Profundidad
Léxico y contexto
ACTO I · ESCENA 5

1.5 El parto de la gata

Casa de Octavio, salón

romance asonancia -í-o-í-ovv. 411–492narración

Después de la lección imposible, Finea encuentra a Clara entusiasmada con noticias domésticas: la gata de la casa, llamada Romana, ha parido. Clara narra el episodio en romance, metro asociado por el Arte nuevo (v. 308) a las relaciones, es decir, los relatos largos. La pieza eleva al rango de epopeya doméstica un episodio absolutamente trivial. La forma noble enmarca el contenido ridículo, y el contraste produce comicidad pura.

La escena pide lectura atenta. Finea, que en la escena anterior fracasaba con la cartilla, escucha a Clara con la atención más rigurosa que la pieza le concede hasta el momento. Lo que la lección de Rufino no consiguió —que Finea atendiera al lenguaje— lo consigue Clara con un romance sobre gatos. La escena cómica enseña, sin enunciarlo, lo que el resto de la pieza desarrollará: el saber se aprende cuando interesa.

FINEA.¡Es mujer notable! CLARA.Escucha un momento: salía, por donde suele, el sol muy galán y rico, con la librea del rey colorado y amarillo; andaban los carretones quitándole el romadizo que da la noche a Madrid; aunque no sé quién me dijo que era la calle Mayor el soldado más antiguo, pues nunca el mayor de Flandes presentó tantos servicios; pregonaban agua ardiente, agua biznieta del vino, los hombres Carnestolendas, todos naranjas y gritos; dormían las rentas grandes, despertaban los oficios, tocaban los boticarios sus almireces a pino, cuando la gata de casa comenzó, con mil suspiros, a decir «¡Ay, ay, ay, ay! Que quiero parir, marido.» Levantose Hociquimocho y fue corriendo a decirlo a sus parientes y deudos; que deben de ser moriscos, porque el lenguaje que hablaban, en tiple de monacillos, si no es jerigonza entrellos, no es español ni latino. Vino una gata vïuda, con blanco y negro vestido —sospecho que era su agüela—, gorda y compuesta de hocico; y si lo que arrastra honra, como dicen los antiguos, tan honrada es por la cola como otros por sus oficios. Trújole cierta manteca, desayunose y previno en qué recibir el parto. Hubo temerarios gritos. No es burla. Parió seis gatos tan remendados y lindos, que pudieran, a ser pías, llevar el coche más rico. Regocijados, bajaron de los tejados vecinos, caballetes y terrados, todos los deudos y amigos: Lamicola, Arañizaldo, Marfuz, Marramao, Micilo, Tumbaollín, Mico, Miturrio, Rabicorto, Zapaquildo, unos vestidos de pardo, otros de blanco vestidos, y otros con forros de martas, en cueras y capotillos. De negro vino a la fiesta el gallardo Golosino; luto que mostraba entonces de su padre el gaticidio. Cuál la morcilla presenta; cuál el pez, cual el cabrito, cuál el gorrïón astuto, cuál el simple palomino. Trazando quedan agora, para mayor regocijo en el gatesco senado, correr gansos cinco a cinco. Ven presto, que si los oyes, dirás que parecen niños y darás a la parida el parabién de los hijos. FINEA.¡No me pudieras contar caso, para el gusto mío, de mayor contentamiento! CLARA.Camina. FINEA.Tras ti camino.

Vanse Finea y Clara

EXT-1

El romance como metro de la narración: chiste métrico-dramático

El Arte nuevo de Lope (1609), v. 308, había codificado: «las relaciones piden los romances». El romance octosilábico era el metro español por excelencia para la narración épica y caballeresca, atestiguado desde los romances viejos del siglo XV (las gestas del Cid, los infantes de Lara) hasta los romances nuevos cultos de Góngora y Quevedo. Que Clara narre en romance la noticia más doméstica imaginable —el parto de una gata— aprovecha la gravedad métrica del metro para producir comicidad por contraste.

El público del corral en 1613 estaba educado en el romance. Reconocía las aperturas épicas («pregonaban agua ardiente»), las enumeraciones cinematográficas («dormían las rentas grandes, / despertaban los oficios»), el ritmo del relato heroico. La incongruencia entre forma y contenido era percibida inmediatamente como chiste. Pedraza ha leído este episodio con cuidado: «este poema, irónico y cariñoso con el mundo de los gatos todos (los felinos y los madrileños), luce las galas conceptistas de los romancerillos tardíos».ext1_pedraza

La asonancia í-o tiene además efecto sonoro propio. La vocal /i/ produce ligereza acústica; la /o/ átona da peso. La combinación sostiene un ritmo entre brillante y arrastrado, idóneo para el cuento doméstico narrado con tono casi épico. Los romances cervantinos del Quijote I (los del cautivo, el del curioso impertinente) prefieren las asonancias graves á-a o é-a. Lope elige aquí la aguda/grave í-o porque la materia es ligera con sustancia: gatos descritos con dignidad.

EXT-2

La onomástica felina: prefiguración de La Gatomaquia

Veintiún años después de La dama boba, en 1634, Lope publica La Gatomaquia dentro de las Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos: epopeya burlesca en siete silvas que cuenta la guerra entre dos clanes felinos por el amor de la gata Zapaquilda. La onomástica de aquella obra —Marramaquiz, Micifuf, Zapaquilda, Marfuz— está ya esbozada en este romance del Acto I de La dama boba.

Los nombres son fórmulas onomatopéyicas con sufijos cómicos: Hociquimocho combina hocico con un sufijo despectivo (-mocho); Lamicola alude al gesto típico de los gatos (lamerse la cola); Arañizaldo es derivación cómica de arañar (con el sufijo -aldo, vagamente germánico); Marfuz es arabismo recogido por Covarrubias en su Tesoro (1611) con el sentido de «engañador, falaz»; Marramao reproduce onomatopéyicamente el maullido; Tumbaollín es figura cómica de gato derriba-ollas; Rabicorto es transparente; Zapaquildo anticipa al Zapaquilda de la Gatomaquia. Golosino, finalmente, es diminutivo afectuoso del gato glotón.

La conexión entre La dama boba y La Gatomaquia sugiere que la materia gatuna fue para Lope vena productiva. Aquí, en la comedia de 1613, es digresión cómica del primer acto; en la epopeya burlesca de 1634, vehículo de parodia épica completa. La autocita oblicua confirma que Lope leía y recordaba sus propias obras: La dama boba es archivo de motivos que volverían años después.ext2_gatomaquia

EXT-3

La parodia épica gatuna: itinerario transmedia

La operación lopesca —vestir lo doméstico con cuerpo de epopeya— tiene una historia que va antes y después de 1613. Dos paradas, sin agotar la serie, iluminan por contraste lo que el romance del parto está haciendo.

Primera parada, oriente: hacia 1841-1850, el grabador japonés Utagawa Kuniyoshi publicó la serie Cats Suggested as the Fifty-three Stations of the Tōkaidō (1850), entre otras dedicadas a felinos. Cada gato adopta una postura del peregrinaje del Tōkaidō, esa famosa ruta entre Kioto y Edo que Hiroshige había convertido en serie canónica de paisajes. Kuniyoshi sustituye los caminantes humanos por gatos, sin solemnidad ni desprecio: el chiste consiste en mantener el formato épico (la ruta de los cincuenta y tres relevos) y rebajarlo al felino doméstico. La operación es exactamente la del romance de Clara: la forma alta, el contenido bajo, y el placer estético en el vértice donde las dos cosas se rozan sin colapsar.

Segunda parada, anglosajona y narrativa: en 1909 Hector Hugh Munro «Saki» publicó en el Westminster Gazette (y recogió en The Chronicles of Clovis, 1911) Tobermory, cuento de pocas páginas que sigue siendo uno de los textos más afilados sobre los gatos en lengua inglesa. Cornelius Appin, invitado a una country house, anuncia haber enseñado a hablar a Tobermory, el gato de la casa. Tobermory empieza a expresarse con frialdad cortés y con conocimiento exacto de los chismes domésticos —ha estado oyendo durante años—, y el desastre social es inmediato: la familia se ve obligada a planear el envenenamiento del gato para preservar la reputación de la casa. El relato pone en juego la misma operación que el romance lopesco —el animal que toma cuerpo de criatura social— pero la empuja al extremo opuesto: en Lope el gato pare y el espectador ríe; en Saki el gato habla y la familia entra en pánico moral.

Una afinidad cierra el itinerario: en Lope, Kuniyoshi y Saki la gracia depende de que el espectador o lector sostenga simultáneamente las dos lecturas, la épica y la doméstica, sin dejar que ninguna anule a la otra. Es la misma operación que la pieza practica con Finea: mantener la boba y la ingeniosa al mismo tiempo, sin colapsarlas.ext3_transmedia

Aparato textual (7 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
422«el soldado más antiguo» O M L P(igual)(igual)(igual)
433«cuando la gata de casa» O M L P(igual)(igual)(igual)
445«Vino una gata vïuda» O M L P(igual, sin diéresis en M L P)(igual)(igual)
465–468catálogo onomástico O M L P(sigue O, con grafías regularizadas)(sigue O)(sigue O)
483«el gatesco senado» O M L P(igual)(igual)(igual)
492partido CLARA / FINEA O M L P(igual)(igual)(igual)
492Acot*(Vanse Finea y Clara)* O M L(igual)(igual)*(Exit Finea y Clara)* P
  1. Daniele Crivellari, «¿Las relaciones piden los romances? Métrica y narración en dos comedias de Lope de Vega (1610)», Anuario Lope de Vega. Texto, literatura, cultura 21 (2015): 1-28. ret_antonucci: Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 111-129, aquí 117.
  2. Sobre la vida cotidiana y la insalubridad urbana del Madrid del XVII, véase José Deleito y Piñuela, Sólo Madrid es corte. La capital de dos mundos bajo Felipe IV (Madrid: Espasa-Calpe, 1942 y reediciones).
  3. Felipe B. Pedraza Jiménez, «A vueltas con La dama boba», en Con Alonso Zamora Vicente. Actas del Congreso Internacional «La Lengua, la Academia, lo Popular, los Clásicos, los Contemporáneos…», vol. II (Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003), 941-950.
  4. Sobre la expulsión de los moriscos y su tratamiento literario, véase Bernard Vincent, Minorías y marginados en la España del siglo XVI (Granada: Diputación Provincial, 1987); Trevor J. Dadson, Tolerance and Coexistence in Early Modern Spain: Old Christians and Moriscos in the Campo de Calatrava (Woodbridge: Tamesis Books, 2014).
  5. Pedraza, «A vueltas con La dama boba» (2003).
  6. Antonio Carreño, ed., Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos, Biblioteca Hispánica 38 (Salamanca: Ediciones Almar, 2002); sobre la relación entre épica burlesca y ciclo gatuno lopesco, Felipe B. Pedraza Jiménez, El universo poético de Lope de Vega (Madrid: Ediciones Laberinto, 2003).
  7. Sobre Utagawa Kuniyoshi y la cultura gatuna del ukiyo-e, las series están registradas en los catálogos del Museum of Fine Arts, Boston, y del British Museum (https://www.mfa.org/ y https://www.britishmuseum.org/). Sobre Saki, Sandie Byrne, The Unbearable Saki: The Work of H. H. Munro (Oxford: Oxford University Press, 2007).