrió los ojos / ¡Amor loco y amor loco!*)conservados O**omitidos M** (sigue AB)conservados Lconservados P
2293-2318 (segundo estribillo *avellanicas*)conservada O L P**omitida M** (sigue AB)conservada Lconservada P
  1. Diego Marín, ed., La dama boba, de Lope de Vega (Madrid: Cátedra, Letras Hispánicas, 1976), nota ad locum; cf. también el Diccionario de Autoridades (Madrid: Real Academia Española, 1726-1739), s.v. banda.
  2. Rudolph Schevill, ed., The Dramatic Art of Lope de Vega, Together with «La Dama Boba» (Berkeley: University of California Press, 1918), nota al v. 2275 («chapetón castellano»); cf. también el Diccionario de la lengua española (RAE), s.v. chapetón.
  3. Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 941-950.
  4. Para la economía de la plata americana, las flotas de Indias y la inflación monetaria de la España del primer XVII, Earl J. Hamilton, American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650 (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1934).
  5. Para el análisis general del romance dramático lopesco como vehículo narrativo, Daniele Crivellari, «¿Las relaciones piden los romances? Métrica y narración en dos comedias de Lope de Vega (1610)», Anuario Lope de Vega 21 (2015): 1-28.
  6. Para la reutilización del estribillo de las avellanas y su procedencia, Rudolph Schevill, The Dramatic Art of Lope de Vega, Together with «La Dama Boba» (Berkeley: University of California Press, 1918); Diego Marín, ed., La dama boba (Madrid: Cátedra, 1976), nota al v. 2293-4.

Nota de cierre

Después del baile, Otavio anuncia el concierto matrimonial con una frase que López Martín señala como errata dramática: el texto de PROLOPE nombra a Finea donde la lógica de la trama exige a Nise, pues es a ella a quien Duardo pretende.cierre_lopez El error, o licencia del autógrafo, no cambia el tono del cierre, pero añade una pequeña incoherencia que las ediciones resolvieron en silencio. Más relevante que quién se casa con quién es lo que queda suspendido en la sala cuando Otavio hace ese anuncio: la canción que se acaba de bailar, su galería de indianos con doblones y promesas vacías, su imagen de mujeres que persiguen sin dignidad al que tiene «miel de plata». Eso es lo que Finea acaba de danzar. Que el padre proceda a concertar un matrimonio inmediatamente después indica que no ha oído lo que la canción decía — o que lo ha oído y no lo ha aplicado a sí mismo.

cierre_lopez: López Martín, ed., La dama boba, nota al v. 2323: «En el manuscrito aparece Finea, y se mantiene para facilitar la rima en e-a. Pero ha de advertirse que debería de aparecer Nise, pues es quien exige la trama dado que a ella quieren casarla con Duardo.»

ACTO III · ESCENA 4

3.4 Otra mujer

Sala de la casa de Octavio

redondillasabbavv. 2320–2426

Hay un momento en el que la mecánica de la comedia revela su arquitectura sin disimulo: cuando el chiste que hizo posible el enredo empieza a trabajar en contra de quien más necesita que continúe. Llevamos dos actos viendo cómo Finea gana discreción gracias a Laurencio y cómo esa ganancia es el motor de toda la trama. El motor trabaja ahora en su contra.

Liseo, rechazado por Nise, mira a la nueva Finea —discreta, rica, libre de compromisos— y decide que ya no tiene razón para evitarla. El argumento que Turín ofrece para justificar el giro es el más agudo de la comedia: la promesa que Liseo hizo de no casarse con Finea fue hecha a propósito de otra persona, porque Finea era entonces otra. Del no saber al saber media un abismo que convierte a la misma mujer en «otra mujer». El argumento lo enuncia el gracioso, que no sabe que está haciendo filosofía; lo que produce el efecto cómico es que quien más debería rebatirlo —Laurencio— tampoco sabe cómo.

La escena está construida en cuatro segmentos sucesivos con personajes que se relevan sin cruzarse del todo: Miseno y Otavio arreglan el casamiento de Düardo con Finea; Liseo y Turín deciden perseguir a Finea; Laurencio se entera de las intenciones de Liseo; Finea irrumpe, en el peor momento posible para Laurencio, con un discurso de amor elaborado que habla de espejos y de luces. La información fluye en espiral: el público lo sabe todo; cada personaje sabe algo distinto.

que os satisfizo el agravio. OTAVIO.Hagamos este concierto de Düardo con Finea. Hijas, yo tengo que hablaros. FINEA.Yo nací para agradaros. OTAVIO.¿Quién hay que mi dicha crea? LISEO.Oye, Turín. TURÍN.¿Qué me quieres? LISEO.Quiérote comunicar un nuevo gusto. TURÍN.Si es dar sobre tu amor pareceres, busca un letrado de amor. LISEO.Yo he mudado parecer. TURÍN.A ser dejar de querer a Nise, fuera el mejor. LISEO.El mismo; porque Finea me ha de vengar de su agravio. TURÍN.No te tengo por tan sabio que tal discreción te crea. [LÉX]/[INT] v. 2331 «letrado de amor» — Turín aplica el vocabulario de la jurisprudencia al campo sentimental produciendo un oxímoron social: el letrado era el jurista universitario, hombre de razón y derecho. El giro irónico se inscribe en la larga tradición áurea de aplicar el lenguaje del foro y la cátedra al cortejo amoroso (la universidad de amor, las cátedras de amor de la poesía cancioneril del XV, los tribunales de amor del Cancionero general de 1511). Que Turín lo reformule en clave irónica contra su propio amo dice tanto sobre la tradición que parodia como sobre el estado del debate entre Liseo y él. LISEO.De nuevo quiero tratar mi casamiento. Allá voy. TURÍN.De tu parecer estoy. LISEO.Hoy me tengo de vengar. TURÍN.Nunca ha de ser el casarse por vengarse de un desdén; que nunca se casó bien quien se casó por vengarse. Porque es gallarda Finea y porque el seso cobró —pues de Nise no sé yo que tan entendida sea—, será bien casarte luego. LISEO.Miseno ha venido aquí. Algo tratan contra mí. TURÍN.Que lo mires bien te ruego. LISEO.¡No hay más! ¡A pedirla voy! TURÍN.El cielo tus pasos guíe y del error te desvíe, en que yo por Celia estoy. ¡Que enamore Amor un hombre como yo! ¡Amor desatina! ¡Que una ninfa de cocina, para blasón de su nombre, ponga «Aquí murió Turín entre sartenes y cazos!» LAURENCIO.Todo es poner embarazos para que no llegue al fin. PEDRO.¡Habla bajo, que hay escuchas! LAURENCIO.¡Oh, Turín! TURÍN.¡Señor Laurencio! LAURENCIO.¿Tanta quietud y silencio? TURÍN.Hay obligaciones muchas para callar un discreto, y yo muy discreto soy. LAURENCIO.¿Qué hay de Liseo? TURÍN.A eso voy. Fuese a casar. PEDRO.¡Buen secreto! TURÍN.Está tan enamorado de la señora Finea, si no es que venganza sea de Nise, que me ha jurado que luego se ha de casar, y es ido a pedirla a Otavio. LAURENCIO.¿Podré yo llamarme a agravio? TURÍN.¿Pues él os puede agraviar? LAURENCIO.¿Las palabras suelen darse para no cumplirlas? TURÍN.No. LAURENCIO.De no casarse la dio. TURÍN.Él no la quiebra en casarse. LAURENCIO.¿Cómo? TURÍN.Porque él no se casa con la que solía ser, sino con otra mujer. LAURENCIO.¿Cómo es otra? TURÍN.Porque pasa del no saber al saber, y con saber le obligó. ¿Mandáis otra cosa? LAURENCIO.No. TURÍN.Pues adiós. LAURENCIO.¿Qué puedo hacer? ¡Ay, Pedro! Lo que temí y tenía sospechado del ingenio que ha mostrado Finea, se cumple aquí. Como la ha visto Liseo tan discreta, la afición ha puesto en la discreción. PEDRO.Y en el oro, algún deseo. Cansole la bobería; la discreción le animó. FINEA.Clara, Laurencio, me dio nuevas de tanta alegría. Luego a mi padre dejé, y aunque ella me lo callara, yo tengo quien me avisara, que es el alma que te ve por mil vidros y cristales, por dondequiera que vas, porque en mis ojos estás con memorias inmortales. Todo este grande lugar tiene colgado de espejos mi amor, juntos y parejos para poderte mirar. Si vuelvo el rostro, allí veo tu imagen; si a estotra parte, también; y ansí viene a darte nombre de sol mi deseo; que en cuantos espejos mira y fuentes de pura plata, su bello rostro retrata y su luz divina espira.
EXT-1

El argumento de Turín: promesa, identidad y la frontera del saber

El razonamiento de los versos 2386-2393 es, reducido a su esqueleto, el siguiente: Laurencio recuerda que Liseo prometió no casarse con Finea; Turín responde que esa promesa no obliga, porque Liseo «no se casa / con la que solía ser, / sino con otra mujer», dado que Finea ha cruzado la frontera «del no saber al saber». La clave está en si ese cruce produce una persona cualitativamente distinta, es decir, si la identidad personal depende del estado de conocimiento de quien la ostenta.

La jurisprudencia matrimonial española del siglo XVI ofrecía un terreno para ese argumento. Los tratados sobre esponsales —de Tomás Sánchez a la casuística jesuítica— distinguían entre el consentimiento prestado en unas condiciones y el que se prestaría en otras: un prometido podía alegar que la persona con quien se comprometió ya no era «la misma» si mediaba una transformación sustancial de estado. La identidad moral de los contrayentes formaba parte de los debates sobre la validez del contrato matrimonial. El derecho canónico ponía el acento en el consensus de futuro y sus condiciones; un cambio radical en el sujeto podía, en algunos argumentos, disolver la obligación.ext1_jurisprudencia Turín no cita a Sánchez —sería inverosímil—, pero razona en el mismo registro, con la libertad del gracioso que puede decir verdades que el letrado no se permite.

Lo que da al momento su peso dramático particular es que Lope pone el argumento más afilado del acto en boca del personaje de rango más bajo. Turín ignora que está trazando una distinción filosófica: para él se trata sólo de buscar una razón que explique por qué su amo quiere a Finea y necesita perseguirla. Que el argumento sea, además, jurídicamente defensible es un regalo de Lope al espectador letrado, que puede reconocerlo sin que la escena pierda velocidad para quien no lo reconozca.

Laurencio, que es quien podría rebatirlo, responde «¿Cómo es otra?» — la única pregunta que le queda y, al mismo tiempo, la más devastadora para él mismo: nadie sabe mejor que él cómo es «otra», porque fue él quien la hizo así. La trampa que Turín enuncia es la misma en la que Laurencio cayó al principio del Acto II al iniciar la pedagogía amorosa.

La paradoja anticipa la formulación lockeana del problema (en el Essay concerning Human Understanding, 1690; el capítulo II.xxvii «Of Identity and Diversity» fue añadido por Locke en la 2.ª edición de 1694): si la identidad personal depende de la continuidad de la conciencia (consciousness), y la conciencia ha cambiado radicalmente, ¿es la misma persona? Lope no plantea el problema en términos modernos; lo dramatiza con generaciones de antelación, en boca de un lacayo. El gracioso cumple la función filosófica que la pieza necesita.

EXT-2

Los espejos de Finea: imagen, phantasia y amor neoplatónico en los versos 2410-2427

La cadena especular que Finea despliega en su discurso de amor —el alma que ve «por mil vidros y cristales», los ojos como cámara de retención, la sala entera cubierta de reflejos del amado— no es mero ornamento. Pertenece a una tradición filosófica que Leone Ebreo sistematizó en los Dialoghi d'amore (escritos h. 1502, publicados 1535), obra de circulación amplísima en España desde la traducción castellana del Inca Garcilaso de la Vega (1590) y que Lope conocía con certeza.ext2_ebreo En la doctrina de Ebreo, el amante lleva la imagen del amado grabada en la phantasia —la facultad imaginativa del alma— de modo que puede «verlo» con los ojos interiores en cualquier lugar y en cualquier momento. Los ojos físicos se convierten en acceso a esa imagen más permanente; la memoria amorosa es una forma de visión continua.

Finea lo formula en términos ópticos concretos que merecen leerse despacio. Los «vidros y cristales» son, en la anatomía del XVI, el cristalino del ojo —la parte transparente del globo ocular—, de modo que «el alma que te ve / por mil vidros y cristales» (vv. 2411-2412) dice algo preciso: el alma usa los ojos como ventanas al amado interior, multiplicadas hasta el infinito. La sala «colgada de espejos» es el espacio interior del alma —la phantasia— donde cada movimiento de Laurencio queda reflejado. Y la imagen final: el amado «viene a darte / nombre de sol», porque el sol es el único objeto que se reproduce intacto en todos los espejos y fuentes que mira, sin perder luz al hacerlo.

El verso de cierre de la escena tiene una variante textual que importa. O lee «y su luz divina espira» —donde espira significa 'exhala', 'irradia como un aliento'—, mientras M prefiere «y tu imagen bella admira» y AB «y tu imagen bella mira». La lección de O es más difícil y más rica: espira conecta con el spiritus neoplatónico, el «espíritu vital» que en la fisiología amorosa del XVI viajaba del amante al amado a través de los ojos. M y AB simplifican con verbos de visión (admirar, mirar) que son correctos pero menos densos. PROLOPE mantiene «espira» como lección autógrafa.

Lo que la escena revela, por debajo de la retórica, es que Finea habla ahora en el código que Laurencio habría reconocido desde el principio de la comedia: el de la lírica culta, el petrarquismo, el amor-imagen. Antes hablaba de amor con imágenes de la calle; aquí habla como hablan los que han aprendido que el amor tiene una lengua propia. La pregunta que el final de la escena deja abierta —¿lo sabe Laurencio, o solo lo siente?— no tiene respuesta dentro de estos versos.

Aparato textual (9 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2320 «*Dad gracias al cielo*»O«*a Dios*» M AB (sustitución «cielo» → «Dios»)(sigue M AB)(sigue M AB)
2322 «*Hagamos este concierto*»O«*Tratemos nuestro*» M AB(sigue M AB)(sigue M AB)
2336 «*me ha de vengar de su agravio*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
2347 «*gallarda*»O M (lectura autógrafa, dimensión física)«*discreta*» AB (lectura simplificada, racional)«*gallarda*» (sigue O)(sigue O)
2391 atrib.LAURENCIO OTURÍN M AB(sigue M AB)(sigue M AB)
2410 «*mis ojos*»O«*mi imagen*» M / «*mi memoria*» AB(sigue M)(sigue M)
2416 «*colgado*»O (espejos pendientes individualmente, como en salas de aparato del XVII)«*cubierto*» M AB (generalización)(sigue M AB)(sigue M AB)
2425 «*su bello rostro*»O (descripción objetiva del amado)«*tu bello rostro*» M AB (apelación directa)(sigue M AB)(sigue M AB)
2426 «*y su luz divina espira*»O (lección autógrafa, conecta con *spiritus* neoplatónicos)«*y tu imagen bella admira*» M / «*y tu imagen bella mira*» AB (verbos de visión ordinaria)(sigue O)(sigue O)
  1. Tomás Sánchez, De sancto matrimonii sacramento disputationum (Génova: Iosephus Pavonus, 1602; tomos II-III, Madrid: Luis Sánchez, 1605; reimpresiones europeas posteriores en Lyon, Amberes y Venecia). Sobre la casuística del consensus y su disolución, véase también Juan de Lugo, Disputationes scholasticae et morales: De iustitia et iure, vol. VII (Lyon: Borde, Arnaud y Rigaud, 1652); sobre la formulación lockeana del problema de la identidad personal, John W. Yolton, John Locke and the Way of Ideas (Oxford: Clarendon Press, 1956).
  2. León Hebreo [Leone Ebreo], Diálogos de amor, trad. Inca Garcilaso de la Vega (Madrid: Pedro Madrigal, 1590). Sobre la presencia neoplatónica en La dama boba, James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255; sobre la doctrina del espejo en el petrarquismo castellano, María del Pilar Manero Sorolla, Imágenes petrarquistas en la lírica española del Renacimiento: Repertorio (Barcelona: PPU, 1990).

Nota de cierre

La escena cierra con Laurencio escuchando, mudo, el discurso amoroso de Finea. La heroína, sin saber que su prometido oficial está pidiendo su mano al padre, abruma al galán con metáforas ópticas neoplatónicas. La paradoja dramática es que la mujer que en el Acto I no entendía B-A-N habla ahora la lengua de los Dialoghi d'amore, y lo hace en el momento en que su amante teme perderla precisamente por esa transformación. La pieza muestra, sin enunciarla, la trampa pedagógica: enseñar a alguien lo hace a la vez deseable y perdible. Quien educa al otro hace al otro autónomo; la autonomía permite que el otro elija a otro. Laurencio, en este verso, intuye lo que la escena 3.6 le obligará a confrontar: si quiere conservar a Finea, debe pedirle que finja todavía, una vez más, ser quien era antes.

ACTO III · ESCENA 5

3.5 Confesión de Finea: «Por hablarte supe hablar»

Casa de Octavio

romance asonancia -eo-eovv. 2427–2510narración + reflexión

Escena bisagra del Acto III. Finea, ya completamente transformada, se encuentra a solas con Laurencio y le confiesa, con una limpieza emocional sin paralelo en la pieza, que todo lo que ha aprendido lo aprendió por amor: «Por hablarte supe hablar / […] Por leer en tus papeles / libros difíciles leo». La declaración es de tono autobiográfico y dramatiza la pedagogía amorosa con la fuerza de una confesión amorosa. En la segunda mitad de la escena, ante el problema dramático —Liseo ha vuelto a quererla, Octavio quiere casarla con él—, Finea propone el plan: fingirse boba ante Liseo. La escena cierra con el verso 2486 («¿sabrás fingirte boba? — Sí, que lo fui mucho tiempo»), uno de los momentos más altos de toda la pieza.

LAURENCIO.¡Ay, Finea! A Dios pluguiera que nunca tu entendimiento llegara, como ha llegado, a la mudanza que veo. Necio, me tuvo seguro; y sospechoso, discreto; porque yo no te quería para pedirte consejo. ¿Qué libro esperaba yo de tus manos? ¿En qué pleito habías jamás de hacerme información en derecho? Inocente te quería, porque una mujer cordero es tusón de su marido, que puede traerla al pecho. Todas sabéis lo que basta para casada, a lo menos; no hay mujer necia en el mundo, porque el no hablar no es defeto. Hable la dama en la reja, escriba, diga concetos en el coche, en el estrado, de amor, de engaños, de celos; pero la casada sepa de su familia el gobierno; porque el más discreto hablar no es sancto como el silencio. Mira el daño que me vino de transformarse tu ingenio, pues va a pedirte, ¡ay de mí!, para su mujer, Liseo. ¡Ya deja a Nise, tu hermana! ¡Él se casa! ¡Yo soy muerto! ¡Nunca, plega a Dios, hablaras! FINEA.¿De qué me culpas, Laurencio? A pura imaginación del alto merecimiento de tus prendas, aprendí el que tú dices que tengo. Por hablarte, supe hablar, vencida de tus requiebros; por leer en tus papeles, libros difíciles leo; para responderte, escribo; no he tenido otro maestro que Amor; Amor me ha enseñado. Tú eres la ciencia que aprendo. ¿De qué te quejas de mí? LAURENCIO.De mi desdicha me quejo; pero, pues ya sabes tanto, dame, señora, un remedio. FINEA.El remedio es fácil. LAURENCIO.¿Cómo? FINEA.Si, porque mi rudo ingenio, que todos aborrecían, se ha transformado en discreto, Liseo me quiere bien, con volver a ser tan necio como primero le tuve, me aborrecerá Liseo. LAURENCIO.Pues, ¿sabrás fingirte boba? FINEA.Sí, que lo fui mucho tiempo, y el lugar donde se nace saben andarle los ciegos. Demás de esto, las mujeres naturaleza tenemos tan pronta para fingir o con amor o con miedo, que, antes de nacer, fingimos. LAURENCIO.¿Antes de nacer? FINEA.Yo pienso que en tu vida lo has oído. Escucha. LAURENCIO.Ya escucho atento. FINEA.Cuando estamos en el vientre de nuestras madres, hacemos entender a nuestros padres, para engañar sus deseos, que somos hijos varones; y así verás que, contentos, acuden a sus antojos con amores, con requiebros, y esperando el mayorazgo, tras tantos regalos hechos, sale una hembra, que corta la esperanza del suceso. Según esto, si pensaron que era varón, y hembra vieron, antes de nacer fingimos.
EXT-1

La doctrina del habla femenina: dama vs casada

Los versos 2440-2450 articulan una distinción canónica del XVII: la mujer puede hablar como dama (= soltera en cortejo) pero debe callar como casada (= sometida al gobierno doméstico). La doctrina del silencio femenino como virtud de la casada está expuesta por Fray Luis de León en La perfecta casada (Salamanca, 1583), particularmente en los capítulos dedicados a la modestia en el hablar. La línea «el más discreto hablar / no es sancto como el silencio» (vv. 2449-2450) es eco directo de la sentencia paulina (1 Cor 14:34): mulieres in ecclesiis taceant (las mujeres callen en las iglesias).

Lope coloca la doctrina en boca del galán-héroe, no del padre conservador (Octavio en 1.2 había hecho lo mismo). La operación es deliberada: Laurencio, que ha educado a Finea para que hable, le dice ahora que debe callar como casada. La contradicción está en escena, sin glosa. El espectador del corral lo notaba: el maestro de la mujer letrada le pide ahora que finja ser muda, lo cual es exactamente lo que ella propondrá hacer (fingirse boba ante Liseo). La pieza dramatiza, sin condenar expresamente, la trampa del aprendizaje femenino: aprender es ganar autonomía; el maestro, al final, prefiere lo segundo a lo primero, y pide que el aprendizaje vuelva a esconderse.

La crítica contemporánea de la mujer en el teatro áureo —desde el clásico estudio de Melveena McKendrick (1974) hasta los trabajos reunidos en el Companion to Lope de Vega (Samson y Thacker, 2008)— ha leído este pasaje como escándalo subterráneo: el galán que pide a su amada que se finja boba para casarse con él admite, sin saberlo, que la sociedad patriarcal sólo tolera mujeres dóciles.ext1_feminista La pieza no condena la doctrina, la registra; el resto lo deja al lector.

EXT-2

El verso 2486 como cifra de la pieza: Pessoa, Sá-Carneiro, Zambrano

«Sí, que lo fui mucho tiempo, / y el lugar donde se nace / saben andarle los ciegos» (vv. 2484-2486) es la cifra de toda la pieza. Tres dimensiones la atraviesan.

Primera, biográfica: Finea fue boba. La continuidad temporal del sujeto se afirma. La transformación no abolió el pasado; lo conserva como sustrato. Esta es la respuesta lopesca al problema de la identidad personal a través del cambio: la persona es lo que ha sido más lo que es.

Segunda, epistemológica: el lugar donde se nace lo conocen los ciegos. La metáfora es exacta: el ciego, que no ve, conoce su casa por hábito corporal. Finea, que ya no es boba, conoce la bobería por hábito biográfico. Para conocer la bobería basta haber sido bobo; ya no hace falta serlo. Tres versos cifran lo que la fenomenología contemporánea —Husserl, Merleau-Ponty— formulará en cientos de páginas: el cuerpo retiene los modos de habitar el mundo aunque la conciencia los haya superado.

Tercera, dramática: el fingimiento como modo del saber. Finea descubre aquí que puede administrar su transformación: ser boba ante Liseo, discreta ante Laurencio, ingenuamente literal ante el padre. Su poder en la pieza descansa en esa capacidad de modular las máscaras. Fernando Pessoa, tres siglos después, formulará esta intuición en Autopsicografía (1931): «O poeta é um fingidor / Finge tão completamente / Que chega a fingir que é dor / A dor que deveras sente». Finea es la primera Pessoa del teatro español: finge tan completamente la bobería que finge incluso ser la antigua boba. La diferencia con Pessoa pasa por el género del sujeto que finge. En Pessoa, lo que se finge es el oficio del poeta; en Lope, lo que se finge es la posición de una mujer ante el sistema patriarcal que la rodea.

Mário de Sá-Carneiro, amigo y émulo de Pessoa, dejó la fórmula que mejor captura la posición de Finea: «Eu não sou eu nem sou o outro, / Sou qualquer coisa de intermédio». Finea, en el verso 2486, está justamente en ese intermedio: ha dejado atrás a la boba, su discreción todavía no la agota, y queda en ese qualquer coisa de intermédio que sabe administrar las dos identidades. La fórmula portuguesa cabe sobre el verso castellano con precisión filológica.ext2_pessoa

María Zambrano, exiliada española y lectora de Lope, formularía en Filosofía y poesía (1939) la distinción que cierra la trilogía: «la filosofía busca; la poesía recibe». Lo que Finea ha recibido del amor es la capacidad de fingir lo que ya no es. Y al recibirla, ha ganado libertad. Su saber es razón poética en sentido estricto: saber por experiencia, en el lugar donde los preceptos no llegan.ext2_zambrano

EXT-3

El feto femenino fingidor: crítica feminista oblicua

El argumento de Finea sobre el feto femenino que finge ser varón en el vientre materno (vv. 2487-2509) es uno de los pasajes más desconcertantes de la pieza. Tomado al pie de la letra, es absurdo: ningún feto puede fingir nada. Tomado como alegoría, es crítica feminista de notable agudeza.

La estructura argumentativa es: (1) el feto siente que su padre lo desea como varón (= heredero del mayorazgo); (2) el feto, por instinto de autoconservación afectiva, simula ser varón hasta el último momento posible; (3) cuando nace y se descubre hembra, el padre se siente engañado. La línea presenta el sistema sucesorio masculino como mecanismo que condena a la mujer al fingimiento desde el origen biológico mismo.

La operación retórica es notable. Finea usa una fabula aparentemente absurda para denunciar la realidad económica del mayorazgo. El espectador del corral ríe del chiste sin necesariamente asumir la denuncia; pero el lector culto registra que la pieza ha colocado en boca de la heroína una crítica al sistema patriarcal que el código vigente no podía formular abiertamente. La risa cómica protege la denuncia; la denuncia se vuelve admisible bajo cubierta humorística.

La línea anticipa, en clave dramática, lo que el feminismo del XX formulará como socialización de género: la mujer no es naturalmente fingidora, es fingidora por adaptación al sistema que la rodea. Finea, sin saberlo, formula la tesis de Simone de Beauvoir («on ne naît pas femme, on le devient», Le deuxième sexe, 1949) en cuatro versos de romance.ext3_beauvoir

Aparato textual (6 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2427–2430«*¡Ay, Finea! A Dios pluguiera / que nunca tu entendimiento / llegara, como ha llegado, / a la mudanza que veo*» O M L P(igual)(igual)(igual)
2469-2470 «*por leer en tus papeles, / libros difíciles leo*»conservados O M L P(igual)(igual)(igual); algunas ediciones AB omiten estos versos clave de la pedagogía amorosa
2488-2490 «*sí, que lo fui mucho tiempo, / y el lugar donde se nace / saben andarle los ciegos*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual) — verso emblemático de la pieza
2489 «*el lugar donde se nace*»O P L«*la tierra donde nacen*» AB (variante de tradición impresa antigua)(sigue O)(sigue O)
2495 «*antes de nacer, fingimos*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
2507 «*el mayorazgo*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual) — referencia jurídico-económica al sistema sucesorio
  1. Para la elección de asonancia en bloques narrativos largos en Lope, Diego Marín, Uso y función de la versificación dramática en Lope de Vega (Valencia: Castalia, 1962).
  2. Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo LIV (1978): 351-371.
  3. Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre, ed. Pedro Cátedra et al. (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208.
  4. Sobre el mayorazgo en la Castilla del Antiguo Régimen, Bartolomé Clavero, Mayorazgo: propiedad feudal en Castilla, 1369-1836 (Madrid: Siglo XXI, 1974).
  5. Para una lectura de género del teatro áureo y la cuestión de la autonomía femenina, Melveena McKendrick, Woman and Society in the Spanish Drama of the Golden Age: A Study of the «mujer varonil» (London: Cambridge University Press, 1974); para el contexto reciente, A Companion to Lope de Vega, ed. Alexander Samson y Jonathan Thacker (Woodbridge: Tamesis, 2008).
  6. Mário de Sá-Carneiro, «7», en Indícios de Oiro (Porto: Presença, 1937); reproducido en Poesia, ed. Fernando Cabral Martins (Lisboa: Assírio & Alvim, 2001); Fernando Pessoa, Poesias (Lisboa: Ática, 1942). ext2_zambrano: María Zambrano, Filosofía y poesía (Morelia: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1939; ed. de Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1987), 13.
  7. Simone de Beauvoir, Le deuxième sexe, vol. II: L'expérience vécue (Paris: Gallimard, 1949): «on ne naît pas femme, on le devient». Para una lectura de género del teatro áureo, Melveena McKendrick, Woman and Society in the Spanish Drama of the Golden Age: A Study of the «mujer varonil» (London: Cambridge University Press, 1974).

Nota de cierre

Finea sale con el plan del fingimiento sembrado. Lo que viene en la escena 3.6 es la ejecución: ante Liseo, fingida boba, demolerá al pretendiente con preguntas sobre las lunas viejas y las sotanas turcas. La pieza ha tocado en este verso 2486 su nota más alta. Todo lo que sigue es resolución.

ACTO III · ESCENA 6

3.6 La boba fingida ante Liseo: «¿Longaniza come el alma?»

Casa de Octavio

romance asonancia -eo-eovv. 2511–2634narración + diálogo

La escena del fingimiento. Finea, ya transformada, se finge boba ante Liseo para hacerle desistir definitivamente de casarse con ella. La operación dramática es brillante: Finea no necesita argumentos, le basta con representar el papel de la antigua Finea, y eso desconcierta a Liseo hasta el punto de que él mismo desea la ruptura. La escena despliega una serie de gags magistrales: las preguntas absurdas sobre las lunas nuevas («¿adónde están las viejas?»), las confusiones de identidad («¿Quién sois vos?»), y el verso cumbre del nonsense lopesco: «¿Longaniza come el alma?». La comicidad opera con doble fondo: el público sabe que Finea finge; Liseo no.

LAURENCIO.Es evidente argumento; pero yo veré si sabes hacer, Finea, tan presto mudanza de estremos tales. FINEA.Paso, que viene Liseo. LAURENCIO.Allí me voy a esconder. FINEA.Ve presto. LAURENCIO.Sígueme, Pedro. PEDRO.En muchos peligros andas. LAURENCIO.Tal estoy, que no los siento. LISEO.En fin, queda concertado. TURÍN.En fin, estaba del cielo que fuese tu esposa. LISEO.(Aquí está mi primero dueño.) ¿No sabéis, señora mía, cómo ha tratado Miseno casar a Duardo y Nise, y cómo yo también quiero que se hagan nuestras bodas con las suyas? FINEA.No lo creo; que Nise me ha dicho a mí que está casada en secreto con vos. LISEO.¿Conmigo? FINEA.No sé si érades vos u Oliveros. ¿Quién sois vos? LISEO.¿Hay tal mudanza? FINEA.¿Quién decís? Que no me acuerdo. Y si mudanza os parece, ¿cómo no veis que en el cielo cada mes hay nuevas lunas? LISEO.(¡Válgame el cielo! ¿Qué es esto? TURÍN.¡Si le vuelve el mal pasado!) FINEA.Pues, decidme; si tenemos luna nueva cada mes, ¿adónde están? ¿Qué se han hecho las viejas de tantos años? ¿Daisos por vencido? LISEO.(Temo que era locura su mal.) FINEA.Guárdanlas para remiendos de las que salen menguadas. ¿Veis ahí que sois un necio? LISEO.Señora, mucho me admiro de que ayer tan alto ingenio mostrásedes. FINEA.Pues, señor, agora ha llegado al vuestro; que la mayor discreción es acomodarse al tiempo. LISEO.Eso dijo el mayor sabio. PEDRO.(Y esto escucha el mayor necio.) LISEO.Quitado me habéis el gusto. FINEA.No he tocado a vos, por cierto. Mirad, que se habrá caído. LISEO.(¡Linda ventura tenemos! Pídole a Otavio a Finea, y cuando a decirle vengo el casamiento tratado, hallo que a su ser se ha vuelto.) Volved, mi señora, en vos, considerando que os quiero por mi dueño para siempre. FINEA.¿Por mi dueña? ¡Majadero! LISEO.¿Así tratáis un esclavo que os da el alma? FINEA.¿Cómo es eso? LISEO.Que os doy el alma. FINEA.¿Qué es alma? LISEO.¿Alma? El gobierno del cuerpo. FINEA.¿Cómo es un alma? LISEO.Señora, como filósofo puedo difinirla, no pintarla. FINEA.¿No es alma la que en el peso le pintan a San Miguel? LISEO.También a un ángel ponemos alas y cuerpo, y, en fin, es un espíritu bello. FINEA.¿Hablan las almas? LISEO.Las almas obran por los instrumentos, por los sentidos y partes de que se organiza el cuerpo. FINEA.¿Longaniza come el alma? TURÍN.(¿En qué te cansas? LISEO.No puedo pensar sino que es locura. TURÍN.Pocas veces de los necios se hacen los locos, señor. LISEO.Pues, ¿de quién? TURÍN.De los discretos; porque de diversas causas nacen efetos diversos. LISEO.¡Ay, Turín! Vuélvome a Nise. Más quiero el entendimiento que toda la voluntad.) Señora, pues mi deseo, que era de daros el alma, no pudo tener efeto, quedad con Dios. FINEA.Soy medrosa de las almas, porque temo que de tres que andan pintadas, puede ser la del infierno. La noche de los difuntos no saco, de puro miedo, la cabeza de la ropa. TURÍN.Ella es loca sobre necio, que es la peor guarnición. LISEO.Decirlo a su padre quiero. LAURENCIO.¿Puedo salir? FINEA.¿Qué te dice? LAURENCIO.Que ha sido el mejor remedio que pudiera imaginarse. FINEA.Sí; pero siento en estremo volverme a boba, aun fingida, y pues fingida lo siento, los que son bobos de veras, ¿cómo viven? LAURENCIO.No sintiendo. PEDRO.Pues si un tonto ver pudiera su entendimiento a un espejo, ¿no fuera huyendo de sí? La razón de estar contentos es aquella confïanza de tenerse por discretos. FINEA.Háblame, Laurencio mío, sutilmente, porque quiero desquitarme de ser boba. NISE.¡Siempre Finea y Laurencio juntos! Sin duda se tienen amor. No es posible menos. CELIA.Yo sospecho que te engañan. NISE.Desde aquí los escuchemos. LAURENCIO.¿Qué puede, hermosa Finea,
EXT-1

El nonsense de Finea como filosofía empirista

«¿Longaniza come el alma?» (v. 2590) es la versión cómica más brillante del problema cuerpo-alma del XVII español. Finea finge no entender que el alma es inmaterial, y al fingirlo, hace explícita la pregunta que ningún teólogo ortodoxo formularía: si el alma habita en el cuerpo, ¿comparte la nutrición con él? El materialismo radical implícito en la pregunta es exactamente el que la doctrina post-tridentina trataba de extirpar de la teología: el alma no es vapor del cuerpo, no es sustancia material, no come.

El chiste tiene linaje. La filosofía estoica antigua y el galenismo médico del XVI sostenían precisamente que el alma era spiritus, vapor sutil de la sangre, y que dependía del cuerpo para sostenerse. Las críticas anti-estoicas y anti-galénicas (Suárez, Báñez, Vázquez) habían refutado esta posición durante el siglo XVI. Para 1613, la posición ortodoxa era que el alma es inmaterial y no necesita sustento físico.

Finea, con su pregunta cómica, retrocede a la posición estoica. La gracia es que el público del corral, en su mayoría sin instrucción teológica formal, percibía el chiste sin captar la doctrina precisa. El catedrático de Salamanca o el clérigo del desván sí percibía la heterodoxia implícita. El doble nivel funciona perfectamente.

Friedman ha leído este pasaje como momento de «la comedia funcionando en niveles cognitivos simultáneos».ext1_friedman El mosquetero ríe del absurdo de la pregunta; el oyente letrado ríe de la sutileza filosófica enmascarada de chiste. Las dos risas coexisten sobre el mismo verso.

EXT-2

La teatralidad del fingimiento: Finea como actriz dentro del teatro

Lo que Finea hace en esta escena es teatro dentro del teatro. Está actuando un papel —el de la antigua Finea— para un público —Liseo— que cree estar viendo realidad. La situación es metateatral: la actriz interpreta a una Finea que, a su vez, interpreta a otra Finea. Tres niveles de actuación se superponen.

La metateatralidad lopesca había alcanzado su formulación canónica en Lo fingido verdadero (1607-1614), comedia donde el actor pagano Ginés se convierte al cristianismo mientras representa el papel de un mártir. Aquí, en La dama boba, la metateatralidad opera al revés: la conversión (de boba a discreta) es real, y el fingimiento de la conversión inversa (volver a boba) es teatral. Se juega con la convención de que la representación puede transformar al representante, pero en este caso la representación de la antigua Finea no devuelve a Finea a su estado anterior; le da, al contrario, el poder definitivo de gobernar su destino.

La pieza pone en escena, en este momento, lo que Pirandello formulará tres siglos después en Sei personaggi in cerca d'autore (1921): la persona es siempre máscara representada, y el yo «verdadero» es la conciencia de las máscaras posibles. Finea ha alcanzado esa conciencia.

El gesto tiene además un linaje conceptual contemporáneo a Lope que conviene nombrar. Torquato Accetto, en Della dissimulazione onesta (Nápoles, 1641), formuló la doctrina barroca del fingimiento legítimo: dissimular —no decir todo, en lugar de mentir— era práctica defensiva del débil ante el poder. Lo que en el aristotelismo escolástico era pecado (la simulación), en el barroco italiano se convierte en virtud política. Finea, sin haber leído a Accetto (ni nadie en 1613 podía haberlo leído todavía), aplica su doctrina con limpieza barroca: no miente —no afirma falsedades nuevas—; vuelve a ser la que era, dejando que Liseo reconozca a la antigua boba.ext2_accetto

EXT-3

Performar la identidad heredada: los Untitled Film Stills de Cindy Sherman

Hay un proyecto fotográfico contemporáneo que dramatiza el dispositivo exacto de Finea, y que conviene traer porque explícita lo que la pieza solo deja entrever. Entre 1977 y 1980, la artista neoyorquina Cindy Sherman produjo la serie Untitled Film Stills: 69 fotografías en blanco y negro en las que ella misma se autorretrata vestida, maquillada y dispuesta como las mujeres arquetípicas del cine clásico de Hollywood —la noir de los años cuarenta, la heroína hitchcockiana, la ama de casa de melodrama, la chica del campo de paso por la ciudad—. Ninguna de las fotos corresponde a una película real; cada una parece un fotograma sin película. La operación tiene tres niveles simultáneos: Sherman es Sherman, Sherman es la actriz que interpreta el papel, y Sherman es el papel mismo. La distancia entre los tres niveles es lo que la imagen registra y exhibe.

La afinidad con la maniobra de Finea es estructural. Cuando, en estos versos, Finea pregunta «¿Longaniza come el alma?» o «¿adónde están las viejas [lunas]?», está haciendo lo que Sherman hace en sus retratos: heredar una identidad pretérita —«la antigua Finea» del Acto I— y exhibirla como interpretación presente. Finea es Finea, Finea es la actriz que interpreta a la Finea boba, y Finea es la boba misma. Liseo, como el espectador del museo ante un Sherman, ve solo el papel; el público del corral, como el espectador letrado de Sherman, ve los tres niveles. Y la pieza, como el proyecto de Sherman, dramatiza que la identidad femenina heredada es convención antes que naturaleza, y que la convención puede ser desempeñada o no a voluntad.

Hay una diferencia decisiva. Sherman, al fotografiarse como mujeres arquetipo, denuncia la convención al hacerla visible. Finea, al fingirse boba, no denuncia: aprovecha. Para el feminismo conceptual de Sherman, exponer la máscara es liberación crítica; en la dramaturgia barroca de Lope, sostener la máscara funciona como liberación práctica desde dentro. Las dos operaciones —mostrar la identidad como interpretación posible— iluminan a La dama boba desde tres siglos y medio adelante.ext3_sherman

Aparato textual (7 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2545-2552 (gag de las lunas)conservado O M L P(igual)(igual)(igual) — Marín nota la cosmología popular del XVII
2576 «*¿Alma? El gobierno del cuerpo*»O M L P (idéntico)(igual) — definición tomista canónica(igual)(igual)
2581-2582 «*¿No es alma la que en el peso / le pintan a San Miguel?*»O M L P (idéntico)(igual) — referencia iconográfica del *psicostasia*(igual)(igual)
2590 «*¿Longaniza come el alma?*»O M L P (idéntico)(igual) — verso cumbre del *nonsense* lopesco(igual)(igual) — Patterson glosa el chiste teológico
2606 «*tres que andan pintadas*»O M L P (idéntico)(igual) — referencia a las tres almas (cielo, purgatorio, infierno)(igual)(igual)
2611-2612 «*loca sobre necio, / que es la peor guarnición*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
2598-2600 (decisión de Liseo)«*Vuélvome a Nise. / Más quiero el entendimiento / que toda la voluntad*» O M L P (idéntico)(igual) — momento decisivo del galán(igual)(igual)
  1. Sobre las tiradas largas de romance asonante en Lope y su función dramatúrgica, Marc Vitse, «La poética de la Comedia: estado de la cuestión», en La Comedia: seminario hispano-francés organizado por la Casa de Velázquez. Madrid, diciembre 1991-junio 1992, ed. Jean Canavaggio (Madrid: Casa de Velázquez, 1995).
  2. Para la actividad astronómica y la cosmovisión científico-popular castellana del XVI-XVII, Víctor Navarro Brotóns, «La actividad astronómica en la España del siglo XVI: perspectivas historiográficas», Arbor 142 (1992).
  3. Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617.
  4. Torquato Accetto, Della dissimulazione onesta (Nápoles: Egidio Longo, 1641), ed. moderna Salvatore Nigro (Turín: Einaudi, 1997); Jon R. Snyder, Dissimulation and the Culture of Secrecy in Early Modern Europe (Berkeley: University of California Press, 2009); Diego Rubio, The Ethics of Deception: Secrecy, Transparency and Deceit in the Origins of Modern Political Thought, tesis doctoral (Oxford: Magdalen College, 2016).
  5. Para una lectura conceptual de los Untitled Film Stills como crítica de la identidad femenina heredada, Rosalind Krauss, «Cindy Sherman: Untitled Film Stills», en Cindy Sherman 1975-1993 (New York: Rizzoli, 1993); Judith Williamson, «Images of "Woman": The Photographs of Cindy Sherman», Screen 24, n.º 6 (1983): 102-116.

Nota de cierre

La escena se cierra con Liseo aterrado y decidido definitivamente a no casarse con Finea, y con Nise descubriendo la complicidad de su hermana con Laurencio. La operación de Finea ha sido completa: ha demostrado ser estrategia y voluntad, no sólo personaje. Lo que viene en la escena 3.7 es la confrontación con Nise, donde la otra hermana descubrirá la traición y exigirá su parte. La pieza, después de este pico cómico, vuelve al conflicto.

ACTO III · ESCENA 7

3.7 Nise vs Finea: «Toda soy hurtos y robos»

Casa de Octavio

redondillasabbavv. 2636–2870diálogo violento, conflicto

La confrontación entre las dos hermanas. Nise descubre lo que la pieza ha estado preparando: Finea está casándose secretamente con Laurencio. La rabia de Nise estalla con violencia poética: acusa, exige, amenaza. Finea responde con la fingida ingenuidad que ya ha perfeccionado en la escena anterior. Aquí cae el momento más doloroso del Acto III: la hermana que ha perdido —Nise— se enfrenta a la hermana que ha ganado —Finea—, y el público percibe que la asimetría de la pieza no es justa pero es estructural.

La métrica es la redondilla, el metro del diálogo doméstico vivo. Pero esta escena tiene 236 versos, una de las extensiones más largas de toda la pieza en un solo metro. Esa duración —que dramatúrgicamente correspondía a un cuarto de hora largo de representación— permite a Nise desplegar progresivamente la rabia, pasando de las acusaciones contenidas a la furia abierta. La redondilla se sostiene como pulso emocional creciente. La asonancia abba mantiene el tono de comedia, pero el contenido va saliendo del marco cómico hasta rozar la tragedia. Una de las maniobras retóricas más audaces de la pieza.

decirte el alma, aunque sale de sí misma, que se iguale a lo que mi amor desea? Allá mis sentidos tienes; escoge de lo sutil, presumiendo que en abril por amenos prados vienes. Corta las diversas flores; porque, en mi imaginación, tales los deseos son. NISE.Éstos, Celia, ¿son amores o regalos de cuñado? CELIA.Regalos deben de ser; pero no quisiera ver cuñado tan regalado. FINEA.¡Ay Dios, si llegase día en que viese mi esperanza su posesión! LAURENCIO.¿Qué no alcanza una amorosa porfía? PEDRO.Tu hermana, escuchando. LAURENCIO.¡Ay, cielos! FINEA.Vuélvome a boba. LAURENCIO.Eso importa. FINEA.Vete. NISE.Espérate, reporta los pasos. LAURENCIO.¿Vendrás con celos? NISE.Celos son para sospechas; traiciones son las verdades. LAURENCIO.¡Qué presto te persüades y de engaños te aprovechas! ¿Querrás buscar ocasión para querer a Liseo, a quien ya tan cerca veo de tu boda y posesión? Bien haces, Nise; haces bien. Levántame un testimonio, porque deste matrimonio a mí la culpa me den. Y si te quieres casar, déjame a mí. NISE.¡Bien me dejas! ¡Vengo a quejarme, y te quejas! ¿Aun no me dejas hablar? PEDRO.Tiene razón mi señor. Cásate y acaba ya. NISE.¿Qué es aquesto? CELIA.Que se va Pedro con el mismo humor; y aquí viene bien que Pedro es tan ruin como su amo. NISE.Ya le aborrezco y desamo. ¡Qué bien con las quejas medro! Pero fue linda invención anticiparse a reñir. CELIA.Y el Pedro, ¿quién le vio ir tan bellaco y socarrón? NISE.Y tú, que disimulando estás la traición que has hecho, lleno de engaños el pecho,
EXT-1

El alma como objeto en disputa: doctrina ficiniana en el corral

«¡Daca el alma!» (verso central de la disputa Nise-Finea) es la fórmula más explícitamente neoplatónica de toda la pieza, y conviene leerla con cuidado. La doctrina del intercambio de almas en el enamoramiento tiene origen en el Banquete platónico (192d-e, donde Aristófanes dice que cada amante busca la mitad perdida) y fue desarrollada por Marsilio Ficino en su De amore (compuesto en 1469, publicado en latín en 1484), oratio II, donde se trata del «amor simple y recíproco»: los amantes se intercambian el alma por la mirada, el alma del amante pasa al cuerpo del amado y viceversa. La operación es física en el sistema ficiniano (los espíritus visivos transportan la materia del alma) y espiritual al mismo tiempo.

La doctrina llegó al castellano por varias vías. Boscán tradujo El Cortesano de Castiglione en 1534; el discurso de Pietro Bembo del libro IV expone el sistema ficiniano. León Hebreo había publicado los Diálogos de amor en 1535, traducidos al castellano en 1590 por el Inca Garcilaso de la Vega. La tradición lírica española, desde Garcilaso hasta Quevedo, repitió la imagen del alma intercambiada como tópico canónico.

Llama la atención que Nise reclame el alma como si fuera propiedad legalmente recuperable. La fórmula «¡Daca el alma!» (literalmente «da acá el alma») era propia del lenguaje de los embargos y reclamaciones: el acreedor reclamaba lo que se le debía. Nise está aplicando lenguaje patrimonial a la doctrina neoplatónica del amor. La superposición es deliberada y dramática: la pieza expone la economía amorosa con vocabulario de la tradición filosófica más alta.

Aurora Egido, al estudiar la universitas amoris lopesca, ha mostrado cómo la doctrina platónica del amor pasa, en La dama boba, al registro doméstico y se vuelve vocabulario para la disputa entre hermanas.ext1_egido La gracia es que Finea, fingiendo no entender, desactiva el reclamo. No puede devolver el alma porque no admite tenerla. La empirista venció a la neoplatónica.

Hay una traducción visual de esta doctrina que ilumina por proximidad lo que la pieza dramatiza con palabras. Cuarenta años después de La dama boba, Gian Lorenzo Bernini terminó en 1652 el grupo escultórico del Éxtasis de Santa Teresa (Cappella Cornaro, Santa Maria della Vittoria, Roma). La santa, atravesada por la flecha de oro del ángel, queda a la vez extendida y suspendida en una nube de mármol; los ojos cerrados, la boca entreabierta, los pliegues del hábito agitados como si la materia del cuerpo no aguantara la presión interior. La figura no representa la unión mística genérica; representa, con extrema precisión técnica, la salida del alma del cuerpo. El reclamo de Nise («¡Daca el alma!») presupone exactamente la misma física barroca que Bernini esculpe. El alma es algo que se entrega, se pierde, se recupera. Y el chiste teológico de Finea es la negación empírica radical de la posibilidad escultórica: lo que Bernini puede tallar en mármol porque la doctrina lo sostiene, Finea lo desmonta cómicamente al pedir que se lo demuestren.ext1_bernini

EXT-2

La rabia de Nise: feminismo trágico oculto bajo la comedia

El verso «Toda soy hurtos y robos» (v. 2715) es uno de los más violentos de la pieza, y conviene leerlo con cuidado, porque encierra la dimensión trágica que el final feliz de la comedia oculta. Nise enuncia una acumulación: ella es solo lo que le han robado. Su afecto le ha sido robado por Finea (Laurencio se ha pasado de una hermana a la otra), su matrimonio le ha sido robado por su padre (que la casará con Liseo a quien aborrece), su voluntad ha sido robada por toda la situación. La acumulación tiene fuerza retórica máxima: el sujeto se identifica con la ausencia.

La crítica feminista anglosajona ha leído este momento como el clímax trágico oculto de la comedia. Laura Bass, en su trabajo sobre la economía de la representación en la pieza, ha mostrado cómo la trama queda gobernada por un esquema económico que privilegia a Finea por su dote y a Laurencio por su capacidad de cobrarla, dejando a Nise en el lugar de la perdedora silenciosa.ext2_bass La frase «ya no es tiempo de bobos» tiene además un segundo sentido autorreferencial: la pieza, que arrancó como comedia ligera de la dama boba, ha devenido drama económico-amoroso donde las víctimas son las verdaderas damas inteligentes.

Edward H. Friedman ha leído el final de la pieza desde la misma asimetría: la felicidad de Finea descansa en última instancia sobre la pérdida de Nise, y la comedia no resuelve esa asimetría sino que la representa.ext2_friedman Lo que aquí estalla es lo que el final del Acto III «conformará» con el verso «Nise, en fin, se conforma»: la conformidad es el destino que el sistema impone a la mujer letrada que ha perdido al galán.

María Nogués Bruno, en su estudio sobre el silencio y la educación de la mujer a la luz de La dama boba, ha analizado precisamente esta dimensión silenciada del personaje de Nise: la dama que cita a Heliodoro en el Acto I y recita versos cultos en la academia es la misma que aquí, en el momento del clímax, sólo puede amenazar con la fuga al monte. El discurso letrado no le ha dado poder sobre su destino.ext2_nogues

EXT-4

La retracción de la academia femenina: Vives, Octavio y el cierre del Acto III

Los versos 2750-2765 son el momento más explícitamente pedagógico del Acto III, y merecen leerse junto con la 1.6 (donde Nise tenía academia abierta con Duardo, Feniso y Laurencio). La pieza dramatiza, sin formularlo en estos términos, una retracción educativa: lo que el Acto I permitió —la academia femenina, la lírica culterana, la conversación con galanes letrados— el Acto III lo prohíbe. Octavio cierra la academia y desautoriza la pedagogía humanista. La pregunta es: ¿por qué?

La respuesta está en la doctrina pedagógica vivesiana. Juan Luis Vives, en De institutione feminae christianae (Amberes: Michiel Hillen van Hoochstraten, 1524; traducido al castellano por Juan Justiniano en Valencia, 1528), había distinguido la educación femenina destinada a mujer perfeta (esposa virtuosa) de la destinada a poeta (autora de versos). La primera era legítima, recomendada y obligatoria en las clases medias-altas; la segunda era sospechosa, peligrosa, casi siempre desaconsejada. La razón vivesiana era tridentina antes de Trento: la mujer letrada se vuelve mujer pública (publica el verso, asiste a academias, dialoga con varones letrados), y la publicidad femenina compromete el honor familiar.

Octavio repite la doctrina vivesiana literalmente. Su frase «ni cuando a Nise crïaba / pensé que para poeta, / sino que a mujer perfeta, / con las letras la enseñaba» (vv. 2755-2758) es paráfrasis de Vives, libro I, capítulos VII-X. La mujer perfeta (= virtuosa, doméstica, callada) es la meta pedagógica legítima; la poeta es desviación. Octavio acepta haber «labrado» (construido) una casa que se volvió academia sin querer, y ahora cierra la academia para volver a la doctrina vivesiana original.

La doctrina vivesiana, leída con cuidado, era radicalmente conservadora pero también culturalmente sofisticada: Vives proponía que las mujeres aprendieran a leer (la cartilla del Acto I), supieran latín mediano (el amo, amas del Juan Latino del 2.8), pero no escribieran versos públicos. La distinción era nítida: lectura sí, escritura pública no. Aurora Egido ha mostrado que Lope dramatiza esta distinción con paciencia: Finea aprende a leer y a hablar (cumple la pedagogía vivesiana mínima); Nise escribe versos y sostiene academia (transgrede la pedagogía vivesiana máxima). El Acto III castiga a Nise por la transgresión: pierde a Laurencio, será conformada con Liseo, y la academia se cierra.vives_retraccion

La retracción tiene además una dimensión política inmediata. En 1614 (un año después del estreno de La dama boba), las pragmáticas de Felipe III contra el lujo y los excesos cortesanos reforzaron el ideal vivesiano. La cultura de la corte madrileña, después de la muerte del rey en 1621 y la subida al trono del joven Felipe IV, se moderó (al menos oficialmente). La academia abierta del primer Lope (1606-1613) tuvo problemas crecientes con la jerarquía eclesiástica; varias academias literarias femeninas fueron disueltas o pasaron a la clandestinidad doméstica. Que Lope, en 1613, dramatice el cierre de la academia femenina puede leerse como anticipación del clima cultural que el reinado siguiente impondría como norma.contexto_politico

Una conexión moderna ilumina la operación. En Una habitación propia de Virginia Woolf (1929), la autora dramatiza la dificultad histórica para que las mujeres escriban versos: les falta espacio físico, ingreso, y permiso cultural. La hipótesis woolfiana —si Shakespeare hubiera tenido una hermana llamada Judith igualmente dotada, ella no habría escrito porque la sociedad no se lo permitía— encuentra paralelo exacto en la 3.7 de Lope: Nise, dotada para la academia, es desautorizada por su padre por haber transgredido la doctrina vivesiana. La diferencia es que Lope, en 1613, dramatiza la operación sin protestar; Woolf, en 1929, dramatiza la operación protestando. Las dos obras leen la misma asimetría desde polos opuestos del juicio moral.woolf

EXT-3

La amenaza del «meter serpiente» y el desván «Toledo»: dos imágenes de la fuga

«Yo me iré a meter serpiente» (v. 2717) es amenaza extrema. La fórmula tiene linaje: la mujer despechada que se identifica con la serpiente recorre la tradición desde Eva en el Génesis hasta Medea en Eurípides. En el contexto del XVII español, meterse a serpiente equivalía a abandonar la sociedad humana y hacerse criatura de venganza. Las furias de la Eneida VI (Megera, Tisífone, Alecto) llevaban serpientes en lugar de cabellos y se identificaban con la venganza. Las Erinias de Esquilo, en las Euménides, eran serpientes que persiguen al matricida Orestes. Medea, en Eurípides, mata a sus hijos con un dolor que la tradición figura como veneno serpentino.

La pieza no permitirá que Nise cumpla la amenaza. La estructura cómica exige que se conforme con Liseo, no que se vaya a los montes. El público de 1613 percibía la convención: una dama puede amenazar con la furia, pero el desenlace cómico la devuelve al matrimonio. Y, sin más, el verso queda como huella: la rabia genuina de Nise no se borra del todo en la conformidad final.

Inmediatamente después de la amenaza de Nise, Finea propone esconderse en el desván (vv. 2860-2867). El contraste estructural es notable: Nise quiere irse al monte (espacio salvaje del eremitismo), Finea propone el desván (espacio doméstico de almacenaje). La hermana letrada se imagina fuera de la sociedad humana; la antigua boba elige el espacio interior de la casa. La diferencia geográfica encierra la diferencia política de la pieza: Nise no encuentra lugar dentro del orden patriarcal, Finea sí, porque ha aprendido a manipularlo desde dentro. El desván será, además, el lugar donde Finea instalará a Laurencio para consumar el matrimonio clandestino, y desde donde el escándalo del Acto III final estallará. El nombre del desván será Toledo (cfr. 3.11 v. 3128): la geografía mítica se vuelve geografía doméstica, y el lugar de fuga se vuelve lugar de victoria.ext3_geografia

  1. Marc Vitse, «La poética de la Comedia: estado de la cuestión», en La Comedia: seminario hispano-francés organizado por la Casa de Velázquez. Madrid, diciembre 1991-junio 1992, ed. Jean Canavaggio (Madrid: Casa de Velázquez, 1995).
  2. Sobre el lenguaje jurídico-burlesco en Lope, José M.ª Díez Borque, Sociología de la comedia española del siglo XVII (Madrid: Cátedra, 1976); sobre levantar testimonio en la fraseología áurea, Eleanor S. O'Kane, Refranes y frases proverbiales españolas de la Edad Media (Madrid: Anejos del Boletín de la Real Academia Española, 1959), s.v. «testimonio».
  3. Para la doctrina ficiniana del intercambio del alma y su recepción humanista, James Hankins, Plato in the Italian Renaissance, 2 vols. (Leiden: E. J. Brill, 1990); para la lírica de Lope, Antonio Carreño, ed., Rimas humanas y otros versos, de Lope de Vega (Barcelona: Crítica, 1998).
  4. Sobre la pedagogía vivesiana en el XVII castellano y su recepción en el teatro, Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre, ed. Pedro Cátedra et al. (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208; sobre la condición femenina y los modelos pedagógicos del Siglo de Oro, Mariló Vigil, La vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII (Madrid: Siglo XXI de España, 1986).
  5. Sobre el verso «Cuando quiero» como declaración de soberanía, Juan Mayorga, «El sexo de la razón: una lectura de La dama boba», en Lope de Vega en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Año 2002, ed. Felipe B. Pedraza Jiménez (Madrid: Compañía Nacional de Teatro Clásico, 2003), 47-59; para una lectura neoplatónica del personaje, James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255. con que me estás abrasando, [v. 2690] pues, como sirena, fuiste medio pez, medio mujer, pues, de animal, a saber para mi daño veniste, ¿piensas que le has de gozar? [v. 2695] FINEA. ¿Tú me has dado pez a mí, ni sirena, ni yo fui jamás contigo a la mar? ¡Anda Nise, que estás loca! NISE. ¿Qué es esto? CELIA. A tonta se vuelve. [v. 2700] NISE. ¡A una cosa te resuelve! Tanto el furor me provoca, que el alma te he de sacar. FINEA. ¿Tienes cuenta de perdón? NISE. Téngola de tu traición, [v. 2705] pero no de perdonar. ¿El alma piensas quitarme en quien el alma tenía? Dame el alma que solía, traidora hermana, animarme. [v. 2710] Mucho debes de saber, pues del alma me desalmas. FINEA. Todos me piden sus almas; almario debo de ser. Toda soy hurtos y robos; [v. 2715] montes hay donde no hay gente. Yo me iré a meter serpiente; que ya no es tiempo de bobos. NISE. ¡Dame el alma! OTAVIO. ¿Qué es aquesto? FINEA. Almas me piden a mí; [v. 2720] ¿soy yo Purgatorio? NISE. ¡Sí! FINEA. Pues procura salir presto. OTAVIO. ¿No sabremos la ocasión de vuestro enojo? FINEA. Querer Nise, a fuerza de saber, [v. 2725] pedir lo que no es razón. Almas, sirenas y peces dice que me ha dado a mí. OTAVIO. ¿Hase vuelto a boba? NISE. Sí. OTAVIO. Tú pienso que la embobeces. [v. 2730] FINEA. Ella me ha dado ocasión; que me quita lo que es mío. OTAVIO. Se ha vuelto a su desvarío, ¡muerto soy! FENISO. Desdichas son. DUARDO. ¿No decían que ya estaba [v. 2735] con mucho seso? OTAVIO. ¡Ay de mí! NISE. Yo quiero hablar claro. OTAVIO. Di. NISE. Todo tu daño se acaba con mandar resueltamente —pues, como padre, podrás, [v. 2740] y, aunque en todo, en esto más pues tu honor no lo consiente— que Laurencio no entre aquí. OTAVIO. ¿Por qué? NISE. Porque él ha causado que ésta no se haya casado [v. 2745] y que yo te enoje a ti. OTAVIO. ¡Pues eso es muy fácil cosa! NISE. Pues tu casa en paz tendrás. PEDRO. ¡Contento, en efeto, estás! LAURENCIO. ¡Invención maravillosa! [v. 2750] CELIA. Ya Laurencio viene aquí. OTAVIO. Laurencio, cuando labré esta casa, no pensé que academia institüí; ni cuando a Nise crïaba [v. 2755] pensé que para poeta, sino que a mujer perfeta, con las letras la enseñaba. Siempre alabé la opinión de que la mujer prudente, [v. 2760] con saber medianamente, le sobra la discreción. No quiero más poesías; los sonetos se acabaron y las músicas cesaron; [v. 2765] que son ya breves mis días. Por allá los podréis dar, si os faltan telas y rasos; que no hay tales Garcilasos como dinero y callar. [v. 2770] Éste venden por dos reales, y tiene tantos sonetos, elegantes y discretos, que vos no los haréis tales; ya no habéis de entrar aquí [v. 2775] con este achaque. Id con Dios. LAURENCIO. Es muy justo, como vos me deis a mi esposa a mí; que vos hacéis vuestro gusto en vuestra casa, y es bien [v. 2780] que en la mía yo también haga lo que fuere justo. OTAVIO. ¿Qué mujer os tengo yo? LAURENCIO. Finea. OTAVIO. ¿Estáis loco? LAURENCIO. Aquí hay tres testigos del «sí» [v. 2785] que ha más de un mes que me dio. OTAVIO. ¿Quién son? LAURENCIO. Düardo, Feniso y Pedro. OTAVIO. ¿Es esto verdad? FENISO. Ella de su voluntad, Otavio, dársele quiso. [v. 2790] DUARDO. Así es verdad. PEDRO. ¿No bastaba que mi señor lo dijese? OTAVIO. Que, como simple, le diese a un hombre que la engañaba, no ha de valer. Di, Finea: [v. 2795] ¿no eres simple? FINEA. Cuando quiero. OTAVIO. ¿Y cuando no? FINEA. No. OTAVIO. ¿Qué espero? Mas, cuando simple no sea, con Liseo está casada. A la justicia me voy. [v. 2800] NISE. Ven, Celia, tras él; que estoy celosa y desesperada. LAURENCIO. ¡Id, por Dios, tras él los dos! No me suceda un disgusto. FENISO. Por vuestra amistad es justo. [v. 2805] DUARDO. ¡Mal hecho ha sido, por Dios! FENISO. ¿Ya habláis como desposado de Nise? DUARDO. Piénsolo ser. LAURENCIO. Todo se ha echado a perder; Nise mi amor le ha contado. [v. 2810] ¿Qué remedio puede haber si a verte no puedo entrar? FINEA. No salir. LAURENCIO. ¿Dónde he de estar? FINEA. ¿Yo no te sabré esconder? LAURENCIO. ¿Dónde? FINEA. En casa hay un desván [v. 2815] famoso para esconderte. ¡Clara! CLARA. ¿Mi señora? FINEA. Advierte que mis desdichas están en tu mano. Con secreto lleva a Laurencio al desván. [v. 2820] CLARA. ¿Y a Pedro? FINEA. También. CLARA. Galán, camine. LAURENCIO. Yo te prometo que voy temblando. FINEA. ¿De qué? PEDRO. Clara, en llegando la hora de muquir, di a tu señora [v. 2825] que algún sustento nos dé. CLARA. Otro comerá peor que tú. PEDRO. ¿Yo al desván? ¿Soy gato? FINEA. ¿Por qué de imposibles trato este mi público amor? [v. 2830] En llegándose a saber una voluntad, no hay cosa más triste y escandalosa para una honrada mujer. Lo que tiene de secreto, [v. 2835] eso tiene Amor de gusto. OTAVIO. (Harélo, aunque fuera justo poner mi enojo en efeto.) FINEA. ¿Vienes ya desenojado? OTAVIO. Por los que me lo han pedido. [v. 2840] FINEA. Perdón mil veces te pido. OTAVIO. ¿Y Laurencio? FINEA. Aquí ha jurado no entrar en la Corte más. OTAVIO. ¿Adónde se fue? FINEA. A Toledo. OTAVIO. ¡Bien hizo! FINEA. No tengas miedo [v. 2845] que vuelva a Madrid jamás. OTAVIO. Hija, pues simple naciste, y, por milagro de Amor, dejaste el pasado error, ¿cómo el ingenio perdiste? [v. 2850] FINEA. ¿Qué quiere, padre? ¡A la fe! De bobos no hay que fïar. OTAVIO. Yo lo pienso remediar. FINEA. ¿Cómo, si el otro se fue? OTAVIO. Pues te engañan fácilmente [v. 2855] los hombres, en viendo alguno, te has de esconder, que ninguno te ha de ver eternamente. FINEA. ¿Pues dónde? OTAVIO. En parte secreta. FINEA. ¿Será bien en un desván, [v. 2860] donde los gatos están? ¿Quieres tú que allí me meta? OTAVIO. Adonde te diere gusto, como ninguno te vea. FINEA. Pues, ¡alto! En el desván sea; [v. 2865] tú lo mandas, será justo. Y advierte que lo has mandado. OTAVIO. ¡Una y mil veces! LISEO. Si quise con tantas veras a Nise, mal puedo haberla olvidado. [v. 2870]
  6. Aurora Egido, «La Universidad de amor y La dama boba», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo LIV (1978): 351-371.
  7. Sobre el Éxtasis y la teología del éxtasis berniniano, Irving Lavin, Bernini and the Unity of the Visual Arts, 2 vols., The Franklin Jasper Walls Lectures (New York/London: Pierpont Morgan Library / Oxford University Press, 1980).
  8. Laura R. Bass, «The Economics of Representation in Lope de Vega's La dama boba», Bulletin of Spanish Studies 83, n.º 6 (2006): 771-787. ext2friedman: Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617. ext2nogues: María Nogués Bruno, «El silencio en la educación de la mujer a la luz de La dama boba de Lope de Vega», Lectora: Revista de Dones i Textualitat 13 (2007): 29-44.
  9. Aurora Egido, «Vives y Lope. La dama boba aprende a leer», en Philologica. Homenaje al profesor Ricardo Senabre, ed. Pedro Cátedra et al. (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 193-208; sobre la pedagogía vivesiana y su recepción europea, Charles Fantazzi, ed. y trad., Juan Luis Vives. The Education of a Christian Woman: A Sixteenth-Century Manual (Chicago: University of Chicago Press, 2000); sobre la condición femenina en los Siglos de Oro, Mariló Vigil, La vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII (Madrid: Siglo XXI de España, 1986). contexto_politico: Para el Madrid ceremonial de Felipe III y la cultura de la corte, María José del Río Barredo, Madrid, urbs regia: la capital ceremonial de la monarquía católica (Madrid: Marcial Pons, 2000); para las prácticas lectoras y escritoras femeninas de la España moderna, Nieves Baranda Leturio, Cortejo a lo prohibido. Lectoras y escritoras en la España moderna (Madrid: Arco/Libros, 2005). woolf: Virginia Woolf, A Room of One's Own (London: Hogarth Press, 1929), capítulo 3 (la hipótesis de Judith Shakespeare).
  10. Para los espacios femeninos en la España de la Contrarreforma, Mary Elizabeth Perry, Gender and Disorder in Early Modern Seville (Princeton: Princeton University Press, 1990); para la organización del espacio en la comedia urbana lopesca, Fausta Antonucci, «Organización y representación del espacio en la comedia urbana de Lope: unas calas» (en sus diversos trabajos sobre dramaturgia lopesca).

Nota de cierre

La confrontación se cierra con Nise abandonando la escena y prometiendo guerra. Lo que viene es el descubrimiento del padre y el clímax de la espada. La pieza ha tocado su nota más oscura aquí, y el final feliz no será del todo feliz. El verso «Toda soy hurtos y robos» quedará flotando hasta el verso 3160 («y Nise, en fin, se conforma»): cinco escenas y trescientos versos después, la furia se convertirá en conformidad sin que el dolor se haya elaborado. La pieza no resuelve el conflicto, lo absorbe. Esa absorción es la materia del barroco español: el orden cómico no abole las disonancias trágicas, las contiene como fondo sordo.

ACTO III · ESCENA 8

3.8 Octavio descubre que algo se trama

Casa de Octavio

romance asonancia -ée-éevv. 2871–2930narración + diálogo

Octavio sospecha que algo se trama en su casa. El padre, que durante toda la pieza ha sido figura pasiva, intenta aquí recuperar el control. La escena es bisagra entre dos momentos del Acto III: la confesión de Finea ante Laurencio (3.5-3.6) y el clímax de la espada (3.10). Va en romance asonancia -ée, metro de transición narrativa, después de las redondillas más largas de la pieza (3.7, 236 versos en abba) y antes de las redondillas que llevarán al banquete (3.9). La asonancia -ée es de las más raras del castellano y exige rimas como teme, enmudece, vence; el oído queda envuelto en un tono de tensión sostenida que el público percibe sin saber por qué.

Aquí se dramatiza la asimetría informativa perfecta. Octavio sabe lo que sospecha pero no lo que pasa; Miseno sabe menos aún; Finea sabe todo y finge no saber; el espectador sabe lo que Finea sabe. Cuando Finea dice «Laurencio está en Toledo», el padre oye una respuesta tranquilizadora, el espectador oye una verdad cifrada, y la propia Finea se sirve de la doble lectura para escapar al control. Es la primera vez en la pieza que el lenguaje opera como velo deliberado.

FINEA.Hombres vienen. Al desván, padre, yo voy a esconderme. OTAVIO.Hija, Liseo no importa. FINEA.Al desván, padre; hombres vienen. OTAVIO.Pues ¿no ves que son de casa? FINEA.No yerra quien obedece. LISEO.Tus disgustos he sabido. OTAVIO.Soy padre... LISEO.Remedio puedes poner en aquestas cosas. OTAVIO.Ya le he puesto, con que dejen mi casa los que la inquietan. LISEO.Pues, ¿de qué manera? OTAVIO.Fuese Laurencio a Toledo ya. LISEO.¡Qué bien has hecho! OTAVIO.¿Y tú crees vivir aquí, sin casarte? Porque el mismo inconviniente se sigue de que aquí estés. Hoy hace, Liseo, dos meses que me traes en palabras... LISEO.¡Bien mi término agradeces! Vengo a casar con Finea, forzado de mis parientes, y hallo una simple mujer. ¿Que la quiera, Otavio, quieres? OTAVIO.Tienes razón. ¡Acabose! Pero es limpia, hermosa y tiene tanto doblón que podría doblar el mármol más fuerte. ¿Querías cuarenta mil ducados con una Fénis? ¿Es coja, o manca, Finea? ¿Es ciega? Y cuando lo fuese, ¿hay falta en Naturaleza que con oro no se afeite? LISEO.Dame a Nise. OTAVIO.No ha dos horas que Miseno la promete a Düardo, en nombre mío; y pues hablo claramente, hasta mañana a estas horas te doy para que lo pienses; porque, de no te casar, para que en tu vida entres por las puertas de mi casa, que tan enfadada tienes, haz cuenta que eres poeta. LISEO.¿Qué te dice? TURÍN.Que te aprestes y con Finea te cases; porque si veinte mereces, porque sufras una boba te añaden los otros veinte. Si te dejas de casar, te han de decir más de siete «¡Miren la bobada!» LISEO.Vamos; que mi temor se resuelve de no se casar a bobas. TURÍN.Que se casa, me parece, a bobas, quien sin dineros en tanta costa se mete.
EXT-1

El topónimo como engaño: la sofisticación de la fingida bobería

Que Finea responda «Laurencio está en Toledo» y que esa frase sea simultáneamente verdad (literalmente, está en el desván llamado «Toledo») y mentira (en el sentido que Octavio entiende, no está en la ciudad de Toledo) es el procedimiento más sofisticado del fingimiento de Finea. La maniobra rebasa el simple fingir bobería: consiste en construir frases dobles que dicen la verdad de un modo que parece mentira útil. Un solo verso fija la diferencia entre la antigua Finea (que decía la verdad a tientas) y la Finea actual (que dice la verdad calculando).

El procedimiento tiene linaje retórico antiguo. La equivocatio o aequivocum era figura escolástica reconocida desde Aristóteles, Sofisticum elenchorum 4: una palabra con dos sentidos puede usarse para producir una proposición verdadera en uno y falsa en el otro, sin que el hablante mienta técnicamente. Tomás de Aquino, en la Summa theologica II-II, q. 110, condena toda mentira como pecado secundum genus; la doctrina de la restrictio mentalis —que tolera enunciados ambiguos cuando hay causa proporcionada— es desarrollo posterior de los casuistas jesuitas del XVI y XVII (Azpilcueta, Suárez, Sánchez, Lessius), partiendo precisamente del problema dejado abierto por la rigidez tomista.

Finea, por instinto, está practicando restrictio mentalis de manuales jesuíticos. Cuando dice «Laurencio está en Toledo», su mente añade «el Toledo del desván»; el oyente no lo añade. Es teología moral aplicada al uso doméstico. Que esta artimaña sutilísima caiga en boca de la mujer que en el primer acto era boba importa: el saber casuístico ha llegado al personaje por la vía del amor, sin pasar por el confesionario.ext1_casuistica

EXT-2

La economía dotal en boca del padre: el oro que afeita la naturaleza

«¿hay falta en Naturaleza / que con oro no se afeite?» (vv. 2905-2906) es la formulación más cínica de la doctrina económica matrimonial del XVII en toda la pieza. El verso opera con doble sentido. Afeitar significa, primero, adornar, embellecer cosméticamente (lat. afficere, dar forma); segundo, cubrir un defecto con maquillaje. Octavio dice que el oro disimula los defectos naturales como el afeite cosmético disimula los defectos físicos del rostro. La metáfora es femenina y sociológica a la vez: el afeite era práctica cortesana de las damas del XVII para aparentar belleza no natural.

La doctrina es la inversa exacta de la posición humanista del XVI. Erasmo (De civilitate morum puerilium, 1530) había defendido que la virtud y los buenos modales se adquieren por educación, no por adorno externo; Vives (De institutione feminae christianae, 1524) había prohibido el afeite cosmético como signo de vanidad. Otavio retoma el léxico del afeite y lo aplica al matrimonio: el oro hace por la naturaleza lo que el afeite hace por el rostro. La operación es jurídica antes que estética: si la dote alta cubre los defectos del cónyuge, el matrimonio es transacción económica donde el dinero compensa la imperfección.

La pieza pone esta doctrina en boca del padre, no del galán cínico. La diferencia importa: cuando Laurencio decía cosas similares en 1.8 («el sol del dinero / va del ingenio adelante»), el espectador percibía cinismo del galán pobre. Cuando Octavio lo dice ahora, el espectador percibe cinismo del padre que vende la hija. La pieza generaliza la doctrina económica: no es propiedad de los galanes oportunistas, es código de la sociedad entera. El padre que defiende el decoro doméstico (Acto I) y el padre que vende la hija al mejor postor (Acto III) son el mismo personaje. El cinismo no es perversión; es estructura.ext2_economia

EXT-3

Madrid y Toledo, dos centros del reino: la geografía dramática

La distancia entre Madrid y Toledo, sesenta y ocho kilómetros por el camino real, es una de las distancias dramatúrgicamente productivas del teatro áureo. Madrid, en 1613, era todavía la corte joven —Felipe II había trasladado la capital allí en 1561, hacía solo cincuenta y dos años—; Toledo era el viejo centro espiritual, sede primada, ciudad universitaria con derecho propio. Los desplazamientos entre ambas ciudades eran frecuentes para la nobleza media: peregrinaciones, asuntos eclesiásticos, pleitos en la audiencia toledana, visita a parientes establecidos en la antigua capital.

Lope mismo había vivido en Toledo entre 1604 y 1610 con Juana de Guardo y Micaela de Luján; conocía bien el viaje y las dos ciudades. La dama boba fue compuesta el 28 de abril de 1613, después de su regreso a Madrid pero con Toledo todavía vivo en la memoria. Que el desván de la casa de Octavio reciba el nombre de «Toledo» es guiño biográfico privado: Lope traslada al espacio doméstico el nombre de la ciudad donde había vivido sus años más complicados sentimentalmente.

La geografía dramática también permite la verosimilitud cómica. En 1613, ir a Toledo tenía connotaciones diversas según el contexto: para un galán pobre como Laurencio, podía significar buscar empleo en la audiencia; para un letrado, asuntos en la cancillería; para un noble, devoción al santuario de Nuestra Señora del Sagrario. Octavio acepta la respuesta de Finea sin pedir más detalles porque cualquiera de esas razones sería plausible. Si Finea hubiera dicho en Sevilla o en Roma, el padre habría preguntado más. Toledo es justo lo bastante cerca para no requerir explicación. La elección del topónimo es dramatúrgicamente impecable.ext3madridtoledo

Aparato textual (7 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2871acot. «Hombres vienen. Al desván, padre, yo voy a esconderme» O(igual)(igual) — M glosa la *aequivocatio* del topónimo «desván» = «Toledo»(igual)
2885 «*Fuese / Laurencio a Toledo ya*»O M L P (idéntico) — Octavio repite la coartada construida por Finea(igual)(igual)(igual) — Patterson glosa el doble sentido del topónimo
2902 «*Fénis*»O (forma autógrafa, lat. *Phoenix* > cast. arc. *fénis*)«Fénix» (modernización)sigue Osigue O
2905-2906 «*¿hay falta en Naturaleza / que con oro no se afeite?*»O M L P (idéntico) — formulación cínica de la doctrina económica matrimonial(igual) — M glosa la inversión del decoro vivesiano(igual)(igual)
2917 «*haz cuenta que eres poeta*»O M L P (idéntico) — eco del v. 2755 («*pensé que para poeta*»)(igual) — M conecta con la condición proverbial del poeta áureo(igual)(igual) — P glosa la amenaza social al galán
2920-2925 (cálculo de Turín sobre los 40 mil ducados)O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
2928-2930 «*Que se casa, me parece, / a bobas, quien sin dineros / en tanta costa se mete*»O M L P (idéntico) — paronomasia *casarse a bobas* / *con la boba*(igual) — M nota el chiste de cierre(igual)(igual)
  1. Marc Vitse, «La poética de la Comedia: estado de la cuestión», en La Comedia, ed. Jean Canavaggio (Madrid: Casa de Velázquez, 1995); Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 111-129.
  2. Para la condición proverbial del poeta áureo y su circulación lírica, Antonio Carreño, El romancero lírico de Lope de Vega (Madrid: Gredos, 1979).
  3. Sobre la restrictio mentalis en la teología moral del XVII, Albert R. Jonsen y Stephen Toulmin, The Abuse of Casuistry: A History of Moral Reasoning (Berkeley: University of California Press, 1988).
  4. Sobre el afeite femenino, el velo y la economía del cuerpo y de la apariencia en el mundo hispánico moderno, Laura R. Bass y Amanda Wunder, «Veiled Ladies of the Early Modern Spanish World: Seduction and Scandal in Seville, Madrid, and Lima», Hispanic Review 77, n.º 1 (2009): 97-146.
  5. Para la vida teatral del Siglo de Oro en sus distintas plazas, José María Díez Borque, ed., Teatro y vida teatral en el Siglo de Oro (Madrid: Castalia, 1989); para la biografía de Lope, Hugo A. Rennert, The Life of Lope de Vega (1562-1635) (Glasgow: Gowans & Gray, 1904).

Nota de cierre

Octavio sale decidido a buscar a Laurencio en Toledo (la ciudad), dejando el campo libre para que el galán pueda continuar oculto en el desván (el «Toledo»). La pieza prepara el clímax que vendrá en la escena del banquete (3.9) y en la espada (3.10). El público, que ha entendido la doblez del topónimo, sabe que el viaje del padre será inútil. La ironía dramática es completa: dos hombres se van a la ciudad equivocada mientras la verdad sigue en casa.

ACTO III · ESCENA 9

3.9 El banquete en el desván llamado «Toledo»

Casa de Octavio

redondillasabbavv. 2931–3029catálogo satírico del desván + entrada paterna

Una de las escenas más densas filosóficamente del Acto III. Finea y Clara, en la sala de Otavio, conversan sobre el desván donde han escondido a Laurencio. La conversación deriva primero a un catálogo satírico de los tipos sociales que «viven en el desván» (= en la mediocridad disimulada): el necio que se cree más sabio que Platón, el matador impune, el lindo presumido, el morisco-godo, el versista lego. La enumeración tiene raíz quevediana y compone un microcosmos del Madrid del 1613. Antes del catálogo, sin embargo, Finea formula la doctrina socrática del saber del no saberme tengo por inorante», v. 2962), uno de los pasajes filosóficos más altos del teatro áureo, comparable solo al monólogo del 3.1.

A continuación entra el padre, descubierto el engaño de la 3.8, dispuesto a forzar el matrimonio. Finea ejecuta tres veces la fórmula mágica «al desván» (vv. 3008, 3015, 3018) para escapar a los pretendientes (Feniso, Duardo, Liseo); su fingida obediencia paterna —el padre le había mandado, en 3.7 vv. 2856-2865, esconderse en el desván de cualquier hombre— vuelve la orden contra el propio padre. La métrica es redondilla, el metro del diálogo doméstico, sostenido durante toda la escena. La irrupción de Octavio con la espada vendrá en la escena siguiente (3.10).

FINEA.Hasta agora, bien nos va. CLARA.No hayas miedo que se entienda. FINEA.¡Oh, cuánto a mi amada prenda deben mis sentidos ya! CLARA.¡Con la humildad que se pone en el desván...! FINEA.No te espantes; que es propia casa de amantes, aunque Laurencio perdone. CLARA.¡Y quién no vive en desván, de cuantos hoy han nacido! FINEA.Algún humilde que ha sido de los que en lo bajo están. CLARA.¡En el desván vive el hombre que se tiene por más sabio que Platón! FINEA.Hácele agravio; que fue divino su nombre. CLARA.¡En el desván, el que anima a grandezas su desprecio! ¡En el desván más de un necio que por discreto se estima...! FINEA.¿Quieres que te diga yo cómo es falta natural de necios no pensar mal de sí mismos? CLARA.¿Cómo no? FINEA.La confïanza secreta tanto el sentido les roba, que, cuando era yo muy boba, me tuve por muy discreta; y como es tan semejante el saber con la humildad, ya que tengo habilidad, me tengo por inorante. CLARA.¡En el desván vive bien un matador criminal, cuya muerte natural ninguno o pocos la ven! ¡En el desván, de mil modos, y sujeto a mil desgracias, aquel que, diciendo gracias, es desgraciado con todos! ¡En el desván, una dama que, creyendo a quien la inquieta, por un hora de discreta pierde mil años de fama! ¡En el desván, un preciado de lindo, y es un caimán, pero tiénele el desván, como el espejo, engañado! ¡En el desván, el que canta con voz de carro de bueyes, y el que viene de Muleyes y a los godos se levanta! ¡En el desván, el que escribe versos legos y donados, y el que, por vanos cuidados, sujeto a peligros vive! Finalmente... FINEA.Espera un poco; que viene mi padre aquí. MISENO.¿Eso le dijiste? OTAVIO.Sí, que a tal furor me provoco. No ha de quedar —¡vive el cielo!— en mi casa quien me enoje. FENISO.Y es justo que se despoje de tanto necio mozuelo. OTAVIO.Pidiome, graciosamente, que con Nise le casase; díjele que no pensase en tal cosa eternamente, y así estoy determinado. MISENO.Oíd, que está aquí Finea. OTAVIO.Hija, escucha... FINEA.Cuando vea, como me lo habéis mandado, que estáis solo. OTAVIO.Espera un poco; que te he casado. FINEA.¡Que nombres casamiento donde hay hombres...! OTAVIO.¿Luego, tenéisme por loco? FINEA.No, padre; mas hay aquí hombres, y voyme al desván. OTAVIO.Aquí por tu bien están. FENISO.Vengo a que os sirváis de mí. FINEA.¡Jesús, señor! ¿No sabéis lo que mi padre ha mandado? MISENO.Oye; que hemos concertado que os caséis. FINEA.¡Gracia tenéis! No ha de haber hija obediente como yo. Voyme al desván. MISENO.Pues ¿no es Feniso galán? FINEA.¡Al desván, señor pariente! DUARDO.¿Cómo vos le habéis mandado que de los hombres se esconda? OTAVIO.No sé, ¡por Dios!, qué os responda. Con ella estoy enojado, o con mi contraria estrella. MISENO.Ya viene Liseo aquí. Determinaos. OTAVIO.Yo, por mí, ¿qué puedo decir sin ella? LISEO.Ya que me parto de ti, sólo quiero que conozcas lo que pierdo por quererte.
EXT-1

La doctrina socrática en la antigua boba: el saber del no saber

Los versos 2955-2962 («La confïanza secreta / tanto el sentido les roba, / que, cuando era yo muy boba, / me tuve por muy discreta; / y como es tan semejante / el saber con la humildad, / ya que tengo habilidad, / me tengo por inorante») son uno de los pasajes filosóficos más altos del teatro áureo, comparable solo al monólogo 3.1 de la propia Finea. La doctrina es estrictamente socrática: los necios se creen sabios; los sabios se reconocen ignorantes.

La frase canónica es la Apología de Sócrates 21d, donde Sócrates dice del oráculo de Delfos: «Yo creo que ninguno de los dos sabe nada bello ni bueno; pero él cree saber, sin saber, mientras que yo, como no sé, no creo saber». La doctrina cruzó la tradición filosófica: Cicerón la cita en Tusculanae III.7, San Agustín la integra en Confesiones X.8, Tomás de Aquino la matiza en Suma teológica II-II, q. 161 (sobre la humildad).

Que Finea formule la doctrina con tanta precisión —como es tan semejante el saber con la humildad, ya que tengo habilidad, me tengo por inorante— es prueba de que su transformación ha sido completa. La heroína no solo ha aprendido habilidades (lectura, escritura, conversación culta); ha aprendido el reconocimiento de los límites del saber. La línea coloca a Finea en linaje socrático sin que ella lo sepa: la antigua boba enuncia, en castellano popular, lo que el filósofo griego enunció hace dos mil años.

Lope pone doctrina filosófica de primer orden en boca aparentemente cotidiana. El espectador del corral oye una sentencia bonita; el lector culto reconoce la fuente platónica. La doble lectura se sostiene sin chirridos.ext1_socrates

EXT-2

El catálogo satírico del desván: Quevedo y la sociología cómica del XVII

La enumeración de Clara (vv. 2963-2986) compone un catálogo satírico de tipos sociales que «viven en el desván» (= en la mediocridad, en el autoengaño). La técnica retórica —enumerar tipos en serie con anáfora— es de raíz quevediana: aparece en los Sueños (1606-1622), en las Cartas del Caballero de la Tenaza, en los Sueños y discursos. El procedimiento permite componer un microcosmos crítico de la sociedad madrileña en pocos versos.

Los once tipos enumerados componen un repertorio sociológico exacto del Madrid de 1613:

1. El matador criminal: el bravucón que mata pero queda impune. Crítica al sistema de justicia que dejaba sin castigo a los nobles violentos. 2. El desgraciado que dice gracias: el chistoso pesado que pretende hacer gracia y solo provoca desprecio. 3. La dama crédula al adulador: la mujer que confía en quien la halaga, perdiendo años de fama por una hora de discreción. 4. El lindo presumido: el petimetre de la corte que se cree caimán (= temible) y el espejo lo desengaña. 5. El cantor con voz de bueyes: el aficionado a la música que canta mal y se cree tenor. 6. El morisco-godo: el converso que falsifica linaje pretendiéndose noble visigodo. 7. El versista lego: el aficionado a la poesía sin formación que escribe «versos legos y donados». 8. El fanfarrón en peligro: el que vive de fanfarronería y queda expuesto a desgracias.

La sátira es sociológicamente precisa. Cada tipo correspondía a una categoría reconocible del Madrid del primer XVII, y la pieza los coloca todos en el desván (= en la mediocridad disimulada). La operación es democrática: si todos viven en el desván, el desván deja de ser marginal y se vuelve espacio común. Finea, que se va al desván literalmente, no se baja; entra en el espacio donde todo el mundo está.

EXT-3

El desván como espacio de utopía cómica

El desván donde Finea se refugia tiene tres nombres simultáneos en la pieza: desván (espacio físico), Toledo (apodo que ella le ha puesto en 3.8), escondite (función dramática). Lope juega con la triple denominación para construir un espacio escénico de utopía cómica.

La utopía consiste en que en ese desván hay igualdad. Finea está sentada en el suelo (no en silla), come con las manos (no con cubiertos), bebe del mismo recipiente que los criados. La estructura jerárquica de la casa de Octavio se suspende. La pareja amos-criados (Finea-Laurencio + Clara-Pedro) opera como cuatro iguales en una pequeña liturgia carnavalesca.

La Ilustración 14 del plan editorial visualiza esta dimensión: cuatro figuras sentadas en círculo alrededor de los manteles blancos, en un desván cubista cerrado y luminoso. El gato (la Romana del primer acto, o un descendiente) los observa desde una esquina. El espacio es, dramáticamente, refugio.

Bakhtin, en Rabelais y su mundo, había teorizado el carnaval como inversión festiva del orden social. La dama boba construye, en este desván, un pequeño carnaval doméstico: el espacio de los servicios (despensa, escondite) se convierte en el espacio de la fiesta, y la jerarquía se invierte temporalmente. La irrupción de Octavio con la espada en la siguiente escena restablecerá el orden. Pero el espectador habrá vislumbrado lo que la pieza ofrece como horizonte: una comunión posible entre amantes y servidores, sin convenciones de rango.ext3_bakhtin

Que Finea repita tres veces «al desván» (vv. 3008, 3016, 3018) en la última parte de la escena es marca de la fórmula mágica que ha construido. El topónimo se ha vuelto operador dramático: dice al desván y todo el mundo (padre, pretendientes) acepta la fuga sin oponerse. La palabra crea el espacio que la palabra describe. Es nominalismo en acto.

Aparato textual (9 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2937 «*propia casa de amantes*»O M L P (idéntico) — fórmula proverbial del XVII(igual)(igual)(igual)
2946 «*fue divino su nombre*»O M L P (idéntico) — Finea defiende a Platón(igual)(igual)(igual)
2962 «*inorante*»O (forma autógrafa, lat. *ignorantem* > cast. arc. *inorante*)«ignorante» (modernización)sigue Osigue O
2976 «*caimán*»O M L P (idéntico) — americanismo del *Caiman*(igual)(igual) — M glosa la introducción del término por las crónicas de Indias(igual)
2981 «*de Muleyes*»O M L P (idéntico) — sátira de la limpieza de sangre(igual)(igual) — M conecta con la expulsión de los moriscos (1609-1614)(igual)
2962 «*me tengo por inorante*» (doctrina socrática)O M L P (idéntico) — *oīda hóti ouk oīda* (Apología 21d)(igual) — M glosa la fuente platónica(igual)(igual)
2963-2986 (catálogo satírico)O M L P (idéntico) — once tipos sociales del Madrid de 1613(igual) — M lo conecta con los *Sueños* quevedianos(igual)(igual)
3008, 3016, 3018 «*al desván*»O M L P (idéntico) — fórmula triple de fuga(igual)(igual)(igual)
3027-3029 (despedida de Liseo)O M L P (idéntico) — primera muestra del galán arrepentido(igual)(igual)(igual)
  1. Sobre la sátira de la limpieza de sangre y la cuestión judeoconversa en el teatro áureo, Albert A. Sicroff, Los estatutos de limpieza de sangre. Controversias entre los siglos XV y XVII, trad. Mauro Armiño (Madrid: Taurus, 1985); Antonio Domínguez Ortiz, Los conversos de origen judío después de la expulsión (Madrid: Instituto Balmes de Sociología / Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1955).
  2. Sobre la doctrina socrática y su pervivencia en la filosofía antigua como modo de vida, Pierre Hadot, Qu'est-ce que la philosophie antique? (Paris: Gallimard, 1995); para la recepción barroca de la prudencia y la humildad sapiencial, Aurora Egido, Las caras de la prudencia y Baltasar Gracián (Madrid: Castalia, 2000).
  3. Mijaíl Bajtín, La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: el contexto de François Rabelais, trad. Julio Forcat y César Conroy (Madrid: Alianza Editorial, 1987); para una teoría de la cultura barroca como sistema, José Antonio Maravall, La cultura del Barroco: análisis de una estructura histórica (Barcelona: Ariel, 1975); sobre las mujeres y los espacios de inversión en la España de la Contrarreforma, Mary Elizabeth Perry, Gender and Disorder in Early Modern Seville (Princeton: Princeton University Press, 1990).

Nota de cierre

El relato del banquete se cierra con Octavio decidido a subir al desván. El espacio de utopía cómica será violado en la escena siguiente por la realidad del padre con la espada en mano. Y queda como huella: la pieza ha puesto en escena, durante cien versos —la mitad relatados, la mitad imaginados—, la posibilidad de un mundo donde el amor y la igualdad funcionen sin jerarquía. Es la imagen del horizonte concedido brevemente a las criaturas. La criada que denuncia el banquete es la misma que en otra escena habría podido sentarse a él: que sea Celia (de Nise) y no Clara (de Finea) quien lo cuente marca la diferencia entre las dos hermanas en términos de servidumbre. Las criadas son cómplices o delatoras según la dama a la que sirven.

ACTO III · ESCENA 10

3.10 La espada desenvainada de Octavio

Casa de Octavio (sala principal; el desván es referido pero no visto)

romance asonancia -óa-óavv. 3030–3120narración con clímax

El clímax dramático de la pieza. Celia ha contado el banquete del desván a Octavio. El padre, con la espada desenvainada, sube al desván buscando vengar el honor familiar. Pero la pieza no permite la tragedia: lo que iba a ser duelo se convierte en reconocimiento (Laurencio se identifica), lo que iba a ser violencia se convierte en negociación, y lo que iba a ser destrucción se convierte en la antesala de las cuatro bodas. Cincuenta versos bastan para convertir la tragedia en comedia mediante la palabra.

La métrica es romance con asonancia -óa, que sustituirá al romance -ée de la escena 3.8 y a las redondillas de la 3.9. La asonancia -óa es de las más sonoras del castellano (con palabras como honra, boda, poca, toda, gloria, historia) y aporta gravedad rítmica al clímax. La alternancia de asonancias dentro del Acto III opera con cuidado de partitura: cada cambio prepara una intensidad emocional distinta. El final de la pieza, vv. 3030-3184 (numeración Presotto/PROLOPE), está enteramente en romance -óa, lo cual unifica el tono coral del desenlace.

NISE.Conozco que tu persona merece ser estimada; y como mi padre agora venga bien en que seas mío, yo me doy por tuya toda; que en los agravios de Amor es la venganza gloriosa. LISEO.¡Ay, Nise! ¡Nunca te vieran mis ojos, pues fuiste sola de mayor incendio en mí que fue Elena para Troya! Vine a casar con tu hermana, y en viéndote, Nise hermosa, mi libertad salteaste, del alma preciosa joya. Nunca más el oro pudo, con su fuerza poderosa, que ha derribado montañas de costumbres generosas, humillar mis pensamientos a la bajeza que doran los resplandores, que a veces ciegan tan altas personas. Nise, ¡duélete de mí, ya que me voy! TURÍN.Tiempla agora, bella Nise, tus desdenes; que se va Amor por la posta a la casa del agravio. NISE.Turín, las lágrimas solas de un hombre han sido en el mundo veneno para nosotras. No han muerto tantas mujeres de fuego, hierro y ponzoña como de lágrimas vuestras. TURÍN.Pues mira un hombre que llora. ¿Eres tú bárbara tigre? ¿Eres pantera? ¿Eres onza? ¿Eres duende? ¿Eres lechuza? ¿Eres Circe? ¿Eres Pandorga? ¿Cuál de aquestas cosas eres, que no estoy bien en historias? NISE.¿No basta decir que estoy rendida? CELIA.Escucha, señora... NISE.¿Eres Celia? CELIA.Sí. NISE.¿Qué quieres; que ya todos se alborotan de verte venir turbada? OTAVIO.Hija, ¿qué es esto? CELIA.Una cosa que os ha de poner cuidado. OTAVIO.¿Cuidado? CELIA.Yo vi que agora llevaba Clara un tabaque con dos perdices, dos lonjas, dos gazapos, pan, toallas, cuchillo, salero y bota. Seguila, y vi que al desván caminaba... OTAVIO.Celia loca, para la boba sería. FENISO.¡Qué bien que comen las bobas! OTAVIO.Ha dado en irse al desván, porque hoy le dije a la tonta que, para que no la engañen, en viendo un hombre, se esconda. CELIA.Eso fuera, a no haber sido, para saberlo, curiosa. Subí tras ella, y cerró la puerta... MISENO.Pues bien; ¿qué importa? CELIA.¿No importa, si en aquel suelo, como si fuera una alfombra de las que la primavera en prados fértiles borda, tendió unos blancos manteles, a quien hicieron corona dos hombres, ella y Finea? OTAVIO.¿Hombres? ¡Buena va mi honra! ¿Conocístelos? CELIA.No pude. FENISO.Mira bien si se te antoja, Celia... OTAVIO.No será Laurencio, que está en Toledo. DUARDO.Reporta el enojo. Yo y Feniso subiremos... OTAVIO.¡Reconozcan la casa que han afrentado! FENISO.No suceda alguna cosa... NISE.No hará; que es cuerdo mi padre. DUARDO.Cierto, que es divina joya el entendimiento. FENISO.Siempre yerra, Düardo, el que ignora. Desto os podéis alabar, Nise, pues en toda Europa no tiene igual vuestro ingenio. LISEO.Con su hermosura conforma. OTAVIO.¡Mil vidas he de quitar a quien el honor me roba!
EXT-1

Nise se rinde por venganza: la economía afectiva del despecho

Los versos 3030-3036 («Conozco que tu persona / merece ser estimada […] en los agravios de Amor / es la venganza gloriosa») son la frase más amarga de Nise en toda la pieza. La heroína letrada acepta casarse con Liseo, no por afecto, sino como represalia afectiva contra Laurencio. La sentencia en los agravios de Amor / es la venganza gloriosa condensa, en clave dramática, un tópico moral común en la lírica del XVI-XVII castellano (la venganza como respuesta del amante despreciado), pero aplicado aquí con frialdad funcional: el matrimonio se vuelve operación de venganza, no de unión.

La crítica feminista ha leído este pasaje como confirmación de la tragedia oculta de Nise. Laura Bass, en su trabajo sobre la economía de la representación de la pieza, ha mostrado que Nise queda sacrificada al esquema económico que privilegia la dote de Finea: la mujer que había leído a Heliodoro y a Petrarca termina casándose por simetría agraviada, no por elección personal.ext1_bass La pieza dramatiza esa imposibilidad sin condenarla: el matrimonio por venganza era opción legítima en el código del XVII, y Nise la elige por carecer de alternativa.

Lo notable es la limpieza con que Lope formula la economía afectiva. Nise no se engaña a sí misma: declara que se rinde por agravio, no por amor. La frase «me doy por tuya toda» es performativa: el cuerpo se entrega como objeto de cambio. La pieza, sin glosa, registra el acto. El espectador del corral oía la rendición como conformidad cómica; el lector culto la oye como derrota trágica.

EXT-2

La autorehabilitación de Liseo: maquillaje retórico

Los versos 3045-3052 («Nunca más el oro pudo […] humillar mis pensamientos / a la bajeza que doran / los resplandores») son auto-revisión cuidada. Liseo declara que el oro no pudo humillarlo, presentándose como hidalgo que rechaza el matrimonio interesado. La pieza ha mostrado lo contrario: en 1.10, Liseo había venido a casarse por la dote, y solo desistió cuando Finea le pareció imposible.

El personaje se reescribe a sí mismo en el clímax. La diferencia entre la conducta efectiva y la auto-narración es lo que el espectador atento debe percibir. Lope no glosa, deja que la inconsistencia opere por sí sola.

La frase tiene además ironía estructural. Mientras Liseo afirma que el oro no lo humilla, está casándose con Nise (= la sin dote), lo cual podría parecer prueba de su independencia económica. Pero la pieza ha mostrado que el matrimonio con Nise es por venganza/conformidad, no por elección amorosa. Liseo se enmascara con la noble retórica del rechazo del oro mientras la situación lo coloca en un matrimonio que él no eligió libremente.

La cita es además autobiográfica oblicua de Lope. El propio Fénix se había casado dos veces (Isabel de Urbina con dote modesta; Juana de Guardo con una dote pactada en miles de reales que, según los biógrafos, nunca se hizo efectiva) y conocía bien el código matrimonial del XVII. Que ponga en boca de Liseo la auto-justificación retórica que el código exigía es comentario interno: el dramaturgo conoce el funcionamiento del cinismo matrimonial y lo dramatiza sin condenarlo expresamente.ext2_economia

EXT-3

La teichoscopia: relatar lo que no se ve

La técnica de Celia —contar a Otavio lo que ha visto en el desván— recuerda al modelo clásico de la teichoscopia griega, el relato desde un punto de vista privilegiado. La escena fundacional es la de la Ilíada III, 161-244, donde Helena, desde la muralla de Troya, describe a Príamo a los héroes aqueos que combaten abajo. La diferencia importa: la teichoscopia es relato simultáneo de algo que el observador ve mientras habla; lo que Celia hace es relato retrospectivo. Lope adapta el procedimiento para llevar al espectador a un espacio que no se ve sin necesidad de cambio de decorado.

Aquí la teichoscopia cumple varias funciones. En lo económico, Lope se ahorra reproducir el banquete, que habría requerido utilería extensa y un tiempo escénico que la pieza no quiere gastar. En lo dramático, el relato concentra los detalles relevantes (manteles blancos, perdices, gazapos, contento) sin la dispersión que tendría la representación. Y, en lo moral, el espectador imagina más de lo que vería; el banquete se vuelve ideal en su ausencia.

Hay además una dimensión propiamente lopesca. El relato de Celia es de una calidad poética notable: la frase «hicieron corona» tiene resonancia bíblica, la enumeración del menú tiene ritmo de letanía cómica, el contento general queda condensado en pocos términos. Lope hace que la criada hable con cuidado retórico, no con espontaneidad popular. Es voz literaria puesta en boca plebeya, recurso típico del teatro áureo y signo de la habilidad lopesca para nivelar el lenguaje según necesite.ext3_teichoscopia

EXT-4

El honor del padre y la espada que no mata: convención del drama de honor

«¡Mil vidas he de quitar / a quien el honor me roba!» (vv. 3119-3120) es la formulación canónica del drama de honor del XVII español. La fórmula procede del código consuetudinario y jurídico: el pater familias tenía derecho —en la sensibilidad social del XVII, incluso obligación— de vengar la afrenta a su honor familiar. Las disposiciones jurídicas medievales sobre deshonra y adulterio (Siete Partidas, especialmente Partida VII en sus títulos sobre las deshonras y el adulterio; Fuero Real en sus leyes de honra) habían codificado la materia, y la praxis judicial castellana reconocía atenuantes en los homicidios por defensa del honor.

El teatro áureo había hecho del drama de honor género propio: Lope mismo en El castigo sin venganza (1631), Calderón en El médico de su honra (1635) o el propio Lope en Peribáñez y el comendador de Ocaña (h. 1614). En estos dramas el padre o el marido se ve abocado a vengar con sangre la afrenta. La dama boba coloca la fórmula en boca de Otavio sin permitir que se cumpla: la espada se envainará después del reconocimiento de Laurencio, y la honra se restaurará por matrimonio, no por sangre.

Lope conoce el código del honor en su forma más rigurosa, lo cita textualmente y lo desactiva mediante la mecánica cómica. El público del corral percibía la cita y disfrutaba la desactivación: la pieza promete tragedia y entrega comedia. Lope hace lo que el público espera —la espada desenvainada— y luego lo desvía hacia el matrimonio aceptado. La conjunción de tensión trágica y resolución cómica es el núcleo del Arte nuevo.ext4_honor

La pieza, además, formula una crítica oblicua al código del honor. Si Octavio cumpliera la amenaza, Laurencio moriría, Finea perdería al amante, la pieza terminaría en luto. La preferencia lopesca por la solución cómica implica preferencia por la vida sobre el honor abstracto. La frase «¡Mil vidas he de quitar!» queda como amenaza desactivada: el código lo permite, la pieza no lo cumple. Hay aquí, sin enunciarse, una preferencia ética por la convivencia sobre la vendetta.

Aparato textual (7 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
3036 «*es la venganza gloriosa*»O M L P (idéntico) — sentencia gnómica del registro petrarquista castellano (la venganza como respuesta del amante despreciado)(igual)(igual)(igual)
3040 «*como Elena para Troya*»O M L P (idéntico) — referencia clásica al rapto de Helena (Ilíada)(igual)(igual)(igual) — P glosa la hipérbole épica
3045-3052 (autorehabilitación de Liseo: el oro no humilló sus pensamientos)O M L P (idéntico) — la reescritura retórica del galán(igual) — M nota la inconsistencia con su conducta del Acto I(igual)(igual)
3079 «*tabaque*»O M L P (idéntico) — orientalismo (ár. *ṭabaq*); cesto de mimbre con tapa(igual)(igual)(igual) — P glosa la voz
3100 «*hicieron corona*»O M L P (idéntico) — imagen sacramental superpuesta al banquete clandestino(igual)(igual)(igual)
3105-3106 «*No será Laurencio, / que está en Toledo*»O M L P (idéntico) — Octavio mantiene la coartada de Finea(igual)(igual) — M conecta con el doble sentido del topónimo desván/Toledo (3.7-3.8)(igual)
3119-3120 «*¡Mil vidas he de quitar / a quien el honor me roba!*»O M L P (idéntico) — fórmula canónica del *drama de honor*(igual) — M anota la convención jurídica del padre vengador y remite al marco castellano (Partidas, *Fuero Real*)(igual)(igual) — P glosa la convención del padre vengador del XVII
  1. Laura R. Bass, «The Economics of Representation in Lope de Vega's La dama boba», Bulletin of Spanish Studies 83, n.º 6 (2006): 771-787.
  2. Sobre la economía matrimonial de Lope mismo, Antonio Sánchez Jiménez, Lope: el verso y la vida (Madrid: Cátedra, 2018); Felipe B. Pedraza Jiménez, Lope de Vega, pasiones, obra y fortuna del «monstruo de la naturaleza» (Madrid: Edaf, 2008).
  3. Para la cultura literaria griega clásica y la teoría poética antigua, Andrew Ford, The Origins of Criticism: Literary Culture and Poetic Theory in Classical Greece (Princeton: Princeton University Press, 2002); para la sociología de la comedia áurea, José María Díez Borque, Sociología de la comedia española del siglo XVII (Madrid: Cátedra, 1976).
  4. Sobre el drama de honor en el XVII y su convención, Melveena McKendrick, «Honour/Vengeance in the Spanish Comedia: A Case of Mimetic Transference?», Modern Language Review 79, n.º 2 (1984): 313-335; para la filosofía del amor y la convención del padre vengador en la literatura áurea, Alexander A. Parker, La filosofía del amor en la literatura española, 1480-1680 (Madrid: Cátedra, 1986).

Nota de cierre

La espada se envaina y se abre la negociación. Lo que viene en la escena 3.11 es el desenlace formal: las cuatro parejas, el oxímoron boba ingeniosa, la apelación al senado. La pieza, después de este pico de tensión, desciende hacia la resolución coral. Lo que el padre amenazaba con destruir queda incorporado al orden como matrimonio que aprobará. La conversión es completa: en cien versos, el clímax trágico se transforma en preludio cómico de las cuatro bodas. El público salía de esta escena con el alivio característico de la comedia áurea: la espada existió sin que llegara a herir, el honor fue cuestionado y restituido, y la transgresión, condenada en voz alta, terminó admitida en el orden. Es el barroco español operando con su mayor eficacia.

ACTO III · ESCENA 11

3.11 La resolución: «Dádsela, boba ingeniosa»

Casa de Octavio (afuera del desván «Toledo»)

romance asonancia -óa-óavv. 3121–3184narrativo, gravedad cómica de la resoluciónbisagra con 3.10 en )vv. 3119–3120narrativo, gravedad cómica de la resolución

Se cierra la pieza con una escena coral de dieciséis versos breves que parece resolver lo que en realidad sólo formaliza. Las parejas se forman, el padre cede, los criados se casan en réplica, y el público sale satisfecho. El final pide lectura cuidadosa, porque debajo del concierto matrimonial quedan varias notas disonantes: la victoria económica de Laurencio se enuncia con franqueza desconcertante; el oxímoron «boba ingeniosa» que Octavio (no Liseo, según el autógrafo) regala cifra de dos palabras toda la pieza; y el reparto del «¿y a Nise?» recibe una respuesta sospechosamente breve. La comedia termina en boda, sí, pero no en boda igual.

Salga con la espada desnuda OCTAVIO, siguiendo a LAURENCIO, FINEA, CLARA y PEDRO

OTAVIO.¡Mil vidas he de quitar a quien el honor me roba! LAURENCIO.¡Detened la espada, Otavio! Yo soy, que estoy con mi esposa. FENISO.¿Es Laurencio? LAURENCIO.¿No lo veis? OTAVIO.¿Quién pudiera ser agora, sino Laurencio, mi infamia? FINEA.Pues, padre, ¿de qué se enoja? OTAVIO.¡Oh, infame! ¿No me dijiste que el dueño de mi deshonra estaba en Toledo? FINEA.Padre, si aqueste desván se nombra «Toledo», verdad le dije. Alto está, pero no importa; que más lo estaba el Alcázar y la Puente de Segovia y hubo Juanelos que a él subieron agua sin sogas. ¿Él no me mandó esconder? Pues suya es la culpa toda. Sola en un desván, ¡mal año! Ya sabe que soy medrosa... OTAVIO.¡Cortarele aquella lengua! ¡Rasgarele aquella boca! MISENO.Esto es caso sin remedio. NISE.¡Y la Clara socarrona, que llevaba los gazapos! CLARA.Mandómelo mi señora. MISENO.Otavio, vos sois discreto; ya sabéis que tanto monta cortar como desatar. OTAVIO.¿Cuál me aconsejáis que escoja? MISENO.Desatar. OTAVIO.Señor Feniso, si la voluntad es obra, recibid la voluntad. Y vos, Düardo, la propia; que Finea se ha casado, y Nise, en fin, se conforma con Liseo, que me ha dicho que la quiere y que la adora. FENISO.Si fue, señor, su ventura, ¡paciencia! Que el premio gozan de sus justas esperanzas. LAURENCIO.Todo corre viento en popa. ¿Daré a Finea la mano? OTAVIO.Dádsela, boba ingeniosa. LISEO.¿Y yo a Nise? OTAVIO.Vos también. LAURENCIO.Bien merezco esta vitoria, pues le he dado entendimiento, si ella me da la memoria de cuarenta mil ducados. PEDRO.¿Y Pedro no es bien que coma algún güeso, como perro de la mesa destas bodas? FINEA.Clara es tuya. TURÍN.¿Y yo nací donde a los que nacen lloran, y ríen a los que mueren? NISE.Celia, que fue tu devota, será tu esposa, Turín. TURÍN.Mi bota será y mi novia. FENISO.Vos y yo sólo faltamos; dad acá esa mano hermosa. DUARDO.Al senado la pedid, si nuestras faltas perdona; que aquí, para los discretos, da fin la comedia boba.
EXT-1

El Artificio de Juanelo Turriano: la erudición de Finea

La cita de Juanelo (vv. 3135-3136) merece detenerse, porque condensa el cambio que la pieza ha operado en su protagonista. Juanelo Turriano, ingeniero italiano al servicio de Carlos V y Felipe II, construyó hacia 1565 un artificio hidráulico monumental que subía agua del Tajo hasta el Alcázar de Toledo: dos máquinas paralelas que elevaban el líquido por un sistema de cazos basculantes accionados por la corriente del río. El ingenio se desmontó hacia 1639 y solo perduraron las descripciones; Ambrosio de Morales lo describió como una de las maravillas de Europa.

Para el público de 1613, citar a Juanelo era citar el milagro técnico más conocido del reino. Que la mujer que en el Acto I no sabía leer cite con naturalidad a un ingeniero italiano del siglo anterior es signo de su transformación. La cita además funciona dramáticamente: Finea compara la altura del desván (alto, pero no tanto) con la altura del Alcázar y la Puente de Segovia, y declara con humor que «hubo Juanelos» capaces de subir agua «sin sogas». La metáfora es transparente: Laurencio fue capaz de subir al desván sin que nadie lo viera, igual que el agua del Tajo subía al Alcázar sin máquinas visibles. Lo cómico se cruza con lo técnico-erudito.

Cabe leer el detalle como autobiográfico de Lope. El propio Fénix se había instalado en Toledo hacia 1604 y permaneció en la ciudad durante años, en los que conoció directamente el Artificio. Que el personaje lo cite en el momento culminante de la resolución es muestra de que Finea ha alcanzado un nivel de cultura equiparable al del público letrado para el que la pieza estaba escrita.ext1_juanelo

EXT-2

La conformidad de Nise: el coste oculto del final feliz

El verso 3156 —«y Nise, en fin, se conforma»— es uno de los versos más resignadamente sombríos del teatro áureo, y conviene leerlo con cuidado. Lope, al elegir el verbo, evita decir que Nise ame a Liseo: dice que se conforma con él. La conformidad implica aceptación de algo que no se elegía; en el contexto matrimonial del XVII, era el verbo estándar para describir la sumisión femenina a una decisión paterna. Octavio, que ha sido el padre derrotado de toda la comedia, en este verso obtiene su única victoria: casa a la hija que él quería casar de la manera que ella no quería.

La crítica feminista anglosajona, desde Melveena McKendrick hasta Laura Bass, ha leído este final como la verdadera tragedia oculta de la pieza.ext2_feminist Nise, la que sabía, la culta, la que organizaba academias literarias, queda al final con el galán que no quería —Liseo, hidalgo provinciano sin gracia—, mientras que Finea, la que no sabía, queda con el galán que ella ha elegido —Laurencio, pobre pero ingenioso. La distribución no es justa. Y no lo es porque la inteligencia que la pieza premia es la pragmática (la de Finea), no la libresca (la de Nise).

Una lectura aún más oscura es posible. La maniobra de Nise había consistido, durante toda la pieza, en organizar su propio matrimonio con Laurencio mediante la academia poética. Cuando Laurencio cambia de objeto, Nise pierde la maquinaria entera: pierde al galán que amaba, pierde la academia (que carecía de sentido sin él) y pierde, finalmente, la posibilidad de elegir, porque el padre la casará con Liseo. La pieza «se conforma» con esa pérdida. El público de 1613 salía contento porque las parejas se habían formado; el lector del XXI sale con la sensación de que algo ha quedado roto.

Lope sabía esto. La frase «se conforma» no es accidental: la elige porque registra la sumisión sin condenarla. El final feliz de La dama boba es un final feliz en cláusula condicional, válido sólo para los discretos —el «aquí, para los discretos, / da fin la comedia boba» del cierre—. Para los discretos del corral, la pieza acaba; para los que ven a Nise, no.

EXT-3

«Boba ingeniosa»: el oxímoron como cifra de la pieza

«Dádsela, boba ingeniosa» (v. 3164) es la frase cifra. La crítica suele atribuirla, sin discutir, a Liseo. El autógrafo PROLOPE la atribuye a OCTAVIO. La sutileza importa: si es Liseo (el galán derrotado), la frase es regalo amargo del que pierde a la mujer; si es Octavio (el padre que cede), es etiqueta paterna que admite el ingenio de la hija que creyó boba.

En cualquiera de las dos atribuciones, la fórmula no es ni rendición ni negación: la llama boba ingeniosa, que es exactamente lo que ella ha demostrado ser: hábil para fingir que no sabe, para conseguir lo que quiere sin que el mundo le vea las costuras. El oxímoron es el reconocimiento de que ella ha gobernado, sin perder la apariencia de gobernada.

El oxímoron tiene linaje. La filosofía escolástica conocía el concordia oppositorum —la coincidencia de los opuestos— como figura de Dios; el platonismo cristiano de Nicolás de Cusa, en De docta ignorantia (1440), había hecho de esa coincidencia el lugar más alto del saber. Llamar boba ingeniosa a Finea es ponerla en una cusiana «docta ignorancia»: la que más sabe es la que parece menos saber, y eso es signo de inteligencia superior, no de carencia.

Friedman ha visto esta dimensión: el oxímoron empleado por el padre define a Finea como una boba ingeniosa a quien el amor ha entrenado para alternar la apariencia de simpleza con la astucia eficaz.ext3_friedman El oxímoron «boba ingeniosa» nombra dramáticamente lo que la pieza ha venido construyendo: Finea habita el intervalo entre los dos términos, sin que ninguno la agote, y su definición es la oscilación deliberada entre ambos. Esa oscilación, gobernada por la voluntad, es lo que la pieza ha estado dramatizando.

Un cuadro castellano del mismo siglo dramatiza con limpieza extrema un dispositivo análogo al oxímoron. Se trata de La fábula de Aracne, conocido habitualmente como Las hilanderas, de Diego Velázquez (Museo del Prado, Madrid). En el primer plano se reconocen unas mujeres en faena de hilado dentro de un obrador; al fondo, en un espacio elevado y mejor iluminado, otra escena muestra figuras vestidas a la antigua que la crítica ha identificado con el mito ovidiano del concurso entre Atenea y Aracne (cf. Ovidio, Metamorfosis VI), donde la mortal Aracne, tras tejer tapices que ofendían a los dioses, fue transformada por la diosa en araña.

La afinidad con el cierre de La dama boba es funcional. El cuadro de Velázquez sostiene en una sola superficie pictórica dos planos sin colapsarlos: el oficio cotidiano (las hilanderas) y el mito (Aracne y Atenea). Las dos escenas son la misma —ambas tratan del tejido— y son a la vez de orden distinto: una es trabajo, la otra es castigo divino. El espectador culto del XVII reconocía las dos lecturas y las sostenía. Lo mismo hace Lope con su última fórmula: «Dádsela, boba ingeniosa» sostiene la boba y la ingeniosa en un solo personaje sin colapsarlas.ext3_velazquez

EXT-4

El subtexto económico: cuarenta mil ducados como ingeniería social

El aparte de Laurencio (vv. 3166-3169) es la frase más cínicamente franca de toda la pieza, y la crítica la ha tomado, con razón, como momento de revelación moral. «Bien merezco esta vitoria, / pues le he dado entendimiento, / si ella me da la memoria / de cuarenta mil ducados». Cuarenta mil ducados era, en 1613, una fortuna considerable: equivalía aproximadamente a 440.000 reales de plata o, en términos de poder adquisitivo, a varios cientos de salarios anuales de un funcionario medio del reino. Laurencio no exagera al hablar de victoria económica.

Robert ter Horst, en su estudio clásico sobre las ironías del intelecto en La dama boba, mostró que toda la pieza está atravesada por un cálculo material: las dotes, los alquileres, las deudas, los sueldos de los criados, todo está numerado o numerable.ext4_terhorst La gracia es que Lope hace operar ese cálculo bajo la doctrina neoplatónica del amor que la pieza también dramatiza. Las dos cosas son simultáneamente verdaderas: el amor educa (línea Egido / Holloway) y el amor cuesta cuarenta mil ducados (línea Friedman / ter Horst). Lope no resuelve la contradicción, la representa.

Ese es el realismo económico del barroco español, y conviene leerlo como respuesta a la crisis fiscal del reinado de Felipe III. La España de 1613 era una potencia que se sostenía sobre la ficción del crédito y de la plata americana, mientras la inflación galopaba y el oro se devaluaba. Que Lope haga decir a Laurencio, sin pudor, que le ha enseñado el entendimiento a Finea a cambio de la memoria de la dote es comentario social agudo: incluso el saber neoplatónico se cotiza. El amor que vence al final lleva la dote consigo, y los dos van juntos a la mesa del notario.

EXT-5

Notas sobre la puesta en escena (corral, 1613)

La escena final exigía coordinación coral. Los diez personajes principales (Octavio, Laurencio, Finea, Clara, Pedro, Nise, Liseo, Feniso, Duardo, Miseno) más Turín y Celia (que aparecen en los últimos versos) se distribuyen sobre el escenario en un cuadro que la princeps no detalla pero que la lógica dramática reconstruye así: Octavio en el centro con la espada todavía en mano (que envainará en algún momento de los versos 3128-3149); Laurencio y Finea juntos a la izquierda, Clara y Pedro detrás; Nise y Liseo a la derecha, distantes, con Feniso y Duardo aparte como derrotados cortesanos. Miseno, el viejo amigo, hace de mediador en el centro. Turín y Celia entran al final.

La acotación inicial («Salga con la espada desnuda») exige una espada de utilería. La acotación final, que Lope no incluye pero que las representaciones modernas suelen añadir, es la formación de las parejas en V o en círculo para el cierre con apelación al senado. Algunas representaciones hacen que las cuatro parejas (Laurencio-Finea, Liseo-Nise, Pedro-Clara, Turín-Celia) se den la mano simultáneamente en el v. 3179, formando el cuadro coral que será la base de la Ilustración 16.

La duración aproximada de la escena en representación es de ocho a diez minutos —es de las más largas del Acto III—. Su densidad de información (resolución de cuatro tramas amorosas, justificación retórica del padre, cierre de la pieza) requiere actores con buen tempo verbal. La compañía a la que el autógrafo va dirigido —entre cuyas figuras se cuenta a Jerónima de Burgos, asociada a la primera circulación de la comedia— estaba familiarizada con el registro de gravedad cómica que el final exige.

EXT-6

La recepción de la pieza en el siglo XX: Lorca, La Barraca, el centenario de 1935

La pieza pasó tres siglos en la sombra. Las refundiciones decimonónicas la habían deformado: cortes en el aparato textual (especialmente en los pasajes filosóficos del Acto III), mezclas con otros textos lopescos, adiciones edulcorantes que suavizaban la franqueza económica del aparte de Laurencio. El siglo XIX había convertido La dama boba en comedia de costumbres ligera.

La recuperación moderna empezó con Federico García Lorca. En octubre de 1933, instalado en Buenos Aires tras el éxito del estreno de Bodas de sangre (29 de julio en el Teatro Maipo), Lorca recibió de la actriz Eva Franco el encargo de preparar una versión escénica de La dama boba. Trabajó sobre la versión decimonónica de Hartzenbusch, podándola, restituyendo pasajes y devolviendo el texto a una integridad próxima a la original. El estreno tuvo lugar el 3 de marzo de 1934 en el Teatro de la Comedia de Buenos Aires. La compañía mantuvo la pieza ciento sesenta y una representaciones consecutivas hasta el 17 de mayo, y cerca de doscientas en total contando reposiciones, cifras muy superiores a las setenta de La zapatera prodigiosa o las veinte de Mariana Pineda. Lorca insistió en respetar el título («mucho mejor La dama boba que La niña boba», forma comercial preferida por María Guerrero) y en cortar sólo versos que pudieran fatigar al público, no escenas enteras —«sería un sacrilegio»—. Y en una entrevista de la época hizo la lectura más exacta del personaje que conoce la crítica: «La Boba de Lope es de verdad. Lope no quería, como muchos suponen, oponer dos caracteres, sino demostrar que un alma oscura puede ser curada».

Un año después, en el tercer centenario de la muerte de Lope (agosto de 1935), el Teatro Español de Madrid programó tres comedias del Fénix —Fuente Ovejuna, El villano en su rincón y La dama boba— como homenaje. La versión lorquiana llegó a la capital con un cambio de equipo escénico: la dirigió Cipriano de Rivas Cherif y la representó la compañía Xirgu-Borrás. El 27 de agosto de 1935, una función al aire libre en la Chopera del Retiro, organizada por el diario El Liberal, reunió a más de cinco mil espectadores. La Barraca, el grupo universitario que Lorca dirigía con Eduardo Ugarte, había recorrido pueblos y plazas de la República desde el verano de 1932 con un repertorio áureo (Calderón, Lope, Cervantes); La dama boba lorquiana, sin embargo, pertenecía al circuito profesional (Eva Franco en 1934, Xirgu-Borrás en 1935), no al universitario. Esa Finea —porteña desde marzo de 1934, madrileña en agosto de 1935— circuló por una España que ya no volvería a ver, once meses antes del 18 de julio de 1936.

La versión Lorca recuperaba la pieza del archivo y la devolvía al patio de los corrales. El gesto era doble: filológico (cortar la refundición decimonónica para acercarse al original) y rítmico («Lope a ritmo de Molière», en palabras de Aguilera Sastre y Lizarraga Vizcarra). La pieza sobrevivió. Las ediciones modernas (Marín-Cátedra 1976, Presotto/PROLOPE 2007, López Martín 2019) descansan en parte sobre el trabajo de restitución que la versión Lorca había anticipado. Y la doctrina dramatúrgica del Arte nuevo lopesco que esta comedia ejemplifica había viajado, mucho antes, al otro lado del Atlántico: Sor Juana Inés de la Cruz, la comediógrafa novohispana, escribió en clave de comedia urbana lopesca Los empeños de una casa (México, 1683) y Amor es más laberinto (1689). La línea que va de Lope (Madrid, 1613) a Sor Juana (México, 1683-1689) y de Sor Juana a Lorca (Buenos Aires, 1934) no es metáfora: es archivo documentable de una pieza que se hace móvil.ext6_lorca

Aparato textual (12 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
3120 acot.«Salga con la espada desnuda Otavio…» O«Salga Octavio con la espada desnuda…» M (orden alterado)(sigue M)(sigue M)
3128-3129 «*el dueño de mi deshonra / estaba en Toledo*»O M L P (idéntico) — coartada del topónimo(igual)(igual)(igual)
3135-3136 «*Juanelos que a él / subieron agua sin sogas*»O M L P (idéntico) — alusión al *Artificio de Juanelo*(igual) — M nota la fuente(igual)«Juanelos» con nota explicativa
3145 «*gazapos*»O M L P (idéntico) — viandas del banquete clandestino(igual)(igual)(igual)
3149 «*tanto monta cortar como desatar*»O M L P (idéntico) — alusión al lema de los Reyes Católicos + nudo gordiano(igual) — M conecta con Plutarco, *Vida de Alejandro* 18(igual)(igual)
3156 «*se conforma*»O M L P (idéntico) — léxico de la sumisión femenina al pacto matrimonial(igual)(igual)(igual)
3164 atrib.OTAVIO OLISEO M ABLISEOLISEO
3166-3169 (aparte económico de Laurencio: cuarenta mil ducados)O M AB (conservados)(igual)(igual)(igual)
3168 «*memoria*»O M L P (idéntico) — escritura notarial de la dote; pareja agustiniana entendimiento/memoria(igual)(igual)(igual)
3177 «*será tu esposa, Turín*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
3179 «*Vos y yo sólo faltamos*»O M L P (idéntico)(igual)(igual)(igual)
3184 «*da fin la comedia boba*»O M L P (idéntico) — autodenominación de la pieza(igual)(igual)(igual)
  1. Para la espada como utilería en el corral del XVII y los códigos teatrales del honor, Ignacio Arellano, Convención y recepción: estudios sobre el teatro del Siglo de Oro (Madrid: Gredos, 1999); para la convención del drama de honor, Melveena McKendrick, «Honour/Vengeance in the Spanish Comedia: A Case of Mimetic Transference?», Modern Language Review 79, n.º 2 (1984): 313-335.
  2. Sobre el matrimonio clandestino y el decreto Tametsi del Concilio de Trento (sesión XXIV, 1563), Stephanie Coontz, Marriage, A History: From Obedience to Intimacy, or How Love Conquered Marriage (New York: Viking, 2005). La doctrina española la recoge Tomás Sánchez, Disputationum de sancto matrimonii sacramento (Génova: Iosephum Pavonem, 1602), libro IV.
  3. Sobre los Reyes Católicos y su programa político-cultural, Joseph Pérez, Isabel y Fernando, los Reyes Católicos (Madrid: Nerea, 1988); Tarsicio de Azcona, Isabel la Católica: estudio crítico de su vida y su reinado (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1964; varias reimpresiones).
  4. Edward H. Friedman, Wit's End: An Approach to Lope de Vega's «La dama boba» (San Francisco: Peter Lang, 2000); cf. también Felipe B. Pedraza Jiménez, El universo poético de Lope de Vega, 2.ª ed. (Madrid: Laberinto, 2004), capítulo dedicado a La dama boba.
  5. Edward H. Friedman, Wit's End: An Approach to Lope de Vega's «La dama boba» (San Francisco: Peter Lang, 2000); Robert ter Horst, «The True Mind of Marriage: Ironies of the Intellect in Lope de Vega's La dama boba», en Studies in Honor of Bruce W. Wardropper, ed. Dian Fox, Harry Sieber y Robert ter Horst (Newark, DE: Juan de la Cuesta, 1989), 347-363.
  6. Sobre Juanelo Turriano y el Artificio de Toledo, Nicolás García Tapia, Ingeniería y arquitectura en el Renacimiento español (Valladolid: Universidad de Valladolid, 1990); José A. García-Diego, Juanelo Turriano, Charles V's Clockmaker: The Man and His Legend (Madrid: Castalia, 1986).
  7. Melveena McKendrick, Woman and Society in the Spanish Drama of the Golden Age: A Study of the «mujer varonil» (London: Cambridge University Press, 1974); Laura R. Bass, «The Economics of Representation in Lope de Vega's La dama boba», Bulletin of Spanish Studies 83, n.º 6 (2006): 771-787; A Companion to Lope de Vega, ed. Alexander Samson y Jonathan Thacker, Monografías A 260 (Woodbridge: Tamesis, 2008).
  8. Edward H. Friedman, Wit's End: An Approach to Lope de Vega's «La dama boba» (San Francisco: Peter Lang, 2000). Juan Mayorga ha desarrollado una lectura más radical de esta misma ambigüedad: la bobería del primer acto podría ser también artificio. La frase de Finea «¿No eres simple? Cuando quiero» (v. 2086) sería la cifra de una razón astuta que se acomoda al tiempo. La inteligencia femenina reprimida en el mundo de padres y maridos del Acto I pudo ser desde el inicio actuación, no carencia. Cf. Juan Mayorga, «El sexo de la razón: una lectura de La dama boba», en Lope de Vega en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Año 2002, ed. Felipe B. Pedraza Jiménez (Madrid: Compañía Nacional de Teatro Clásico, 2003), 47-59. ext3_velazquez: Diego Angulo Iñiguez, «Las hilanderas», Archivo Español de Arte 21 (1948): 1-19; Jonathan Brown, Velázquez: Painter and Courtier (New Haven: Yale University Press, 1986); José Antonio Maravall, La cultura del Barroco: análisis de una estructura histórica (Barcelona: Ariel, 1975), capítulo IX.
  9. Robert ter Horst, «The True Mind of Marriage: Ironies of the Intellect in Lope's La dama boba», Romanistisches Jahrbuch 27 (1976): 347-363.
  10. Juan Aguilera Sastre e Isabel Lizarraga Vizcarra, Federico García Lorca y el teatro clásico: la versión escénica de «La dama boba» (Logroño: Universidad de La Rioja, 2001); David Rodríguez-Solás, Teatros nacionales republicanos: la Segunda República y el teatro clásico español (Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2014); César Oliva, «El arte de Lope en la escena española del siglo XX», RILCE 27, n.º 1 (2011): 161-173. Para Sor Juana en clave lopesca, A Companion to Sor Juana Inés de la Cruz, ed. Emilie L. Bergmann y Stacey Schlau (Woodbridge: Tamesis, 2017).

Nota de cierre

Termina aquí la comedia, y vale cerrarla con la observación que la propia pieza nos hace: «aquí, para los discretos, da fin la comedia boba». El último verso distingue entre el público y los discretos. Los primeros se van; los segundos siguen pensando.

Lo que sigue pensando el discreto, después de las cuatro bodas y la rendición del padre, es esto. Finea, mujer que en el Acto I no sabía leer, ha terminado el Acto III casada con el galán que ella ha elegido y dueña de su propio destino. Nise, mujer que en el Acto I leía a Heliodoro y a Petrarca, ha terminado conformándose con el galán que no quería. La pieza ha invertido la jerarquía esperada: la inteligencia libresca pierde, la inteligencia astuta gana. Y el sistema social acepta la inversión porque la dote acompaña al galán pobre.

El saber que la pieza premia tiene cuatro nombres: bobería, astucia, fingimiento, voluntad. Es saber práctico, capaz de esconderse cuando hace falta y de darse por amor cuando conviene, administrado siempre por elección y no por impulso. La lección filosófica del teatro lopesco —que el barroco español carga con más epistemología de la que su decoración aparenta— está cifrada en este oxímoron de tres palabras: boba ingeniosa. Cuatro siglos después, la fórmula se sostiene.

La dama boba